Un tercer período para Blair
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Un tercer período para Blair
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“Yo soy un político radical de Centro”. Así se define Tony Blair, quien acaba de ganar los comicios del pasado jueves 5 de mayo. Su perfil es el de un líder moderno, juvenil y pragmático, que ha funcionado bien por ocho años en un país modelo de democracia como es la Gran Bretaña. Y ahora promete otros cuatro años de lo mismo, gracias a sus innegables logros económicos y en áreas tan sensibles para la mayoría de la población como educación y salud. Logros de una eficiente administración gubernamental, que no alcanzó a ser opacada por el costo político que le significó su apoyo irrestricto a la intervención aliada de Estados Unidos en Irak, de mal recibo en la opinión pública.

 

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Un país modelo en democracia

Los politólogos no nos cansamos de estudiar y admirar la historia política de Inglaterra y la interesante evolución de sus instituciones, desde 1.640, cuando se inició el proceso. Ella realizó un siglo antes -sin grandes traumatismos ni cadalsos ni revoluciones sangrientas- lo que otros países del continente europeo lograron después: pasar de los absolutismos de Estado (monarquías absolutas) a democracias legítimas y eficientes con gobiernos parlamentarios de amplia sustentación popular. Los políticos, y también los historiadores, gustan hacer remontar hasta Atenas (siglo IV antes de Cristo) las modernas formas de democracia. Pero la verdad es que casi todas ellas derivan de la rica experiencia británica: la Carta Magna, el habeas corpus, el parlamento estilo Westminster, los partidos, las elecciones periódicas…son todos inventos británicos.
El sistema político inglés funciona bien. No es un sistema político presidencialista, como el iniciado por EUA en 1789 y copiado por todas nuestras repúblicas. Sino un sistema de Primer Ministro (de alto perfil), que preside el gobierno de un sólo partido, bien cimentado en una mayoría (puesto que el sistema electoral desemboca en representantes únicos y no de representación proporcional). Por ello, en unas elecciones generales como las del pasado jueves 5 de Mayo, se juega en Inglaterra todo el mundo de la política, igual o casi más que en nuestras elecciones presidenciales. El Partido que mayoritariamente controle el Parlamento (Cámara Baja) con sus 650 escaños, es el que gobierna por 4 años, a través de su líder, investido como Primer Ministro, el cual designa su propio Gabinete de gobierno (Ministry, Offices y Boards).

Un líder firme y flexible

Tony Blair, actualmente de 52 años cumplidos el 5 de mayo -desde que remplazó en 1994 a John Smith, Jefe del Partido Laborista, y cuando en 1997 de 43 años ganó las elecciones generales, llegando a ser el Primer Ministro más joven desde Lord Liverpool en 1812-, ha mantenido una figura juvenil, fresca y atractiva, respaldada por una sólida preparación intelectual y consistente retórica (es abogado de Harvard). Siendo Jefe del Partido Laborista, con gran visión y energía, supo imprimir un fuerte viraje al Partido –que llevaba 18 años de travesía por un desierto político sin degustar los dátiles del poder-. En tres años, con realismo y pragmatismo, logró que el Laborismo dejara atrás el viejo Izquierdismo, con sus machacados slogans ("el poder para los obreros", "el Estado es el gran empresario", "que se pudran los ricos", "tenemos autosuficiencia frente a Europa") y se ubicara en un centro político post-ideológico. No podemos olvidar que el Laborismo inglés tiene sus fuentes propias, no en el marxismo-leninismo que alimentó la social-democracia alemana hasta 1959 (Bad Godesberg), sino en un socialismo bíblico y cristiano (el llamado Fabianismo inglés). Blair casi que logra convertir el Laborismo en el rostro aceptable del Thatcherismo conservador que llevaba 18 años en el poder con buenos logros. Su carta de navegación lo llevó a transitar "por entre la antigua izquierda y la nueva derecha, y tratar de ir adelante de ambas". No se podía volver al gobierno fuertemente centralizado. El nuevo Laborismo aceptaba el capitalismo, los libres mercados y la privatización. Blair, en su primera campaña, para las elecciones de 1997, se comprometió a no aumentar los impuestos, a no aumentar el gasto público, a no renacionalizar las compañías privatizadas bajo los gobiernos de Thatcher y Major, a no restaurar el inmenso poder de los sindicatos.
Seguro de sí y contagioso, Blair tiene un gran confianza en sí, que es su mejor burladero o defensa tanto en casa como internacionalmente. Ha cumplido bien su oficio y mantenido sus promesas. Y ésta fue su mejor carta de presentación -por tercera vez- al electorado de “la media Bretaña” o “la media Inglaterra”, que aprecia sus realizaciones como Gobierno. Sus dos períodos han sido exitosos. Ha logrado un crecimiento económico continuo (de 3.4 por año) y una mejora notable de los servicios públicos. Inglaterra está próspera. Con mejores estándares de vida que Francia, Alemania, Japón. Las tasas de empleo son hoy históricamente altas; las tasas de intereses históricamente bajas. Aumento del reposo de maternidad, subsidio para un millón de compradores de vivienda, remodelación de todas las escuelas de secundaria, dos millones de nuevos empleos, 28.000 nuevos maestros, 13.000 policías más, un salario mínimo ya de $ 9.20 la hora, incremento al doble para la ayuda externa del Tercer Mundo.

Su filosofía política neoliberal

Su neoliberalismo, no como un simple capitalismo, sino como una filosofía a la vez social y económica, es el núcleo más explícito de la ideología de Blair.
U n c o n v e n c i d o d e l a D e m o c r a c i a. Para Blair, la superioridad de la democracia es evidente por sí misma, más allá de cualquier cuestionamiento o debate o razonamiento. Es una obligación moral reforzarla y perfeccionarla.
U n c o n v e n c i d o d e l E s t a d o N a c i ó n. “Europa es una Europa de naciones libres, independientes y soberanas que escogieron juntar soberanía buscando sus propios intereses y el bien común, logrando más juntos de lo que pudiéramos lograr solos”.
U n c o n v e n c i d o d e l L i b e r a l i s m o. “La libertad es indivisible y cuando un solo hombre es esclavizado, ¿quién es libre?”. El neoliberalismo es un set de valores que motiva a las personas a la acción. Impulsa a que los ciudadanos trabajen juntos como una unidad; contra otras naciones en el mercado global, pero también compitiendo unos con otros dentro de la misma nación. Sustituye al mercado en la búsqueda de nuevas formas de vida social. “No dudamos en promover los conceptos de eficiencia, competición y alto desempeño”.
U n c o n v e n c i d o d e l a ‘C u l t u r a d e l o g r o s’. En 1998, en la Conferencia del Partido Laborista, Blair se quejó de que había “demasiada tolerancia de la mediocridad” en los centros educativos británicos. Y sus políticas educativas, más que en otros campos, han sido obsesivamente guiadas por el cumplimiento de “metas más altas para todos” y la excelencia. Su sentido de la “justicia social” es ofrecer para todos igualdad de oportunidad para el talento y el trabajo.

Conclusión

Esta social democracia moderada de Blair (Fabianismo Laborista) funciona con éxito en un país tan singular como la Gran Bretaña, donde los siglos han aclimatado un gran sentido de comunidad, un gran sentido de justicia y la creencia (neoliberal) de que lo individual prospera tanto mejor cuanto la sociedad esté más organizada con niveles de excelencia. !

09 mayo 2005