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INTRODUCCIÓN
“Yo
soy un político radical
de Centro”. Así se
define Tony Blair, quien acaba
de ganar los comicios del pasado
jueves 5 de mayo. Su perfil es
el de un líder moderno,
juvenil y pragmático, que
ha funcionado bien por ocho años
en un país modelo de democracia
como es la Gran Bretaña.
Y
ahora promete otros cuatro años
de lo mismo, gracias a sus innegables
logros económicos y en
áreas tan sensibles para
la mayoría de la población
como educación y salud.
Logros de una eficiente administración
gubernamental, que no alcanzó
a ser opacada por el costo político
que le significó su apoyo
irrestricto a la intervención
aliada de Estados Unidos en Irak,
de mal recibo en la opinión
pública.
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