| UN
MANTRA
'Mantra'
en el Hinduismo y el Budismo es una sílaba
o una frase mística usada en ritos
o meditaciones. Se piensa que los 'mantras'
tienen una profunda afinidad con las divinidades
o fuerzas espirituales que ellas representan.
Al cantarlos, el devoto establece una relación
con dichas fuerzas. Algunos 'mantras' son
considerados sagrados, como los versos sánscritos
de los Vedas. Otros, como los 'mantras'
Bija (OM es el más conocido) no tienen
valor semántico, pero son también
eficaces. Así se enseña en
las escuelas Tantra del Budismo y del Hinduismo
esotéricos. En el Cristianismo no
existen propiamente 'mantras'. Pero hay
palabras que tienen una significación
efectiva de lo sobrenatural en los llamados
sacramentos. Y hay un nombre que es salvador,
por el excepcional personaje que significa,
con su enorme peso soteriológico
y escatológico: MARANATHA, palabra
aramea usada por las primeras comunidades
cristianas y que traduce "¡Ven,
Señor Jesús!" (Apocalipsis
20, 20).
Al
aplicar, en nuestro ensayo, esta palabra
a un líder excepcional como es MANDELA,
solamente queremos insinuar que su nombre
puede tomarse también como una consigna
y un programa de acción. Como un
'mantra' capaz de hacer reverberar energías
ocultas en mentes y corazones, porque encarna
una personalidad a imitar, una causa a perpetuar,
un mensaje a refrendar con sudor y lágrimas,
si hace falta.
LA
PRIMAVERA DE UN LÍDER
•
A sus 22 años, el joven Nelson Rolihlahla
deja su provincia rural de Transkei, donde
se había formado para ser un jefe
de tribu. Llega a Johanesburgo, como tantos
otros jóvenes, a probar fortuna y
también para escapar de un matrimonio
que le querían imponer los ancianos
de la tribu xhosa. Deseaba ser abogado.
Allí, en 1941, en una reunión
de jóvenes inquietos es "descubierto"
por Walter Sisulo (6 años mayor que
él), minero de origen y hábil
negociante, futuro organizador político
del CNA, quien quedó impresionado
por la altura y extravangancia del joven
Mandela, por su porte majestuoso y un algo
que le hacía presagiar un futuro
heróico. Lo que suele ser el "manager"
de un promisorio campeón de boxeo,
eso fue Sisula para Mandela. En una entrevista,
Sisula recuerda: "En aquella época,
nosotros buscábamos a personas que
pudieran ejercer verdadera influencia sobre
la situación en el país. Un
joven como Nelson, con un carácter
como el suyo, era un regalo del cielo para
mí. Pensé que haría
un papel magnífico si se le preparaba,
que íbamos a intentar ayudarle a
alcanzar puestos de responsabilidad. Necesitaba
a mi alrededor a gente de su calibre. Sabía
que el movimiento avanzaría muchísimo
con personas como él. Y, por supuesto,
creía que una persona así
debía estar en primer plano".
Hoy Mandela suele decir, en broma, que si
no hubiera sido por el anciano Sisula, "su
vida habría sido mucho menos complicada
".
•
Sisula no se había equivocado acerca
de la madera que mostraba tener su pupilo
y protegido. Mandela se gradúa de
abogado y monta su bufete propio (Mandela
& Tambo) en una ciudad donde los abogados
negros podían contarse con los dedos
de una mano. Pero además, era guapo,
llevaba siempre trajes tan elegantes como
los de cualquier hombre blanco y era un
gran bailarín, con un físico
atlético que cuidaba con sesiones
de boxeo en el cuadrilátero. "Mandela
no sólo poseía un talento
natural, sino que tenía una confianza
absoluta -casi insultante- en sí
mismo. Rebosaba seguridad en sí mismo.
Albergaba un intenso sentido del destino
que le aguardaba. Se veía a sí
mismo como alguien que iba a desempeñar
un papel heróico " (John
Carlin). En una cena celebrada el 6 de abril
de 1952, en la que los dirigentes más
veteranos del CNA se habían reunido
para determinar la via política a
seguir, Mandela -que con sus 34 años
presidía la rama juvenil del CNA-
se hizo dueño de la situación
en forma escandalosa, como lo recuerda Joe
Matthews. "Todos los demás
vestían de esmoquin, y él
llevaba su traje preferido, de color marrón;
siempre tenía una elegancia extraordinaria.
Empezó a leer el discurso que había
preparado, en el que predecía que
él sería el primer presidente
negro de Suráfrica. Algo totalmente
asombroso. Como es lógico, todos
pensaron que no era más que un joven
arrogante, porque nadie soñaba con
que íbamos a alcanzar la emancipación
y la libertad durante nuestras vidas, aunque
ése fuera nuestro lema: Libertad
en vida ". Y no fue menor el asombro
o el disgusto de los viejos líderes
del CNA, cuando en 1960 Mandela propuso
que el movimiento debería analizar
las posibilidades de volcarse hacia la lucha
armada. Acabó ganando el debate y
en 1961 se convirtió en comandante
en jefe de la rama "Umkhonto we Sizwe"
(La Lanza de la Nación) del CNA;
usa a veces el uniforme de camuflaje de
guerrillero y acepta que se le llame el
Che Guevara surafricano. Joe Matthews, camarada
de Mandela y quien fue viceministro en su
gobierno, recuerda que por entonces "muchos
lo veíamos como una especie de Garibaldi.
No como un pensador, sino como un guerrero,
el tipo valiente que estaba dispuesto a
hacer cualquier cosa que entrañara
peligro. Era un hombre que no conocía
el miedo, que quizás no tenía
todos los elementos en cuenta ".
Su acción política (a través
de mítines, movilizaciones, panfletos..),
inicialmente desafiante y luégo clandestina,
enfurece cada día más a las
autoridades del gobierno racista blanco,
no dispuestas a que se agrietara el edificio
de sus privilegios.
•
El apartheid era un sistema
de privilegios que unas minorías
blancas (10% de la población) originalmente
de "boers" o "afrikaners",
calvinistas holandeses y hugonotes franceses
y posteriormente también de colonos
ingleses, habían construído
-con sangre y explotación- como un
imperio cultural y legal que segregaba al
otro 90% de una población negra y
de color (mulatos, indios, orientales).
Desde 1916 había leyes discriminatorias
contra los negros, pero fue en 1948 cuando
se apoyó legalmente todo un vasto
edificio segregacionista sobre cuatro pilares:
1) El Registro, que marcaba de por vida
a cada surafricano, desde el momento de
nacer. 2) El Acta de Areas de Grupo, que
decretaba dónde podía vivir
y dónde no podía vivir cada
raza. 3) El Acta de Tierras, que dividía
al país según lineamientos
raciales, legitimando antiguas ocupaciones
de los boers. 4) Y el Acta de Instalaciones
Separadas, que asignaba con criterios racistas,
los sitios públicos de educación,
de esparcimiento y de todo tipo, desde cementerios,
playas, buses, escuelas, hasta baños
públicos y patios de juego para niños.
Todo un sistema injusto y brutal, contra
los más elementales derechos de una
raza, que prohibía los matrimonios
interraciales y las relaciones sexuales
entre personas de distinta raza. "Cuarenta
años de apartheid han sido como cuarenta
años de guerra ", resumió
Mandela.
•
En 1962 la policía detuvo y encarceló
a Mandela, con una sentencia de 5 años.
Un segundo juicio, en 1964, lo condenó
a cadena perpetua. Estando el comandante
de la resistencia "La Lanza de la Nación"
junto con los otros principales activistas
en cárcel de por vida, se podía
presagiar que el "apartheid",
así como el comunismo en el bloque
soviético, iba a perdurar eternamente.
Pero Mandela no perdió nunca su visión
optimista. Desde la estrecha cárcel
de Robben Island, frente a Ciudad del Cabo,
Mandela escribió a una amiga: "La
cosecha ha quedado simplemente aplazada,
no destruida ".
UN
DURO VERANO DE 27 AÑOS
¡Qué
distinto era el Mandela que había
ingresado en la cárcel en 1962, a
sus 43 años, brillante abogado, atractivo
orador, dinámico comandante de una
lucha sin cuartel contra la segregación
racial impuesta por los blancos, y el Mandela
que salió de la estrecha prisión
de Robben Island, frente a la Ciudad del
Cabo, el domingo 11 de febrero de 1990 !
Tras 10.000 días de penoso encierro
en un régimen penitenciario brutal,
incomunicado, en trabajos forzados, con
escasa protección frente a las inclemencias
del Atlántico sur, Mandela salía
con sus 71 años, con el pelo blanco,
gastado y menoscabado por enfermedades y
afrentas. Su lema había sido el verso
bíblico: "Me doblarán,
pero no me vencerán ".
Salió de la cárcel doblado,
pero no vencido. Su corazón seguía
joven y firme como antes. Seguía
con una confianza absoluta en sí
mismo y en su pueblo. Rebosaba seguridad
en sus planes de liberación largamente
meditados. Seguía albergando un intenso
sentido del destino que le aguardaba y veía
más próximo. Su papel heróico
lo tenía a las manos, pero con menos
pomposidad y sin estridencias. Había
entrado a la cárcel con todas las
dotes de un agitador y guerrero revolucionario,
pero no de filósofo. Ahora retornaba
a la lucha convertido en un filósofo,
en un sabio conductor, listo para desempeñar
la delicada misión de líder
de 20 millones de negros surafricanos. Acertadamente
afirma El País de Madrid que "los
27 años que el líder guerrillero
pasó como prisionero político
le dieron la imponente autoridad moral que
necesitaba para hablar en nombre de los
negros surafricanos y conducirlos a hacer
la paz con sus antiguos opresores ".
"Yo allí maduré
", reconoce Mandela.
•
Maksim Gorki, el gran escritor proletario
ruso de Kasan, tuvo una experiencia semejante.
En su escrito "Las universidades
de mi vida " recuerda cómo
al ser liberado de la prisión zarista
en 1906, tuvo la percepción de que
"la cárcel había sido
su gran universidad ". Así lo
experimentó también aquella
generación del 48, que dió
inicio a la democracia venezolana del siglo
pasado. Y así lo aprecian quienes
de la cárcel de los llanos del Yari
salieron para dar un fuerte impulso de cambio
al país. Pero Mandela los aventaja
a todos. Salió con postgrado en 1990
de la dura universidad de Robben Island,
con pocas pero profundas lecciones que no
olvidó en sus siguientes 8 años.
Maharaj llegó a la misma cárcel
de Robben Island en 1965 y permaneció
cerca de Mandela durante 12 años.
Ha dicho que "la cárcel
hizo a Mandela más comedido. La prisión
le da a uno la posibilidad de relajarse
y decir: 'Muy bien, no hay ningún
momento culminante, ningún plazo'.
Y le permite a uno darse el lujo de analizar
punto por punto, la forma de obtener las
cosas ". Dos objetivos se propuso
Mandela en Robben Island. 1) Tratar de humanizar
la cárcel, cambiando la relación
con las autoridades de la prisión,
pues consideraba que ella era un microcosmos
que reflejaba la Suráfrica del "apartheid".
Y 2) prepararse para la etapa cuando el
Gobierno blanco se viera obligado a negociar
con la oposición negra.
EL
LÍDER EN ACCIÓN
•
La misión de un líder o conductor
-como ya dijimos atrás- es "llevar
a su pueblo de donde está a donde
debe estar ". Mandela tiene conciencia
de su misión al salir de la cárcel
y la expresa con realismo y sencillez: "Estoy
ante ustedes pero no como un profeta, sino
como un humilde servidor de ustedes, el
pueblo. Soy un hombre ordinario. Las circunstancias
me convirtieron en líder ".
Y concibe su liderazgo con recuerdos de
su niñez pastoril: "Cuando tú
quieres llevar un rebaño hacia cierta
dirección, te pones atrás
con un bastón. Luégo unos
pocos de los más enérgicos
del rebaño se mueven hacia adelante
y el resto del rebaño los sigue.
Tú realmente estás guiando
todo el rebaño desde atrás
". Para ser líder o conductor
de un pueblo, de ordinario se requieren
tres excelentes condiciones, según
precisamos atrás. Una gran VISION,
una gran VOLUNTAD, una gran capacidad de
CONCERTACION. Al salir de Robben Island,
a Mandela lo devoraba una gran visión:
la de liberar a su pueblo del régimen
opresivo y discriminatorio ("apartheid"),
que habían levantado los blancos.
Lo animaba también una gran pasión,
un contagioso coraje, una voluntad troquelada
en 27 largos años de autodisciplina,
paciencia y espera. Una fe y una energía
capaz de movilizar votos como montes y empujar
hacia el mar las deleznables arenas blancas
que todavía se opusieran. Y además
añadía ahora el equilibrio
del sabio experimentado, del negociador,
del político maduro, del estadista
futuro. Del que sabe bien que la política
es el arte no de lo mejor en teoría,
sino de lo posible en la práctica,
de lo viable según la coyuntura y
las circustancias. Recién liberado,
en su despacho de Soweto, Mandela concede
una entrevista al periodista Eddie Koch,
de la Agencia Internacional IPS, en la que
sin tapujos expresa ya su espíritu
conciliador y su táctica negociadora:
"Cuando uno dice 'este tema particular
no es negociable' está destruyendo
todo el proceso de negociación. Negociación
significa que uno debe estar preparado para
un arreglo que satisfaga a todas las partes
involucradas. Si uno no está preparado
para un compromiso, entonces no debería
entrar y ni siquiera pensar en un proceso
de negociación ".
•
El proceso de negociación con el
poder blanco de Pretoria fue difícil,
enredado: exigió mucha paciencia,
entereza y habilidad. Mandela no lideró
una venganza contra los opresores. No expresó
amargura de corazón. Tenía
que buscar la unidad y el consenso entre
dos razas peleadas a muerte. Mantuvo una
línea de equilibrio entre el justo
reclamo de los derechos debidos a los negros
y el reconocimiento que habría de
los mismos derechos de la minoría
blanca en un eventual Estado de inmensa
mayoría negra. Tuvo en dicho proceso
un invaluable socio, el nuevo Presidente
Frederik De Klerk, quien con los votos del
Partido Nacional acababa de suceder en el
cargo al duro e intrasigente racista Botha.
"De Klerk es un hombre íntegro
", afirmó públicamente
Mandela en momento oportuno. Político
pragmático y con visión de
futuro y principios éticos, el mandatario
blanco veía que había que
desactivar esa bomba de hidrógeno
que amenazaba con destruir a Sudáfrica
en una guerra racista, con graves repercusiones
aun internacionales; y fue conduciendo a
la minoría blanca a aceptar la realidad
de que el país no era viable sin
igualdad de razas. Ambos, con espíritu
conciliador y pulso firme, llevaron el proceso
hasta el final, en forma tal que fueron
acreedores, méritos pares, al Premio
Nobel de la Paz en octubre de 1993. Cada
uno, por su lado, tuvo que contener los
odios, las acciones terroristas, la táctica
violenta que los dos extremos intentaron
aplicar. La extrema derecha armada de los
"afrikaaners" y los "boers"
(Conservative Party) y la extrema izquierda
del partido tribal, enardecido (Inkhata
Freedom Party) de los zulúes al mando
de Buthelezi. Pero entre ambos sacaron la
nave de la conciliación adelante
pasando entre los dos escollos. "Hemos
experimentado muchos milagros en el pasado.
Lo que pasó, pasó. Vamos a
olvidar el pasado y nos concentraremos en
lo que podemos construir hoy y mañana
".
EL
OTOÑO DE UN PATRIARCA
En
"El otoño del patriarca ",
García Márquez, premio Nóbel,
quiso plasmar una síntesis de todos
los dictadores latinoamericanos, en especial
del Caribe, con su típica mezcla
de español y de inglés. Con
los rasgos de varios personajes, traza allí
un arquetipo de dictador y de corrupto político,
que es uno de los más representativos
personajes mitológicos producidos
por América Latina. La obra del premio
Nobel colombiano es un poema sobre la terrible
soledad del poder. El patriarca es un viejo
solitario, furioso y lascivo, despiadado
y cruel, cada día más degradado
física y mentalmente. Es violento,
astuto, tramposo y cínico. Su imposibilidad
de amar la ha sustituido por su enfermiza
concupiscencia de poder. Todo en él
es exagerado, desde su testículo
del tamaño de un riñón
de buey hasta la contemplación del
cometa Halley con que enamora a la petulante
reina de un barrio pobre. Es un gobernante
sin piedad, que llega hasta servir a sus
comensales, en bandeja de plata y descuartizado,
a su más leal amigo, el general Rodrigo
de Aguilar. El patriarca en su otoño,
es un personaje despreciable, quizás
una lección viva de lo que América
Latina jamás debería volver
a producir. "Habíamos visto
una vaca contemplando el crepúsculo
desde el balcón presidencial, imagínese,
una vaca en el balcón de la patria,
qué cosa más inicua, qué
pais de mierda ".
El
otoño de Mandela es todo lo contrario.
Fue por años el carismático
patriarca y conductor de un gigantesco pueblo
de color, que lo respeta, admira y ama.
Fue su paterfamilias; los miembros de su
gabinete lo llamaban "Tata" que
significa "papá". Pero
fue un padre exigente y no contemporizador
ni malcriador. Su sencillez, su humildad,
su bondad, su corazón grande, su
desprendimiento, su espíritu de reconciliación
lo acompañaron cuando estaba en la
cima del poder. El poder no logró
corromperlo en la presidencia, como no lograron
corromperlo en los 27 años de cárcel
la intimidación y el dinero. Y supo
retirarse a tiempo, dejar el poder cuando
perfectamente pudiera haber buscado una
reelección o aceptar convertirse
en presidente (o dictador) vitalicio (los
ejemplos recientes sobran ). En esto, Mandela
sigue las huellas de Julius Nyerere, el
gran fundador y presidente de la nueva República
de Tanzanía.
UN
LÍDER EN PALACIO DE INVIERNO
Después
de haber sido factor decisivo, junto con
De Klerk, en el duro proceso de desmantelar
por fin el régimen de opresión
blanca ("apartheid"), Mandela
llega a ser el primer Presidente negro de
Suráfrica, con el voto democrático,
en abril de 1994, de las mayorías
negras así como de las minorías
indias, malayas, chinas, mulatas y mestizas.
Los cinco años de su Presidencia
los utilizó para afianzar los grandes
logros obtenidos, tranquilizar a los blancos
acerca del efectivo respeto de todos su
derechos, y aclimatar la convivencia pacífica
de las dos razas. Su gobierno (a diferencia
de tantos otros) lo utilizó para
la reconciliación y la pacificación
y no para el enfrentamiento o el cobro de
cuentas. En su cinco años como Presidente,
Mandela hizo en paz una genuina transferencia
de poder, implantó progresivamente
el respeto por la ley, sin que se hubiera
producido el baño de sangre que casi
todos vaticinaban. Supo, a la vez, impulsar
la tolerancia y resistir a la fácil
tentación de una demagogia populista.
Al dejar su mandato constitucional y pasarlo
a manos del nuevo Presidente elegido democráticamente,
Mandela proyectó su procera estatura
moral más allá de sus fronteras.
Fue mundial la aceptación de dicho
gesto en los más diferentes escenarios
del primero, segundo y tercer mundo. Dejó
la jefatura del Estado a sus 80 años,
abrumado por casi todos los honores a los
que puede aspirar un ser humano, incluido
el de dar su nombre a una partícula
nuclear. Y se retiró en forma modesta
y sencilla, sin enriquecimientos indebidos
ni extravagante añoranza del poder.
Como
lo dijo en su breve discurso de despedida,
fue su principal motivación : "el
deseo de conseguir una nación en
paz consigo misma ". Su objetivo final:
"construir una Sudáfrica que
nos pertenezca a todos ". Su metodología:
"la búsqueda de la reconciliación
". Que esto no eran simples palabras
sino convicción profunda, alimentada
desde atrás, que animó su
lucha política de 1990 a 1994 y guió
como leitmotiv su gobierno, lo ilustra lo
que fue su posición firme respecto
de cuál debía ser el himno
oficial de Sudáfrica. John Carlin
cuenta cómo el viejo himno oficial
(Die Stem) era claramente inaceptable. Era
una lúgubre melodía militar
que celebraba el triunfo de los exploradores
afrikaner, ocupantes del norte de Suráfrica
en el siglo XIX, que aplastaron toda resistencia
indígena. En cambio, el himno extraoficial
de la Sudáfrica negra "Dios
bendiga a Africa " (Nkosi Sikelele)
era la expresión cálida y
conmovedora de un pueblo largamente maltratado
y que soñaba con ser libre. El Comité
Ejecutivo del movimiento CNA (Congreso Nacional
Africano) había decidido acabar con
"Die Stem" de un plumazo. Fue
Mandela quien inclinó la balanza,
con la objeción de que "tomar
dicha decisión era destruir la base,
la única base, sobre la que podemos
construir el país: la reconciliación
". Y a pesar de la aplastante victoria
electoral del CNA, que hubiera permitido
arrasar con lo que se quisiera, Mandela
favoreció el que Sudáfrica
tuviera dos himnos, y como Presidente hizo
que siempre se tocaran, una tras otro, en
las ceremonias oficiales: "Die Stem"
y el "Nkosi Sikelele".
El
16 de junio del 99, tras 5 años como
primer Presidente negro de Suráfrica,
Mandela entregó el poder constitucional
a su sucesor, Thabo Mbeki, después
de unas elecciones en las que el Partido
de ambos, el CNA (Congreso Nacional Africano)
obtuvo una abrumadora mayoría del
66% (266 escaños de los 400 del Parlamento).
En
reciente entrevista Nelson Mandela ha expresado
que se siente bien "estar fuera de
la prisión por segunda vez ".
Y con su nueva libertad, "tiene dos
planes: primero, estar con mis nietos, que
me faltaron demasiado, estuve muy poco en
casa y pasé con ellos poco tiempo;
y segundo, cuestión de sentarse y
grabar mis memorias de los años en
la presidencia ", en la apacible y
bucólica región de donde salió,
Transkei. Allí reside.
LAS
ENERGIAS QUE IRRADIA MANDELA
Mandela
reúne en su personalidad, en su discurso,
en su trayectoria política los elementos
todos que constituyen a un verdadero líder
en su época y en sus especiales circunstancias
de lugar. Su gran visión y su gran
coraje –afinados y templados en el
largo encierro penitenciario de Robben Island
– fueron puestos al servicio de una
gran causa de liberación social,
cultural y política de su pueblo.
Influyó definitivamente con inteligencia,
decisión y habilidad política
sobre los destinos de Sudáfrica.
Empujó con suficiente presión
–como para derrumbarlas– las
estructuras injustas del apartheid impuestas
por los blancos. Pero no tumbó la
fábrica de la sociedad civil y nacional
de su patria. Una violencia incontrolada
hubiera hecho colapsar la estructura misma
de Sudáfrica. Impuso los términos
finales no de una lucha armada a muerte
sino de una reconciliación en conviviencia
ciudadana de la dos razas, y dentro de una
democracia política viable.
Para
Hegel, en su obra cumbre, La Filosofía
del Derecho, "el hombre grande es aquel
que sabe expresar en palabras la voluntad
de su época, decirle cuáles
son sus deseos, y conseguirlos. Lo que él
hace es corazón y esencia de su época,
dándole así realidad".
Por
esa grandeza interior, bien expresada en
palabras y obras, que es hoy corazón
de su pueblo y esencia encarnada de su época,
Nelson Rolihlahla Mandela reverbera como
un 'mantra' para nuestro tiempo.
*El
presente trabajo fue galardonado en el Concurso
de Ensayo de la Asociación de Profesores
de la Universidad de Los Andes el 5 de diciembre
2001. Integra tres artículos o columnas
publicadas originalmente por el autor en
el diario FRONTERA (28 junio, 5 julio y
12 julio 1999).
28
junio 1999
Para
complementar su lectura sobre Mandela, le
recomendamos consultar los artículos
siguientes :
• La
nación del arco-iris (26-04-04)
:
• Mandela
noventa años (22-07-08) :
|