| Las
pasadas elecciones del 28 de Octubre desmintieron
presagios agoreros, rompieron esquemas,
y abrieron nuevas pistas para una mejor
democracia. Colombia definitivamente está
respaldando sus instituciones democráticas
y enfrentando las balas con votos. Tiene
hoy una democracia más madura que
hace dos o tres décadas.
Normalidad
desmintió pronósticos
Todo
el país votó libre y ordenadamente
hasta en el último rincón
de la geografía. Se pronunció
a su talante sobre 85.000 candidatos postulados.
La Misión de Observación Electoral
(MOE) -con buena voluntad pero con ligereza-
había vaticinado riesgo alto y extremo
de violencia para 339 municipios (un 30%
del total). Pero estas fueron las elecciones
con menor violencia en 20 años. Ni
las Farc pudieron boicotear las votaciones
(a excepción de 2 pequeños
municipios, entre ellos la famosa Florida
cuyo despeje vienen pidiendo). Ni los exparamilitares
(con la mayoría de los jefes en cárceles)
lograron intimidar localidades ni imponer
candidatos (con excepción de 2 municipios
en Sucre). La Registraduría Nacional
fue previsiva, mostró neutralidad,
eficiencia y rapidez en el conteo.
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| Superada
clase política tradicional
Por
primera vez, regiones importantes que por
años fueron feudos de 'caciques'
políticos se liberaron de las prácticas
clientelistas. Notable fue el caso del Atlántico
donde Name Terán, su familia y adláteres
habían controlado la política
por 40 años. El triunfo de su contrincante
liberal fue comentado gráficamente
"como si la selección Colombia
hubiera derrotado a Brasil en su estadio
Maracaná". Asimismo es visible
el fenómeno de una nueva generación
política, sin mucha atadura partidista,
que va entrando en escena. Jóvenes
a los que consagra el voto popular, aunque
inicialmente no les favorecieran las encuestas
ni las maquinarias. Tales los casos de las
Alcaldías de Medellín (Alonso
Salazar), de Cali (Jorge Iván Ospina),
de Barranquilla (Alejandro Char), de Cartagena
(Judith Pineda, 'maríamuleta') y
otros. "Los caciques no son inmortales";
"en la Costa, hacer política
como antes no paga", son frases de
la gente sencilla que votó como quiso.
Parapolítica
se desinfla
Estaba
fresco el escándalo, bien alimentado
por los medios, del gigantesco poder económico,
militar y político que los jefes
paramilitares habían logrado configurar
desde 15 años atrás, en varias
regiones que habían sido víctimas
de las guerrillas. Se suponía que
los hilos 'parapolíticos' seguían
siendo manejados por los jefes desde la
cárcel, donde están siendo
procesados tras someterse a la Ley de "Justicia
y Paz". Había, pues, temores
de que este hecho entrabara y deslegitimara
las elecciones en algunas regiones y localidades.
No fue así. Claramente la 'parapolítica'
perdió en sus fortines: Cesár,
Meta y tal vez Sucre. Ganó todavía
en Córdoba y Magdalena pero quedó
ya al descubierto y en la mirilla de las
otras fuerzas políticas y la opinión
pública.
Vino
nuevo en odres nuevos
En
parte, debido a las reformas políticas
de 1993 y de 2005 que forzaron a cambiar
los odres viejos, se han propiciado nuevos
movimientos y partidos políticos
y llevado a los tradicionales (Liberal y
Conservador) a cuidar mejor su ideología,
su organización, su participación
por bancadas y disciplina partidista. Pero
quizás se debe más a una nueva
cultura política (generacional y
pragmática): el electorado viene
tomando conciencia de su poder real, a través
del voto confiable, para apoyar solo los
mejores proyectos y los mejores candidatos.
• Viene pujando con ánimo el
nuevo partido de izquierda Polo Democrático
Alternativo, amalgama de una izquierda marxista
clásica y recalcitrante -como la
que encarna su presidente Carlos Gaviria-
y otra moderna, socialdemócrata,
moderada -como la de Petro, Mejía,
Navarro (nuevo gobernador de Nariño),
Garzón (popular exalcalde de Bogotá)
y quizás Moreno (nuevo alcalde)-.
Pero a nivel nacional, el Polo no quedó
sino con una gran alcaldía (la de
Bogotá) y una gobernación
(la de Nariño). Y no hubo en todo
el país ni un solo hecho de violencia
que lamentar contra alguno de sus candidatos.
• El "Uribismo", así
llamada la coalición de 6 fuerzas
progubernamentales sigue dominando el escenario
político nacional y regional colombiano.
Es una mentira sectaria la de Carlos Gaviria
quien quiso desconocer la actual geografía
electoral del país y afirmó
dogmáticamente ante los medios que
"el gran derrotado de estas elecciones
fue el presidente Uribe". Todo lo contrario.
Basta sumar sencillamente y verificar que
15 gobernaciones y 549 alcaldías
(entre ellas las grandes capitales, menos
Bogotá) quedaron en poder de los
partidos uribistas. El Partido conservador:
5 gobernadores, 240 alcaldes. La "U"
y Cambio Radical, ambos de extracción
liberal: 10 gobernadores, 235 alcaldes.
Alas Equipo Colombia: 68 alcaldes. Convergencia
Ciudadana: 72 alcaldes. Colombia democrática:
34 alcaldes. Y el Consejo de Bogotá
-cuya alcaldía ganó Moreno,
con apoyo de antiguas fuerzas anapistas-
quedó uribista con más del
doble respecto de los concejales del Polo.
Vale la pena observar que las alcaldías
de localidades apartadas y riesgosas (Putumayo,
Caquetá, Amazonas) -donde las Farc
tenían antes control- quedaron todas
con ediles uribistas.
• El Partido Liberal, bajo la conducción
de César Gaviria, tuvo un repunte,
que lo vuelve a ubicar entre los grandes
jugadores para el año 2.010, ahora
con 6 gobernadores y 206 alcaldes (sin contar
37 alcaldes logrados por el nuevo "Apertura
liberal").
Moraleja
"Siento
que en Colombia, esos grupos levantados
en armas con razón o sin razón,
se han convertido en el mejor instrumento
para que la derecha democráticamente
gane las elecciones en Colombia. Yo estoy
convencido de que las armas no son la vía
para buscar justicia e igualdad"
(Evo Morales, Presidente de Bolivia, 2 noviembre
2007).
12 noviembre 2007 |