Blair un estadista de teflón
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Blair un estadista de teflón
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Para Alexis de Tocqueville, "alrededor de cada hombre hay trazado un círculo fatal (aparentemente impuesto por el destino), fuera del cual no puede pasar. Pero dentro de los amplios límites de ese círculo, el hombre es poderoso y libre. Igual que los hombres sucede a las comunidades”. El círculo fatal inglés mantuvo en un desierto de poder a los laboristas por 18 años, desde 1979 cuando Margaret Thatcher ganó al laborista James Callaghan. Fue un círculo de hierro que impuso el Conservatismo bajo la conducción de la "Dama de Hierro" en sus tres periodos consecutivos y luégo con su sucesor John Major. Pero ahora el Señor de los Anillos es otro, menos autoritario, más juvenil y flexible, que acaba de salir victorioso en enero pasado de una coalición de fuerzas que han impugnado ferozmente tanto su política interior como la exterior. Un buen comentarista como Walter Oppenheimer ha hablado de “las siete vidas de Tony Blair”. Una de ellas tras el fallo del juez lord Hutton que lo exoneró de culpa a la vez que censuró a la BBC por las informaciones “infundadas” acerca de la muerte del científico David Kelly el 17 de julio 2003. Para nosotros, es un buen estadista de teflón, que en un magnífico discurso ante el Congreso norteamericano conjunto, en estilo propio de Tolkien, pudo exclamar : “En otra parte del planeta hay sombra y oscuridad”, es decir, en la tierra de Mordor, donde moran los enemigos.

 

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Un país lider en democracia

Los politólogos no nos cansamos de estudiar y admirar la historia política de Inglaterra y la interesante evolución de sus instituciones, desde 1.640, cuando se inició el proceso. Ella realizó un siglo antes -sin grandes traumatismos ni cadalzos ni revoluciones sangrientas- lo que otros países del continente europeo lograron después: pasar de los absolutismos de Estado (monarquías absolutas) a democracias legítimas y eficientes (gobiernos parlamentarios) de amplia sustentación popular. Los políticos, y también los historiadores, gustan hacer remontar hasta Atenas (siglo IV antes de Cristo) las modernas formas de democracia. Pero la verdad es que casi todas ellas derivan de la rica experiencia británica: la Carta Magna, el habeas corpus, el parlamento estilo Westminster, los partidos, las elecciones periódicas, son todos inventos británicos.
El sistema político inglés funciona bien. No es un sistema político presidencialista, como el iniciado por EUA en 1789 y copiado por todas nuestras repúblicas; sino un sistema de Primer Ministro (de alto perfil), que preside el gobierno de un sólo partido, bien cimentado en una mayoría (puesto que el sistema electoral desemboca en representantes únicos y no de representación proporcional). El Partido que mayoritariamente controle el Parlamento (Cámara Baja) con sus 650 escaños, es el que gobierna, a través de su líder, investido como Primer Ministro, el cual designa su propio Gabinete de gobierno. Las elecciones del 1º de Mayo de 1997 dejaron un Parlamento con una mayoría de laboristas ( 416 escaños, equivalente a 64%) frente a 162 conservadores, 45 liberales demócratas y 27 de otras fuerzas menores o regionales.

El Partido Laborista

Organización nacida en 1900 como resultado del sindicalismo británico y de los movimientos socialistas de finales del siglo XIX, tomó su nombre de “Partido Laborista” en 1906 y fue desplazando al tradicional Partido Liberal, de modo que ya en 1922 era el segundo mayor partido en Gran Bretaña. A partir de 1940 el partido desarrolló un amplio programa de reforma social, que comprendía la nacionalización de industrias claves. Gana las elecciones en 1945 y con Clement Attlee, como Primer Ministro, aplica un sistema de nacionalizaciones, que ya en 1951 comprendían la quinta parte de la economía. Dió el visto bueno a la independencia de India en 1947 y apoyó la formación de la Nato. Las últimas elecciones que ganó el Laborismo fueron las de 1974, con Harold Wilson. Una división interna del Partido en 1980, lleva a una rama de él a conformar un alianza con el Partido Liberal que conformó a los llamados Demócratas Liberales. Neil Kinnock remplaza como líder del partido a Foot en 1983 y es, a su vez, sustituído tras la derrota de 1992, por alguien más moderado como John Smith. La muerte súbita de éste (por infarto) despeja el camino para el nuevo liderazgo que viene manteniendo Blair desde hace 11 años.

Tony Blair el laborista

El secreto del éxito de Tony Blair desde 1997 no es sólo su carisma, su figura juvenil, fresca y atractiva, ni su sólida preparación intelectual y consistente retórica (como buen abogado de Harvard), ni el formidable aparato de propaganda que lo cubre en Downing Street, ni siquiera el crédito político y la autoridad moral que ha mantenido como el patrimonio más preciado de su liderazgo. Se debe al fuerte VIRAJE que supo imprimir Blair al Partido Laborista. Con mucho realismo y pragmatismo, con gran flexibilidad, logró que el Partido dejara atrás el viejo Izquierdismo, con sus machacados slogans ("el poder para los obreros", "el Estado es el gran empresario", "que se pudran los ricos", "tenemos autosuficiencia frente a Europa") y se ubicara en un centro político post-ideológico. Su carta de navegación por entre tantos vericuetos de nuestro mundo globalizado, le ha permitido transitar "por entre la antigua izquierda y la nueva derecha, y tratar de ir adelante de ambas”. Bajo su conducción, el nuevo Laborismo acepta ahora el capitalismo, los libres mercados y la privatización. Internamente ha tratado de no aumentar los impuestos, de no aumentar el gasto público, de no renacionalizar las compañías privatizadas anteriormente, de no restaurar el poder de los sindicatos. Y en política externa, gradualmente, con sentido ético y buen olfato político, es a la vez un europeísta, un atlantista y un firme aliado de Estados Unidos. Viene preparando a Inglaterra para figurar entre los países motores de la Unión Europea (aunque por un compromiso con su ministro del Tesoro, Gordon Brown, demore todavía un año la adopción del euro). Sostiene que la cooperación entre Europa y Estados Unidos debe mantenerse a toda costa. El papel que le incumbe a Gran Bretaña en Europa es la de servir de puente, en forma amistosa que no excluye la competitividad económica con EUA. Resiste a quienes, como el actual gobierno francés, se empeñan en que Europa defina su identidad continental en la oposición y hostilidad a la superpotencia. Ha mostrado en varios asuntos que sin rebajarse, puede influir más sobre la superpotencia aliándose con ella que impugnándola sistemáticamente. En magistral pieza oratoria ante el Congreso de EUA señaló que la pobreza es la principal causa del terrorismo, que Estados Unidos debería trabajar conjuntamente con Europa, en una alianza basada en “la persuasión y no en la autoridad”; sostuvo la necesidad de crear un Estado palestino viable, el respaldo a las reformas en Irak, la guerra contra la miseria en Africa, la protección al medio ambiente “más allá de Kioto”.


Conclusión

Blair representa hoy un atractivo y viable modelo de estadista de izquierda moderada, con un claro mensaje centrista y reformista, como lo expuso ante 400 líderes y pensadores de izquierda el pasado 6 de diciembre. Uno percibe el largo aliento de aquel Fabianismo cristiano y humanista, convertido en un Socialismo moderado, como el que inspiró en sus orígenes el Laborismo inglés. "Yo soy un político radical de Centro […] A los que dicen que no puede haber eficacia y justicia social al mismo tiempo les digo que nosotros lo hemos hecho”. Y advierte a la izquierda contra las tentaciones actuales del antiamericanismo y la antiglobalización. “Los obstáculos están tanto fuera como dentro: lo mismo en la derecha que en parte de la izquierda […] Sólo los gobiernos socialdemócratas pueden ofrecer respuestas a estos retos”.

18 febrero 2004