| INTRODUCCIÓN
Colombia
es un país de acendrada estirpe
presidencialista. La Presidencia
es la columna vertebral del sistema
político colombiano. El constitucionalismo
colombiano sigue considerando al
Presidente de la República como
la pieza fundamental de todo el
engranaje político. Es el Rey de
todo el ajedrez republicano. Las
demás piezas del tablero están destinadas
a protegerlo como último reducto
ante un eventual ataque de "jaque
mate".
Este
factor institucional, a nuestro
juicio, explica la extraordinaria
estabilidad política de la democracia
colombiana a pesar de los graves
conflictos sociales, altibajos económicos
y tenaz accionar subversivo que
la han asediado. Cuando una coyuntura
como la actual requiere lo que la
politología llama una "presidencia
de transformación", de estilo heróico,
entonces el Presidente tiene que
ser una especie de león magnífico,
que pueda moverse con amplitud y
hacer grandes cosas, mientras no
intente salirse de su amplio espacio
de reserva constitucional. Para
ello, debe estar dotado de una gran
visión y de un gran coraje.
Él
tiene una responsabilidad respecto
de la sociedad: no tumbar su fábrica,
por demasiada presión; pero sí empujarla
hasta sus límites tolerables. Él
debe definir ese margen que le permite
influir en los acontecimientos.
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