El
prisionero político más
famoso del mundo, Premio Nobel de la Paz
y primer presidente negro en la historia
de Sudáfrica, cumple 90 años.
Nelson Rolihlahla Mandela nació
el 18 de julio de 1918 en Umtata, entonces
capital del llamado territorio de Transkei,
que se extendía desde el pie de
las montañas hasta la costa del
Océano Índico.
El prisionero 46664
Tiempo antes de ser elegido presidente Mandela
fue un importante activista y aguerrido
militante contra el 'apartheid' (segregación
racial de la gente de color), causa por
la que estuvo encarcelado durante 27 duros
años como el prisionero nº 46664
en la insalubre Robben Island, frente a
la Ciudad del Cabo. Los años que
el líder guerrillero pasó
allí como prisionero político
le dieron la imponente autoridad moral que
necesitaba para hablar en nombre de los
negros sudafricanos y conducirlos a hacer
la paz con sus antiguos opresores. "Yo
allí maduré ", reconoce
Mandela. La cárcel fue su gran universidad,
como lo fue para Maksim Gorki, el gran escritor
proletario ruso de Kasan, liberado de la
prisión zarista en 1906. |
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| Presidente
y estadista
Mandela
llega, en abril de 1994 a ser el primer
Presidente negro de Suráfrica, con
el voto democrático de las mayorías
negras así como de las minorías
indias, malayas, chinas, mulatas y mestizas.
Los cinco años de su Presidencia
los utilizó para afianzar los grandes
logros obtenidos, tranquilizar a los blancos
acerca del efectivo respeto de todos sus
derechos, y aclimatar la convivencia pacífica
de las dos razas. Su gobierno (a diferencia
de tantos otros de varias latitudes) lo
utilizó para la reconciliación
y la pacificación y no para el enfrentamiento
o el cobro de cuentas. En su cinco años
como Presidente, Mandela hizo en paz una
genuina transferencia de poder. Implantó
progresivamente el respeto por la ley, sin
que se hubiera producido el baño
de sangre que casi todos vaticinaban. Supo,
a la vez, impulsar la tolerancia y resistir
a la fácil tentación de una
demagogia populista. Al dejar su mandato
constitucional el 16 de junio de 1999 y
pasarlo a manos del nuevo Presidente (Thabo
Mbeki) elegido democráticamente,
Mandela proyectó su procera estatura
moral más allá de sus fronteras.
Fue mundial la aceptación de dicho
gesto en los más diferentes escenarios
del primero, segundo y tercer mundo. Dejó
la jefatura del Estado a sus 80 años,
abrumado por casi todos los honores a los
que puede aspirar un ser humano, incluido
el de dar su nombre a una partícula
nuclear. Y se retiró en forma modesta
y sencilla, sin enriquecimientos indebidos
ni extravagante añoranza del poder.
Como lo dijo en su breve discurso de despedida,
fue su principal motivación: "el
deseo de conseguir una nación en
paz consigo misma". Su objetivo final:"construir
una Sudáfrica que nos pertenezca
a todos". Su metodología: "la
búsqueda de la reconciliación".
Un
líder extraordinario
Nelson
Mandela, a sus 90 años de edad, reverbera
hoy como un "mantra" por su larga
fidelidad a una causa justa, liberacionista.
Por su vocación política de
compromiso y negociación. Por su
moderación como estadista. Mandela
está todavía vivo y es ya
un mito. Es un líder modelo para
nuestro tiempo, sin distinción de
raza, de religión, de ideología
política. Hizo realidad la aspiración
de libertad de una Sudáfrica negra.
Mandela culminó, así, una
curva parabólica que lo acredita
en vida como el mayor líder revolucionario,
transformador y exitoso. Su figura procera
y majestuosa, pero a la vez, humilde y popular,
está ya impresa en los anales de
la historia reciente, a la par con un Gandhi,
un Mao Sedung, un Jomeini, un Juan Pablo
IIº. No podemos menos que asentir a
la tesis de Carlyle de que hay hombres que
modelan pueblos, naciones y largas épocas.
14
julio 2008 |