Colombia : El legado de Uribe (Editorial 33)
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Uribe mantuvo el apoyo popular (y en cifras significativas del 75%) durante sus dos períodos en la Presidencia (2002-2010). Su estilo personal y sus cualidades de gobernante, su talante y capacidad de conducción hicieron de él un ‘fenómeno’ político que no se veía desde hace muchos años en Colombia. Fue constante la imagen del Presidente siempre trabajador y frentero, comunicativo y honesto con su pueblo, dispuesto a romper esquemas y a cambiar la historia en cuanto de él dependiera. Encarnó un tipo de liderazgo consustanciado con las expectativas del país quien lo respetó, admiró y quiso hasta el final. Uribe supo ser el que lleva a su pueblo de donde está a donde debe estar; actuó como la enzima que acelera los procesos sociales; fue el comadrón que vigila el parto de un pueblo en camino. Su legado está en ese estilo personal suyo irrepetible y en que su gobierno fue de resultados tangibles y no de simples palabras o promesas, resultados focalizados en tres ejes de su administración: la seguridad democrática, la inversión en el país y la cohesión social.

 

Seguridad democrática

El gran logro de Álvaro Uribe fue convencer a sus compatriotas de que era falsa la teoría de que el Estado no podía derrotar a la guerrilla. En 2002 en los ambientes internacionales se hablaba de Colombia como de un Estado ‘fallido’. Hoy por hoy, el país tiene otra calificación y los colombianos creen en un 84% que la guerrilla está en su etapa final. La culebra sigue todavía viva y solapada, pero sólo falta acabar de apretar la horqueta que le oprime el pescuezo. Como dato curioso, la continuidad de la seguridad democrática, se convirtió en requisito obligatorio para todos los candidatos de la pasada campaña presidencial. Y en su gira por Europa, el presidente electo Santos ni la nombró (la supone) y subrayó aspectos como el comercio, la inversión y el desarrollo social.

 

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La opinión pública reconoce ampliamente las victorias de Uribe contra las Farc, con resultados tangibles que van desde la posibilidad de volver a transitar carreteras hasta la reducción evidente y palpable de secuestros, homicidios y tomas de poblaciones. Estos éxitos militares fueron posibles gracias al carácter recio y al estilo frentero de Álvaro Uribe: un presidente que no descansó y tampoco delegó, y que se conectó con las Fuerzas Armadas. Uribe ejerció como mariscal de campo. Mandaba a las tropas, fijaba estrategias y pedía cuentas en forma directa, no solo a los comandantes sino a los coroneles y capitanes. No fueron menores los resultados efectivos frente a las auto-defensas envalentonadas (paramilitares) que terminaron por desmovilizarse y cambiar de escenario.
Fue la decisión política del Presidente Uribe (sobre las bases que le dejó el gobierno Pastrana con el Plan Colombia) la que aumentó el pie de fuerza de 313.000 uniformados en 2002 a casi 450.000 en las postrimerías de su administración y reforzó el presupuesto para el sector defensa al punto que para 2010 se aprobó una partida de $2,8 billones -una significativa porción del PIB colombiano- sólo superada por la dedicada a la inversión social ($ 13,5 billones). Se crearon brigadas móviles, unidades de inteligencia, batallones contraguerrilla y de alta montaña, compañías antiexplosivos, comandos especiales o distritos militares, estaciones de guardacostas o aeronavales, más buques patrulleros y en los 1.102 municipios del país hay puestos de policía.
Con Uribe, se rompió la tradición colombiana manifloja de rotar cada cuatrienio un gobierno de mano tendida tras un gobierno fuerte. La elección de Juan Manuel Santos ratifica ese consenso nacional por la línea dura.

Inversión
Cuando se hacen balances, también se piensa en legados. Y el de los ocho años de la administración Uribe es una economía con fundamentos sólidos, que genera confianza y que es reconocida por la comunidad internacional. En tamaño, la economía colombiana era en 2002 la séptima en América Latina, hoy es la cuarta; el ingreso por habitante se multiplicó 2,3 veces; en la actualidad el país tiene la inflación más baja en 55 años (de un dígito solamente) y sorteó con éxito la peor crisis económica mundial de los últimos 80 años, que al final de 2009 arrojó un crecimiento positivo siendo uno de los pocos países del mundo que terminaron dicho año con resultados positivos (0.4%).

Entre 1994 y 2001 la economía colombiana había crecido a un promedio de 2,1%, y durante los últimos ocho años lo hizo al 4,3%. Por su parte, la tasa de inversión era en el 2002 del 16,5%. Actualmente está en niveles del 25,8% del Producto Interno Bruto, una de las más altas de América Latina y ocho puntos superior a la de un país como Brasil. En el caso de la tasa de inflación, al comienzo de la administración Uribe se situaba en el 7% y en diciembre pasado descendió al 2%, que se traduce en mayor poder adquisitivo para toda la población.
Los buenos resultados económicos del aumento de inversión se han visto reflejados en sectores productivos como las exportaciones. Las ventas externas del país rompieron todas las marcas. Entre 2002 y 2009 casi se triplican. De 13.000 millones de dólares pasaron a más de 35.000 millones.

 

Cohesión social

En tercer lugar, en sus ocho años de gobierno, Álvaro Uribe hizo lo que ningún otro Presidente en la historia reciente de Colombia había hecho: decidió comunicarse de manera directa con el pueblo. Su gobierno parecía ser un gobierno en permanente campaña. Trasladó a las regiones el Palacio de Nariño, volvió itinerantes los consejos de ministros, cultivó un efectivo discurso paternalista y realizó más de 320 consejos comunales por todo el país, en los que se convirtió en el representante de los ciudadanos frente a la incapacidad del Estado para resolver los problemas. Uribe se posicionó ante el pueblo como el Presidente que interpreta las necesidades de los ciudadanos y no como el jefe de Estado encargado de resolverlas. Prácticamente eludió y superó a los dos más importantes mediadores entre él y el pueblo: el Congreso y los medios de comunicación. Para Uribe los medios no eran para establecer un diálogo con los periodistas sobre los grandes temas del país (para que después ellos editaran sus palabras), sino fueron un instrumento para llegarle directamente al pueblo con mensajes de alto contenido simbólico.
Los resultados visibles de esta política de democracia directa con sus consejos comunales por todo el territorio patrio son inmensos en áreas como la educación (excelente cobertura y calidad a todos los niveles), salud, vivienda. Aunque los desafíos siguen siendo muchos.
El particular estilo político de Uribe fue de la mano de algunas políticas sociales asistencialistas que lograron sumarle más puntos a la popularidad presidencial. Es el caso de Familias en Acción, que bimensualmente entrega subsidios en dinero a las familias inscritas en el SISBÉN a cambio de que sus hijos permanezcan en el sistema escolar y cumplan con estándares mínimos de nutrición. El programa llega hoy a 2.900.000 hogares y beneficia a 5.300.000 menores de edad, que de otra manera habrían desertado del sistema escolar. En la pasada campaña electoral esta importante red social (junto con otras gubernamentales) fue señalada por influir en la favorabilidad de los candidatos continuistas de las políticas del presidente Uribe. A ningún político le convenía –antes de las elecciones- aparecer como crítico de los subsidios otorgados por el gobierno de Uribe. La ONG Global Exchange y los portales ‘Votebien.com’ y ‘Lasillavacia.com’ llegaron a afirmar que los subsidios directos cambiaron el mapa electoral a favor de los candidatos de la coalición de gobierno. "El programa cambió la geografía de los votos y las lealtades políticas: cientos de pueblos se tornaron oficialistas como por arte de magia presupuestal" (Alejandro Gaviria).
Es claro que el presidente Uribe logró conectarse con el pueblo a través de su magnetismo personal y un amplio subsidio presupuestal, que es muy efectivo en el terreno social, pero deja la interrogante de qué tan petinente sea como reducción de la pobreza.

Conclusión

“Mientras la historia saca sus conclusiones, es justo reconocer que Uribe es un hombre de una gran personalidad que puso la vara muy alta a sus sucesores en tres aspectos: seguridad, capacidad de trabajo y conocimiento del Estado” (El Espectador). Solo la historia dirá qué tanto influyó el estilo de Álvaro Uribe en la política colombiana y si, en el largo plazo, las instituciones (como el Congreso, la Justicia, los partidos políticos, los medios de comunicación, las fuerzas armadas) serán capaces de trascender a las personas. El mensaje de despedida de Uribe al país y a cada una de sus regiones (noche del 5 de agosto) fue de agradecimiento por el permanente respaldo que obtuvo de los colombianos y como legado dejó una apasionada palabra de aliento y esperanza para el futuro.

08/08/2010