Mientras
se enterraba a Lady Di en Londres, moría
en Calcuta la Madre Teresa. Quienes conformamos
hoy la aldea global, pudimos seguir paso
a paso los extraordinarios funerales de
estos dos personajes que son ya leyenda,
y cuya aureola de seres míticos
comienza a irradiar por el mundo, porque
las dos mujeres encarnaron valores y anhelos
profundos de nuestra alma colectiva.
UNA
PRINCESA DE LEYENDA
En
los últimos 17 años, Lady
Di no dejó de aparecer frecuentemente
en los grandes medios de comunicación
social. Constituyó un fenómeno
espectacular de encantamiento masivo.
Su boda con el Príncipe Carlos,
heredero al trono de Inglaterra, inició
en 1981 un cuento de hadas que ya entonces
convocó ante las pantallas a 700
millones de personas. Bella, sencilla,
de ojos lánguidos y una sonrisa
angelical comenzó a ganar los corazones.
Con su porte elegante, su simpatía,
sus gestos cuidadosamente estudiados (a
veces de desenvuelta frivolidad y a veces
de sincera solidaridad humana con los
necesitados) su popularidad fue desbordando
las fronteras patrias, rebasando la de
ídolos musicales y coreográficos
como Michael Jackson y Madonna. Y la pasión
mundial por ella comenzó Diana
a transformarla en pasión por los
otros: los niños, los pobres, los
sin techo, los pacientes de Sida, las
víctimas de minas antipersonales,
los gays, los leprosos…El desengaño
de su vida matrimonial con el Príncipe
Carlos, la insufrible rutina de palacio,
la bulimia, el desespero, la propia invalidez,
los escarceos amorosos, la confesión
de sus males (en la famosa entrevista
por la BBC y en el libro de Andrew Morton
Diana, su verdadera historia)
tuvieron el efecto de hacer que la Princesa
lejana se acercara aún más
al corazón del pueblo, el cual
vive a diario y sin espectacularidad los
mismos y peores males. De ser una estrella
pasó a ser para muchos una amiga
intima del hogar. El comentarista Amis
del Time , en su artículo
<El Espejo de nosotros mismos>(september
15), subraya bien que Madonna canta, Grace
Kelly tuvo actuación. Diana simplemente
respiró. Ella fue una figura de
las páginas sociales que llegó
a ser una legendaria joven de portada.
<Ella fue la Princesa del pueblo -pudo
afirmar con razón el primer ministro
Blair al comentar la noticia de su muerte.
Y como tal estará por siempre en
nuestros corazones y recuerdos>.
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| LA
TRAGEDIA DE UNA PRINCESA
El
famoso poema de Rubén Darío
titulado <Sonatina> tiene especial
aplicación al caso de Lady Di. <La
princesa está triste…¿Qué
tendrá la princesa ?/Los suspiros
se escapan de su boca de fresa,/ que ha
perdido la risa, que ha perdido el color…/
Pobrecita princesa de los ojos azules !
/ Está presa en sus oros, está
presa en sus tules,/ en la jaula de mármol
del palacio real…>. La tragedia
interior de la Princesa está bien
expresada en el comentario que -según
el Time (september 8, 1997)- hizo ella a
sus amigos en los turbulentos años
de su matrimonio: <Un minuto y yo
era nadie, al siguiente minuto yo era la
Princesa de Gales, madre, juguete de los
medios de comunicación, miembro de
esta familia, y eso era demasiado para manejarlo
una sola persona>. Manuel Vincent,
del Diario El País de Madrid, tituló
su comentario del 7 de setiembre acerca
de la tragedia de la Princesa Diana: <Se
ha roto una muñeca>. La Princesa
Diana era la muñeca con la que jugaban
millones de lectores. Una inmensa multitud,
que en su conjunto generaba una psicología
infantil, había seguido sus avatares
de familia, sus problemas sentimentales,
su bulimia, sus neurosis, sus depresiones,
sus momentos de felicidad. En realidad era
una muñeca muy completa. Y como suele
pasar con los niños que quieren saber
cómo son las muñecas por dentro,
los medios y las masas la analizaron y la
destrozaron…Acabó estrellada
a alta velocidad contra un muro. Y en esto
la Princesa estuvo a la altura de su destino.
<La suerte de una estrella consiste en
morir estrellada>. A pesar de su humor
negro, la reflexión del periodista
subraya bien lo espectacular del caso de
Diana, que ante los ojos de la humanidad
agolpada ante los televisores, se rompió
como la Muñeca del siglo contra el
muro del túnel del Alma en Paris.
A nuestro juicio, se estrelló la
estrella, para dar paso a las energías
liberadas del mito. Su muerte junto a Dodi
Al Fayed entrará a la mitología
de las grandes tragedias románticas.
Como en Romeo y Julieta, murieron ambos.
Pero en este caso, el amor murió
muy rápido.
DE
LA LEYENDA AL MITO
La
leyenda encantadora y, a la vez, trágica
de Lady Di ha hecho que los simples mortales
volvamos los ojos hacia un símbolo
que expresa bien, para nuestro tiempo, realidades
profundas de nuestro existir. La sencillez,
belleza, sonrisa, elegancia y simpatía
que atrae las miradas hacia alguien, y este
alguien se hace querer y logra que las miradas
y corazones de tanta gente se reflejen hacia
una pasión por los otros, hacia un
sentir solidario con los pobres, enfermos
y necesitados… son elementos válidos
de un mito. Y más específicamente,
la leyenda de Lady Di puede encarnar elementos
míticos de la mujer emergente de
nuestro siglo. Sin realeza ni pompas ni
majestades, sin yates ni Mercedes Benz,
Diana habría sido Dña. nadie.
Pero no habría habido Lady Di sin
la simplicidad, la languidez, la ingenuidad,
las incomprensiones de la familia real y
las peripecias románticas que la
rodearon. Si se desviste la vida de Lady
Di de su boato, sus joyas, su realeza, la
historia desnuda que queda es la de tantas
mujeres emergentes, con sus problemas de
depresión, de soledad, de anorexia
y bulimia, de desencuentro de pareja y búsqueda
de propia identidad, de ensayo de relaciones
sentimentales tras la liberación
de un divorcio. Algo y mucho ha encarnado
la Princesa Diana de la leyenda y tragedia
de tantas mujeres de nuestro tiempo. Mucha
gente de bien se ve proyectada en Diana,
como en un espejo: en su porte, su bondad,
su solidaridad con tantas causas nobles..,
y en su mismo cruel destino tan inmerecido.
La Princesa Diana reposa en medio de
un lago, dentro de la propiedad de la familia
Spencer, en el pueblo de Althorp. Según
una leyenda, allí el Rey Arturo,
fundador de la Mesa Redonda, cuando estaba
muribundo tras su última batalla,
pidió a un amigo suyo, Sir Bedivere,
que devolviera su espada Excalibur a la
Dama que se la había entregado. Ella
emergió del lago, elevó la
espada tres veces sobre el agua y desapareció
para siempre. La fabulación popular
comenzará a llamar pronto a Lady
Di <la Princesa del Lago>, con todas
sus implicaciones respecto de la monarquía
británica. <Adiós, rosa
de Inglaterra; que crezcas siempre en nuestros
corazones. Tu llama se apagó mucho
antes que tu leyenda ! >
(Elton John).
22 setiembre 1997 |