| Las
elecciones parlamentarias (para Senado y
Cámara) del próximo domingo
12, configurarán un nuevo mapa político
en la vecina República. Es un escenario
político muy influenciado por la
destacada figura del Presidente Uribe, ya
que en esta ocasión se podrá
ver un Presidente-candidato, con alta popularidad,
generando un voto de arrastre hacia sus
candidatos para el Parlamento. El Presidente
no se ha inscrito como candidato de ningún
partido. Va por su cuenta, pero escogió
seis movimientos políticos que lo
respaldarán el 28 de mayo y a los
que él ahora respalda en esta elección
de cuerpos colegiados. |
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Mapa
político
El Congreso de Colombia aprobó -con
el acto legislativo 01 de 2003- una reforma
política (menos drástica y
de menor profundidad que la propuesta por
el Presidente Uribe), pero que de hecho
conduce a que haya unos partidos políticos
más disciplinados y consistentes,
que actúen en las dos cámaras
por bancadas y no por individualidades pantalleras
o tocadas por oscuros intereses. Se trata
de un simple cambio en las reglas de juego,
pero que afecta la forma de acceso al poder.
Unos ganan y otros pierden. De los 78 partidos
y movimientos políticos que actualmente
están inscritos en el Consejo Nacional
Electoral (CNE), solamente quedarán
unos 10 con efectiva representación
del electorado y entre ellos se configurarán
posteriormente unos 3 o 4 grandes partidos.
Van a salir favorecidas fuerzas emergentes
como Cambio Radical (de nido liberal pero
decididamente uribista) bajo la batuta de
Germán Vargas Lleras (quien fuera
presidente del Congreso) y su orquesta de
una joven generación de políticos.
Podría favorecerse también
la organización y afianzamiento de
una Izquierda moderada agrupada en el Polo
Democrático Independiente (PDI),
tras la fusión de dos corrientes,
el Polo Democrático y Alternativa
Democrática. Pero los analistas observamos
que ello estará condicionado a que
el nuevo frente de izquierda rompa sin esguinces
los coqueteos con esa izquierda armada y
violenta que ha teñido de sangre
el país por 50 años y que
sobrevive en el accionar narco-terrorista
de las FARC, hoy tan odiadas y repudiadas
por la opinión pública colombiana.
"Cuando la izquierda colombiana tenga
el valor de desmarcarse por completo de
los violentos, la gente pobre pensará
también en ella como solución"
(Abad Faciolince).
Nueva
mecánica electoral
UMBRAL. Para que una lista pueda jugar para
el Senado, requiere haber logrado una votación
de 250.000 votos válidos lo que ha
obligado a reducir la dispersión,
a que los candidatos se reagruparan y resulten
partidos fuertes o se refuercen los ya existentes
(liberal y conservador). No pueden descartarse
movidas oportunistas de individuos como
el conservador pastranista Telésforo
Pedraza, furibundo antiuribista y antirreeleccionista,
que logró acomodarse en el Partido
de la "U".
VOTO PREFERENTE. Para obviar la acostumbrada
práctica del bolígrafo (colocación
a dedo) de los candidatos por parte del
jefe o cogollo del partido, ahora será
el ciudadano votante el que señale
quién desea que encabece la lista
y organice con su voto, de principal a menor,
por el número de votos válidos
depositados por la lista. El elector escoge.
Este modelo se tomó de países
vecinos que ya lo practican como Brasil,
Perú, República Dominicana,
Ecuador y Panamá. No se excluye que
el enguerrillamiento electoral se traslade
ahora a los miembros de la misma lista.
En el momento de la inscripción se
escoge si se va con lista preferencial o
cerrada (como va a ser el caso de los candidatos
Peñaloza y Mockus, ambos exitosos
alcaldes de Bogotá, pero que no pretenden
formar partido).
CIFRA REPARTIDORA. Se acaba con la famosa
ecuación matemática inventada
por el profesor belga Víctor D'Hont,
que consagraba el sistema de cociente y
residuo, por el cual una persona que sacaba
80.000 votos obtenía la misma oportunidad
de participación que una que hubiera
obtenido 20.000. Es decir, que se desperdiciaban
60.000 votos para la caneca de basura. Ahora
los votos que le sobren a un candidato para
obtener su curul, se aplicarán al
que le siga en votos, y así sucesivamente,
de manera que todos los votos tendrán
el mismo valor. Para los ciudadanos colombianos
residentes en el exterior hay abierta una
circunscripción especial que permitirá
votar a 310.000 inscritos, para 1 senador,
1 representante a la Cámara y para
Presidente.
LISTAS ÚNICAS. Ahora un partido o
movimiento sólo puede presentar una
lista por cada corporación. Y ningún
candidato puede figurar en dos listas.
LEY DE BANCADAS. Obliga a un giro de 180
grados en la militancia política
y en la forma de hacer política en
Colombia. Cada movimiento o partido, en
el Congreso, debe actuar como bancada, y
en esa condición se pronuncia en
los debates, aprueba o niega un determinado
proyecto de ley. Cada partido o movimiento
redacta sus propios estatutos y allí
establece el Régimen disciplinario
interno que le parezca y un Código
de Ética, donde se consagran sanciones
que pueden ir desde la exclusión
-como sanción máxima- hasta
la pérdida del derecho al voto, al
interior del movimiento.
VOTO EN BLANCO. En el sistema anterior,
el voto en blanco hacía parte solamente
de los votos válidos de una elección,
pero no tenían efecto alguno jurídico.
Ahora adquiere valor jurídico. Eso
significa que si el voto en blanco resulta
ser la mayoría absoluta en una elección
con respecto a los votos válidos
emitidos, la elección deberá
repetirse.
Colombia
ha venido -a pesar de su conflicto interno
y condición económica limitada-
avanzando paso a paso pero con dinamismo
acentuado, tanto en ciudadanía jurídica
como social. Y así lo ilustra el
libro "Fortalezas de Colombia"
(Bogotá, Ariel 2005) que comenté
en mi columna "Fortalezas y desafíos
de Colombia" (28 febrero 2005). Con
estas elecciones y las presidenciales avanza
ahora hacia una mejor ciudadanía
política.
marzo
06, 2006 |