Crucial elección presidencial
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Logo Enrique Neira

 

 

     

"Los hombres y las naciones se conducen sabiamente, una vez que ellos y ellas han agotado todas las otras alternativas". Esta cruda observación del estadista Abba Eban, aunque dolorosa es certera. Y puede aplicarse a Colombia y a otros países actualmente en crisis como Argentina, Israel, Venezuela. Un conflicto armado guerrillero, en 50 años, no ha hecho en Colombia la revolución ni siquiera inducido al cambio. Pero sí ha roto sus arterias, desangrado su economía y desencantado a quienes pensaron que un zigzagueante proceso de casi 4 años de diálogos podía desembocar en algo de Paz. El desafío de dar respuesta por parte del sistema político a una extrema violencia y a una extrema pobreza es algo que convierte en crucial la elección de Presidente de la República el próximo domingo 26. Lucha contra el terrorismo mortal y trabajo por la paz bienhechora es la consigna que el electorado pedirá al nuevo gobernante. Primero son las cosas sustanciales que las accidentales. Libertad para una sociedad que tienen secuestrada los agentes armados y Orden para que ella pueda crear bienestar es lo sustantivo. Lo demás es adjetivo y vendrá por añadidura.

 

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Tras la presidencia imperial

Colombia es un país de acendrada estirpe presidencialista. La Presidencia es la columna vertebral del sistema político colombiano. El constitucionalismo colombiano sigue considerando al Presidente de la República como la pieza fundamental de todo el engranaje político. Es el Rey de todo el ajedrez republicano. Las demás piezas del tablero están destinadas a protegerlo como último reducto ante un eventual ataque de "jaque mate". Este factor institucional, a nuestro juicio, explica la extraordinaria estabilidad política de la democracia colombiana a pesar de los graves conflictos sociales, altibajos económicos y tenaz accionar subversivo que la han asediado. Cuando una coyuntura como la actual requiere lo que la politología llama una "presidencia de transformación", de estilo heróico, entonces el Presidente tiene que ser una especie de león magnífico, que pueda moverse con amplitud y hacer grandes cosas, mientras no intente salirse de su amplio espacio de reserva constitucional. Para ello, debe estar dotado de una gran visión y de un gran coraje. Él tiene una responsabilidad respecto de la sociedad: no tumbar su fábrica, por demasiada presión; pero sí empujarla hasta sus límites tolerables. Él debe definir ese margen que le permite influir en los acontecimientos. Si excede ese margen, puede hacer colapsar la estructura. Pero si queda por debajo del margen, su gobierno puede volverse irrelevante. Escoger su presidente es la crucial decisión para el electorado colombiano, el próximo domingo.

 

Los punteros del derby colombiano

Suelen compararse los certámenes electorales a las carreras de caballos. Los apostadores se apuntan de antemano al presunto ganador. Con la diferencia de que en el proceso de una puja electoral de varios días, la apuesta se puede cambiar en forma coyuntural u oportunista, al vaivén de las perspectivas que están hoy dictadas fuertemente por las encuestas y sondeos de opinión. Incumbe al sufragante votar, según su leal saber y entender, por quien desea ver al frente de la dirección de la Nación. En estos momentos, en Colombia, por la coyuntura de crisis, son dos las posiciones polarizadas y el temperamento político contrapuesto de quienes las suscriben con su trayectoria y discurso. No existe probabilidad de triunfo para candidatos intermedios, aunque muy preparados y válidos en sus propuestas. Tales son los casos de Noemí Sanín, la brillante ex-ministra de Relaciones Exteriores (que hace 4 años había obtenido 3 millones de votos); del dirigente sindicalista de izquierda Luis Garzón; del Gral.(r) ex-ministro de Defensa Harold Bedoya.

• SERPA (59 años), candidato oficial del PL, según la cuarta entrega de la Gran Encuesta de opinión nacional (Semana 29 abril) tiene un favoritismo de 27,43%. De los 102 senadores elegidos el pasado 10 de marzo, Serpa cuenta con el respaldo de 28 liberales y 2 independientes. Es el avezado político con una trayectoria de 31 años de vida pública (que inició como alcalde a los 27 años) y en la que se ha paseado por importantes cargos de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) además de haber sido copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente. Su personalidad sencilla, humilde, transparente le da credibilidad popular; conoce bien los entresijos de la clase política; tiene un instinto y habilidad política de felino; maneja un discurso chispeante y recursivo de fácil acceso a las masas. Suya es la frase: "En política nunca se debe reconocer una enemistad, porque el enemigo la acepta y la ejerce. Lo que se debe aceptar es la contradicción, porque el contradictor de hoy es el aliado de mañana".

• URIBE VÉLEZ (49 años) es el candidato disidente del PL. Según la Gran Encuesta tiene un favoritismo nacional de 47,66%. Y tiene el respaldo de 54 senadores (26 liberales, 19 conservadores y 9 de sectores independientes). Es un 'paisa' disciplinado, trabajador, serio. No es retórico ni truculento ni demagogo. Su mirada transparente, manos fuertes de trabajador de campo y dedos finos de profesor universitario, no son las del agitador de puño cerrado ni las del guerrerista amigo de 'paras', que un periodista norteamericano ha descrito superficial o maliciosamente (Joseph Contreras, Newsweek, "El señor de las sombras"). La propuesta de Uribe Vélez de recuperar la autoridad del Estado y de sus instituciones democráticas - hecha a tiempo y con contundencia-, le ha venido ganando el favoritismo de la opinión nacional a medida que la sociedad cada día está más enervada contra todo el accionar terrorista de las FARC y su intento de desestabilizar el país. Desde muy joven, Uribe Vélez aprendió en la finca de su padre (asesinado en 1983 por las Farc) a domar caballos y sabe que a éstos se los maneja con el equilibrio propio de la autoridad firme, pero sin violencia ni zalamerías.

 

¿Hara falta una segunda vuelta?

Me atrevo a opinar a 6 días de la primera vuelta presidencial, que nó. Ésta la ganará Uribe Vélez con una mínima ventaja, pero con suficiente legitimidad, de un 52% de los votos, ganándole a la suma de todos los otros competidores. La última Gran Encuesta señalaba un 8% del electorado decidido a votar, pero todavía indeciso a favor de quién. Con que la mitad de ese electorado potencial se incline por el candidato de la Libertad y el Orden para que frene el accionar terrorista de las Farc que ya intentaron asesinarlo en Barranquilla y que vienen buscando intimidar a la sociedad colombiana para que no vote en las urnas, es suficiente. Las Farc han sido, sin proponérselo, los mejores propulsores de la campaña de Uribe Vélez y le han dado el último 'empujoncito' al celebrar como una victoria la reciente masacre, en la que liquidaron con una pipeta de gas llena de explosivos a 117 inocentes e indefensos civiles (entre ellos 45 niños), refugiados dentro de la iglesia del pequeño pueblo de Bellavista, sobre el caudaloso río Atrato (Chocó).

20 mayo 2002