Venezuela : El chavismo al banquillo (Editorial 54)
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El Chavismo al banquillo
     

Con este título, Editorial Planeta de Bogotá acaba de publicar el más reciente libro del conocido economista, político y periodista venezolano Teodoro Petkoff. Su larga y autorizada trayectoria la inicia cuando rompe con el Partido Comunista y escribe un valiente libro denunciando la invasión que la Unión Soviética hizo a Checoeslovaquia (aplastando con tanques la naciente “primavera” de Praga); pasa por la conformación del MAS (Movimiento al Socialismo) de una izquierda democrática que caló hondo en el país (bien descrita en su exitoso libro “Dos izquierdas); y personifica en los últimos diez años una de las más sólidas, serias y confiables críticas del régimen de Hugo Chávez (suyos son “La Venezuela de Chávez” 2000,“Chávez tal cual”2002, junto con frecuentes artículos y un incisivo programa dominical por el canal Globovisión). El subtítulo de su actual libro “Pasado, presente y futuro de un proyecto político”, nos da el esquema para este comentario de nuestro habitual “Observatorio de Política Internacional” que llega hoy a 448 artículos en la dirección electrónica arriba consignada.

 

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Pasado
A la pregunta ¿de dónde salió Chávez?, el autor Petkoff responde en su capítulo titulado “La crisis del sistema”. “Chávez ganó las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 [..] Chávez lucía como la propia encarnación del cambio, frente a AD (Acción Democrática) y COPEI . Eso le dio el triunfo, con 54% del total de votos válidos [..] Parecía encarnar lo opuesto a todo lo que las mayorías ciudadanas habían llegado a detestar en el “sistema”. El de Chávez es el tipo de liderazgo que Weber denomina “carismático”[..] Y anota que las élites político-económicas de entonces, beneficiarias del Estado hipertrófico y corrupto que administraba los colosales ingresos petroleros, no prestaron atención a oir por quién doblaban las campanas. “Chávez construyó desde entonces una alegoría, entre pagana y religiosa, del misterio de las tres divinas personas. Ël mismo, Bolívar y el Pueblo son la Santísima Trinidad del catecismo ‘revolucionario’. Con ese mensaje ganó Hugo Chávez las elecciones de diciembre de 1998. Y concluye limpiamente: “no fue, pues, Hugo Chávez, un rayo en un cielo despejado. Todo lo contrario. Fue la respuesta que creyó encontrar la sociedad venezolana a la decadencia de sus grandes partidos dirigentes, al deterioro y descrédito del sistema político, a la desfalleciente economía y al desesperante empobrecimiento del país y del 60% de sus habitantes”. Afirmación que convalida el análisis sucinto que yo hice de lo que fueron los principales factores que prepararon el advenimiento del Comandante al mando del Estado y que remata con mi frase: “Chávez se montó en la ola de descontento que se generó como efecto de la incapacidad de las élites de comprender el tipo de cambio que la sociedad y el Estado necesitaban, recogió la frustración por el fracaso de los cambios emprendidos y reclamó la realización de las tareas urgentes que el colapso de la era rentista conllevaba” (Neira,Venezuela IVª y Vª Repúblicas, 2006, pg. 141).

Presente
¿Sobre qué se sustenta el poder de Hugo Chávez, más allá de él mismo? Se pregunta Petkoff, a lo que responde en su capítulo III (‘Los soportes del chavismo’). “El chavismo se apoya en cuatro grandes pivotes: la Fuerza Armada Nacional; una todavía vasta capa popular integrada por los sectores más pobres de la ciudad y del campo; la llamada ‘boliburguesía’ o ‘burguesía bolivariana’; y la alta y frondosa burocracia del Estado. El régimen es personalista. Chávez es el alfa y omega del ejercicio del mando y su comportamiento es típicamente caudillesco” (pg. 43-44). Además de las bayonetas (que sirven para todo menos para sentarse sobre ellas), hay unos apoyos propiamente sociales. Entre ellos “hace rato que los venezolanos han identificado a un sector de grandes empresarios, al cual el ingenio criollo denomina ‘boliburguesía’, supuestamente ‘socialista’ y que no es sino una farsa ‘revolucionaria’. El autor enumera algunos de los nombres más emblemáticos (p. 54) y habla del escándalo de la ‘chavobanca’ (noviembre 2009) que sacó a flote los nexos de algunos banqueros involucrados con prominentes funcionarios del gobierno (como el teniente Jesse Chacón). Aunque no existe todavía en Venezuela esa ‘nueva clase’ alta burocrática, llamada ‘nomenklatura’, que existió en la Unión Soviética y existe en Cuba, para Petkoff es evidente que la supervivencia de esta capa social dominante está estrechamente asociada a la del régimen de Chávez como uno de sus puntos de apoyo. Y reconoce que, aunque decreciente, existe todavía una amplia capa popular que acompaña al presidente y sobre el que tiene control en cuanto líder carismático. “Carisma que dura mientras la ‘comunidad carismática’ continúe creyendo en la capacidad de hacer milagros por parte del líder, algo que ha sido generosamente lubricado durante los últimos seis años por el colosal ingreso petrolero” (p. 59). Pero advierte atinadamente que desde 2007 viene observándose un creciente desencanto, “un lento y contradictorio debilitamiento del respaldo popular a Chávez, que ha sido registrado para la opinión pública en los procesos electorales de 2007, 2008 y 2009 y por las encuestadoras serias del país”. “En el seno de los sectores populares, aun de los que permanecen fieles, viene tomando cuerpo una ostensible disminución del fervor y la devoción que acompañó a Chávez, al menos hasta 2006” (p.63).

Aquí intercala Petkoff el interesante capítulo IV (La naturaleza del chavismo), con el que quiere dar respuesta a la pregunta ¿qué tipo de régimen político se ha instaurado en Venezuela?¿Qué es exactamente el chavismo? Su respuesta es tajante, pero matizada. “No estamos, ciertamente, ante una democracia convencional, pero tampoco se puede definir el régimen chavista como una dictadura convencional. Se trata de un híbrido extraño, entre una ‘anatomía’ institucional del Estado, formalmente democrática y republicana, y una ´fisiología´ del mismo, y del gobierno, precaria y de muy dudosa factura democrática” (p. 40). Estamos ante una paradoja difícil de entender en los términos planteados por Petkoff. Por un lado, el analista afirma y comprueba que no se trata de un verdadero régimen revolucionario (“a pesar de toda la retórica de Chávez, en Venezuela no se ha dado ninguna revolución”). Así como no se ha dado una verdadera socialización de la economía, a pesar de la retórica ‘socialista’. Seguimos en el tradicional y poderoso capitalismo de Estado a la soviética y a la cubana, en el que Venezuela tiene una dilatada experiencia por su condición de petro-Estado. Pero por otro lado (ojo!), el chavismo no es una dictadura militar más dentro de la extensa gama de dictaduras latinoamericanas. Y menos todavía se puede hablar ya de que Venezuela sea una sociedad totalitaria, aunque exista la propensión del gobierno a expandir el control del Estado sobre la sociedad, “propensión que debe ser calificada como ‘totalitaria’ (p.74). “No es el venezolano un Estado policial ni la presencia de la policía política es comparable a la del G2 cubano o a la de la KGB soviética; no hay campos de concentración y, aunque hay presos políticos, no son miles y ni siquiera un centenar. En suma, no existe terror de Estado. Hasta ahora se trata de un propósito totalitario que dista de haber cuajado plenamente” (p. 75).
Petkoff reconoce que “es obvio que Hugo Chávez considera la afirmación de su poder absoluto como la piedra angular del proyecto político que motoriza” (p. 77). E identifica los mecanismos mediante los cuales Chávez pretende adelantar su proyecto ‘revolucionario’ y ‘totalitario’, que son tres procesos convergentes en los que persiste obstinada y marrulleramente a pesar de la derrota que sufrió en las urnas en diciembre 2 del 2007. Son ellos 1) la Reforma Constitucional que buscaba recentralizar completamente el Estado, eliminar cualquier vestigio de contrapesos a la Presidencia y la reelección indefinida del presidente de la República; 2) la Ley Habilitante para legislar sin cortapisas y sobre cualquier materia por 18 meses; 3) el Partido Unido, buscando llegar al Partido Único leninista que controle la sociedad (“el quid del asunto es que Chávez tiene en mente una sociedad no democrática, para la cual el partido leniniano que concibe sí vendría como anillo al dedo”).
Petkoff concluye su valioso aporte del capítulo IV con las siguientes líneas (p.96).
“El camino hacia tal modelo político y de sociedad (que reproduce el de los regímenes totalitarios que se edificaron bajo la enseña del comunismo soviético) no luce, para el Máximo Líder, tan liso y amplio como el de una autopista. Las contradicciones en el seno del chavismo [.. ], la fuerte presión social existente en todo el país [..], hacen que tengamos un cuadro mucho más matizado y contradictorio que el de la imagen corriente de un gobierno macizo, omnipotente, aparentemente sin fisuras. El descontento popular comienza a alcanzar de lleno al Gran Jefe [..] El carisma es como el jabón, se gasta”.

Futuro
Petkoff introduce un capítulo Vº (¿Qué pasó después de 2D?) en el que consigna que tal fecha “fue un punto de inflexión. Algo que atañe al modelo de liderazgo del presidente Chávez [..] En el caso de Chávez se trata de un líder carismático que ha lesionado severamente la urdimbre institucional del Estado venezolano sin haber construido nuevas instituciones medianamente operativas y eficientes. Esto hace, por supuesto, que su liderazgo sea, a largo plazo, estructuralmente más vulnerable que el de líderes carismáticos que se acompañan también de un Estado poderoso.[..} Para decirlo con las propias palabras de Weber en Economía y Sociedad: ‘Si la confirmación (del poder carismático) tarda en llegar, si aquel que posee la gracia carismática parece abandonado de su dios, de su poder mágico o de su poder heroico, si el éxito es negado por largo tiempo, si, sobre todo, su gobierno no aporta ninguna prosperidad a los que él domina, entonces su autoridad carismática se halla en peligro de desaparecer’. El hecho es, entonces, que el poder de Hugo Chávez ha entrado en la parte descendente de la parábola.
Esto hace que el líder, conciente o advertido de su coyuntura en decadencia, haya apelado a endurecer su autocracia personalista con base en un mayor control del Estado y la sociedad venezolana. “En su tarea de impedir que continúe escurriéndosele el respaldo popular, Chávez ha acentuado la brutalidad de su conducta”. Problemática actual que caracteriza y analiza el autor en su capítulo VI (Profundizando la revolución, páginas 109-123). El robustecimiento del capitalismo de Estado lo concibe como una palanca adicional para el control de la sociedad. De ahí la furia estatizadora que ha llegado a extremos casi demenciales (en industrias, tierras, banca, comercio) y que ha provocado resistencia entre los trabajadores y sindicatos. De ahí también las tentativas fallidas de imponer un currículo ‘bolivariano’ en la educación primaria y secundaria, y de quebrar la autonomía de las universidades. De ahí la expansión exagerada del gasto público, que además alimenta una gigantesca inflación, gracias a los siderales precios del petróleo y los colosales ingresos que ellos proporcionan al país. “Chávez se ufana de que promueve el desarrollo de una economía ‘endógena’ (que no es otra cosa que la sustitución de las importaciones), pero no hay economía ‘endógena’ que pueda resistir el peso aplastante de semejante volumen de importaciones [..] Esto nos habla de una política económica que a mediano y largo plazo se hace insostenible”.
“En definitiva, la ‘revolución, fuera de reproducir pautas tradicionales del populismo criollo y del capitalismo de Estado, no ha propiciado ninguna reforma de la estructura social, y sus logros se reducen a programas sociales ya fuertemente deteriorados por la corrupción, el despilfarro y la discriminación política, además de no estar asociados a políticas públicas dirigidas a crear empleos productivos permanentes, único camino hacia la superación sostenible de la pobreza” (p. 123).

Otros tópicos
Teodoro Petkoff, en su libro, redondea y complementa los temas centrales con comentarios adicionales que resultan interesantes y llamativos. Tales los que dedica a la escena internacional (capítulo VII), la petrodiplomacia (capítulo VIII) y la ideología sobre si Chávez es de izquierda o nó (capítulo IX).
• En la escena internacional, “Chávez descubrió el imperialismo más o menos en 2005[..] El discurso desintegrador, acompañado de una práctica desintegradora y sus frecuentes controversias con numerosos mandatarios de la región, en las cuales no se ahorra los calificativos más despectivos e insultantes, hacen de Chávez algo así como el Gran Desintegrador de la comarca”(p.129). “El Chávez de hoy está muy lejos de aquel que en su delirio se veía como líder de un gran bloque latino-caribeño contra los gringos [..] Hoy, si se mira con atención el mapa de América Latina y el Caribe, toda la costa pacífica del continente tiene gobiernos que no congenian con Chávez”(p.131). “La concepción chavista de la integración a menudo pareciera brotar no de los mundos de la economía y la política, sino más bien de la psiquis profunda del propio Chávez [..] El factor determinante de la política exterior de Chávez es su personalismo absoluto” (p. 118).
• Respecto de la petrodiplomacia, “con excepción de Rómulo Betancourt y, en cierta forma de Caldera, es Chávez el único gobernante venezolano que ha hecho del petróleo un instrumento poderoso y eficiente de la política exterior- o más exactamente, de sus propios y particulares objetivos políticos internacionales. Lo ha hecho con audacia y claro sentido geopolítico” (p. 147). “Pero a pesar de todo, el régimen de Hugo Chávez es visto cada vez más como una curiosidad internacional que como la expresión de un proceso revolucionario que deba ser tomado en serio” (p. 167).
• Respecto de la ideología, “para evitar equívocos debe señalarse que no se puede calificar a Chávez de plano, como fascista, pero sí identificar algunos rasgos, típicamente fascistoides, en su conducta. Muchos de los rasgos del ‘Ur Fascismo’ que Eco analiza pueden percibirse sin mayor dificultad en el accionar político de Hugo Chávez [..] a lo que debe añadirse su adopción de la famosa conceptualización de Carl Schmitt, el jurista del nazismo, acerca de la disyuntiva ‘amigo-enemigo’ como eje articulador de la política” (p. 172). “La conclusión se cae de madura. Al régimen de Chávez podría caberle una definición de izquierda tan solo desde la perspectiva del modelo totalitario a la soviética, pero en ningún caso puede considerarse el suyo como un verdadero régimen de izquierda y mucho menos, democrática. Está más próximo de los regímenes totalitarios de ‘izquierda’ que de la socialdemocracia. Sus características configuran un régimen de vocación totalitaria, que se acerca peligrosamente a los regímenes que se derrumbaron a finales del siglo XX y al sobreviviente régimen cubano” (p. 183).
• Conviene anotar la tesis de estrategia política que maneja Petkoff en varios lugares de su libro y que deja mal parada a la oposición hasta el 2006, por lo menos. “No se puede presentar la actual condición autocrática del régimen solamente como resultado de la acción de una ‘aplanadora’ [..] Al menos hasta 2005, no siempre las políticas opositoras fueron acertadas. De hecho, la línea general fue completamente equivocada [..] Es indudable que en ese combate político entre 2000 y 2006 la oposición habría adquirido una envergadura mucho más robusta que aquella raquítica a la que ella misma se condenó con el mayúsculo desacierto del golpismo y la abstenciòn“ (p. 36). “La estrategia democrática debe mantenerse, mientras ello sea posible, sin esguinces ni reservas” (p. 204)-

Conclusión
“El saldo del chavismo es ínfimo y, lo que es más lamentable, destructivo. Aquí no ha habido lo que ha sido denominado ‘destrucción creadora’ sino destrucción por afán simple y llano de destruir, escudándose siempre tras la coartada mentirosamente revolucionaria… Si este régimen lograra prolongarse en el tiempo, Venezuela terminará siendo un despojo económico, político, institucional y moral mucho mayor de lo que ya es” (p. 202-203).

08-05-2011