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INTRODUCCIÓN
Los politólogos no nos
cansamos de estudiar y admirar
la historia política de
Inglaterra y la interesante evolución
de sus instituciones, desde 1.640,
cuando se inició el proceso.
Ella realizó un siglo antes
-sin grandes traumatismos ni cadalzos
ni revoluciones sangrientas- lo
que otros países del continente
europeo lograron después:
pasar de los absolutismos de Estado
(monarquías absolutas)
a democracias legítimas
y eficientes (gobiernos parlamentarios)
de amplia sustentación
popular. Los políticos,
y también los historiadores,
gustan hacer remontar hasta Atenas
(siglo IV antes de Cristo) las
modernas formas de democracia.
Pero la verdad es que casi todas
ellas derivan de la rica experiencia
británica: la Carta Magna,
el habeas corpus, el parlamento
estilo Westminster, los partidos,
las elecciones periódicas,
son todos inventos británicos.
El sistema político inglés
funciona bien. No es un sistema
político presidencialista,
como el iniciado por EUA en 1789
y copiado por todas nuestras repúblicas;
sino un sistema de Primer Ministro
(de alto perfil), que preside
el gobierno de un sólo
partido, bien cimentado en una
mayoría (puesto que el
sistema electoral desemboca en
representantes únicos y
no de representación proporcional).
Por ello, en unas elecciones generales
como las del pasado 1º de
Mayo, se juega en Inglaterra todo
el mundo de la política,
igual o casi más que en
nuestras elecciones presidenciales.
El Partido que mayoritariamente
controle el Parlamento (Cámara
Baja) con sus 650 escaños,
es el que gobierna por 5 años,
a través de su líder,
investido como Primer Ministro,
que designa su propio Gabinete
de gobierno (Ministry, Offices
y Boards). A raíz de las
elecciones de 1992, los conservadores,
con el 41.9% de los votos, tenían
352 escaños (el 52% de
la Cámara), que les permitía
el control del parlamento y del
gobierno. Los datos del pasado
1º de Mayo dejan un Parlamento
con una mayoría de laboristas
( 416 escaños, equivalente
a 64%) frente a 162 conservadores,
45 liberales demócratas
y 27 de otras fuerzas menores
o regionales.
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