| Monarquía
Es
el sistema político en el que un
individuo es soberano, y usualmente de por
vida. El monarca suele provenir de una familia
noble por tradición y hereda el trono,
aunque algunos han logrado la corona a la
fuerza y otros han sido electos. La monarquía
es probablemente la más antigua forma
de gobierno. Los antiguos griegos y romanos
establecieron repúblicas, pero estas
dieron lugar eventualmente a monarquías,
que en Europa adquirieron tal importancia
en los siglos XVI y XVII (cuando se formaron
las naciones-estados), que pudo hablarse
de monarquías <absolutas> o
despóticas. En ellas, el monarca
era el Estado, estaba por sobre la Ley.
Poco a poco, comenzando por Inglaterra,
este tipo de monarquía absoluta fue
convirtiéndose en monarquía
<constitucional>, en la que el rey
estaba sujeto a las provisiones de una Constitución
y a los actos de una Legislatura.
Diversas
coronas
A
pesar de que en 1965 el ex rey Farouk de
Egipto dijera que <dentro de poco sólo
quedarán en Europa cinco reyes, los
cuatro de la baraja y el de Inglaterra>,
el hecho es que hoy existen por Europa y
el mundo varias monarquías de diferente
tipo. Hay monarquías parlamentarias,
que garantizan la democracia y el desarrollo
de la sociedad. Hay monarquías de
corte feudal, en los países árabes,
sin democracia pero muchos petrodólares.
Hay coronas discretas y queridas por sus
pueblos, como las actuales de Suecia, de
Noruega, de Dinamarca, de Bélgica,
de Liechtenstein, de los Países Bajos,
de Luxemburgo. Hay coronas con aventuras
y desventuras, como la casa Grimaldi (Principado
de Monaco) y otras horripilantes como la
de Marruecos, donde el Rey Hassan II es
dueño de vidas y haciendas y maneja
un gigatesco negocio de hachís. Hay
coronas exóticas, unas más
simbólicas que otras, como las del
actual Japón (Hito), Tailandia (Bhumibol),
Camboya (Sihanouk), Arabia Saudita (Fahd),
Brunei (sultán Bolkiah, el hombre
más rico del mundo), Jordania (Hussein),
Nepal (Birendra Shah), Kuwait, Qatar, Oman
y los Emiratos Unidos (con emires de mucho
poder), Malasia es una confederación
de sultanes que rotan a su rey cada cuatro
años. Entre todas, por más
allegada a nosotros, destaca la Corona española
en su nueva etapa (desde hace 21 años)
con el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía.
Ambos han sabido granjearse el aprecio y
cariño de sus súbditos; han
logrado evitar los escándalos; han
sabido reinar sin gobernar (el Rey no tiene
siquiera poder de veto contra las leyes
del Parlamento), constituyéndose
en guías del pais y en símbolo
efectivo de unidad e integración
política y social del mismo. El Rey
ha sido factor decisivo en preservar la
actual democracia española, como
cuando se intentó un golpe militar
en febrero de 1981. El Rey mostró
que servía para mucho.
La
dinastía Windsor
A
diferencia de la corona española,
la británica ha dado pie para que
la prensa amarillista haga y deshaga a su
gusto. Libros como The Royals (Los
personajes reales) de Kitty Kelly son minuciosos
en el recuento de la historia de los Windsor,
con sus capítulos de matrimonios
sin amor, hipocresía, desmedida ambición,
infidelidades de rutina, escasa atención
a la educación de los príncipes,
alcoholismo, abusos de droga, tendencias
depresivas…
En 1901, muere la famosa Reina Victoria
y hereda el trono su hijo Berti, como Eduardo
VII, quien fue ampliamente criticado por
su incompetencia, vida disoluta y frecuentes
escapadas a París (huesped preferido
de la suite real del Hotel Ritz). Los sentimientos
antigermanos de comienzo de siglo obligaron
a la familia real de Inglaterra a cambiar
su apellido (Saxe-Coburg Gotha) por el de
Windsor. Tras la muerte de su hermano mayor
Alberto Víctor (adicto a las drogas),
el príncipe Jorge se convierte en
heredero al trono de su padre Eduardo VII
y es el futuro Rey Jorge V, casado con una
mujer inteligente y educada, que lo hizo
feliz, Victoria María de Teck (May).
Los dos hijos mayores de este matrimonio
fueron David, Príncipe de Gales,
quien se convertiría en Eduardo VIII
(quien abdicó en 1936 para casarse
por lo civil con Wallis Simpson) y Alberto,
Duque de York, bien casado con la aristocrática
Elizabeth Bowes-Lyon, quien llegó
a ser el Rey Jorge VI, padre de la actual
Reina Isabel II y de su hermana la princesa
Margarita. Isabel se casó en 1947
con el príncipe Felipe de Grecia
y Dinamarca, cuyo apellido alemán
Schleswig-Holstein-Sonderburg fue cambiado
por uno más acorde con el inglés
como es el de Mountbatten. Su primer hijo,
heredero actual, el príncipe Carlos,
nació el 12 de noviembre de 1948
en una habitación del Buckingham
Palace.
El
futuro de la dinastía inglesa
En
octubre de 1994, The Economist
de Londres dedicó una portada a la
Corona británica, bajo el título
<Una idea cuyo tiempo ha pasado>.
Las aventuras y desventuras de la familia
Windsor no cesaron desde entonces, hasta
llegar al trágico desenlace del 31
de agosto pasado. El duelo masivo y cariñoso
con que el pueblo inglés acompañó
los despojos de la Princesa Diana confirma
el aprecio grande que todavía tiene
a la monarquía, a la que considera
parte entrañable de su historia,
de su grandeza, de su misma idiosincracia.
Pero, a la vez, el pueblo inglés
mostró frente a la monarquía
que prefiere el estilo directo, cercano,
popular de los personajes reales (encarnado
por Lady Diana) y nó el estirado,
encorsetado y distante de la actual casa
Windsor. Vargas Llosa ha comparado la dinastía
inglesa con una momia de las pirámides
del Nilo o de las selvas mayas o del desierto
de Nazca; momia que para que sea respetable
y misteriosa, se la debe mantener alejada
en la penumbra, sin exponerla a la luz ni
al manoseo de las incautas muchedumbres.
La rebeldía y el cuestionamiento
representado por la Princesa Diana frente
a la Corona británica reside en que
no aceptó el papel de momia que se
le quiso asignar e intentó ser la
mujer emergente de final de siglo. Por eso
también, la opinión pública
coquetea ahora con la imagen adolescente
del Príncipe Guillermo (que luce
la misma fragilidad, mirada lánguida
y sonrisa de su madre), a quien preferiría
ver como futuro Rey de Inglaterra más
que al elusivo, frio, apergaminado Príncipe
Carlos.
Conclusión
Monarquía y anacronía
no son sinónimos. Pero hoy una monarquía
en democracia no puede sobrevivir de espaldas
a su pueblo. No deja de ser paradógico
que sean la leyenda de Diana y la frescura
laborista de Tony Blair las que acuden a
rescatar como salvavidas a una familia real
que venía distanciándose de
la realidad actual y de sus súbditos
de carne y hueso. La dinastía Windsor
o se airea o se marchita !
29 setiembre 1997 |