| Un
país modelo en democracia
Los
politólogos no nos cansamos de estudiar
y admirar la historia política de
Inglaterra y la interesante evolución
de sus instituciones, desde 1.640, cuando
se inició el proceso. Ella realizó
un siglo antes -sin grandes traumatismos
ni cadalsos ni revoluciones sangrientas-
lo que otros países del continente
europeo lograron después: pasar de
los absolutismos de Estado (monarquías
absolutas) a democracias legítimas
y eficientes con gobiernos parlamentarios
de amplia sustentación popular. Los
políticos, y también los historiadores,
gustan hacer remontar hasta Atenas (siglo
IV antes de Cristo) las modernas formas
de democracia. Pero la verdad es que casi
todas ellas derivan de la rica experiencia
británica: la Carta Magna, el habeas
corpus, el parlamento estilo Westminster,
los partidos, las elecciones periódicas…son
todos inventos británicos.
El sistema político inglés
funciona bien. No es un sistema político
presidencialista, como el iniciado por EUA
en 1789 y copiado por todas nuestras repúblicas.
Sino un sistema de Primer Ministro (de alto
perfil), que preside el gobierno de un sólo
partido, bien cimentado en una mayoría
(puesto que el sistema electoral desemboca
en representantes únicos y no de
representación proporcional). Por
ello, en unas elecciones generales como
las del pasado jueves 5 de Mayo, se juega
en Inglaterra todo el mundo de la política,
igual o casi más que en nuestras
elecciones presidenciales. El Partido que
mayoritariamente controle el Parlamento
(Cámara Baja) con sus 650 escaños,
es el que gobierna por 4 años, a
través de su líder, investido
como Primer Ministro, el cual designa su
propio Gabinete de gobierno (Ministry, Offices
y Boards).
Un
líder firme y flexible
Tony Blair, actualmente de 52 años
cumplidos el 5 de mayo -desde que remplazó
en 1994 a John Smith, Jefe del Partido Laborista,
y cuando en 1997 de 43 años ganó
las elecciones generales, llegando a ser
el Primer Ministro más joven desde
Lord Liverpool en 1812-, ha mantenido una
figura juvenil, fresca y atractiva, respaldada
por una sólida preparación
intelectual y consistente retórica
(es abogado de Harvard). Siendo Jefe del
Partido Laborista, con gran visión
y energía, supo imprimir un fuerte
viraje al Partido –que llevaba 18
años de travesía por un desierto
político sin degustar los dátiles
del poder-. En tres años, con realismo
y pragmatismo, logró que el Laborismo
dejara atrás el viejo Izquierdismo,
con sus machacados slogans ("el
poder para los obreros", "el
Estado es el gran empresario",
"que se pudran los ricos",
"tenemos autosuficiencia frente
a Europa") y se ubicara en un
centro político post-ideológico.
No podemos olvidar que el Laborismo inglés
tiene sus fuentes propias, no en el marxismo-leninismo
que alimentó la social-democracia
alemana hasta 1959 (Bad Godesberg), sino
en un socialismo bíblico y cristiano
(el llamado Fabianismo inglés). Blair
casi que logra convertir el Laborismo en
el rostro aceptable del Thatcherismo conservador
que llevaba 18 años en el poder con
buenos logros. Su carta de navegación
lo llevó a transitar "por
entre la antigua izquierda y la nueva derecha,
y tratar de ir adelante de ambas".
No se podía volver al gobierno fuertemente
centralizado. El nuevo Laborismo aceptaba
el capitalismo, los libres mercados y la
privatización. Blair, en su primera
campaña, para las elecciones de 1997,
se comprometió a no aumentar los
impuestos, a no aumentar el gasto público,
a no renacionalizar las compañías
privatizadas bajo los gobiernos de Thatcher
y Major, a no restaurar el inmenso poder
de los sindicatos.
Seguro de sí y contagioso, Blair
tiene un gran confianza en sí, que
es su mejor burladero o defensa tanto en
casa como internacionalmente. Ha cumplido
bien su oficio y mantenido sus promesas.
Y ésta fue su mejor carta de presentación
-por tercera vez- al electorado de “la
media Bretaña” o “la
media Inglaterra”, que aprecia
sus realizaciones como Gobierno. Sus dos
períodos han sido exitosos. Ha logrado
un crecimiento económico continuo
(de 3.4 por año) y una mejora notable
de los servicios públicos. Inglaterra
está próspera. Con mejores
estándares de vida que Francia, Alemania,
Japón. Las tasas de empleo son hoy
históricamente altas; las tasas de
intereses históricamente bajas. Aumento
del reposo de maternidad, subsidio para
un millón de compradores de vivienda,
remodelación de todas las escuelas
de secundaria, dos millones de nuevos empleos,
28.000 nuevos maestros, 13.000 policías
más, un salario mínimo ya
de $ 9.20 la hora, incremento al doble para
la ayuda externa del Tercer Mundo.
Su
filosofía política neoliberal
Su
neoliberalismo, no como un simple capitalismo,
sino como una filosofía a la vez
social y económica, es el núcleo
más explícito de la ideología
de Blair.
• U n c o n v e n c i d o d e
l a D e m o c r a c i a. Para Blair,
la superioridad de la democracia es evidente
por sí misma, más allá
de cualquier cuestionamiento o debate o
razonamiento. Es una obligación moral
reforzarla y perfeccionarla.
• U n c o n v e n c i d o d e
l E s t a d o N a c i ó n. “Europa
es una Europa de naciones libres, independientes
y soberanas que escogieron juntar soberanía
buscando sus propios intereses y el bien
común, logrando más juntos
de lo que pudiéramos lograr solos”.
• U n c o n v e n c i d o d e
l L i b e r a l i s m o. “La
libertad es indivisible y cuando un solo
hombre es esclavizado, ¿quién
es libre?”. El neoliberalismo es un
set de valores que motiva a las personas
a la acción. Impulsa a que los ciudadanos
trabajen juntos como una unidad; contra
otras naciones en el mercado global, pero
también compitiendo unos con otros
dentro de la misma nación. Sustituye
al mercado en la búsqueda de nuevas
formas de vida social. “No dudamos
en promover los conceptos de eficiencia,
competición y alto desempeño”.
• U n c o n v e n c i d o d e
l a ‘C u l t u r a d e l o g r o s’.
En 1998, en la Conferencia del Partido Laborista,
Blair se quejó de que había
“demasiada tolerancia de la mediocridad”
en los centros educativos británicos.
Y sus políticas educativas, más
que en otros campos, han sido obsesivamente
guiadas por el cumplimiento de “metas
más altas para todos” y la
excelencia. Su sentido de la “justicia
social” es ofrecer para todos igualdad
de oportunidad para el talento y el trabajo.
Conclusión
Esta social democracia moderada de Blair
(Fabianismo Laborista) funciona con éxito
en un país tan singular como la Gran
Bretaña, donde los siglos han aclimatado
un gran sentido de comunidad, un gran sentido
de justicia y la creencia (neoliberal) de
que lo individual prospera tanto mejor cuanto
la sociedad esté más organizada
con niveles de excelencia. !
09
mayo 2005
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