La nación del arco-iris
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El pasado 14 de abril, Sudáfrica realizó pacíficamente las terceras elecciones generales para la Asamblea Naciona. Los comicios confirmaron la amplia mayoría (70%) del partido ANC (Congreso Nacional Africano) y la reelección para un segundo período (5 años) del actual presidente Thabo Mbeki, sucesor de Mandela. Y mañana 27 de abril, la llamada por Mandela “nación del arco-iris” (la nación de la esperanza o del futuro promisorio), celebra los primeros diez años de libertad de una raza de color, que estuvo subyugada por el ‘apartheid’ que impusieron los “boers”, los “afrikaaners” y colonos blancos con leyes discriminatorias desde 1916 y toda una pesada estructura legal segregacionista desde 1948 hasta 1994.

Resultados de los comicios

De una población de 45 millones, votaron 13.308.161 ciudadanos, de los cuales 9.268.472 (un 69.7%) favorecieron al ANC, otorgándole 289 curules de las 400 del Parlamento, es decir más de las dos terceras partes del mismo. Aumentaron 23 diputados sobre los que ya tenían tras las elecciones de 1999. Todo ello desvirtúa los vaticinios agoreros que predecían un aumento de la abstención y pérdida de favoritismo del partido gobernante. La participación política se mantiene en un 70% del electorado; y el partido de Mandela sigue aventajando con mucho la escena política. El segundo partido, DA (Alianza Democrática) derecha liberal de oposición, logró 53 curules (23 más que hace 5 años), con un 12.8% del electorado. El resto se lo reparten otros 7 partidos políticos menores.

 

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El legado de Nelson Rolihlahla Mandela

* El personaje

La tesis de Carlyle de que hay hombres que modelan pueblos, naciones y largas épocas la traté de confirmar e ilustrar en un acendrado trabajo que mereció galardón el 5 diciembre 2001 en un concurso de ensayo patrocinado por la Asociación de Profesores de la ULA. La fidelidad de Mandela a una causa justa y liberacionista que incluyó 27 años de prisión; su vocación política de compromiso y negociación con los blancos; su moderación como estadista corroboran los méritos que lo hicieron acreedor al premio Nobel de la Paz en 1993. Hizo realidad la aspiración de libertad de una Sudáfrica negra. Mandela culminó una curva parabólica – a través de cuatro estaciones– que lo acredita como uno de los grandes líderes verdaderamente revolucionarios, transformadores y exitosos, de nuestro tiempo. Su actual figura procera y majestuosa a sus 85 años, pero a la vez, humilde y popular, quedará impresa en los anales del pasado milenio, a la par con un Gandhi, un Mao Sedung, un Jomeini, un Juan Pablo IIº.

* Los 5 años de gobierno

En su cinco años como Presidente, Mandela hizo en paz una genuina transferencia de poder; implantó progresivamente el respeto por la ley, sin que se hubiera producido el baño de sangre que casi todos vaticinaban. Supo, a la vez, impulsar la tolerancia y resistir a la fácil tentación de una demagogia populista. Al dejar su mandato constitucional y pasarlo a manos del nuevo Presidente elegido democráticamente en 1999, Mandela proyectó su procera estatura moral más allá de sus fronteras. Fue mundial la aceptación de dicho gesto en los más diferentes escenarios del primero, segundo y tercer mundo. Dejó la jefatura del Estado a sus 80 años, abrumado por casi todos los honores a los que puede aspirar un ser humano, incluido el de dar su nombre a una partícula nuclear. Y se retiró en forma modesta y sencilla, sin enriquecimientos indebidos ni extravagante añoranza del poder.

Logros y retos

Diez años hace que Sudáfrica comenzó a vivir el sueño de Mandela. Mucho ha cambiado desde entonces; pero también mucho queda por hacer. El mayor logro es que todos los sudafricanos son libres: pueden ir donde quieran, pueden decir lo que quieran, votar por el partido de su preferencia sin ser objeto de persecución por parte del régimen en el gobierno. Como subraya Simon Robinson en “Time”, “hay muchas cosas que celebrar. Los sudafricanos de color se sientan en las juntas directivas de las corporaciones, juegan en sus equipos deportivos internacionales, editan sus más importantes periódicos, y son dueños de algunos de sus mejores restaurantes. Partes de sus antiguas poblaciones han sido reconstruidas –con nuevas carreteras, nuevas casas y supermercados donde no había antes sino míseras barriadas. Más negros que blancos ahora compran carros Jaguar y una creciente clase media negra está alimentando una explosión habitacional”.

Pero como dijo Mbeki hace dos meses, “no hemos todavía erradicado la cruel herencia que heredamos”. Son grandes y desafiantes los problemas por resolver. Por ello, su lema de campaña para la reelección fue: “una mejor vida para todos”. “La era Mandela creó la ilusión de una nación arco-iris, pero disfraza una cantidad de problemas que tiene el país” (Matshiqi). * El primero de ellos, la pandemia del SIDA. Sudáfrica tiene la más alta proporción del mundo con 5 millones de infectados. *Las tasas de criminalidad se han disparado desde el final del ‘apartheid’. De 1995 a 2003 los robos a mano armada subieron de 84.785 a 126.905 y las violaciones de 44.751 a 52.425. Los homicidios tienen una rata de 47 por 100.000 habitantes. * El desempleo golpea todavía a un 42% de la población. * Oficialmente Sudáfrica ya no es racista, pero la vida cotidiana en el país sigue muy dictada por el color de la piel. * Y el mayor reto sigue siendo el ir cerrando la gigantesca brecha entre ricos y pobres. Desmond Tutu -quien fuera el arzobispo anglicano de Cape Town y premio Nobel- acaba de decir: “Tenemos que cuidarnos del canto de sirena de la riqueza, las cómodas mansiones y los lujosos carros, cuando la masa de nuestro pueblo todavía vive en pobreza y miseria… No hay problema en ser millonario, pero nuestro sueño no era sólo cambiarle el color a quienes nos gobiernan, sino que teníamos un compromiso de cambiarle el espíritu y la textura de nuestra sociedad. Queríamos una sociedad compasiva, donde cada uno de nosotros contara. Hay demasiada pobreza. Temo que podemos estar sentados sobre un polvorín”.

Reducir, con eficacia, la pobreza y la miseria en países de desarrollo limitado, sigue siendo el gran desafío de una verdadera democracia, ya sea en Sudáfrica o en nuestros países andinos.

26 abril 2004