Mandela un líder para nuestro tiempo
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Mandela un líder para nuestro tiempo
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"Soy un hombre ordinario.
Las circunstancias me hicieron un líder"

(Nelson Rolihlahla Mandela)


El apellido Mandela reverbera como un "mantra" por su larga fidelidad a una causa justa, liberacionista; por su vocación política de compromiso y negociación; por su moderación como estadista. Mandela hizo realidad la aspiración de libertad de una Sudáfrica negra. Mandela culminó, así, una curva parabólica – a través de cuatro estaciones– que lo acredita como uno de los grandes líderes revolucionarios, transformadores y exitosos, de nuestro tiempo. Su figura procera y majestuosa, pero a la vez, humilde y popular, quedará impresa en los anales de la historia del pasado milenio, a la par con un Gandhi, un Mao Sedung, un Jomeini, un Juan Pablo IIº. No podemos menos que asentir a la tesis de Carlyle de que hay hombres que modelan pueblos, naciones y largas épocas.*

 

El prisionero 46664

Tiempo antes de ser elegido presidente Mandela fue un importante activista y aguerrido militante contra el 'apartheid' (segregación racial de la gente de color), causa por la que estuvo encarcelado durante 27 duros años como el prisionero nº 46664 en la insalubre Robben Island, frente a la Ciudad del Cabo. Los años que el líder guerrillero pasó allí como prisionero político le dieron la imponente autoridad moral que necesitaba para hablar en nombre de los negros sudafricanos y conducirlos a hacer la paz con sus antiguos opresores. "Yo allí maduré ", reconoce Mandela. La cárcel fue su gran universidad, como lo fue para Maksim Gorki, el gran escritor proletario ruso de Kasan, liberado de la prisión zarista en 1906.

 

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UN MANTRA

'Mantra' en el Hinduismo y el Budismo es una sílaba o una frase mística usada en ritos o meditaciones. Se piensa que los 'mantras' tienen una profunda afinidad con las divinidades o fuerzas espirituales que ellas representan. Al cantarlos, el devoto establece una relación con dichas fuerzas. Algunos 'mantras' son considerados sagrados, como los versos sánscritos de los Vedas. Otros, como los 'mantras' Bija (OM es el más conocido) no tienen valor semántico, pero son también eficaces. Así se enseña en las escuelas Tantra del Budismo y del Hinduismo esotéricos. En el Cristianismo no existen propiamente 'mantras'. Pero hay palabras que tienen una significación efectiva de lo sobrenatural en los llamados sacramentos. Y hay un nombre que es salvador, por el excepcional personaje que significa, con su enorme peso soteriológico y escatológico: MARANATHA, palabra aramea usada por las primeras comunidades cristianas y que traduce "¡Ven, Señor Jesús!" (Apocalipsis 20, 20).

Al aplicar, en nuestro ensayo, esta palabra a un líder excepcional como es MANDELA, solamente queremos insinuar que su nombre puede tomarse también como una consigna y un programa de acción. Como un 'mantra' capaz de hacer reverberar energías ocultas en mentes y corazones, porque encarna una personalidad a imitar, una causa a perpetuar, un mensaje a refrendar con sudor y lágrimas, si hace falta.

 

LA PRIMAVERA DE UN LÍDER

• A sus 22 años, el joven Nelson Rolihlahla deja su provincia rural de Transkei, donde se había formado para ser un jefe de tribu. Llega a Johanesburgo, como tantos otros jóvenes, a probar fortuna y también para escapar de un matrimonio que le querían imponer los ancianos de la tribu xhosa. Deseaba ser abogado. Allí, en 1941, en una reunión de jóvenes inquietos es "descubierto" por Walter Sisulo (6 años mayor que él), minero de origen y hábil negociante, futuro organizador político del CNA, quien quedó impresionado por la altura y extravangancia del joven Mandela, por su porte majestuoso y un algo que le hacía presagiar un futuro heróico. Lo que suele ser el "manager" de un promisorio campeón de boxeo, eso fue Sisula para Mandela. En una entrevista, Sisula recuerda: "En aquella época, nosotros buscábamos a personas que pudieran ejercer verdadera influencia sobre la situación en el país. Un joven como Nelson, con un carácter como el suyo, era un regalo del cielo para mí. Pensé que haría un papel magnífico si se le preparaba, que íbamos a intentar ayudarle a alcanzar puestos de responsabilidad. Necesitaba a mi alrededor a gente de su calibre. Sabía que el movimiento avanzaría muchísimo con personas como él. Y, por supuesto, creía que una persona así debía estar en primer plano". Hoy Mandela suele decir, en broma, que si no hubiera sido por el anciano Sisula, "su vida habría sido mucho menos complicada ".

• Sisula no se había equivocado acerca de la madera que mostraba tener su pupilo y protegido. Mandela se gradúa de abogado y monta su bufete propio (Mandela & Tambo) en una ciudad donde los abogados negros podían contarse con los dedos de una mano. Pero además, era guapo, llevaba siempre trajes tan elegantes como los de cualquier hombre blanco y era un gran bailarín, con un físico atlético que cuidaba con sesiones de boxeo en el cuadrilátero. "Mandela no sólo poseía un talento natural, sino que tenía una confianza absoluta -casi insultante- en sí mismo. Rebosaba seguridad en sí mismo. Albergaba un intenso sentido del destino que le aguardaba. Se veía a sí mismo como alguien que iba a desempeñar un papel heróico " (John Carlin). En una cena celebrada el 6 de abril de 1952, en la que los dirigentes más veteranos del CNA se habían reunido para determinar la via política a seguir, Mandela -que con sus 34 años presidía la rama juvenil del CNA- se hizo dueño de la situación en forma escandalosa, como lo recuerda Joe Matthews. "Todos los demás vestían de esmoquin, y él llevaba su traje preferido, de color marrón; siempre tenía una elegancia extraordinaria. Empezó a leer el discurso que había preparado, en el que predecía que él sería el primer presidente negro de Suráfrica. Algo totalmente asombroso. Como es lógico, todos pensaron que no era más que un joven arrogante, porque nadie soñaba con que íbamos a alcanzar la emancipación y la libertad durante nuestras vidas, aunque ése fuera nuestro lema: Libertad en vida ". Y no fue menor el asombro o el disgusto de los viejos líderes del CNA, cuando en 1960 Mandela propuso que el movimiento debería analizar las posibilidades de volcarse hacia la lucha armada. Acabó ganando el debate y en 1961 se convirtió en comandante en jefe de la rama "Umkhonto we Sizwe" (La Lanza de la Nación) del CNA; usa a veces el uniforme de camuflaje de guerrillero y acepta que se le llame el Che Guevara surafricano. Joe Matthews, camarada de Mandela y quien fue viceministro en su gobierno, recuerda que por entonces "muchos lo veíamos como una especie de Garibaldi. No como un pensador, sino como un guerrero, el tipo valiente que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que entrañara peligro. Era un hombre que no conocía el miedo, que quizás no tenía todos los elementos en cuenta ". Su acción política (a través de mítines, movilizaciones, panfletos..), inicialmente desafiante y luégo clandestina, enfurece cada día más a las autoridades del gobierno racista blanco, no dispuestas a que se agrietara el edificio de sus privilegios.

• El apartheid era un sistema de privilegios que unas minorías blancas (10% de la población) originalmente de "boers" o "afrikaners", calvinistas holandeses y hugonotes franceses y posteriormente también de colonos ingleses, habían construído -con sangre y explotación- como un imperio cultural y legal que segregaba al otro 90% de una población negra y de color (mulatos, indios, orientales). Desde 1916 había leyes discriminatorias contra los negros, pero fue en 1948 cuando se apoyó legalmente todo un vasto edificio segregacionista sobre cuatro pilares:

1) El Registro, que marcaba de por vida a cada surafricano, desde el momento de nacer. 2) El Acta de Areas de Grupo, que decretaba dónde podía vivir y dónde no podía vivir cada raza. 3) El Acta de Tierras, que dividía al país según lineamientos raciales, legitimando antiguas ocupaciones de los boers. 4) Y el Acta de Instalaciones Separadas, que asignaba con criterios racistas, los sitios públicos de educación, de esparcimiento y de todo tipo, desde cementerios, playas, buses, escuelas, hasta baños públicos y patios de juego para niños. Todo un sistema injusto y brutal, contra los más elementales derechos de una raza, que prohibía los matrimonios interraciales y las relaciones sexuales entre personas de distinta raza. "Cuarenta años de apartheid han sido como cuarenta años de guerra ", resumió Mandela.

• En 1962 la policía detuvo y encarceló a Mandela, con una sentencia de 5 años. Un segundo juicio, en 1964, lo condenó a cadena perpetua. Estando el comandante de la resistencia "La Lanza de la Nación" junto con los otros principales activistas en cárcel de por vida, se podía presagiar que el "apartheid", así como el comunismo en el bloque soviético, iba a perdurar eternamente. Pero Mandela no perdió nunca su visión optimista. Desde la estrecha cárcel de Robben Island, frente a Ciudad del Cabo, Mandela escribió a una amiga: "La cosecha ha quedado simplemente aplazada, no destruida ".

 

UN DURO VERANO DE 27 AÑOS

¡Qué distinto era el Mandela que había ingresado en la cárcel en 1962, a sus 43 años, brillante abogado, atractivo orador, dinámico comandante de una lucha sin cuartel contra la segregación racial impuesta por los blancos, y el Mandela que salió de la estrecha prisión de Robben Island, frente a la Ciudad del Cabo, el domingo 11 de febrero de 1990 ! Tras 10.000 días de penoso encierro en un régimen penitenciario brutal, incomunicado, en trabajos forzados, con escasa protección frente a las inclemencias del Atlántico sur, Mandela salía con sus 71 años, con el pelo blanco, gastado y menoscabado por enfermedades y afrentas. Su lema había sido el verso bíblico: "Me doblarán, pero no me vencerán ". Salió de la cárcel doblado, pero no vencido. Su corazón seguía joven y firme como antes. Seguía con una confianza absoluta en sí mismo y en su pueblo. Rebosaba seguridad en sus planes de liberación largamente meditados. Seguía albergando un intenso sentido del destino que le aguardaba y veía más próximo. Su papel heróico lo tenía a las manos, pero con menos pomposidad y sin estridencias. Había entrado a la cárcel con todas las dotes de un agitador y guerrero revolucionario, pero no de filósofo. Ahora retornaba a la lucha convertido en un filósofo, en un sabio conductor, listo para desempeñar la delicada misión de líder de 20 millones de negros surafricanos. Acertadamente afirma El País de Madrid que "los 27 años que el líder guerrillero pasó como prisionero político le dieron la imponente autoridad moral que necesitaba para hablar en nombre de los negros surafricanos y conducirlos a hacer la paz con sus antiguos opresores ". "Yo allí maduré ", reconoce Mandela.

• Maksim Gorki, el gran escritor proletario ruso de Kasan, tuvo una experiencia semejante. En su escrito "Las universidades de mi vida " recuerda cómo al ser liberado de la prisión zarista en 1906, tuvo la percepción de que "la cárcel había sido su gran universidad ". Así lo experimentó también aquella generación del 48, que dió inicio a la democracia venezolana del siglo pasado. Y así lo aprecian quienes de la cárcel de los llanos del Yari salieron para dar un fuerte impulso de cambio al país. Pero Mandela los aventaja a todos. Salió con postgrado en 1990 de la dura universidad de Robben Island, con pocas pero profundas lecciones que no olvidó en sus siguientes 8 años. Maharaj llegó a la misma cárcel de Robben Island en 1965 y permaneció cerca de Mandela durante 12 años. Ha dicho que "la cárcel hizo a Mandela más comedido. La prisión le da a uno la posibilidad de relajarse y decir: 'Muy bien, no hay ningún momento culminante, ningún plazo'. Y le permite a uno darse el lujo de analizar punto por punto, la forma de obtener las cosas ". Dos objetivos se propuso Mandela en Robben Island. 1) Tratar de humanizar la cárcel, cambiando la relación con las autoridades de la prisión, pues consideraba que ella era un microcosmos que reflejaba la Suráfrica del "apartheid". Y 2) prepararse para la etapa cuando el Gobierno blanco se viera obligado a negociar con la oposición negra.

 

EL LÍDER EN ACCIÓN

• La misión de un líder o conductor -como ya dijimos atrás- es "llevar a su pueblo de donde está a donde debe estar ". Mandela tiene conciencia de su misión al salir de la cárcel y la expresa con realismo y sencillez: "Estoy ante ustedes pero no como un profeta, sino como un humilde servidor de ustedes, el pueblo. Soy un hombre ordinario. Las circunstancias me convirtieron en líder ". Y concibe su liderazgo con recuerdos de su niñez pastoril: "Cuando tú quieres llevar un rebaño hacia cierta dirección, te pones atrás con un bastón. Luégo unos pocos de los más enérgicos del rebaño se mueven hacia adelante y el resto del rebaño los sigue. Tú realmente estás guiando todo el rebaño desde atrás ". Para ser líder o conductor de un pueblo, de ordinario se requieren tres excelentes condiciones, según precisamos atrás. Una gran VISION, una gran VOLUNTAD, una gran capacidad de CONCERTACION. Al salir de Robben Island, a Mandela lo devoraba una gran visión: la de liberar a su pueblo del régimen opresivo y discriminatorio ("apartheid"), que habían levantado los blancos. Lo animaba también una gran pasión, un contagioso coraje, una voluntad troquelada en 27 largos años de autodisciplina, paciencia y espera. Una fe y una energía capaz de movilizar votos como montes y empujar hacia el mar las deleznables arenas blancas que todavía se opusieran. Y además añadía ahora el equilibrio del sabio experimentado, del negociador, del político maduro, del estadista futuro. Del que sabe bien que la política es el arte no de lo mejor en teoría, sino de lo posible en la práctica, de lo viable según la coyuntura y las circustancias. Recién liberado, en su despacho de Soweto, Mandela concede una entrevista al periodista Eddie Koch, de la Agencia Internacional IPS, en la que sin tapujos expresa ya su espíritu conciliador y su táctica negociadora: "Cuando uno dice 'este tema particular no es negociable' está destruyendo todo el proceso de negociación. Negociación significa que uno debe estar preparado para un arreglo que satisfaga a todas las partes involucradas. Si uno no está preparado para un compromiso, entonces no debería entrar y ni siquiera pensar en un proceso de negociación ".

• El proceso de negociación con el poder blanco de Pretoria fue difícil, enredado: exigió mucha paciencia, entereza y habilidad. Mandela no lideró una venganza contra los opresores. No expresó amargura de corazón. Tenía que buscar la unidad y el consenso entre dos razas peleadas a muerte. Mantuvo una línea de equilibrio entre el justo reclamo de los derechos debidos a los negros y el reconocimiento que habría de los mismos derechos de la minoría blanca en un eventual Estado de inmensa mayoría negra. Tuvo en dicho proceso un invaluable socio, el nuevo Presidente Frederik De Klerk, quien con los votos del Partido Nacional acababa de suceder en el cargo al duro e intrasigente racista Botha. "De Klerk es un hombre íntegro ", afirmó públicamente Mandela en momento oportuno. Político pragmático y con visión de futuro y principios éticos, el mandatario blanco veía que había que desactivar esa bomba de hidrógeno que amenazaba con destruir a Sudáfrica en una guerra racista, con graves repercusiones aun internacionales; y fue conduciendo a la minoría blanca a aceptar la realidad de que el país no era viable sin igualdad de razas. Ambos, con espíritu conciliador y pulso firme, llevaron el proceso hasta el final, en forma tal que fueron acreedores, méritos pares, al Premio Nobel de la Paz en octubre de 1993. Cada uno, por su lado, tuvo que contener los odios, las acciones terroristas, la táctica violenta que los dos extremos intentaron aplicar. La extrema derecha armada de los "afrikaaners" y los "boers" (Conservative Party) y la extrema izquierda del partido tribal, enardecido (Inkhata Freedom Party) de los zulúes al mando de Buthelezi. Pero entre ambos sacaron la nave de la conciliación adelante pasando entre los dos escollos. "Hemos experimentado muchos milagros en el pasado. Lo que pasó, pasó. Vamos a olvidar el pasado y nos concentraremos en lo que podemos construir hoy y mañana ".

 

EL OTOÑO DE UN PATRIARCA

En "El otoño del patriarca ", García Márquez, premio Nóbel, quiso plasmar una síntesis de todos los dictadores latinoamericanos, en especial del Caribe, con su típica mezcla de español y de inglés. Con los rasgos de varios personajes, traza allí un arquetipo de dictador y de corrupto político, que es uno de los más representativos personajes mitológicos producidos por América Latina. La obra del premio Nobel colombiano es un poema sobre la terrible soledad del poder. El patriarca es un viejo solitario, furioso y lascivo, despiadado y cruel, cada día más degradado física y mentalmente. Es violento, astuto, tramposo y cínico. Su imposibilidad de amar la ha sustituido por su enfermiza concupiscencia de poder. Todo en él es exagerado, desde su testículo del tamaño de un riñón de buey hasta la contemplación del cometa Halley con que enamora a la petulante reina de un barrio pobre. Es un gobernante sin piedad, que llega hasta servir a sus comensales, en bandeja de plata y descuartizado, a su más leal amigo, el general Rodrigo de Aguilar. El patriarca en su otoño, es un personaje despreciable, quizás una lección viva de lo que América Latina jamás debería volver a producir. "Habíamos visto una vaca contemplando el crepúsculo desde el balcón presidencial, imagínese, una vaca en el balcón de la patria, qué cosa más inicua, qué pais de mierda ".

El otoño de Mandela es todo lo contrario. Fue por años el carismático patriarca y conductor de un gigantesco pueblo de color, que lo respeta, admira y ama. Fue su paterfamilias; los miembros de su gabinete lo llamaban "Tata" que significa "papá". Pero fue un padre exigente y no contemporizador ni malcriador. Su sencillez, su humildad, su bondad, su corazón grande, su desprendimiento, su espíritu de reconciliación lo acompañaron cuando estaba en la cima del poder. El poder no logró corromperlo en la presidencia, como no lograron corromperlo en los 27 años de cárcel la intimidación y el dinero. Y supo retirarse a tiempo, dejar el poder cuando perfectamente pudiera haber buscado una reelección o aceptar convertirse en presidente (o dictador) vitalicio (los ejemplos recientes sobran ). En esto, Mandela sigue las huellas de Julius Nyerere, el gran fundador y presidente de la nueva República de Tanzanía.

 

UN LÍDER EN PALACIO DE INVIERNO

Después de haber sido factor decisivo, junto con De Klerk, en el duro proceso de desmantelar por fin el régimen de opresión blanca ("apartheid"), Mandela llega a ser el primer Presidente negro de Suráfrica, con el voto democrático, en abril de 1994, de las mayorías negras así como de las minorías indias, malayas, chinas, mulatas y mestizas. Los cinco años de su Presidencia los utilizó para afianzar los grandes logros obtenidos, tranquilizar a los blancos acerca del efectivo respeto de todos su derechos, y aclimatar la convivencia pacífica de las dos razas. Su gobierno (a diferencia de tantos otros) lo utilizó para la reconciliación y la pacificación y no para el enfrentamiento o el cobro de cuentas. En su cinco años como Presidente, Mandela hizo en paz una genuina transferencia de poder, implantó progresivamente el respeto por la ley, sin que se hubiera producido el baño de sangre que casi todos vaticinaban. Supo, a la vez, impulsar la tolerancia y resistir a la fácil tentación de una demagogia populista. Al dejar su mandato constitucional y pasarlo a manos del nuevo Presidente elegido democráticamente, Mandela proyectó su procera estatura moral más allá de sus fronteras. Fue mundial la aceptación de dicho gesto en los más diferentes escenarios del primero, segundo y tercer mundo. Dejó la jefatura del Estado a sus 80 años, abrumado por casi todos los honores a los que puede aspirar un ser humano, incluido el de dar su nombre a una partícula nuclear. Y se retiró en forma modesta y sencilla, sin enriquecimientos indebidos ni extravagante añoranza del poder.

Como lo dijo en su breve discurso de despedida, fue su principal motivación : "el deseo de conseguir una nación en paz consigo misma ". Su objetivo final: "construir una Sudáfrica que nos pertenezca a todos ". Su metodología: "la búsqueda de la reconciliación ". Que esto no eran simples palabras sino convicción profunda, alimentada desde atrás, que animó su lucha política de 1990 a 1994 y guió como leitmotiv su gobierno, lo ilustra lo que fue su posición firme respecto de cuál debía ser el himno oficial de Sudáfrica. John Carlin cuenta cómo el viejo himno oficial (Die Stem) era claramente inaceptable. Era una lúgubre melodía militar que celebraba el triunfo de los exploradores afrikaner, ocupantes del norte de Suráfrica en el siglo XIX, que aplastaron toda resistencia indígena. En cambio, el himno extraoficial de la Sudáfrica negra "Dios bendiga a Africa " (Nkosi Sikelele) era la expresión cálida y conmovedora de un pueblo largamente maltratado y que soñaba con ser libre. El Comité Ejecutivo del movimiento CNA (Congreso Nacional Africano) había decidido acabar con "Die Stem" de un plumazo. Fue Mandela quien inclinó la balanza, con la objeción de que "tomar dicha decisión era destruir la base, la única base, sobre la que podemos construir el país: la reconciliación ". Y a pesar de la aplastante victoria electoral del CNA, que hubiera permitido arrasar con lo que se quisiera, Mandela favoreció el que Sudáfrica tuviera dos himnos, y como Presidente hizo que siempre se tocaran, una tras otro, en las ceremonias oficiales: "Die Stem" y el "Nkosi Sikelele".

El 16 de junio del 99, tras 5 años como primer Presidente negro de Suráfrica, Mandela entregó el poder constitucional a su sucesor, Thabo Mbeki, después de unas elecciones en las que el Partido de ambos, el CNA (Congreso Nacional Africano) obtuvo una abrumadora mayoría del 66% (266 escaños de los 400 del Parlamento).

En reciente entrevista Nelson Mandela ha expresado que se siente bien "estar fuera de la prisión por segunda vez ". Y con su nueva libertad, "tiene dos planes: primero, estar con mis nietos, que me faltaron demasiado, estuve muy poco en casa y pasé con ellos poco tiempo; y segundo, cuestión de sentarse y grabar mis memorias de los años en la presidencia ", en la apacible y bucólica región de donde salió, Transkei. Allí reside.

 

LAS ENERGIAS QUE IRRADIA MANDELA

Mandela reúne en su personalidad, en su discurso, en su trayectoria política los elementos todos que constituyen a un verdadero líder en su época y en sus especiales circunstancias de lugar. Su gran visión y su gran coraje –afinados y templados en el largo encierro penitenciario de Robben Island – fueron puestos al servicio de una gran causa de liberación social, cultural y política de su pueblo. Influyó definitivamente con inteligencia, decisión y habilidad política sobre los destinos de Sudáfrica. Empujó con suficiente presión –como para derrumbarlas– las estructuras injustas del apartheid impuestas por los blancos. Pero no tumbó la fábrica de la sociedad civil y nacional de su patria. Una violencia incontrolada hubiera hecho colapsar la estructura misma de Sudáfrica. Impuso los términos finales no de una lucha armada a muerte sino de una reconciliación en conviviencia ciudadana de la dos razas, y dentro de una democracia política viable.

Para Hegel, en su obra cumbre, La Filosofía del Derecho, "el hombre grande es aquel que sabe expresar en palabras la voluntad de su época, decirle cuáles son sus deseos, y conseguirlos. Lo que él hace es corazón y esencia de su época, dándole así realidad".

Por esa grandeza interior, bien expresada en palabras y obras, que es hoy corazón de su pueblo y esencia encarnada de su época, Nelson Rolihlahla Mandela reverbera como un 'mantra' para nuestro tiempo.

*El presente trabajo fue galardonado en el Concurso de Ensayo de la Asociación de Profesores de la Universidad de Los Andes el 5 de diciembre 2001. Integra tres artículos o columnas publicadas originalmente por el autor en el diario FRONTERA (28 junio, 5 julio y 12 julio 1999).

28 junio 1999

Para complementar su lectura sobre Mandela, le recomendamos consultar los artículos siguientes :
La nación del arco-iris (26-04-04) :
Mandela noventa años (22-07-08) :