Estirpe
liberal
Fiel a su condicionamiento liberal, Juan
Manuel se dedicó con empeño
a la reconstrucción y consolidación
de la colectividad roja, a finales de
los años 90: presidió la
‘Constituyente Liberal’, un
ambicioso esfuerzo por salvar al partido.
No apoyó la primera candidatura
de Álvaro Uribe en el 2002, porque
se había cocinado por fuera del
oficialismo liberal. Pero, cuatro años
después ingresó al uribismo
por la puerta del partido de la U (Unidad):
una fuerza nueva, coordinada por él,
para recibir a liberales que quisieran
apoyar la reelección de Uribe.
Luego aceptó estar en el Gabinete
–como ministro de Defensa- y al
final (cuando la ley que convocaba a referendum
para la posible reelección de Uribe
fue declarada inexequible por el Poder
Judicial) ganó la valiosa credencial
de candidato presidencial para continuar
la obra de gobierno de Uribe.
Pragmático
y audaz
Para Juan Manuel Santos la política
es el arte de lo posible. Y en tratándose
de calibrar qué es lo posible,
es un verdadero maestro. Más que
un defensor principista de doctrinas o
ideologías, es un constructor de
fórmulas para lograr resultados.
Más que un malabarista de frases
o político de discursos simbólicos
y abstractos, su verbo va a lo concreto
y su intención a lo que es realizable,
en la coyuntura dada. Su política
es la “realpolitik” que lo
lleva a conjugar realismo (con los pies
bien puestos en tierra) con cálculo
de probabilidades respecto de las metas
y los medios para alcanzarlas. Esto conlleva
en él una habilidad como negociador
político, la flexibilidad diplomática
ante las varias coyunturas o circunstancias
y facilidad para rectificar dado el caso.
Sin perder su coherencia en los grandes
principios y valores, ha mostrado que
es flexible y se adapta a los cambios.
En plena campaña, Juan Manuel dijo
que “solo los imbéciles no
rectifican”; y a sus colaboradores
les dice que “solo los ríos
no se pueden devolver”. Sus oscilaciones
se caracterizan por estar acompañadas
de audacia. Y en cada causa por la que
se empeña, se juega a fondo. El
“pensar lo impensable” con
gran audacia y llevarlo a efecto con gran
pragmatismo, lo dejó bien ilustrado
con la exitosa operación “Jaque”,
de la que fue -siendo ministro de Defensa-
uno de los principales cerebros y animadores.
En todos los temas cruciales, Santos sabe
para dónde va –lo ha dicho-
y alista leyes y decretos para convertir
rápidamente en política
pública esos propósitos.
Pluralista
En el mundo de las ideologías,
Santos ha mostrado preferencia por ciertos
exitosos líderes que se mueven
en el centro del espectro. Es un radical
de centro. En los años 90, creó
una fundación que denominó
Buen Gobierno, adoptando el término
que el ticket Clinton-Al Gore había
utilizado para su campaña en 1993
y sus dos cuatrienios. Lo mismo, se pronunció
a favor de la llamada Tercera Vía,
con la que Tony Blair llegó al
poder en Gran Bretaña, tomando
un derrotero intermedio entre los dogmas
extremos: el de un estatismo feroz e ineficiente
y el de un capitalismo salvaje sin rostro
humano.
Buen
gerente
Puede ser su mejor definición,
como lo demostró en los tres principales
cargos públicos que ha desempeñado:
como Ministro de Comercio Exterior (con
el presidente liberal Gaviria), Ministro
de Economía (con el presidente
conservador Pastrana) y Ministro de Defensa
(con el presidente independiente Uribe).
Una de las diferencias que lo marcan con
Uribe es ésta: la de no ser un
microgerente (quien más que ministros
se rodea de vice-ministros sin mayor perfil)
sino todo un conductor de orquesta, que
sabe delegar y rodearse de los mejores.
Hasta sus enemigos reconocen que en todos
los cargos que ha ocupado, no ha nombrado
cuotas políticas o de amistad sino
colaboradores del más alto nivel.
Al
perfil de J.M. Santos se pueden añadir
muchas otras pertinentes características.
“No es un hombre que venga de la
tierra, del pasado feudal del país,
del conflicto rural con raíces
atávicas. Es hombre urbano, moderno,
educado en la disciplina de la escuela
naval, y en el rigor académico
de Kansas, Londres y Boston. Como si fuera
la anatomía de un cuerpo, conoce
órgano por órgano todas
las variables de los temas sociales y
económicos de Colombia, Latinoamérica
y el mundo. Es ante todo un gran ser humano
con gran olfato para rodearse”.
(Germán Santamaría, periodista
director de Diners)
Conclusión
Santos llega a la Presidencia con
unas condiciones óptimas de gobernabilidad:
amplias mayorías en el Congreso,
la más alta votación en
la historia electoral y una oposición
débil. “Tendrá los
ases que desearía un gran gestor
o un jugador audaz. Y Santos es ambas
cosas a la vez” (Semana).
Para
Simón Bolívar (Manifiesto
de Cartagena 1815), un gobierno republicano
para nuestros pueblos, debe caracterizarse
por UNIDAD, SOLIDEZ, ENERGÍA .
Esta será la ‘manchette’
o lema del gobierno de Santos.
25/06/2010