Tony Blair, un líder y un estadista
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Blair acaba de anunciar que presentará a la Reina, el próximo 29 de junio, su renuncia al cargo de primer Ministro que ha venido ejerciendo por tres períodos, durante 10 años. Cuando apenas tenía 40 años, en 1994, remplazó a John Smith como Jefe del Partido Laborista. Y en 1997 ganó las elecciones generales, llegando a ser el Primer Ministro inglés más joven desde Lord Liverpool en 1812. Llevó, así, a recuperar el poder para el Laborismo, tras 18 años de un fuerte Conservadurismo bajo Thatcher (la Dama de Hierro) y Mayor. Volvió a ganar las elecciones en mayo 2001 y las más recientes de 2005. Lo recordaremos no sólo por su permanente figura de líder juvenil, sino sobre todo por su filosofía política pragmática -de marcado acento centrista- que obtuvo grandes logros en Gran Bretaña (país modelo en desarrollo y en democracia) y que ofrece interesantes lecciones para nosotros.

 

Un liderazgo fuerte y flexible

Desde su primera aparición en público, en la pequeña población de Trindom (1994), Blair ha mantenido una figura fresca y atractiva, respaldada por una sólida preparación intelectual y consistente retórica como buen abogado de Harvard. Seguro de sí y contagioso, Blair tiene una gran confianza en sí, que es su mejor burladero o defensa -tanto en casa como internacionalmente. Es un hombre con carisma. Tiene visión y coraje. Sabe a dónde va y a dónde conduce. Y no le tiembla la mano cuando se trata de mantener el rumbo y evitar los escollos.

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Una filosofía política neo-laborista

Siendo Jefe del Laborismo, con visión y energía, y mucha flexibilidad, supo imprimir un fuerte VIRAJE al Partido. En tres años, con realismo y pragmatismo, logró que el Laborismo dejara atrás el viejo Izquierdismo, con sus machacados slogans ("el poder para los obreros", "el Estado es el gran empresario", "que se pudran los ricos", "tenemos autosuficiencia frente a Europa"). Y lo ubicó en un centro político más pragmático y no tan ideológico. Esto lo pudo hacer porque el Laborismo inglés tiene sus fuentes propias, no en el marxismo-leninismo que alimentó la social-democracia alemana hasta 1959 (Bad Godesberg), sino en un socialismo bíblico y cristiano (el llamado Fabianismo inglés). Su carta de navegación, en estos 10 años, lo llevó a transitar "por entre la antigua izquierda y la nueva derecha, y tratar de ir adelante de ambas".

Bajo su conducción, el nuevo Laborismo acepta ahora el capitalismo, los libres mercados y la privatización. Blair, tras 10 años de gobierno, deja hoy mucho mejor a Gran Bretaña. "Es más próspera, más saludable, mejor educada y -con todos los inevitables peros de parte de los no afectuosos jóvenes islámicos- es la más confortable nación europea respecto del futuro multicultural que es el destino de todos ellos" (Time, 4 april 07). El haber dado a Escocia y Gales sus propios parlamentos, y el haber dejado consolidada la paz en Irlanda del Norte, son algunos de su mejores logros.

Y en política externa, gradualmente, con sentido ético y buen olfato político, fue -a la vez- un europeísta, un atlantista, un tercermundista y un firme aliado de Estados Unidos. Avanzó mucho en las políticas ambientalistas de Kioto, de ayuda efectiva a países pobres de África y de fina diplomacia en búsqueda de una solución viable para el problema palestino-israelí "donde se incumba el veneno para toda la región". Deja preparada a Inglaterra para figurar entre los países motores de la Unión Europea (aunque por un compromiso con quien será el sucesor, su actual ministro del Tesoro, Gordon Brown, demore todavía un año la adopción del euro). Sostiene que la cooperación entre Europa y Estados Unidos debe mantenerse a toda costa. El papel que le incumbe a Gran Bretaña en Europa es la de servir de puente, en forma amistosa que no excluye la competitividad económica con EUA y el disentir sobre muchas de sus políticas. En magistral pieza oratoria ante el Congreso de EUA señaló que la pobreza es la principal causa del terrorismo; que Estados Unidos debería trabajar conjuntamente con Europa, en una alianza basada en “la persuasión y no en la autoridad”. Se le abonó la visión y respaldo eficaz para el éxito de la operación conjunta en Kosovo, y un año más tarde para restaurar el orden en Sierra Leona. Pero se le ha criticado, dentro y fuera del país, el haber sido demasiado fiel y leal al presidente Bush en el ominoso fiasco de Irak. En su despedida afirmó: "Evidentemente se harán juicios sobre mi mandato, y en última instancia son ustedes quienes los harán. Pero les pido que acepten una cosa: con la mano en el corazón, yo hice lo que pensé que era correcto". Es impresionante el juicio reciente de un autorizado analista de Time (Michael Elliot, may 14) : "Nunca me he encontrado con una figura pública [como Blair] que haya planteado más consistentemente las importantes cuestiones acerca de las relaciones entre individuos, comunidades y gobiernos, o que haya pensado más profundamente cómo nos debemos conducir en un mundo interconectado en el que convergen en profundidad lealtades de nacionalidad, etnicidad y religión".

Moraleja: "Yo soy un político radical de Centro [..] A los que dicen que no puede haber eficacia y justicia social al mismo tiempo les digo que nosotros lo hemos hecho[..] Los obstáculos están tanto fuera como dentro: lo mismo en la derecha que en parte de la izquierda[..] Sólo los gobiernos socialdemócratas pueden ofrecer respuestas a estos retos” (Tony Blair).

21 mayo 2007