| Una
creciente internacionalización
La
acción militar de la OTAN contra
Milosevic hay que ubicarla dentro del contexto
actual de una creciente e inevitable internacionalización.
La globalización o mundialización,
que va imponiéndose en nuestro planeta,
primero en la economía y luégo
en los medios de comunicación, va
insinuándose también en el
terreno de la justicia . La Corte Penal
Internacional (creada en Roma en julio 1998);
la nueva jurisprudencia que van sentando
sabiamente los tribunales ingleses en casos
como el de Pinochet; y la alta sensibilidad
internacional que reacciona cada vez más
fuertemente en contra de flagrantes y graves
violaciones de derechos humanos en cualquier
parte del mundo, son hitos de un nuevo Derecho
de Gentes para un mundo más civilizado.
De la Seguridad Colectiva, invocada por
organismos internacionales para legitimar
intervenciones aun armadas en casos concretos,
se está pasando a la Seguridad Selectiva,
que comienza a invocarse para legitimar
acciones colectivas en defensa de los Derechos
Humanos, aceptando “la ficción
legal de que la violación de los
DH causa una amenaza contra la paz internacional”,
como lo afirma Rasalyn Higgins, juez de
la Corte Internacional de Justicia. En este
terreno, el enfoque más realista
es el de Flora Lewis (International Herald
Tribune, 26 de marzo):
“Hay un nuevo consenso (en la
OTAN) sobre que hay que poner límites
a conductas nacionales atroces...con acciones
desestabilizadoras externas”.
Sostiene que la vieja regla de la no intervención
ha quedado obsoleta, aunque reconoce que
la justificación para un nuevo tipo
de intervención (selectiva y no colectiva)
como la de la OTAN en Serbia, carece de
normas aceptadas generalmente. Pero podemos
preguntarnos: ¿No estaremos, por
esta vía, ayudando a inflar el globo
de unos poderes supranacionales y hegemónicos,
que van a terminar devorándonos a
todos ?
Una
guerra inédita
Esta
pugna, con acciones bélicas, de la
Alianza del Atlántico Norte contra
Milosevic en territorio serbio (antigua
Yugoslavia), resulta hoy una modalidad inédita,
desconocida y atípica de hacer la
guerra. Es guerra, pero no declarada por
alguna de las partes. No es guerra de anexión
territorial ni, porahora, de aniquilamiento.
No es la clásica intervención
extranjera en una guerra civil interna de
un país. No es la guerra del Golfo
Pérsico que propició (o al
menos autorizó) la ONU contra Irak
por la invasión que hizo de Kuwait.
Y no proviene de un mandato del Consejo
de Seguridad, con base en el capítulo
VII de la Carta, cuando se da el caso de
“amenaza contra la paz, de ruptura
de la paz y de acto de agresión”.
No es una guerra total sino quirúrgica,
eminentemente tecnológica y sin empleo
(por ahora) de fuerzas terrestres. Es decir,
una guerra “sui generis”, que
puede ser la muestra de las que vendrán
en el siglo XXI, para las cuales la comunidad
internacional y el mismo Derecho Internacional,
no tienen todavía codificaciones
aplicables.
Hay
quienes están llamando -con el presidente
Clinton a esta acción bélica
una intervención “humanitaria”,
por la intención con que la ha asumido
la OTAN de parar la eliminación diabólica
de todo un pueblo (el albano-kosovar) que
viene efectuando esa “Bestia negra”
o “Zorro” o “Angel Exterminador”
de los Balcanes en aras de la Gran Serbia.
Pero, ¿puede una guerra -cualquiera
que sea- llamarse “humanitaria”,
cuando hay inevitablemente cientos de víctimas
y de daños graves que afectan a millares
? Bien ha expresado esa “maestra de
la humanidad” que es la Iglesia Católica,
por medio de su máximo magisterio,
el Concilio Vaticano IIº (Gaudium
et Spes, nº 82) que “debemos
preparar con todas nuestras fuerzas una
época en que, por acuerdo de las
naciones, pueda ser absolutamente prohibida
cualquier guerra”.
Balance
del primer mes de guerra
A
casi un mes de haber iniciado la OTAN los
bombardeos aéreos contra las fuerzas
serbias, la situación dramática
de cerca de 650.000 exiliados de Kosovo
que han huido hacia Albania, Montenegro
y Macedonia, ha llegado a niveles inmanejables.
Y lo que es más grave, Milosevic
sigue impertérrito y sin doblegarse,
contrariando todos los cálculos de
los aliados. Al menos en tres campos estratégicos
no se ve todavía una victoria clara,
y menos todavía pronta, a favor de
la Alianza del Atlántico Norte.
• Coincidiendo con los intensos bombardeos
de la OTAN, Milosevic en su afán
de “limpieza étnica”
ha logrado una expulsión masiva de
albano- kosovares, a un ritmo sorpresivo
de estampida veloz, que con otros métodos
no lo hubiera podido lograr. Estampida provocada
y ayudada cínicamente por el régimen
serbio, que ha facilitado trenes para llevar
desplazados hasta las fronteras. Milosevic
ha modificado en un tiempo record la composición
étnica de la provincia para ratificar
su carácter de territorio serbio.
• La guerrilla kosovar o Ejército
de Liberación Kosovar (ELK) prácticamente
ha quedado fuera del escenario. “Los
rebeldes están liquidados”,
aseguró el alto mando serbio.
• Y el que Milosevic siga con frente
altanera, sin ser abatido por una de las
alianzas militares más vigorosas
de la
historia, no hace sino reforzar su mito
de héroe y salvador de la causa serbia.
Los serbios han luchado contra los turcos
(ante quienes perdieron su independencia
en la batalla de Kosovo en 1389), se enfrentaron
a Stalin en la era de Tito y actualmente
creen que pueden desafiar las iras de la
OTAN.
19 abril 1998 |