La izquierda en Colombia
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El panorama de las izquierdas en el mundo y en nuestra América ha sido siempre abigarrado y tiene ahora tintes de atardecer melancólico. En Europa, las izquierdas en el poder (Inglaterra, Francia, Alemania, Italia...) siguen intentando una transformación social (la revolución quedó atrás con el Comunismo!) y la buscan a través de una moderada "tercera vía" de diferente tipo, que mezcla socialismo democrático con neoliberalismo económico. En nuestros países, en la actualidad, nada es fácil para la Izquierda. Está deslegitimada la izquierda revolucionaria armada y bastante desdibujada la izquierda que de algún modo va accediendo al gobierno en Brasil, Chile, y casi que en Uruguay. Dentro de este panorama, el caso de Colombia (como en tantos otros aspectos) resulta atípico, raro y anacrónico.

 

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La izquierda electoral

Los resultados electorales de las izquierdas en Colombia siempre han sido muy pobres y decepcionantes. Así lo evidencian todos los datos electorales de antier, de ayer y de hoy. En las elecciones para Cámaras Legislativas de 1978, los Frentes UNO-FUP y otros fueron todos juntos y solamente obtuvieron un 4.4% de la votación emitida. Sacaron 2 senadores entre 114 del total y 1 representante entre 199 miembros de la Cámara baja. En las elecciones presidenciales de Mayo 1982 todas s las6 izquierdas fueron que con candidato único (Gerardo Molina) y p8 representó apenas el 1.2% de la votación total. En Mayo 1986 vuelven con candidato único (Jaime Pardo Leal) y obtienen un 4.28% de la votación. Con una mayor apertura política del país, representada en una convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y el protagonismo logrado por el M19 (al deponer armas y actuar como fuerza política legal en alianza con otras fuerzas de los dos partidos tradicionales), la nueva izquierda Alianza Democrática (AD- M 19) logra casi un tercio de la votación para elegir los 72 miembros de la Constituyente. En Mayo 1990 Antonio Navarro Wolf va como candidato único de las izquierdas a elecciones presidenciales, en las que obtiene un 13% de la votación (la cota más alta de la Izquierda en toda la historia republicana de Colombia!). Sin embargo, las elecciones posteriores del 27 Octubre 1991, para conformar el nuevo Congreso de la República y las elecciones para alcaldes el 8 de marzo 1992, vuelven a ubicar a las fuerzas de izquierda en un modesto tercer lugar con apenas un 10% del electorado, frente a la suma del 83% del bipartidismo, el cual vuelve a afianzarse en el escenario político colombiano. En 1994, las izquierdas regresan a un mediocre protagonismo. El 13 de marzo, para el Congreso, apenas logran el 2.8% del electorado. Y el 29 de mayo, en la primera vuelta para presidente, Navarro como candidato único de las izquierdas, solo obtiene el 3.8% del electorado. En las elecciones parlamentarias del 8 de marzo de 1998, Colombia mostró que sigue siendo bipartidista. Sumando las curules obtenidas por los partidos Liberal y Conservador, dan 63 en el Senado (equivalente al 62%) y 113 en la Cámara (equivalente al 68%). Hay una franja creciente de independentistas. Y se da el caso de que el Partido Comunista Colombiano (PCC, fundado en 1930) ya no posee personería jurídica, por no llenar el mínimo caudal electoral exigido constitucionalmente. Es señal del permanente descalabro electoral de la Izquierda en Colombia, atribuible a sus garrafales errores ideológicos y de estrategia política. Pero tiene en ello -a nuestro juiciogran culpa el movimiento guerrillero, que en 52 años achicó para la Izquierda el espacio político del que pudiera haber disfrutado en una lid inequívocamente democrática.

 

La izquierda guerrillera

Para un analista serio -ya sea nacional o extranjero-, no puede negarse que hay suficientes pruebas y hechos como para afirmar que en los pasados 52 años en Colombia, el accionar guerrillero (tanto de las FARC como del ELN y otros grupos pequeños insurgentes) ha sido inútil para el país y contraproducente para una verdadera izquierda democrática. Como lo afirmaron en su tiempo, connotados intelectuales de izquierda en Colombia: "las guerrillas no han sido protagonistas del cambio: no han tomado el poder, y no han hecho la revolución. Ni siquiera han servido de catalizadores de la reforma del sistema". Rehuyeron (a pesar de haber sido invitadas y al revés del M19), participar en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Posteriormente desdeñaron las dos curules en el Senado que la nueva Constitución dejó asignadas para ellos, si se integraban a los cauces de la legalidad ciudadana. Y están perdiendo, parece, la última oportunidad que un régimen legítimamente democrático y exageradamente generoso y confiado en su voluntad de paz, les ha brindado con el despeje de 42.000 Km.2 del Caguán y mesas amplias de sincero diálogo sobre todos los principales problemas del país.

 

Una nueva izquierda sin adjetivos

En un país altamente convulsionado -tras un congreso celebrado en Cartagena con 1.500 participantes- el pasado 12 de abril, en el Centro de Convenciones de Bogotá, fue lanzado el FRENTE SOCIAL Y POLITICO, apoyado en los sindicatos del país y movimientos sociales de base. Partido que quiere tener un protagonismo real y convertirse en una auténtica alternativa como nueva Izquierda democrática, acorde con las realidades del siglo. Su principal aval y vocero oficial es Luis Eduardo Garzón, ya figura nacional como presidente de la poderosa Central Unitaria de Trabajadores (CUT). En su discurso reclamó a la Izquierda el que sigue "dominada por el síndrome del bonsai. La Izquierda tiene que dejar de sentirse siempre chiquitica". Nació hace 49 años en la entraña de la pobreza (su madre empleada doméstica); ejerció todos los oficios bajos y vivió en los inquilinatos de los barrios; organizó la única huelga de putas de que hay crónica en el país; ha escalado con tesón e inteligencia todas las posiciones sindicalistas. Es un líder popular, sin resentimiento ni odio de clases, que convoca al diálogo y la reconciliación para rehacer un país roto - como un espejo- y construir un nuevo pacto social. Y lo acompaña un excelente buen humor, que es tranquilizante para todos. Como graznido de ave de mal agüero, a las dos semanas apenas del acto de presentación oficial de dicho movimiento de izquierda democrática en Colombia, el 29 de abril, con fanfarria bélica, las FARC lanzaron desde el Caguán su pretendido brazo político armado o nuevo "partido para la guerra". Más que de una ultra derecha política (inexistente en Colombia), el enemigo para una convivente izquierda democrática está en la arrogante izquierda guerrillera.

Colombia tiene el reto de construir una izquierda democrática y civilista, diferente de los proyectos guerreristas y totalitarios de las FARC y ELN, e independiente de los cauces por los que sigue discurriendo el bipartidismo, que como un ave Fénix, resucita de sus propias cenizas cuando la coyuntura nacional lo requiere.

 

15 mayo 00