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INTRODUCCIÓN
Yugoslavia
como tal ya no existe. Duró de
1954 a 1989. Como una Federación,
la había logrado conformar bajo
su mando el mariscal Tito, unificando
6 repúblicas, 5 grupos étnicos,
4 lenguas, 3 religiones y 2 alfabetos.
Un fenómeno único dentro de ese
secular fraccionamiento de los
Balcanes, el “gran tablero mundial
político” como lo llamó Brzezinski
en famoso libro. El colapso de
la Unión Soviética favoreció el
desmembramiento de Yugoslavia.
Cuando
en mayo 1989 llega de Presidente
Milosevic, de Yugoslavia ya no
quedaban sino Serbia, Montenegro
y las dos provincias de Kosovo
y Vojuodina Pero Milosevic pondría
toda su astucia, su tesón y crueldad
para hacer realidad –a como diera
lugar- el sueño de la “gran Serbia”,
el nuevo sol de los Balcanes alrededor
del cual debería girar el resto
del conglomerado. Es espeluznante
lo que un hombre bien dotado es
capaz de hacer cuando está ávido
de poder y su mente se galvaniza
con una fuerte estructura ideológica.
Fue el caso de Milosevic, muerto
por problemas coronarios en una
cárcel de La Haya y enterrado
en su pueblo natal, Pozaverac,
el pasado 18 de marzo.
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