| El
día de ayer, los colombianos se movilizaron
a las urnas con entusiasmo para escoger,
de entre 4 candidatos principales, cuáles
son los dos más opcionados, para que uno
de ellos quede elegido presidente el 21
de junio, en una segunda vuelta. La campaña
electoral fue extenuante por más de un año,
en la que los candidatos recorrieron más
de 80.000 kms. en aviones, helicópteros,
carros, chalupas y hasta en lomo de mula.
Pronunciaron más de 1.500 discursos. Gastaron
cerca de 20.000 millones de pesos colombianos
(equivalentes a 8.333 millardos de bolívares).
La
presidencia imperial
Colombia
es un país de acendrada estirpe presidencialista.
La Presidencia es la columna vertebral del
sistema político colombiano. Nace de raíces
telúricas que amamantan el caudillismo criollo;
se nutre de una concepción de Bolívar que
siempre propició un gobierno fuerte, como
lo expresó en su Proyecto de Angostura (1821)
y en su Proyecto de Constitución (1925);
fue expresamente adoptada para unificar
el país nacional en la Constitución de 1886
y mantenida en vigor por la reciente Constitución
de 1991. El constitucionalismo colombiano
sigue considerando al Presidente de la República
como la pieza fundamental de todo el engranaje
político. Es el Rey de todo el ajedrez republicano.
Las demás piezas del tablero están destinadas
a protegerlo como último reducto ante un
eventual ataque de "jaque mate". Este factor
institucional, a nuestro juicio, explica
(además de las innegables cualidades de
equilibrista que mostró el presidente) el
que el régimen de Samper no cayó entre 1994
y 1998, a pesar de la pérdida de credibilidad,
a pesar de la fuerte presión interna que
le aplicaron sectores importantes del país,
y a pesar de la feroz embestida externa
de los Estados Unidos de Norteamérica. |
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| La
lucha por la Presidencia
El
carácter acentuado del presidencialismo
colombiano explica la tenaz lucha que se
viene librando por quién sea el futuro Presidente.
La pelea electoral fue fuerte y el país
se polarizó dejando poco espacio para terceras
posiciones. Por un lado, la solución de
continuidad liberal, encarnada en Horacio
Serpa, un político avezado, de 55 años,
de origen popular, orador de plaza pública
y trayectoria parlamentaria, con un discurso
apegado a lo nacional y realista. Por otro
lado, la propuesta de cambio, nucleada alrededor
de Andrés Pastrana, un periodista bogotano
de 44 años, de origen conservador pero abierto
a una gran alianza de otras fuerzas, experto
en el manejo de la televisión y quien había
perdido en las elecciones del 94 por poca
diferencia frente a Samper. Cuando John
F. Kennedy describió en pocas palabras lo
que para él era la presidencia de su país,
hizo un trazo también de las Presidencias
formidables y, a la vez, legendarias como
la de Colombia. "La Presidencia es una institución
formidable, expuesta a la vista de todo
el mundo, y sin embargo bastante misteriosa.
Es algo formidable, porque representa el
punto de decisión última en el sistema político.
Es algo expuesto a la vista de todo el mundo,
porque las decisiones no pueden situarse
en el vacío: la Presidencia es el centro
de forcejeo de las presiones, intereses
e ideas en la Nación. Es el vórtice hacia
el cual son irremediablemente llevados todos
los elementos de decisión nacional. Y es
algo misterioso, porque la esencia de la
decisión última pertenece impenetrable al
observador -y con frecuencia también al
mismo que toma la decisión".
Dos
tipos de presidencia
En
la tarea clave de orientación y conducción
de una sociedad global, se viene hablando
en Ciencia Política de dos estilos
de Presidencia, según las circunstancias
históricas y coyunturales por las
que atraviesa el país en el que se
ejerce el liderazgo.
Hay
una "presidencia de transformación"
y una "presidencia de negociación".
Hay épocas en las que los Presidentes
tienen que planear hacia adelante y pedir
sacrificios al pueblo, en vez de hacerle
promesas halagadoras. Entonces es imperativa
una Presidencia de transformación,
de estilo heroico. El Presidente tiene que
ser una especie de león magnífico,
que pueda moverse con amplitud y hacer grandes
cosas, mientras no intente salirse de su
amplio espacio de reserva constitucional.
Para ello, debe estar dotado de una gran
visión y de un gran coraje. Tiene
que manejar la alquimia de una gran visión
para el futuro. Debe poder mostrar el camino
a recorrer. Y ojalá su visión
y su fe sean contagiosas para el pueblo.
Pero debe poseer también voluntad,
carácter, persistencia para ir hacia
las metas a lo largo de una penosa maraña
de vacilaciones, de puntos muertos, de obstáculos
y resistencias de todo género. A
él y a sus huestes tienen que animarlos
una convicción profunda, paciencia
y voluntarismo.
Bien dice Henry Kissinger que "la más
importante cualidad de una presidente es
el coraje. El debe actuar en situaciones
riesgosas teniendo confianza en su propio
juicio. El tiene una responsabilidad respecto
de la sociedad: no tumbar su fábrica,
por demasiada presión; pero sí
empujarla hasta sus límites tolerables.
El debe definir ese margen que le permite
influir en los acontecimientos. Si excede
ese margen, puede hacer colapsar la estructura.
Pero si queda por debajo del margen, su
gobierno puede volverse irrelevante".
Para épocas más normales y
tranquilas, una "presidencia de negociación"
es más aconsejable. La tarea presidencial
se reserva solamente para aquellas cosas
que sí puede hacer, sin embarcarse
en proyectos aventurados ni misiones imposibles.
Su estilo debe ser más el de un gerente
competente, quizás con menor predominio
de su personalidad y más delegación
de tareas y participación compartida
con un buen equipo de asesores y administradores.
Es claro que, dada la actual coyuntura por
la que atraviesa Colombia, se requiere allí
de una Presidencia de transformación
y de un Presidente con mirada de águila
y garra de león. ¿Lo es Pastrana
? ¿Lo es Serpa ? ¿Podría
serlo mejor Noemí Sanín ?
El 21 de junio, el electorado deberá
decidir en manos de quién pone su
futuro.
Nace una estrella
El
repunte nacional que en los últimos
días tomó la candidatura de
Noemí la convierte en el fenómeno
electoral del año. A pesar de la
diabólica tenaza o polarización
del bipartidismo colombiano, como candidata
extrapartido y con un discurso crítico
del clientelismo y de la corrupción
arropados tanto bajo el Liberalismo como
bajo el Conservatismo, Noemí (apenas
a 24 horas de las elecciones, cuando se
escribe este comentario) puede llegar a
desbancar del segundo puesto al aguerrido
candidato liberal, del que no la separan
sino 3 puntos, según las últimas
encuestas sobre intención de voto.
Sus ideas claras sobre conducción
económica del país, orden
público, problemas de niñez,
educación, salud, campo, relaciones
internacionales; su personalidad femenina
avasallante, franca, cordial, valiente y
juvenil; y su propuesta de empezar de nuevo
en Colombia, torciéndole el brazo
a los partidos políticos, le canalizó
un amplio electorado, independiente, crítico
de lo que hay. Su favoritismo venía
creciendo como avalancha. Y podría
darse el caso de que los resultados de ayer
la proclamen como segunda ganadora, con
una gran probabilidad de arrebatarle a Pastrana
la presidencia de la República. Si
no alcanza a ganarle a Serpa, con los resultados
obtenidos, Noemí queda hoy como la
gran Electora del país para la segunda
vuelta presidencial. Su significativa cuota
electoral puede inclinar la balanza hacia
uno de los dos candidatos finales, si así
lo desea.
1 de junio de 1998 |