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INTRODUCCIÓN
Quienes
conformamos hoy la aldea global, solemos
seguir paso a paso (gracias a los
medios de comunicación) los
avatares de quienes logran constituirse
en personajes. Son personas en general
bien dotadas que en especiales circunstancias
de época y lugar se destacan
del común y corriente de la
gente e impactan el mundo, para mal
o para bien. Tener modelos de identificación,
líderes a quienes seguir sobre
todo en tiempos de encrucijada, conductores
a quienes respaldar con confianza,
ha sido siempre una necesidad de toda
sociedad. Bien confirmó esta
tendencia William James cuando afirma
que “la humanidad no hace nada
sino siguiendo a los inventores y
conductores”.
Unos dejan como legado para la historia
un reguero a veces sangriento por
su dominación, tiranía
y violencia .Otros encarnan valores
superiores y anhelos profundos de
nuestra alma colectiva. Unos son llorados
y alabados cuando desaparecen; otros
recordados con alivio por muchos cuando
salen al fin de la escena tras ser
abatidos o remplazados en el poder
que detentaban. Pero varios (no todos)
son convertidos por el imaginario
popular en verdaderas leyendas y aun
en mitos que logran desbordar tiempo
y espacio. Y con aureola de seres
míticos comienzan a irradiar
por el mundo, más que cuando
vivían entre sus contemporáneos.
Una leyenda es una historia que se
cuenta por bastante tiempo acerca
de una persona o un lugar, que popularmente
se asume que tiene alguna verdad histórica.
En contraste, el mito toma como su
principal objeto lo extramundano o
lo sobrenatural, haciéndolo
accesible a los hombres gracias a
su lenguaje sencillo y elementos populares.
El mito es portador de cierta verdad
profunda (el paraíso original,
el castigo universal, el salvador
al final de los tiempos). Dicha verdad
la expresa no en forma empírica
y positiva (científica) ni
tampoco en forma racional y lógica
como logos (filosófica ). Ambos
expresan verdades, pero en forma muy
diferente.
El logos , tan propio de la cultura
griega y occidental, racionaliza la
realidad. El mito, de corte más
oriental, primitivo y diríamos
hoy postmodernista, actualiza la realidad
al momento presente, como lenguaje
del pueblo, como proyección
de un inconciente colectivo acerca
de algo importante para la existencia
humana (Jung). Casi todos los pueblos
tienen figuras legendarias, que se
convierten en héroes nacionales.
El Rey Arturo y los caballeros de
la Mesa Redonda son todavía
proverbiales en nuestro siglo por
su cortesía y valor. Robin
Hood y sus arqueros, y en esa línea
Eva Perón, son dechados por
su lealtad y defensa de los descamisados.
Carlomagno en Europa, Butch Cassidy
y “padres fundadores”
como Washington y Lincoln en Estados
Unidos; y en nuestra América
india, Tupac Amaru, Atahualpa, Manaure
y otros, fueron protagonistas de gestas
que encarnan valores patrios. Simón
Bolívar es una de los personajes
históricos del pasado y más
obvios por su significado en los anales
de varias de nuestras naciones. Pero
el término mito se viene aplicando
también y exageradamente a
muchas narrativas contemporáneas
y a gente o incidentes que las han
inspirado. Así, por ejemplo,
se ha elaborado el “mito”
de: Marilyn Monroe, Elvis Presley,
Howard Hughes, John F. Kennedy, Martin
Luther King en Norteamérica;
José Gregorio Hernández
como médico servidor del pueblo,
en Venezuela; Jorge Eliécer
Gaitán, el cura Camilo Torres,
Luis Carlos Galán como redentores
populares en Colombia. Y con variaciones
muy curiosas y aumentadas, el Che
Guevara en aguas del Caribe y gran
parte del territorio suramericano.
Desde
nuestra nueva rúbrica queremos
ofrecer a nuestros amables lectores
y usuarios una serie de perfiles de
personajes recientes de diverso signo
que ya han comenzado a ser –o
serán más tarde- leyendas
y aun mitos. |