| La
revista Time en edición especial
(special issue december 2005) incluye a
los mandatarios de Estados Unidos y de Venezuela
entre los dirigentes que tienen “el
peso y el poder de cambiar al mundo”.
Y el muy profesional y leido semanario colombiano
Semana escogió a Hugo Chávez
como el personaje más importante
de dicho año, dedicándole
la portada y un extenso dossier, donde afirma:
" En los últimos 12 meses,
Hugo Chávez alteró el mapa
político del subcontinente, distribuyó
su riqueza petrolera por los cuatro puntos
cardinales, desafió a los Estados
Unidos, y de ser percibido como un payaso
tropical pasó a posicionarse como
el dirigente latinoamericano de mayor
influencia global".
Su propuesta de una alianza continental
contra el hambre y su protagonismo tanto
en la IIIª Cumbre de los Pueblos en
Mar de la Plata (noviembre 2005) como en
la anti-cumbre popular que tuvo lugar en
un estadio y en las calles, le robaron el
show a Bush. El comentario de El Tiempo
de Bogotá (8 noviembre 05), presenta
a Chávez “soplando con la mirada
al viento para mover a las nubes y que parara
la lluvia; y la lluvia paró”.
Figura bíblica que da paso a la información
sobre su liderazgo regional, su poder afianzado
en la bonanza petrolera, su enfrentamiento
con los Estados Unidos y el eco que le hacen
los medios desde la CNN y la BBC hasta The
Guardian
y The Independent, para no hablar de Le
Monde Diplomatique. “Y ganó
terreno allí donde es un mago: en
la calle, en las multitudes y los sectores
de izquierda, que comienzan a verlo como
el mismísimo Mesías”.
La encuesta del Latinobarómetro (12
noviembre 2005) en 18 países de América
Latina dio muy buen puntaje a los presidentes
de Colombia (69/100 puntos) y Venezuela
(65/100 puntos).
La periodista y escritora mexicana Alma
Guillermoprieto, después de recorrer
Venezuela, publicó dos extensas crónicas
en el New York Review of Books sobre el
actual proceso político y su líder
(enero 2005). Afirma:
"Hace
diez años cuando era un exgolpista
fracasado y militar retirado, Chávez
dependía de sus amigos para cubrir
sus necesidades diarias y de transporte.
Hoy, a sus 51 años de edad, está
a la cabeza de un Estado con uno de los
mayores flujos de caja del mundo, goza
de índices de popularidad de 80%,
enfrenta a una oposición vehemente
pero desmoralizada y quizás terminalmente
desorganizada, y, según parece
es un imán para las mujeres".
No vamos a hacer aquí una biografía
del personaje. Existen ya varias, de diferente
valor y desde opuestas ópticas, según
los intereses y enfoques partidistas o personales
de sus autores.
Perfil
"¿Quién
es Hugo Chávez Frías?, se
pregunta todo el mundo" (Manuel Caballero,
La gestación de Hugo Chávez,
Caracas 2000).
"¿Es Chávez un líder
popular adorado por las masas? ¿Es
un demócrata? ¿Es un fascista?
¿Es un demagogo populista? ¿Es
un caudillo de esos que han plagado la
historia de América Latina? ¿Es
un gobernante con autoridad, o un gobernante
autoritario? ¿Es un iluminado mesiánico?
¿Es un militar típico? ¿Es
un venezolano del montón, en quien
el país se reconoce?". Mucho
se ha escrito y se seguirá escribiendo
sobre el perfil personal de Chávez
y las características bizarras
de su estilo de gobierno. Ellas darían
para que Gabriel García Márquez
enriqueciera novedosamente el prototipo
de dictador caribeño y latinoamericano
que delineó en El otoño
del patriarca, recogiendo allí,
en un solo personaje, los rasgos de singulares
gobernantes de muchas de nuestras repúblicas.
Uno de los mejores retratos de Chávez
es el elaborado por quien fue fuerte oponente
político (Jorge Olavarría,
21 enero 2002):
"Hay que reconocer que es un hombre
de una astucia y una temeridad excepcional,
de un gran carisma personal. Es un encantador
de serpientes. Yo creo que es el demagogo
más poderoso, más convincente
de la Venezuela del siglo XX. Por eso
no hay que subestimarlo. Los que piensan
que Chávez está caído
están equivocados, porque sería
un salto atrás".
El autor del libro Venezuela destino
incierto (J. Mendoza Angulo, 2006),
también él oriundo de Barinas,
reconoce la impronta llanera que existe
en Chávez: "El llanero es faramallero,
fachoso, machista y muy audaz".
De Chávez – como de todo personaje
importante en escena- hay caricaturas humoristas
y las hay malintencionadas. La del artista
que pintó la portada de una de las
ediciones de la revista Time (2006) lo retrata
con una cara tan inflada que parece un cuadro
de Botero, con los ojos
pequeños y los labios torcidos que
denotan un carácter soberbio. La
mala intención era destacar los rasgos
de un hombre que sólo cree en la
fuerza.
Dado su estilo, que rompe los moldes tradicionales
de los estadistas, no han faltado voces
de quienes señalan en Chávez
rasgos bizarros. Se aduce una manía
de persecución que lo lleva a denunciar
frecuentemente planes para derrocarlo o
asesinarlo. Se insinúan fases de
paranoia en las que entraría y de
las que saldría. Se analiza la simbología
de la que echa mano para mover referencias
emocionales, pasadas y muy elementales.
Se repite que el poder enloquece y el poder
absoluto enloquece
absolutamente. Pero psiquiatras serios,
como Delgado Señor puntualizan que
lo que predomina en Chávez es un
histrionismo, que puede ser mal interpretado,
pero “en Chávez no hay locura
sino una alteración de su estructura
de personalidad”. Varios estudios
serios, incluido alguno desde el extranjero
(R. Luyken), están acordes al respecto
y clasifican más bien los rasgos
bizarros de conducta del presidente Chávez
como un caso de histrionismo narcisista.
A juicio de su amigo, el psiquiatra Edmundo
Chirinos, “el primer mandatario, aunque
es un hombre normal, tiende a ser vanidoso
y tiene rasgos de narcisismo, que son acompañados
por fuertes dosis de impulsividad y autoritarismo”.
Críticos imaginativos insinúan
una especie de desdoblamiento de personalidad,
de dos Chávez en un mismo sujeto,
que recuerda a unos el personaje virtual
denominado “Gollum” -que interactúa
con los personajes reales en el Episodio
III del Señor de los Anillos- y sugiere
a otros al Hamlet, que se debate trágicamente
entre el “ser o no-ser” de la
democracia (to be or not to be, that’s
the question). “Tenemos hoy un Hamlet
que se pasea por Miraflores” (Tulio
Hernández).
"Allá
en el exterior, es el conciliador, el
apaciguador, el paladín de la concordia
y la armonía. Aquí dentro,
en Venezuela, es el guerrero implacable,
el atizador de conflictos, el acusador
amenazante. ¿Dónde está
la verdad? ¿A dónde vamos?
¿Se trata de un drama o de una
comedia? ¿Cómo es el personaje
‘real’ o qué se propone
más allá de las cambiantes
máscaras? El espectáculo
trae a la memoria la admirable estrofa
de Pessoa: ‘Tengo más almas
que una/ Hay más yos que yo mismo/
No obstante, existo/ Indiferente a todos/
Los hago callar: yo hablo’"
(Aníbal Romero, 13 octubre 1999).
Otros prefieren asimilar el caso de Chávez
a lo ocurrido en El extraño caso
del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, del escritor
inglés Robert Louis Stevenson. Alusión
directa que hizo el ex secretario general
de Patria Para Todos (Pablo Medina, 16 abril
2002), a raíz de los acontecimientos
del 11 de abril.
Hay tres defectos suyos que subrayan
machaconamente algunos sectores de la opinión
pública así como sus críticos
de oficio, que los hay.
• Uno, su carácter
de matón buscapleitos e intimidador,
rencoroso, vengativo, soez e insultante,
cazando peleas con casi todos los sectores
influyentes del país (sindicatos,
empresarios, medios de comunicación,
Iglesia, intelectuales), así como
con personajes célebres de otros
Estados amigos a quienes endilga fuertes
epítetos (Bush, Fox, Toledo, Alan
García, Calderón, Uribe).
• Dos, la adopción
de la mentira, la hipocresía, del
el
cinismo como sistema de relación
en cosas del gobierno y aun de las relaciones
internacionales.
• Tres, el abandono
de sus amigos y el que se vaya a ir quedando
sólo, porque “termina destruyendo
todo lo que ama”(Manuel Quijada).
Es muy significativo el comentario general
que hace sobre Chávez un autorizado
militante de la izquierda venezolana, alguien
que fue amigo suyo y lo acompañó
en un largo tramo inicial de su proceso
revolucionario (Luis Miquilena, 9 octubre
2002):
"Bueno,
yo te digo con toda sinceridad que al
Chávez que hoy ejerce el poder
yo no lo conozco… yo lo creía
un hombre humilde…Pero el Chávez
de ahora, ese Chávez lleno de soberbia,
ese Chávez lleno de vanidad, ese
Chávez lleno de prepotencia, no
lo conozco. Ese Chávez intolerante
que humilla a sus colaboradores, a la
corte de sigüises que lo rodea, que
le ríe hasta los chistes malos,
se los ríe y les hace gracia".
Como cualidades significativas
se suelen destacar, con real fundamento
en nuestro personaje, dos
principalmente:1) la de consumado estratega
(con suficiente flexibilidad en el pensar
y accionar), y la de innegable comunicador
político.
"El
presidente Chávez es el mejor comunicador
político que he conocido" (Ítalo
Pizzolante Negrón). Chávez
ha resultado ser un presidente mediático,
un comunicador efectivo. Muy temprano asumió
el terreno comunicacional como el espacio
de lucha, como el lugar privilegiado para
la lucha política. Se convirtió
en un líder mediodependiente. No
sólo ha sido portador de noticias,
sino que él es permanentemente la
noticia. El gobierno se ha convertido en
una voz, en un discurso perpetuo, el suyo.
El uso y abuso de sus frecuentes “cadenas”
de radio y televisión y un abundante
“centimetraje” en la prensa
escrita, le han ayudado a la alta concentración
de poder y a su elevada popularidad.. En
sentir de un periodista norteamericano,
se ha convertido en un showman, “que
increpa a sus adversarios, canta (con gusto,
pero mal), recita poesía, cuenta
chistes y por lo general hace el papel de
actor aficionado”. Tiene el perfil
perfecto del ‘entertainer’,
entretenedor.
El lenguaje de Chávez ha sido objeto
de varios análisis. Alexis Márquez
subraya su locuacidad y estilo impositivo
(propios de los llaneros); la tendencia
a lo enfático, a lo afirmativo dicho
con fuerza y reiterativamente, con machacona
insistencia; el recurso a las acotaciones,
que sin tener propiamente propósitos
humorísticos, se resuelven en salidas
más o menos graciosas; y algo advertible
para todos, su desmedida extensión,
siguiendo también en esto a su modelo
Fidel Castro.
El
recurso a las cartas astrales ha servido
para subrayar ciertos rasgos anteriores.
Combinando el Leo del Zodíaco con
el Caballo del horóscopo chino resulta
que la persona de este signo tiene siempre
necesidad de un gran protagonismo, le fascina
ser el centro de la atención. Ejerce
su cargo con cierta vanidad monárquica.
En su ámbito más cercano acepta
sólo súbditos, jamás
críticos o personajes que le hagan
sombra. Es la clase de “yes man”
que les devuelve a todos un reflejo alentador
de su propio ego (Plinio Apuleyo Mendoza).
Pero desde este punto de vista, un lúcido
crítico suyo e incansable contendor,
ha puesto el dedo sobre la falla que implica
su estilo de ‘manager’ que ordena,
pero que no es concertador, como se requiere
hoy en todo el que preside un buen equipo
de trabajo o ‘team work' (Teodoro
Petkoff, 7 agosto 2005, El Nacional):
"Chávez
no tiene ministros, tiene servidores que
le obedecen porque le temen. Chávez
no es el primero entre sus iguales. El
no discute de quién a quién
con sus colaboradores, y jamás
aceptaría perder una discusión
o una votación con ellos. Crea
un modo de relacionarse con su gente que
no permite crear un espíritu de
equipo. Para decirlo en la jerga que a
él le gusta: un manager que tiene
un estilo despótico y ‘carajea’
a sus subalternos no puede crear un team
work".
Entre los observadores internacionales hay
comentarios de escritores consagrados que
recogen aspectos interesantes del personaje
entrevistado, sin esconder su entusiasmo
por él, pero a la vez sembrando una
cierta duda metódica sobre su desempeño
actual y su futuro.
El mexicano Carlos Fuentes tiene unas páginas
sobre “el inquietante coronel Chávez”.
El premio Nobel de literatura, Gabriel García
Márquez, gran amigo personal de Castro,
entrevistó a Chávez mientras
viajaban juntos de La Habana a Caracas (30
enero 1999). Concluye diciendo:
" Mientras se alejaba entre sus escoltas
militares…me estremeció la
inspiración de
que había viajado y conversado a
gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien
la suerte empedernida le ofrecía
la oportunidad de salvar a su país.
Y el otro, un ilusionista, que podía
pasar a la historia como un déspota
más".
El mexicano Jorge Castañeda, quien
fuera ministro de relaciones exteriores
de Fox tiene interesantes observaciones
sobre “Chávez como fenómeno”(El
Nacional septiembre 1999). El argentino
Mempo Gardinelli, aunque lo diferencia muy
bien de los gorilas militares de su país,
termina calificándolo de “fascinante
y sospechable”. “Me gustan muchas
de las cosas que Chávez sostiene
y hace, pero no me gusta nada el aura de
providencialidad que lo rodea”.
Su compatriota, el escritor Tomás
Eloy Martínez, es más radical
en sus apreciaciones (Entrevista El Nacional,
26 septiembre 1999). Su primera impresión
del personaje:
"Un
muchachote franco, seductor, obsesionado
por llevar adelante su proyecto político
sin medir demasiado sus consecuencias”.
Pero tras haberlo oído en las grabaciones,
dice haberse dado cuenta de que “es
un fanático, un obsesivo o un utopista,
dispuesto a llevar adelante el proyecto
bolivariano sea cual fuere el precio”.
Y se pregunta si será el último
de una estirpe o “el primero de
una especie nueva, desconocida y tal vez
más temible que las anteriores".
Para
lectura complementaria, le recomendamos
los artículos siguientes en relación
con Chavez :
•
Venezuela
al limíte (Editorial 137)
• Corrupción,
caso Venezuela (Editorial n° 77)
• Venezuela,
se perfila crisis (Editorial n° 73)
• Buenos
guiones para filmes (Editorial n° 63)
• El
chavismo al banquillo (Editorial n°
54)
• Venezuela
: Chavismo sin Chávez
(Editorial n° 118)
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