VENEZUELA AL LÍMITE (Editorial 137)
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Ensayo en 4 artículos interconectados:
I. El racimo ideológico de Chávez.
II. Caracterizaciones políticas de Chávez.
III. Errores garrafales de Chávez.
IV. El haraquiri del chavismo.

I. El racimo ideológico de Chávez

Una de las preguntas más acuciosas para todo analista del fenómeno Chávez es la referente a su pensamiento político, al ideario que ayudó a conformar su personalidad como caudillo, a los componentes ideológicos que configuraron su proceso revolucionario.
Desde el día en que emergió a la luz pública, Hugo Chávez fue un personaje difícil de entender y descifrar. Las ideas que animaron su discurso han sido y siguen siendo "arcanas" en el sentido clásico latino. Es decir,misteriosas y secretas, con un raciocinio oculto tras una retórica histriónica y espumosa, repleta de ambigüedades o naderías que –casual o deliberadamente-desviaban la atención de su verdadero objetivo, el cual podría parecer por lo tanto como contradictorio. De ahí las diversas interpretaciones a que ha dado lugar.
En un extremo, hay quienes aseguran que el Comandante no tenía un pensamiento social político definido sino "un rancho en la cabeza, no piensa en grande, en progreso, en ascenso y desarrollo sino en confrontación y destrucción” (Paciano Padrón, Frontera 30 octubre 2003). “Esta revolución será muy rica en armas, pero es muy pobre en ideas. En el país no sólo existe un problema de actores, sino también de guión” (Gerver Torres, expresidente del FIV. El Nacional 9 diciembre 2001). Un experto filósofo afirma que“Hugo Chávez es una monstruosidad ideológica porque ahí hay de todo y de la manera más contradictoria: militarismo, arcaísmo ideológico y un punto de mitología izquierdista, pero de retórica, de vaciedades” (F. Rodríguez, El Nacional 21 julio 2002). Y se llegó a hablar en "Dos visiones de un enigma", de "un laberinto ideológico, en el que no se puede encontrar un proyecto de país-sociedad a establecer" (A. Blanco y A. Arvelo, El Nacional 28 marzo 1998).
En el otro extremo hay quienes con Jorge Olavarría advirtieron con tiempo que nos equivocamos y engañamos sobre Chávez desde al comienzo: “Todo lo que Hugo Chávez está haciendo y deshaciendo, sigue un plan preconcebido con un objetivo definido y unos medios para alcanzarlo” (El Nacional 11 julio 1999).
Yo personalmente me he ubicado en una franja intermedia la de quienes opinamos que existiendo unas tendencias y referentes ideológicos innegables, el “chavismo” estuvo tejiendo y destejiendo su tela doctrinaria, tratando de avanzar en zigzagueos, sin ideología definida, siguiendo la voz de mando del capitán de la regata en sus “Aló presidente” dominicales, condicionados por los vientos que soplaban y las circunstancias variables del entorno nacional e internacional que obligaba a estar corrigiendo la ruta y superar bandazos de un lado y otro.
Los elementos más característicos de ese racimo de ideología política que pudiera definir el régimen de Chávez y a un grupo de seguidores , configuran una extraña mezcla o salpicón (‘tisana’) de varias frutas de sabor indefinible. La describió Jorge Olavarría ya citado (El Nacional 20 junio 1999): "Son frutas variadas, exóticas y multisápidas y hoy todos son felices ingredientes de la jalea del chavismo".
Enumero algunos de dichos ingredientes.
• Inclinación por el darwinismo social (‘los más fuertes son los que sobreviven’) y tendencia al autoritarismo para lograr los fines–sin escrúpulos–respecto de los medios a utilizar, rasgos que han sido propios del fascismo y en general de todos los regímenes totalitarios.
• Son verificables ciertas referencias a un justicialismo peronista, a través de la versión que le facilitó inicialmente el argentino Norberto Ceresole, a saber: liquidación de los partidos, alianza clave trabajadores-militares, comunicación directa jefe-masas populares, discurso populista y distribución de bienes más allá de lo que se produce.
• Más recientemente se observó un cierto influjo de la llamada“Cuarta Vía” del alemán residenciado en México, Heinz Dieterich, con su intento de actualizar el marxismo para América Latina proponiendo que sean el sujeto revolucionario las actuales masas indígenas y pauperizadas del subcontinente. De él tomó la designación "Socialismo del siglo XX".
• El discurso obsesivo contra los “oligarcas” y la convocatoria a los desposeídos son préstamos de un marxismo-leninismo clásico. Y hay un evidente y claro favoritismo, aunque anacrónico, por el modelo castrista cubano.
• La insistencia inicial en una democracia asambleísta, con decisiones que se tomen en reuniones tumultuarias del pueblo, pudiera evocar una reminiscencia de Robespierre y la Revolución francesa en sus comienzos.
• Tras los intentos de concentrar más poderes en el Ejecutivo y ayudarse de algún oscuro Montesinos pudiera proyectarse la sombra (inicialmente exitosa y al final fracasada) de Fujimori en el Perú.
• Alusiones expresas a Zamora y Bolívar como inspiración autóctona pudieran asumirse más como retórica que como decanado pensamiento político y tenderían a reforzar el marco neo-populista en que realmente se mueve el intento bolivariano.
Como una síntesis, que fundamentaría la “revolución bolivariana”(en una extraña y anacrónica mezcla de elementos), sigue hablándose del “árbol de las tres raíces”, al que hacían referencia los comandantes del 4 de febrero, precursores del movimiento. Son ellas Simón Bolívar, el maestro Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. Pero a estas supuestas raíces se adhieren otras plantas trepadoras provenientes del hábitat cubano como Fidel Castro, el Che Guevara, José Martí.
El resultado es una confusa mezcla de nacionalismo militarista, caudillismo político (con añoranza del ‘gendarme necesario’ de la mitología política venezolana), una especie de democratismo autocrático, una cierta tendencia al socialismo e indigenismo y un evidente neo-populismo carismático y consumista, apoyado y bien alimentado por un Estado rentista y superprotector, como es el venezolano.
Uno de los más serios conocedores del acontecer venezolano resume la impresión que nos deja el racimo ideológico de la revolución bolivariana: "Siempre dijimos que el chavismo es un movimiento heterogéneo cruzado por muchas contradicciones" (T. Petkoff, Hugo Chávez tal cual, Caracas 2002, p. 54).

 

II. CARACTERIZACIONES POLÍTICAS DE CHÁVEZ

¿Quién fue Hugo Chávez Frías?, se sigue preguntando todo el mundo. Sigue abierta la gran interrogante que con autorizada autoridad intelectual y moral planteó en el año 2000 Manuel Caballero ( La gestación de Hugo Chávez, Caracas, Catarata, p. 147): "¿Es Chávez un líder popular adorado por las masas? ¿Es un demócrata? ¿Es un fascista? ¿Es un demagogo populista? ¿Es un caudillo de esos que han plagado la historia de América Latina? ¿Es un gobernante con autoridad, o un gobernante autoritario? ¿Es un iluminado mesiánico? ¿Es un militar típico? ¿Es un venezolano del montón, en quien el país se reconoce?".

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre el perfil personal de Chávez y sobre las características bizarras de su estilo de gobierno durante 14 años en Venezuela. Ellas darían para que Gabriel García Márquez enriqueciera novedosamente el prototipo de caudillo caribeño y latinoamericano que delineó en su famoso El otoño del patriarca recogiendo allí, en un solo personaje, los rasgos de singulares gobernantes de muchas de nuestras repúblicas.

Uno de los mejores retratos de Chávez es el elaborado por quien fuera su fuerte oponente político, Jorge OLAVARRÍA (El Nacional 21 enero del 2002):
"Hay que reconocer que es un hombre de una astucia y una temeridad excepcional, de un gran carisma personal. Es un encantador de serpientes. Yo creo que es el demagogo más poderoso, más convincente de la Venezuela del siglo XX. Por eso no hay que subestimarlo. Los que piensan que Chávez está caído están equivocados, porque sería un salto atrás".

Cualquier intento de clasificar a un personaje tan singular y complejo en su realidad,como es Chávez Frías, rompe los moldes y estereotipos que usamos los cientistas sociales. Pero me ciñeré sustantivamente a delimitar el campo de cinco de las preguntas que con más frecuencia se hace la gente sobre él.

1•¿Fue Chávez fascista?

Por lo general se tiende a calificar de “fascista” a cualquier régimen bonapartista, a un simple autoritarismo, a cualquier actitud represiva aunque no sea sistemática. Hablando con propiedad, “el fascismo denota, tanto el movimiento que llevó a Mussolini al poder en Italia (1922-1945), como la ideología política que inspiró a dicho movimiento y a partidos semejantes de otros países” (Véase Enrique Neira “Fascismos”, El saber del poder. Introducción a la política, Mérida, Universidad de Los Andes 9a. edición 2014, pp. 284-289).

El italiano Umberto Eco ha acuñado el término “Ur-fascismo”, que equivaldría en español a “fascismo elemental”, aplicable a muchos otros fenómenos que no son del ámbito nacional italiano o alemán. Este “fascismo fussy”lo describe Eco con doce características, la mitad de las cuales son aplicables a nuestro caso. Tales:
a) El culto de la tradición, que suele convertirse en verdad única.
b) El tradicionalismo como rechazo a la modernidad.
c) El irracionalismo como culto de la acción por la acción.Pensar es una castración.Se admira al hombre que “tira la patada”.
d) El llamamiento a las clases medias frustradas, que pueden ser
llevadas a la búsqueda de soluciones mágicas, milagrosas.
e) El pueblo se concibe como una unidad monolítica, que
expresa la voluntad común y cuyo intérprete es el líder.
f) Es un batiburrillo ideológico, una colcha de retazos.

Bien advierte mi colega A. Ramos Jiménez que "más que una ideología política, el fascismo constituye una actitud ante la vida que –alimentándose en el conflicto que a la larga provoca el caos- vive bajo fuertes tensiones que le sirven de combustible. Por ello, los fascistas aparecen siempre como los <administradores del caos>, que exigen la movilización permanente de la masa bajo una disciplina más bélica que militar"(“Dinámicas fascistas” El Nacional 15 enero 2002).

2. ¿Fue Chávez izquierdista?

A más de las tres raíces evocadas como su fundamento ideológico por los alzados de 1992, existían ya otras raíces más concretas y contemporáneas cultivadas dentro de la Academia Militar venezolana y los cuarteles. Una de ellas la Izquierda militarista, que irá de la mano con un Nacionalismo militar.
En pocas páginas recoge bien esta problemática Carlos Blanco (Revolución y desilusión, 2002 pp. 55-74) en las que subraya cómo los militares en Venezuela han sido siempre el sujeto de la sedición y el objeto de la seducción. Existiendo una izquierda latente, fue gestándose allí una izquierda militarista, desconfiada de los civiles pero que sabía que debería ponerse al servicio del pueblo, para una causa revolucionaria en la que los militares nacionalistas sustituyan al proletariado y al campesinado de otras revoluciones. “El proyecto cívico-militar se convirtió en la práctica, en un proyecto básicamente militar, nacionalista, de izquierda y con pretensiones revolucionarias”(p. 66). Aunque ‘izquierda’ y ‘derecha’ son dimensiones espaciales (y la política no es ni geometría ni topografía), en una percepción ideológica solemos hoy ubicar a la derecha la dominación y a la izquierda lo que conlleva reto y oposición. Con simplismo podría yo definir Izquierda la tendencia al cambio social en la dirección de mayor igualdad (política, económica o social); y Derecha la que apoya un orden social tradicional (más o menos jerárquico) y no se inclina a los cambios para mayor igualdad.

Enrique Rubio, intelectual de la actual política uruguaya, autor de La izquierda del futuro (Montevideo, Frente Amplio 2000), recomienda a la izquierda marxista para que sea viable en las actuales coyunturas nacionales:
1) reelaborar su memoria (saldar algunas cuentas pendientes del marxismo clásico); 2) gobernar con la globalización (es decir insertarse en ella, pero de acuerdo con sus propios objetivos); 3) dar cauce al empuje transnacional y a la integración regional; 4) reformar el Estado con miras a unademocratización de la economía; 5) estimular el dinamismo de la sociedad; 6) buscar las confluencias de las fuerzas progresistas a escala internacional; y 7) algo muy importante, promover más democracia y no menos. Su consigna: “Queremos vino nuevo en odres nuevos”.

Respecto de nuestro caso concreto venezolano, T. Petkoff (con todo su largo recorrido revolucionario y bagaje izquierdista) ha sido muy enfático en denunciar esa izquierda anclada en los años sesenta y que ni se ha enterado de la caída del muro de Berlín. La denomina “la izquierda borbónica”. La tilda de minusválida intelectualmente y de incapaz para aprender de los viejos errores y para decidirse de una vez a volver la página.

De todos modos, a Chávez habría que ubicarlo en la izquierda, a pesar de elementos conservadores de su entorno y de la “dinámica fascista” de extrema derecha de su movimiento. Su gestación en el seno de un militarismo de izquierda, muchas de sus lecturas preferidas, sus amistades privilegiadas nacional e internacionalmente, su visceral anti-americanismo y, en especial, el nexo estrecho que estableció desde años atrás con quien fue su modelo y guía revolucionario, Fidel Castro, no dejan lugar a dudas.

3•¿Fue Chávez populista?

El discurso, el estilo, los gestos demagógicos suelen confundirse con populismo. En nuestra región hay ejemplos recientes de retorno de líderes neopopulistas porque quien quiera llegar al gobierno y mantenerse en él, tiene que apelar al ‘pueblo’ y tratar de movilizarlo. Es decir, en alguna forma convertirse en ‘demagogo’ (conductor de pueblo).El populismo es un plato político que se cocina con todas las salsas: populistas fueron Hitler y Mussolini, Franklin Delano Roosevelt y Ronald Reagan, Charles de Gaulle y Menagen Beguin; y en América Latina lo han sido (de una manera u otra) Perón y Rómulo Betancourt, Lázaro Cárdenas, Getulio Vargas, Alfonso López y Fidel Castro.

Pero no bastan una simple apariencia ni las simples promesas que halaguen al pueblo. Además de la 'demagogia' verbal o por otros medios, se requiere de una gobernabilidad eficaz que atienda realmente a los reclamos y necesidades de toda la población.

El populismo se caracteriza sobre todo por una distribución complaciente de la riqueza desde un Gobierno paternal, que no asegura la correspondiente producción de dicha riqueza. Suele acompañarse de un gigantismo del Estado y un exagerado intervencionismo de la esfera pública en toda la sociedad. Se da burocratización excesiva. Y se va poniendo en evidencia la ineficacia del Estado para dar respuesta eficaz a las necesidades reales del pueblo. Ello va produciendo un descontento general de la población por las expectativas creadas y no satisfechas, una desilusión del pueblo por las promesas que se le hicieron no cumplidas, hasta un colapso del régimen por su ineficacia e ingobernabilidad.

4. ¿Fue Chávez revolucionario?

Un serio historiador venezolano, J.L.Salcedo Bastardo (Historia fundamental de Venezuela, UCV Caracas 1996, pp. 378 y ss) advierte que el término revolución es la voz más gastada e inexpresiva del léxico político venezolano. De ella se usa y se abusa para rotular cada revuelta, cada alzamiento, cada insurrección, golpe, sublevación, invasión, cuartelazo, rebelión, complot, usurpación, intentona, sedición, pronunciamiento, asalto o motín, pues son muchos los sinónimos para la misma realidad desgraciada, y ninguno es revolución.
Un simple cambio cultural, social o político no puede llamarse ‘revolución’. Se lo debe llamar ‘reforma’ dentro del sistema adoptado por el país. Ni una revuelta –aunque sea armada–, ni un golpe de Estado –aunque sea exitoso–, constituyen por sí solos una revolución. El relevo de unas élites que detentaban el poder por otras nuevas que entran a ocupar los cargos y a enriquecerse, no es revolución. Tampoco puede llamarse tal un paraíso prometido por iluminados, ni un salto al vacío y mucho menos una marcha atrás en la historia. Una revolución es una empresa seria y de gran aliento, con una toma del poder conducente a la sustitución de un sistema de vida y de organización socio-política por otro mejor que lo existente. Requiere: 1) un plan de la sociedad a construirse, 2) mucha organización y 3) la dedicación de líderes bien formados con mucha visión,compromiso y sacrificio por la causa.

Del léxico “revolución”, se ha abusado en los discursos y peroratas del régimen chavista, quedó consagrado a cada paso en la Constitución del 99, es membreteado en toda la papelería oficial a nivel nacional, estadal y municipal, y se lo divulgó por Latinoamérica y más alla. Pero no se ha visto claro ni el proyecto de sociedad a la que se ha querido conducir, ni hay una organización operadora del proyecto, ni los supuestos agentes de proseguirla quedaron preparados en 14 años con talla de verdaderos “revolucionarios”. ¿Con la Vª República se inició en verdad una Revolución en Venezuela, avalada como modelo para otros países de desarrollo limitado?

No han faltado fuertes críticos para quienes Chávez más que un revolucionario fue todo lo contrario, un 'reaccionario'. Tal Manuel Caballero en frases caústicas ( La gestación de Hugo Chávez,Caracas Catarata 2000, p. 155): "Chávez representa exactamente lo contrario de lo que representó Fidel en 1959: si Fidel era un revolucionario, Chávez es un reaccionario. Si Fidel tenía un proyecto de país bueno o malo pero al cual uno podía referirse para aprobarlo o atacarlo, Chávez no tiene, al parecer ni siquiera en lo más recóndito de su cerebro, un proyecto que no sea personal, que no sea lograr la forma de prolongar su mandato personal [...] En toda la historia de Venezuela hay un hilo conductor: todos los gobiernos han pretendido y algunos lo han logrado, hacer avanzar al país, llevarlo hasta el siglo siguiente construyendo un Estado moderno, despersonalizado. El de Chávez busca todo lo contrario, volver a personalizar el poder; hacer que el país sienta que quien manda no es el Presidente de la República, sino el comandante Hugo Chávez Frías.

En tales condiciones no es exageración decir que el de Chávez es el gobierno más reaccionario que haya tenido Venezuela en toda su historia".

5• ¿Qué tan bolivariano fue Chávez?

El culto a Bolívar es algo que se vive y respira en toda Venezuela. Está implantado como uno de los valores más esenciales de los venezolanos. Por ello no es de extrañar que sus gobiernos reclinen su legitimidad sobre el eje o columna vertebral de su identidad como nación que es Bolívar. Así lo estima Germán Carrera Damas (El culto a Bolívar, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia 1987 y Caracas, 5a, edición 2003). Para él las líneas fundamentales que sustentan en Venezuela dicho culto son: -1) convertirlo en factor de unidad nacional, con su principio del orden; -2) convertirlo en fuente de inspiración política; -3) convertirlo en factor de superación nacional, como religión de la perfección moral y cívica del pueblo. Ello explica por qué gobernantes como Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez, López Contreras y más recientemente Chávez Frías hayan reforzado su culto. En el régimen de Chávez la ideología bolivariana adquirió un triple énfasis:- programático: lo que Bolívar habría hecho en circunstancias similares; - ético: la defensa de los valores esenciales de la patria; - y simbólico: ser fieles a Bolívar en el tiempo actual es ser fieles a la revolución y a su personificación directa, el presidente Chávez.

Esta función inesperada del Libertador ha permitido llenar un vacío ideológico, programático e intelectual, que ha existido en el movimiento, así como prescindir de definiciones y precisiones que requiere toda revolución en marcha. Ese gran intelectual y escritor que fue Simón Alberto Consalvi, alcanzó a dejar una página en la que denuncia con su incomparable estilo el hecho de que “en la República Bolivariana de Venezuela, Bolívar marcha con boina roja y su retrato se apareja con la efigie del Che Guevara”.

Venezuela cuenta con muchos y excelentes conocedore de Bolívar y de su pensamiento, quienes tendrán que asumir la misión de aclarar para la opinión pública el auténtico ideario de Bolívar y de su democracia liberal republicana y contrastar con él las apropiaciones hechas por el bolivarianismo chavista.

Me limito a asumir -por lo sensata y bien fundamentada- la conclusión de un excelente y reciente estudio en Colombia de José Félix Restrepo Vélez (Bolívar y la democracia liberal republicana, Manizales, Fundema 1992, pp. 308-309):

"No compartimos el sentir de quienes asimilan su autoridad y papel de caudillo con un cesarismo democrático, o un bonapartismo ambicioso, o una tendencia monarquista y autocrática, o un anticipo de las dictaduras totalitarias modernas, o un preludio del fascismo; estas exageradas interpretaciones parten de una consideración unilateral e insuficiente sobre la naturaleza del Ejecutivo Bolivariano, con un exceso de simplismo reduccionista que atiende más a la forma externa que al contenido de los principios de las instituciones bolivarianas".

 

III. Errores garrafales de Chávez

El socialismo del siglo XX que prohijó el comandante Chávez se construyó sobre tres presupuestos que resultaron falsos e inviables para la patria de Bolívar. "Patria, socialismo o muerte" fue su lema y resulta hoy una especie de lápida en orden inverso. "Muerte y ni Socialismo ni Patria.

1° El creerse imperecedero

Los dictadores y grandes personajes también mueren.
La historia de casi todos los pueblos está salpicada por líderes de mucha fama. Especialmente en épocas de crisis, surgen conductores carismáticos que ejercen fascinación sobre las masas, jefes que hábilmente logran el poder y se empalagan con él. Pisístrato en Grecia, Julio César en Roma, Cola di Rienzo en Italia, Cromwell en Inglaterra, Robespierre y Napoleón en Francia. Menos lejanos Franco en España, Salazar en Portugal, Stroessner en Paraguay, Perón en Argentina, Duvalier en Haití, Trujillo en República Dominicana, Somoza en Nicaragua, Marcos en Filipinas, Idí Amín en Uganda, Ceausescu en Rumania, Noriega en Panamá, Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia. Sin hablar de los grandes dictadores totalitarios (fenómeno mucho más grave puesto que parecían hechos para sobrevivir por sustentarse en un partido único, ideológico y de masas), como fueron Hitler, Mussolini, Stalin, Mao Zedung, Pol Pot, Kim Il Sung, Saddam Hussein, y Milosevic tras sus 12 años de crímenes en Serbia. Todos han pasado, mientras le llega su turno al último de los "inoxidables"o“inmortales”, Fidel Castro. Como dice la sabiduría popular: “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista". Máxima aplicable no solo a individuos mortales sino también al tejido social de los pueblos. La diferencia está en que hace unos lustros, los pueblos aguantaban hasta 40 años, antes de sacudirse una dictadura. Después "guapeteaban" hasta 30 años. Pero, en este comienzo de siglo, ya no resisten mucho más de 15 años.

Chávez en 14 años había llegado a la cúspide del poder con una bien introyectada figura de Mesías (dispensador de bienes, invencible, duradero) quien confiado en su buena estrella juraba como su inspirador y modelo Simón Bolívar que "si la Naturaleza se opone pasaremos por encima de ella" olvidando que su inmortal modelo había fallecido en Santa Marta de enfermedad incurable hacía 180 años. Todo estaba en sus manos y nada predecía lo contrario. Su control desde el Ejecutivo de los otros cuatro poderes del Estado venezolano (Legislativo, Judicial, Electoral, Defensoría del Pueblo) le permitía asegurarse su permanencia por reelecciones indefinidas hasta otros 30 años y no le pasó por su cabeza el que el Destino o la Naturaleza pudiese truncarle inopinadamente todos sus sueños y aspiraciones. Vivió una falsa seguridad hasta que un "pedrusco, sin que se sepa la mano que lo lanzó" lo derrumbó sin remedio. Así lo prefigura el libro sagrado Apocalipsis de Daniel escrito en el siglo II antes de Cristo (capítulo 2, versos 31-37) utilizando el símbolo de la estatua del emperador Nabucodonosor.

Un joven pero sabio profeta interpreta al poderoso señor de Babilonia, un curioso sueño que con razón lo atormentaba: “Tú veías una enorme estatua, de extraordinario brillo y aspecto terrible, que se levantaba delante de tí. La cabeza de esta estatua era de oro, el pecho y los brazos de plata, las caderas y el vientre de bronce, las piernas de hierro, los pies parte de hierro y parte de loza de cerámica. Tú estabas mirando la estatua cuando de repente una piedra se desprendió, sin haber sido lanzada por ninguna mano, y vino a chocar contra los pies de hierro y loza de la estatua, haciéndola pedazos”. Desde esa lejana época, la famosa estatua ha simbolizado los grandes poderes terrenos y personajes autoritarios aparentemente invencibles, pero que reposan sobre una base deleznable, que puede ser golpeada repentinamente por un simple pedrusco (sin que se sepa la mano que lo lanzó) y que lo hace colapsar.

2° Inviabilidad del modelo socialista adoptado

Generalmente, cuando se pondera al socialismo, se está hablando de un ideal utópico de una posible sociedad en la que existan perfecta igualdad y justicia para todos los ciudadanos, sin que haya privilegiados por su nacimiento, su dinero o su clase social. Son los valores del socialismo en referencia a una sociedad tal y como debería ser, y que todos anhelamos sinceramente. Estos valores socialistas -como dijo Pio XI- se aproximan mucho a los postulados sociales del cristianismo y ninguna persona sensata debería oponerse a ellos, sino más bien desearlos. Pero esos valores no funcionan sino dentro de un sistema, como intento concreto de encarnarlos. Un sistema socialista implica racionalización y modernización del Estado. Implica que el Estado favorezca la propiedad colectiva o social, es decir, que sirva al bien de todos y no solamente al de unos pocos privilegiados. Y exige un tipo de organizacón socioeconómica del país, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, si no de todos por lo menos de los más importantes.

Y de aquí se deriva el que el socialismo tenga en la realidad un rostro múltiple. Son muy diferentes y aun contradictorias las varias experiencias de organización que en el mundo se cobijan bajo el mismo rótulo de "socialistas". Hay socialismos moderados que solo buscan una "organización racional" de la sociedad, haciendo que la propiedad sea social, es decir, que no pertenezca únicamente a un grupo de individuos o familias sino a toda la sociedad. Y hay socialismos extremos cuya base es la "colectivización total" de los medios de producción (tierra, industria, banca, comercio, transporte, medios de comunicación, etc.).

Hay socialismos democráticos que garantizan la libertad de las personas y los grupos, facilitan el debate público y permiten la activa participación política de los ciudadanos en el manejo de la cosa pública. Y hay socialismos totalitarios que aplastan derechos fundamentales del hombre, que no permiten elecciones populares ni discusión de los asuntos públicos, que todo lo imponen dentro de un autoritarismo absoluto.

En forma gráfica, combinando dos coordenadas o factores fundamentales ( como son el factor económico y el factor polìtico), podemos vislumbrar diferentes tipos de socialismo según se combine en ellos la democracia política (pluralismo) o la no–democracia (partido único) con la colectivización parcial o la colectivización total de los medios de producción en manos del Estado.

Encontramos, así, dos propuestas o modelos de socialismo a seguir:
1) El socialismo marxista-leninista, más frecuentemente conocido como comunismo. Fue el socialismo extremo y totalitario de la Unión Soviética y sus satélites del bloque Oriental, lo mismo que el impuesto en China, Mongolia, Corea del Norte, Vietnam, Laos. Cambodia, Cuba, Albania y Yugoeslavia. Es la forma más radical de socialismo. Afirma la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la concentración de casi todo el poder en manos de un partido único y bien organizado, que se supone es la vanguardia de la revolución. El comunismo es dogmático en su intento de acabar con la propiedad privada y nacionalizar todos los medios de producción, como primeros pasos hacia una futura sociedad sin clases. No se puede negar que este tipo de socialismo logra buenas realizaciones en los campos económico y social: industria pesada, empleo para todos, buena cobertura de educación y salud para la población. Pero junto a ello, se han evidenciado inocultables fallas. Desde el punto de vista económico, estos sistemas colectivistas forzados tienen permanentes fracasos en la agricultura, el artesanado, la pequeña y mediana industria, el comercio y la vivienda. Desde el punto de vista político, estos sistemas constituyen un poder absoluto de dominación, controlado por el partido y con un aparato tremendo de represión policial. No hay libertad de asociación, de expresión, de desplazamiento. El disentir de la línea impuesta por el partido se paga con trabajos forzados, con prisiones o clínicas psiquiátricas. La existencia de archipiélagos Gulag no es un accidente sino el modo propio de estos socialismos burocráticos y autoritarios. Uno de los nuevos filósofos de izquierda francesa ha dicho recientemente: "Entre la barbarie del capitalismo, que se censura a sí mismo en todo momento, y la barbarie del socialismo, que nunca se censura, me decido por el capitalismo" ( B-H. Lévy). Desde el punto de vista religioso, estos sistemas trataron de imponer el ateísmo desde el gobierno y recortar al máximo las libertades religiosas, de modo que apenas les quedara aire para respirar a la Iglesia y a las demás confesiones religiosas.

Hubo algunos intentos fallidos de limarle las aristas a este socialismo totalitario, para darle un rostro humano y permitirles a los ciudadanos cierto juego de libertad y participación política. Tal el intento de la llamada "Primavera de Praga", aplastada por los tanques soviéticos en agosto de 1968. Tal el intento de la llamada "autogestión" obrera de los medios de producción de Yugoeslavia. Tal el intento parlamentario de Allende de implantar en Chile un socialismo típico, sin partido único, sin dictadura del proletariado y garantizando la propiedad privada de bastantes empresas. Intento que tuvo un final abrupto con Pinochet en septiembre de 1973. Han sido más exitosos los intentos de los obreros del sindicato Solidaridad en la actual Polonia y los de antiguos países comunistas tras profundas reformas constitucionales adoptadas en 1990 por Hungría, Checo- Eslovaquia, Alemania Oriental, Bulgaria.

Todo esto hace pensar que no es fácil instaurar un socialismo de rostro humano mientras se mantenga un apego total a la ortodoxia comunista. "Así como los errores que detectó Copérnico llevaron a cambiar el sistema estelar tal como lo había trazado Ptolomeo, así los errores grandes del sistema socialista marxista-leninista imponen una revisión dolorosa del mismo sistema", ha reconocido con sinceridad el que fuera marxista francés, Roger Garaudy.

2) La social democracia es una forma más liberal de socialismo. Este tipo de socialismo moderado y democrático, solo o en coaliciones, controló buenos gobiernos de Alemania Occidental, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Noruega, Holanda, Senegal y ciertos períodos de Francia. En Suecia dominó durante 44 años. Este tipo de sistema socialista rechaza, desde Bad Godesberg (1959), los dogmas del marxismo-leninismo. Su propósito es integrar las ventajas del socialismo con las de la democracia. Admite el pluralismo democrático. Rechaza el Estado omnipotente y la dictadura del proletariado. Renuncia a la colectivización a la fuerza y acepta un sistema mixto en el cual también hay propiedad privada de algunos medios de producción. No hay un partido único sino que se admiten otros partidos autónomos. Admite que en unas elecciones populares se pueda llegar a perder el poder, como ocurrió en Suecia en 1976, después de tener 44 años el gobierno, y como ocurrió en España tras el gobierno socialista moderado de Felipe González. Estos socialismos democráticos del mundo libre presentan sus ventajas. Han logrado buen desarrollo económico, con respeto de las libertades fundamentales. Hay justicia social y a la vez libre juego democrático. Hay una economía socializada (que sirve al interés general y no a los intereses de unos pocos), pero con rostro humano (economía que no aplasta a los individuos).

Sin embargo, no puede olvidarse que en todo sistema socialista se corre el riesgo de un agigantamiento exagerado del poder central, que fácilmente se vuelve un pulpo devorador de personas y de grupos intermedios. Dice con razón el líder socialista de India, Asoka Mehta, que "el socialismo es una atractiva meta, pero la concentración de poder es tan peligrosa como la concentración de capital". Tampoco puede olvidarse el peligro de agigantamiento de la burocracia oficial, con malgasto de los dineros públicos e ineficiencia administrativa. En general, el Estado es mal administrador. Los sectores socializados y oficiales suelen recargarse de burocracia y funcionar negligentemente.
Es hora de preguntarme con muchos otros venezolanos de todas la clases sociales: ¿qué llevó a Chávez a embarcarse con tanto empecinamiento y rigidez ideológica a imponer para Venezuela un modelo económico-político comunista prestado de Cuba y rotundamente fracasado en países donde se lo aplicó? Un error garrafal cuya admisión requiere una pronta y radical respuesta de quienes pretenden proseguirlo y cuya debida corrección exigirá tal vez toda una nueva generación.

3° Eludir una mayor y mejor democracia

Los errores no vienen solos. A un gravísimo error socio-económico se añade otro de tipo político con múltiples y perniciosos efectos . En el fondo es un error conceptual y conductual sobre lo que es "pueblo", cuya soberanía fundamenta las instituciones políticas de una democracia moderna y pone las pautas de una correcta gobernanza de los gobernados.
La democracia hoy se recomienda como la <forma de vida> más acorde con la naturaleza libre, igualitaria y social del ser humano. La democracia ha sido sucesivamente comprendida -y aplicada- como un instrumento de la libertad, como un instrumento de la justicia y como factor de bienestar. Son tres momentos diversos que no se excluyen entre sí. Pudiéramos más bien decir hoy que el proceso democrático debe ser continuo y acumulativo y no por saltos.

G. Burdeau afirma: " Lo verdadero es que si, en un primer tiempo, la democracia fue sin duda una búsqueda de la libertad, los hombres la han entendido a continuación como que es la libertad más la justicia, y, finalmente, como la libertad más la justicia más el bienestar" (Traité de Science Politique,Paris, Pichon-Durand, tome V, p. 574).
Como <forma de gobierno> cada año son más los países de las Naciones Unidas que adoptan instituciones modernas de una democracia que garantice la libertad, permita la concurrencia política pacífica y favorezca la participación de los ciudadanos en su conducción con un buen nivel de desarrollo.

Recogiendo, en síntesis, los elementos que hoy se vinculan más con la idea de una verdadera democracia política, encontramos que pueden reducirse a los mismos cinco que conforman un Estado Social de Derecho. No puede faltar ninguno de ellos:
a) Imperio de la Constitución: como la expresión de la voluntad general, popular. Exige, de ordinario, un cuerpo representativo de la nación.
b) División de los Poderes públicos : la separación y relativa autonomía de las ramas del Poder (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral) es garantía contra el posible arbitrio del gobernante o gobernantes.
c) Legalidad y legitimidad de la administración central (o gobierno): exige que actúe dentro de la Ley, que sea expresión de la voluntad popular.
d) Garantía de los derechos y libertades fundamentales de las personas: respeto de las libertades fundamentales y del libre juego de la iniciativa individual.
e) Elecciones periódicas confiables, como expresión legítima de la voluntad popular mayoritaria.

“Pueblo” –en su sentido jurídico -el que se aplica desde laRevolución Francesa (1789) en todas las Constituciones del mundo– son todos los ciudadanos de un Estado, cualquiera que sea el lugar donde se encuentren. Constituyen pueblo los que están sujetos a la potestad del Estado, ligados por el vínculo de la ciudadanía, vivan o no en suterritorio. “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el poder público” (Constitución vigente de Venezuela 1998, art. 5).

Una buena y autorizada definición técnica de pueblo la da Maritain cuando dice que es “la multitud de personas que, unidas bajo leyes justas, por la mutua amistad y por el bien común de sus humanas existencias, constituyen una sociedad política o un cuerpo político” (Jacques Maritain, El hombre y el Estado, Buenos Aires Kraft 1952, p. 40).

La visión de Chávez no fue constituir a los ciudadanos venezolanos como sujeto social de una ‘revolución’, sino como masa de apoyo al régimen. El pueblo se convirtió en un vacío rellenable según la coyuntura y necesidades políticas del proceso, a juicio del líder (Hago esta y otras reflexiones inspirado en varios lugares dispersos de la obra del analista Carlos Blanco, Revolución y desilusión, Caracas, Catarata 2002). "El régimen construyó un “pueblo” a la medida de sus requerimientos de apoyo, que inicialmente eran los de destruir el viejo sistema ‘corrupto’ y dejar obsoletas sus instituciones ‘oligarcas’. Ese mismo ‘pueblo’ sirvió (inspirado en Robespierre y la Asamblea unicameral del Pueblo en la Revolución Francesa) para elaborar la nueva Constitución “revolucionaria y bolivariana”. Las victorias de Chávez han sido sólo unos resultados electorales montados sobre unas masas empobrecidas que siguen a un líder que todavía cuenta con dinero para repartir. Estas masas no se han constituido en nada parecido a un ejército revolucionario, ni a un proletariado combatiente, ni a un campesinado adoctrinado y armado. Han sido pacíficos electores, radicalmente descontentos con el orden político previo, y que todavía sueñan con las promesas de un nuevo orden más justo, honesto y capaz de distribuir bien la riqueza. Estos electores son fuente de fuerza y legitimidad política en el marco de parte de la democracia todavía existente, pero no fuera de ella como una fuerza revolucionaria, comprometida con los designios de una ruptura radical y organizada para llevarlos a efecto".

"La <revolución> tal vez existe en la mente y en el discurso del caudillo, pero es inviable así. El pueblo revolucionario no existe. Existen los ciudadanos que sólo siguen quedando como multitud desorganizada y dispersa. El poder del pueblo (en quien se supone reside intrasferiblemente la soberanía) ha sido utilizado para los ritos aclamatorios electorales y ha venido siendo succionado en realidad por un único y extremadamente denso centro de dominio: el del comandante Chávez, quien se ha convertido en el <agujero negro> de la política venezolana. Esto no es una verdadera revolución popular (es decir del pueblo) en ninguna época de la historia y en ningún país del mundo" ( Blanco).

Chávez y los líderes que lo acompañaron, se propusieron una revolución imposible; ya que no había condiciones históricas para planteársela, pues no era Cuba. Chavez intentó el salto desde el subdesarrollo petrolero al socialismo y terminó chapoteando sin proyecto real entre varias aguas, destruyendo lo que había y sin poder construir nada alternativo. Su propuesta ni era socialismo, ni bolivarianismo, ni democracia avanzada, ni tercera vía, sino un intento de derribar a los viejos agentes del sistema político anterior, sin tener a los nuevos bien formados y capacitados.

De la proclamada ‘revolución’ no va quedando sino una amarga ‘desilusión’ o quizás menos, una ‘involución’, es decir una marcha atrás de muchos años, una caída impulsada por la ley de la ‘entropía’ que afecta todos los fenómenos de nuestro universo y va llevando a Venezuela hacia la disgregación, a niveles de menor desarrollo y menos modernidad.

La concepción original de Lenin del Partido comunista (¿Was tun? 1902) como partido de "revolucionarios profesionales" (bien escogidos, bien formados, bien entrenados, bien organizados) resultó efectiva para la toma del poder en varios países y luego su manejo desde el gobierno. Pero desde el comienzo hubo oportunas y serias advertencias sobre el centralismo y fetichismo burocrático a que podía llevar (Axelrod y Rosa Luxemburg) y en 1904 Trotsky escribía proféticamente en un folleto publicado en Ginebra: "En la política interior del Partido estos métodos conducen a que su misma organización lo sustituya, a que el comité central sustituya a la organización del Partido , y a que finalmente, un dictador susituya al comité central del partido". La historia posterior de 50 años de países comunistas ha confirmado lo que podemos llamar la "maléfica cadena política de sustituciones": a) el neme negro del multitudinario pueblo es sustituido por un Partido elitista, b) el Partido es sustituido por un esclarecido Comité Central y c) finalmente el Comité Central es sustituido por el Dictador, iluminado, todopoderoso y vitalicio. La pesadilla ocurrida en la era de Stalin en la URSS hasta su muerte en 1951 está bien narrada en el libro del comunista yugoeslavo Milovan Djilas La nueva clase, sus atrocidades en El Archipiélago de Gulag de Solzhenitzin, premio Nobel y su gigantesco "culto a la personalidad" denunciado por su sucesor Nikita Kruschev ante el pleno del 200 Congreso Comunista de la Unión Soviética.

Chávez creyó equivocadamente que podía repetir como gobernante la exagerada afirmación del último monarca francés Luis XIV "L'Etat c'est moi" (el Estado soy yo) y también poner su carismática personalidad sobre la del partido y todo el conglomerado venezolano: "el Pueblo soy yo", "la Patria soy yo". E insisten todavía sus esbirros y herederos políticos en perpetuar tal aberración. Grandes pasos, pero fuera del camino.

Error contumaz. Sin entrar en más detalles acá, los medios de comunicación en Venezuela - a pesar de la hegemonía oficialista y con muchas limitaciones así como los analistas independientes- han acumulado suficientes indicadores para emitir un juicio general de que al presidente Chávez en sus 14 años de gobierno le faltó auténtica voluntad democrática y le sobró toda clase de argucias y manejos para incumplir las salvaguardias de una genuina democracia política consagradas en su Constitución de 1992, refrendada por el pueblo venezolano.

• No respetó la división y autonomía de los otros poderes públicos. Los politizó y controló desde su agigantado poder ejecutivo presidencial (la Asamblea Nacional de diputados, único organismo parlamentario porque no hay senadores como instancia superior/ Consejo Nacional Electoral de bolsillo y que debería estar por Constitución conformado por miembros no partidistas e independientes del régimen/ toda la rama judicial a su servicio en sus varios niveles, así como los del llamado Poder Popular).
• Apretó el torniquete de la centralización, desconociendo la descentralización que fue uno de los proyectos más elaborados y consistentes de la COPRE en la década anterior y de positivo efecto para el futuro.
• Aumentó el endeudamiento del país a pesar de los ingentes ingresos petroleros hipotecando el futuro y firmó delicados acuerdos internacionales sin pasar por el conocimiento y aprobación del Legislativo.
• Consagró en la práctica un militarismo de nuevo cuño secuestrando a los militares para el partido de gobierno en contravía del texto explícito y del espíritu del art. 328 de la Constitución vigente.
• Favoreció un Inaudito aumento de la burocracia oficial creando puestos para todo problema, con excesivos ministerios y viceministros sin necesidad.
• Ordenó expropiaciones arbitrarias de industrias, fincas y empresas privadas que espantaron las inversiones y explican parte de la escasez actual de producción nacional de alimentos, manufacturas y bienes exportables.
• Acosó y cerró medios de comunicación no gubernamentales y cauces de libres expresiones políticas. Y la lista se queda corta..

En síntesis:
"El líder, que ha dicho que no es nada, sino apenas un pálpito del pueblo, una brizna llevada y traída por fuerzas que no maneja, termina concibiéndose como el todo, el eje, el líder insustituible, porque al fin y al cabo, es el pueblo transubstanciado [..] Al final, lo que quedó de la revolución del juego de espejos es Chávez. Él es el pueblo"(Carlos Blanco,op. cit, p. 372).

 

IV. EL HARAQUIRI DEL CHAVISMO

Haraquiri: es "la forma de suicidio ritual practicado en Japón por razones de honor o por orden superior, consistente en abrirse el vientre con una daga"(así lo define el Diccionario Esencial de la Lengua Española). Era una práctica común entre los samurais que consideraban que de este modo seguían en la muerte al irremplazable amo o redimían alguna grave deshonra propia. Fue oficialmente prohibido en Japón en 1873, pero su práctica no desapareció del todo. Uno de los más recientes y sonados casos fue el del famoso escritor Yukio Mishima quien se lo practicó en un acto semipúblico como protesta por la miseria moral y la degradación que suponía haber abandonado antiguas virtudes japonesas y haber adoptado los vicios de un desenfrenado capitalismo salvaje a lo occidental.

Chavismo: lo asumo como la ideología política del comandante Hugo Chávez Frías que un grupo de sus seguidores pretende seguir aplicando en Venezuela. Consiste en un conjunto de 'ideas' denominadas 'socialistas' y una 'praxis' de mesianismo autoritario, populismo consumista y fuerte apalancamiento mediático (Sobre qué es ideología política, sus componentes, funciones, utilidades y cómo se origina, remito al capítulo 7 de mi manual El saber del poder.Introducción a la política, reciente 9a. edición 2014).

Los varios elementos de reflexión que sumariamente recogí en los tres apartes anteriores (racimo ideológico de Chávez, caracterización política, errores garrafales) permiten justificar la prospectiva de que Venezuela "está al límite" con un sentimiento amargo, doloroso, pesimista muy generalizado entre los venezolanos, que llega casi a convertirse en histeria colectiva.

Moisés Naím - en su bien informado y autorizado programa, al día siguiente de la noticia de la muerte de Chávez divulgada por el Vicepresidente encargado, Sr. Maduro- produjo un autorizado comentario internacional que destaca -en resumen- aspectos sobresalientes del desempeño por 14 años del presidente Chávez ("Lo bueno, lo malo y lo feo" El País, 7 marzo 2013). Concluye " Tras 14 años en el poder, Chávez no ha dejado el país con una democracia más fuerte ni una economía más próspera [..] La peor consecuencia: que no dejó un país mejor que el que recibió. Chávez merece que se le recuerde como una oportunidad perdida [..] El pueblo venezolano dio a Chávez un cheque político en blanco y, gracias al boom prolongado de los precios del petróleo, contó también con un cheque económico en blanco. Pocos jefes de Estado han podido aunar el enorme apoyo popular y los inmensos recursos económicos de los que disfrutó Chávez durante 14 años. Su control absoluto de todas las palancas del poder le permitió hacer lo que quería [..] lo hizo. Y mucho más. Lo que no hizo fue dejar el país en mejor situación que cuando llegó a la presidencia. Hugo Chávez merece que se le recuerde como una oportunidad perdida".

La nueva apabullante "crisis" por la que atravesamos exige para su superación:
1) un "cambio radical" frente a lo anterior y 2) un "nuevo liderazgo"redentor. Es decir, una <revolución en la revolución>. Los 14 años pasados fueron aparentemente exitosos para la persona del Comandante Chávez, pero realmente calamitosos para su país. Venezuela requiere revolución en la mente y revolución en el liderazgo del país.

1. Revolución en la mente

Afortunadamente en la década de los 80, no cuajó la trágica admonición que el novelista inglés George Orwell había hecho en su obra titulada 1984, en la que predecía que para dicho año el “Big Brother” habría implantado un dominio totalitario y deshumanizante en todo el globo. Ocurrió todo lo contrario. El totalitarismo comunista y ateo, que parecía inexpugnable desde dentro (dado su control total de la sociedad) e imbatible desde fuera (dado su poderío militar y nuclear), comenzó a tambalear desde 1985 y se derrumbó estrepitosamente en el 89.

La gigantesca estatua de Stalin, que presidió por años la plaza central de Tirania, capital de Albania, uno de los países más estridentemente comunistas, se parecía mucho a la famosa estatua avasalladora de Nabucodonosor, que nos describe el capítulo 3 del libro del Apocalipsis de Daniel y que se desmoronó al ser golpeado su pie de barro por un simple pedrusco desgajado de lo alto, sin saber la mano que lo lanzó.

Huracanes de libertad comenzaron a recorrer desde 1989 los países comunistas que giraban alrededor del sistema político soviético. Y se inició una "revolución de la mente" , como la llamó Mijail Gorbachov hablando con Juan Pablo II el 1º diciembre de 1990 en el Vaticano. Dicha revolución de la mente produjo en el mundo comunista acontecimientos socio-políticos en velocidad progresivamente creciente. En 10 años, en Polonia, el sindicato Solidaridad acabó remplazando el régimen comunista. En 10 meses, en Hungría, el Partido Comunista cambió su nombre y sus símbolos y adoptó los de un partido socialista democrático. En 10 semanas, en Alemania, se tumbó el muro de Berlin, se abrió la puerta de Brandeburgo y pudieron circular libremente los ciudadanos de ambas Alemanias, cambiando el régimen. En sólo 10 días, en la antigua Checoeslovaquia, volvió a florecer la “Primavera de Praga”, que había sido aplastada en 1968 por los tanques soviéticos. Y en 10 horas, en Rumania, fue fusilado expeditamente el déspota Ceaucescu, bien asentado por años sobre la fuerza de su represiva Securitate...

2. Revolución en el liderazgo

A pesar del descrédito de los líderes, todavía hoy uno se inclina a dar razón a la tesis de Carlyle acerca de los “hombres providenciales”, esos personajes quue cambian el destino y la historia de los pueblos a grandes trechos. Aunque no podemos olvidar que esos conductores son tales precisamente porque ellos saben captar, interpretar la voluntad popular y conducir los grandes cambios que las masas intuyen y quieren. Los auténticos líderes (como en una especie de surfing político) cabalgan sobre la cresta de las grandes olas, a veces embravecidas, de las masas populares (el bravo pueblo venezolano). Y ahí radica su genuino liderazgo. “Lider es aquel que sabe llevar a su pueblo de donde está a donde debe estar”, sentenció acertadamente Henry Kissinger, quien fuera experimentado Secretario de Estado de Nixon. Pero mejor lo define y más complexivamente (porque hay líderes para el mal como para el bien, destructores y constructores) el pensador-escritor venezolano Francisco Herrera Luque (Bolívar de carne y hueso y otros ensayos, Caracas Ateneo, pp. 57-58, 69-70): "Los individuos egregios, llámense líderes, profetas o gobernantes, pueden al igual que enzimas, acelerar, congelar o degradar los procesos sociales". Ello requiere en el lider una gran visión, un gran coraje y una rarísima habilidad política. La reciente historia de Rusia (de nuevo entre los países que pesan en las actuales decisiones mundiales) a partir de lo que fue la extinta URSS (Unión Ruso Socialista Soviética) está signada por un gran líder y gobernante tanto en estilo, personalidad e ideas como fue Mijail Gorbachov.

Nacido en 1931, en la feraz Stavropol, al sur de la URSS, representó un total relevo generacional, si se tiene en cuenta la gerontocracia que venía gobernando la URSS (Chernenko, Andropov, Brehznev). Era muy posterior a la revolución bolchevique de 1917 y apenas un adolescente en la Segunda Guerra Mundial. El mismo se retrató en su libro Perestroika (cito la edición de Bogotá, Oveja Negra 1987), cuando consigna: “Por primera vez, en tantos años, podemos ver en el Partido y en los líderes del gobierno, gente con rostros humanos en lugar de esfinges con rostros de piedra. Eso solo es un gran logro” (p.66). Su estilo personal fue franco, directo, amigo de decir la verdad. Así lo recomienda en su libro: “A nuestro pueblo no le gusta que lo engatusen. Ellos deben saber la verdad. Uno no debe temer a su propio pueblo. La franqueza es un atributo del socialismo”(p. 52). Fue el primer lider que utilizó la TV como arma política, mostrando dotes de gran comunicador y que sabía manejar el efectismo teatral para obtener seguidores. Gorbachov entendió la política como lo que es: el arte de lo posible. Y así la practicó tanto a nivel nacional como internacional.

Entre 1985 - cuando llega a Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética- y 1991 -cuando es defenestrado políticamente por Yeltsin- Mijail Gorbachov desmontó el marxismo ortodoxo de la Unión Soviética e intentó llevarla progresiva y gradualmente hacia formas políticas democráticas y hacia formas económicas de mayor productividad, con elementos capitalistas. A Gorbachov lo animó una nueva visión del socialismo y de las relaciones internacionales, algo que se había echado de menos en sus vetustos y apergaminados antecesores. Mostró un tesón y una voluntad de acero en ir adelante a pesar de las dificultades y de la pesadez de esa mole soviética que había que mover y poner a funcionar mejor. Se reveló maestro del ajedrez político en estrategias y tácticas. Y así lo recomienda en su libro ya citado: “No jugar al revolucionarismo, no arrebatarse, no agitarse” (p. 54).

No puede negarse que Gorbachov mostró en 6 años cualidades excepcionales de líder, como estadista, político, transaccionista y comunicador. Con habilidad política, Gorbachov se ubicó en el centro del espectro político soviético de su momento. Los comentaristas de su época relievan el sentido del momento y de la oportunidad, que tenía. Sabía exquisitamente cuándo empujar y cuándo retroceder. Bien lo caracterizó Andrei Gromiko (por muchísimos años Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS) y quien bien conocía la Nomenklatura soviética: “Es alguien que tiene una mordedura de hierro tras una amable sonrisa”.

A Gorbachov se le deben muchas cosas positivas. A nivel planetario, lo más importante, fue el deshielo y desmonte de la terrible guerra fría casada con EUA y en que vivió nuestro mundo 40 años, con peligro de una hecatombe nuclear. Propició una oxigenación informativa con transparencia (glasnot) de ese mundo mentiroso y farsante que suele ser el comunismo y propició una reestructuración genuinamente democrática (perestroika) de la URSS. Se mostró propicio a construir con sus vecinos “la gran casa común europea”. Entabló relaciones con el mundo creyente ortodoxo y relación amistosa con la Iglesia Católica, después de 70 años de hostilidad (fue diciente su visita al Papa Juan Pablo II el 1º diciembre de 1990). Sin Gorbachov al mando del Kremlin no hubieran podido darse tantos cambios como se dieron por entonces.

liderazgo que se puede intentar tras las huellas de dicho ejemplo con un nuevo liderazgo que se hará presente en la actual difícil coyuntura de encrucijada a que se enfrenta Venezuela.

El poder absoluto y personalizado -“poder carismático” lo llama Max Weber en su autorizada obra Economía y Sociedad- fue la piedra angular del proyecto político que soñó y que trató de construir el comandante Chávez. Su proceso de calculado ascenso e inesperado deceso final siguió una trayectoria bien prevista por dicho autor. “Si la confirmación del poder carismático tarda en llegar, si aquel que posee la gracia carismática parece abandonado de su dios, de su poder mágico o de su poder heroico, si el éxito es negado por largo tiempo, si, sobre todo, su gobierno no aporta ninguna prosperidad a los que él domina, entonces su autoridad carismática se halla en peligro de desaparecer”. Y fue lo que ocurrió inevitablemente. A pesar de su salud, alianzas, tantos años de poder y recursos sin límites que tuvo en sus manos y con los que pudo haber aliviado la pobreza de muchos y mejorado oportunamente sin discriminación, el nivel de vida de todos sus compatriotas (adictos suyos y no-adictos) dejando en su generosidad algunas migajas para beneficiar otros países. "Lo que pudo haber sido y no fue!".

Queda en el país el eco de la queja tardía de quienes creían ilusionados que el Jefe todo lo podía y no lo pudo. Ni siquiera evitar su propia muerte. Y todo por culpa de "un simple pedrusco que se desgajó de lo alto sin que se sepa la mano que lo lanzó".

Quedó un gran país a la deriva, con muchos problemas graves por resolver de tipo económico (altísima inflación, escasez general, moneda inmanejable, improductiividad), socio-político (salud, educación, vivienda), ético (corrupción, criminalidad desatada, violencia, anarquía carcelaria) y de carácter político general (falta de credibilidad e ingobenabilidad). La revolución "bonita"quedó a medio camino o se volvió " fea"para una mayoría contable de ciudadanos que piden un "cambio de timón" fuerte y no se contentan con paños tibios ni con un nuevo rostro en Miraflores mientras no se cambie el modelo económico, el modelo de liderazgo aplicado y el modelo ideológico-político que en 14 años ha fracasado rotundamente en Venezuela.

El presidente Chávez no atendió a dejar un Partido -siguiendo las sabias pautas de Lenin-conformado por personas muy selectas, competentes en varios campos, bien entrenadas, conocedores de la doctrina revolucionaria y fieles militantes dentro de un marco fuertemente disciplinado de organización. Ya lo requería así hace casi 11 años Guillermo García Ponce, importante asesor ideológico de Chávez, libre de cualquier sospecha desviacionista. Y no se le prestó atención cuando advertía que la revolución requería de un alicate propio fuerte y no de mercenarios trepadores: "una de las fallas fundamentales de este proceso es que se ha mantenido el fraccionamiento y la dispersión en el seno de las fuerzas de avanzada, lo que ha pemitido una brecha por la cual se han colado trepadores, oportunistas, no identificados políticamente con el proyecto" ( El Nacional 20 enero 2002). Y en la misma línea del pensamiento de Weber habría que añadir que "el carisma no se hereda"y mal podría pensarse que los "poderes carismáticos"del Jefe moribundo pudieran traspasarse intactos y funcionar igual en manos de su obsecuente y fiel "yes-man".

Teodoro Petkoff, buen conocedor del proceso, ha expresado con franqueza y sin tapujos, que no cree que en Venezuela pueda existir un chavismo sin Chávez, "porque el Presidente no tuvo tiempo de hacer algo como lo que hizo Perón en Argentina, donde todo el mundo es peronista de alguna manera u otra. Será muy difícil, porque en el chavismo nadie calza las botas de Chávez" (Conversación en "La Hora de Mario y Leonor". Noticias 24 Radio de Caracas, 21 diciembre 2012).

Conclusión

Petkoff termina su denso y acertado estudio (El chavismo al banquillo, Caracas 2011, pp. 202-203) con las siguientes palabras que no pueden menos de inquietar a quienes desde lo profundo de su corazón aman a su patria y quieren para ella lo mejor:
“El saldo del chavismo es ínfimo y, lo que es más lamentable, destructivo. Aquí no ha habido lo que ha sido denominado ‘destrucción creadora’ sino destrucción por afán simple y llano de destruir, escudándose siempre tras la coartada mentirosamente revolucionaria [..] Si este régimen lograra prolongarse en el tiempo, Venezuela terminará siendo un despojo económico, político, institucional y moral mucho mayor de lo que ya es”.

29-11-13




 

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