| "Los
hombres y las naciones se conducen sabiamente,
una vez que ellos y ellas han agotado todas
las otras alternativas". Esta cruda observación
del estadista Abba Eban, aunque dolorosa
es certera. Y puede aplicarse a Colombia
y a otros países actualmente en crisis como
Argentina, Israel, Venezuela. Un conflicto
armado guerrillero, en 50 años, no ha hecho
en Colombia la revolución ni siquiera inducido
al cambio. Pero sí ha roto sus arterias,
desangrado su economía y desencantado a
quienes pensaron que un zigzagueante proceso
de casi 4 años de diálogos podía desembocar
en algo de Paz. El desafío de dar respuesta
por parte del sistema político a una extrema
violencia y a una extrema pobreza es algo
que convierte en crucial la elección de
Presidente de la República el próximo domingo
26. Lucha contra el terrorismo mortal y
trabajo por la paz bienhechora es la consigna
que el electorado pedirá al nuevo gobernante.
Primero son las cosas sustanciales que las
accidentales. Libertad para una sociedad
que tienen secuestrada los agentes armados
y Orden para que ella pueda crear bienestar
es lo sustantivo. Lo demás es adjetivo y
vendrá por añadidura. |
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Tras
la presidencia imperial
Colombia
es un país de acendrada estirpe presidencialista.
La Presidencia es la columna vertebral del
sistema político colombiano. El constitucionalismo
colombiano sigue considerando al Presidente
de la República como la pieza fundamental
de todo el engranaje político. Es el Rey
de todo el ajedrez republicano. Las demás
piezas del tablero están destinadas a protegerlo
como último reducto ante un eventual ataque
de "jaque mate". Este factor institucional,
a nuestro juicio, explica la extraordinaria
estabilidad política de la democracia colombiana
a pesar de los graves conflictos sociales,
altibajos económicos y tenaz accionar subversivo
que la han asediado. Cuando una coyuntura
como la actual requiere lo que la politología
llama una "presidencia de transformación",
de estilo heróico, entonces el Presidente
tiene que ser una especie de león magnífico,
que pueda moverse con amplitud y hacer grandes
cosas, mientras no intente salirse de su
amplio espacio de reserva constitucional.
Para ello, debe estar dotado de una gran
visión y de un gran coraje. Él tiene una
responsabilidad respecto de la sociedad:
no tumbar su fábrica, por demasiada presión;
pero sí empujarla hasta sus límites tolerables.
Él debe definir ese margen que le permite
influir en los acontecimientos. Si excede
ese margen, puede hacer colapsar la estructura.
Pero si queda por debajo del margen, su
gobierno puede volverse irrelevante. Escoger
su presidente es la crucial decisión para
el electorado colombiano, el próximo domingo.
Los
punteros del derby colombiano
Suelen
compararse los certámenes electorales a
las carreras de caballos. Los apostadores
se apuntan de antemano al presunto ganador.
Con la diferencia de que en el proceso de
una puja electoral de varios días, la apuesta
se puede cambiar en forma coyuntural u oportunista,
al vaivén de las perspectivas que están
hoy dictadas fuertemente por las encuestas
y sondeos de opinión. Incumbe al sufragante
votar, según su leal saber y entender, por
quien desea ver al frente de la dirección
de la Nación. En estos momentos, en Colombia,
por la coyuntura de crisis, son dos las
posiciones polarizadas y el temperamento
político contrapuesto de quienes las suscriben
con su trayectoria y discurso. No existe
probabilidad de triunfo para candidatos
intermedios, aunque muy preparados y válidos
en sus propuestas. Tales son los casos de
Noemí Sanín, la brillante ex-ministra de
Relaciones Exteriores (que hace 4 años había
obtenido 3 millones de votos); del dirigente
sindicalista de izquierda Luis Garzón; del
Gral.(r) ex-ministro de Defensa Harold Bedoya.
•
SERPA (59 años), candidato oficial del PL,
según la cuarta entrega de la Gran Encuesta
de opinión nacional (Semana 29 abril) tiene
un favoritismo de 27,43%. De los 102 senadores
elegidos el pasado 10 de marzo, Serpa cuenta
con el respaldo de 28 liberales y 2 independientes.
Es el avezado político con una trayectoria
de 31 años de vida pública (que inició como
alcalde a los 27 años) y en la que se ha
paseado por importantes cargos de los tres
poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial)
además de haber sido copresidente de la
Asamblea Nacional Constituyente. Su personalidad
sencilla, humilde, transparente le da credibilidad
popular; conoce bien los entresijos de la
clase política; tiene un instinto y habilidad
política de felino; maneja un discurso chispeante
y recursivo de fácil acceso a las masas.
Suya es la frase: "En política nunca se
debe reconocer una enemistad, porque el
enemigo la acepta y la ejerce. Lo que se
debe aceptar es la contradicción, porque
el contradictor de hoy es el aliado de mañana".
•
URIBE VÉLEZ (49 años) es el candidato disidente
del PL. Según la Gran Encuesta tiene un
favoritismo nacional de 47,66%. Y tiene
el respaldo de 54 senadores (26 liberales,
19 conservadores y 9 de sectores independientes).
Es un 'paisa' disciplinado, trabajador,
serio. No es retórico ni truculento ni demagogo.
Su mirada transparente, manos fuertes de
trabajador de campo y dedos finos de profesor
universitario, no son las del agitador de
puño cerrado ni las del guerrerista amigo
de 'paras', que un periodista norteamericano
ha descrito superficial o maliciosamente
(Joseph Contreras, Newsweek, "El señor de
las sombras"). La propuesta de Uribe Vélez
de recuperar la autoridad del Estado y de
sus instituciones democráticas - hecha a
tiempo y con contundencia-, le ha venido
ganando el favoritismo de la opinión nacional
a medida que la sociedad cada día está más
enervada contra todo el accionar terrorista
de las FARC y su intento de desestabilizar
el país. Desde muy joven, Uribe Vélez aprendió
en la finca de su padre (asesinado en 1983
por las Farc) a domar caballos y sabe que
a éstos se los maneja con el equilibrio
propio de la autoridad firme, pero sin violencia
ni zalamerías.
¿Hara
falta una segunda vuelta?
Me
atrevo a opinar a 6 días de la primera vuelta
presidencial, que nó. Ésta la ganará Uribe
Vélez con una mínima ventaja, pero con suficiente
legitimidad, de un 52% de los votos, ganándole
a la suma de todos los otros competidores.
La última Gran Encuesta señalaba un 8% del
electorado decidido a votar, pero todavía
indeciso a favor de quién. Con que la mitad
de ese electorado potencial se incline por
el candidato de la Libertad y el Orden para
que frene el accionar terrorista de las
Farc que ya intentaron asesinarlo en Barranquilla
y que vienen buscando intimidar a la sociedad
colombiana para que no vote en las urnas,
es suficiente. Las Farc han sido, sin proponérselo,
los mejores propulsores de la campaña de
Uribe Vélez y le han dado el último 'empujoncito'
al celebrar como una victoria la reciente
masacre, en la que liquidaron con una pipeta
de gas llena de explosivos a 117 inocentes
e indefensos civiles (entre ellos 45 niños),
refugiados dentro de la iglesia del pequeño
pueblo de Bellavista, sobre el caudaloso
río Atrato (Chocó).
20
mayo 2002 |