La
opinión pública reconoce
ampliamente las victorias de Uribe contra
las Farc, con resultados tangibles que
van desde la posibilidad de volver a transitar
carreteras hasta la reducción evidente
y palpable de secuestros, homicidios y
tomas de poblaciones. Estos éxitos
militares fueron posibles gracias al carácter
recio y al estilo frentero de Álvaro
Uribe: un presidente que no descansó
y tampoco delegó, y que se conectó
con las Fuerzas Armadas. Uribe ejerció
como mariscal de campo. Mandaba a las
tropas, fijaba estrategias y pedía
cuentas en forma directa, no solo a los
comandantes sino a los coroneles y capitanes.
No fueron menores los resultados efectivos
frente a las auto-defensas envalentonadas
(paramilitares) que terminaron por desmovilizarse
y cambiar de escenario.
Fue la decisión política
del Presidente Uribe (sobre las bases
que le dejó el gobierno Pastrana
con el Plan Colombia) la que aumentó
el pie de fuerza de 313.000 uniformados
en 2002 a casi 450.000 en las postrimerías
de su administración y reforzó
el presupuesto para el sector defensa
al punto que para 2010 se aprobó
una partida de $2,8 billones -una significativa
porción del PIB colombiano- sólo
superada por la dedicada a la inversión
social ($ 13,5 billones). Se crearon brigadas
móviles, unidades de inteligencia,
batallones contraguerrilla y de alta montaña,
compañías antiexplosivos,
comandos especiales o distritos militares,
estaciones de guardacostas o aeronavales,
más buques patrulleros y en los
1.102 municipios del país hay puestos
de policía.
Con Uribe, se rompió la tradición
colombiana manifloja de rotar cada cuatrienio
un gobierno de mano tendida tras un gobierno
fuerte. La elección de Juan Manuel
Santos ratifica ese consenso nacional
por la línea dura.
Inversión
Cuando se hacen balances, también
se piensa en legados. Y el de los ocho
años de la administración
Uribe es una economía con fundamentos
sólidos, que genera confianza y
que es reconocida por la comunidad internacional.
En tamaño, la economía colombiana
era en 2002 la séptima en América
Latina, hoy es la cuarta; el ingreso por
habitante se multiplicó 2,3 veces;
en la actualidad el país tiene
la inflación más baja en
55 años (de un dígito solamente)
y sorteó con éxito la peor
crisis económica mundial de los
últimos 80 años, que al
final de 2009 arrojó un crecimiento
positivo siendo uno de los pocos países
del mundo que terminaron dicho año
con resultados positivos (0.4%).
Entre
1994 y 2001 la economía colombiana
había crecido a un promedio de
2,1%, y durante los últimos ocho
años lo hizo al 4,3%. Por su parte,
la tasa de inversión era en el
2002 del 16,5%. Actualmente está
en niveles del 25,8% del Producto Interno
Bruto, una de las más altas de
América Latina y ocho puntos superior
a la de un país como Brasil. En
el caso de la tasa de inflación,
al comienzo de la administración
Uribe se situaba en el 7% y en diciembre
pasado descendió al 2%, que se
traduce en mayor poder adquisitivo para
toda la población.
Los buenos resultados económicos
del aumento de inversión se han
visto reflejados en sectores productivos
como las exportaciones. Las ventas externas
del país rompieron todas las marcas.
Entre 2002 y 2009 casi se triplican. De
13.000 millones de dólares pasaron
a más de 35.000 millones.
Cohesión
social
En tercer lugar, en sus ocho años
de gobierno, Álvaro Uribe hizo
lo que ningún otro Presidente en
la historia reciente de Colombia había
hecho: decidió comunicarse de manera
directa con el pueblo. Su gobierno parecía
ser un gobierno en permanente campaña.
Trasladó a las regiones el Palacio
de Nariño, volvió itinerantes
los consejos de ministros, cultivó
un efectivo discurso paternalista y realizó
más de 320 consejos comunales por
todo el país, en los que se convirtió
en el representante de los ciudadanos
frente a la incapacidad del Estado para
resolver los problemas. Uribe se posicionó
ante el pueblo como el Presidente que
interpreta las necesidades de los ciudadanos
y no como el jefe de Estado encargado
de resolverlas. Prácticamente eludió
y superó a los dos más importantes
mediadores entre él y el pueblo:
el Congreso y los medios de comunicación.
Para Uribe los medios no eran para establecer
un diálogo con los periodistas
sobre los grandes temas del país
(para que después ellos editaran
sus palabras), sino fueron un instrumento
para llegarle directamente al pueblo con
mensajes de alto contenido simbólico.
Los resultados visibles de esta política
de democracia directa con sus consejos
comunales por todo el territorio patrio
son inmensos en áreas como la educación
(excelente cobertura y calidad a todos
los niveles), salud, vivienda. Aunque
los desafíos siguen siendo muchos.
El particular estilo político de
Uribe fue de la mano de algunas políticas
sociales asistencialistas que lograron
sumarle más puntos a la popularidad
presidencial. Es el caso de Familias en
Acción, que bimensualmente entrega
subsidios en dinero a las familias inscritas
en el SISBÉN a cambio de que sus
hijos permanezcan en el sistema escolar
y cumplan con estándares mínimos
de nutrición. El programa llega
hoy a 2.900.000 hogares y beneficia a
5.300.000 menores de edad, que de otra
manera habrían desertado del sistema
escolar. En la pasada campaña electoral
esta importante red social (junto con
otras gubernamentales) fue señalada
por influir en la favorabilidad de los
candidatos continuistas de las políticas
del presidente Uribe. A ningún
político le convenía –antes
de las elecciones- aparecer como crítico
de los subsidios otorgados por el gobierno
de Uribe. La ONG Global Exchange y los
portales ‘Votebien.com’ y
‘Lasillavacia.com’ llegaron
a afirmar que los subsidios directos cambiaron
el mapa electoral a favor de los candidatos
de la coalición de gobierno. "El
programa cambió la geografía
de los votos y las lealtades políticas:
cientos de pueblos se tornaron oficialistas
como por arte de magia presupuestal"
(Alejandro Gaviria).
Es claro que el presidente Uribe logró
conectarse con el pueblo a través
de su magnetismo personal y un amplio
subsidio presupuestal, que es muy efectivo
en el terreno social, pero deja la interrogante
de qué tan petinente sea como reducción
de la pobreza.
Conclusión
“Mientras
la historia saca sus conclusiones, es
justo reconocer que Uribe es un hombre
de una gran personalidad que puso la vara
muy alta a sus sucesores en tres aspectos:
seguridad, capacidad de trabajo y conocimiento
del Estado” (El Espectador). Solo
la historia dirá qué tanto
influyó el estilo de Álvaro
Uribe en la política colombiana
y si, en el largo plazo, las instituciones
(como el Congreso, la Justicia, los partidos
políticos, los medios de comunicación,
las fuerzas armadas) serán capaces
de trascender a las personas. El mensaje
de despedida de Uribe al país y
a cada una de sus regiones (noche del
5 de agosto) fue de agradecimiento por
el permanente respaldo que obtuvo de los
colombianos y como legado dejó
una apasionada palabra de aliento y esperanza
para el futuro.
08/08/2010