Los dictadores también mueren
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Yugoslavia como tal ya no existe. Duró de 1954 a 1989. Como una Federación, la había logrado conformar bajo su mando el mariscal Tito, unificando 6 repúblicas, 5 grupos étnicos, 4 lenguas, 3 religiones y 2 alfabetos. Un fenómeno único dentro de ese secular fraccionamiento de los Balcanes, el "gran tablero mundial político" como lo llamó Brzezinski en famoso libro.

El colapso de la Unión Soviética favoreció el desmembramiento de Yugoslavia. Cuando en mayo 1989 llega de Presidente Milosevic, de Yugoslavia ya no quedaban sino Serbia, Montenegro y las dos provincias de Kosovo y Vojuodina Pero Milosevic pondría toda su astucia, su tesón y crueldad para hacer realidad -a como diera lugar- el sueño de la "gran Serbia", el nuevo sol de los Balcanes alrededor del cual debería girar el resto del conglomerado. Es espeluznante lo que un hombre bien dotado es capaz de hacer cuando está ávido de poder y su mente se galvaniza con una fuerte estructura ideológica. Fue el caso de Milosevic, muerto por problemas coronarios en una cárcel de La Haya y enterrado en su pueblo natal, Pozaverac, el pasado 18 de marzo.

Desfile mortuorio de dictadores

La historia de casi todos los pueblos está salpicada por manchas de dictadores o césares. Especialmente en épocas de crisis, surgen conductores carismáticos, líderes que ejercen fascinación sobre las masas, jefes que hábilmente logran el poder y se empalagan con él. Pisístrato en Grecia, Julio César en Roma, Cola di Rienzo en Italia, Cromwell en Inglaterra, Robespierre y Napoleón en Francia. Más recientemente Franco en España, Salazar en Portugal, Stroessner en Paraguay, Perón en Argentina, Duvalier en Haití, Trujillo en República Dominicana, Somoza en Nicaragua, Marcos en Filipinas, Idí Amín en Uganda, Ceausescu en Rumania, Noriega en Panamá, Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Fujimori en Perú.
 

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Sin hablar de los grandes dictadores totalitarios (fenómeno mucho más grave por sustentarse en un partido único, ideológico y de masas), como fueron Hitler, Mussolini, Stalin, Mao Zedung, Pol Pot, Kim Il Sung, Saddam Hussein, y Milosevic ahora, mientras le llega su turno al último de los “inmortales”, Fidel Castro. Como dice la sabiduría popular: “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. Principio aplicable también al tejido social de los pueblos. La diferencia está en que hace unos lustros, los pueblos aguantaban hasta 40 años, antes de sacudirse una dictadura. Después "guapeteaban" hasta 20 años. Pero, en este comienzo de siglo, ya no aguantan más allá de 10 años.

Un ángel exterminador por 12 años

• Slobodan MILOSEVIC fue el hombre fuerte serbio. Hoy pudiéramos llamarlo el Angel Exterminador. Angel porque lo invadió una conciencia de superioridad y un sentido de "pureza" étnica que no toleraba que pudieran llegar otros a igualar a los serbios -ya fueran los croatas, los bosnios, los albaneses, los judíos, los católicos o los musulmanes. Y Exterminador porque primero la emprendió en 1989 contra los albaneses. Luégo en 1991 desencadenó una feroz guerra civil en la antigua Yugoslavia para impedir los justos anhelos separatistas de las repúblicas de Eslovenia y Croacia. En 1995 trató de someter a la fuerza a los musulmanes de Bosnia-Herzegovina; y en 1998 intentó "limpiar" étnicamente la provincia de Kosovo, bombardeando las poblaciones de los albaneses, para que los serbios quedaran como señores, siendo éstos apenas una minoría. Acción que tuvo que ser parada -en buena hora- por la intervención armada, durante la Semana Santa de 1999, por parte de Estados Unidos y 16 países de Europa (OTAN).

Milosevic fue descrito por un diplomático europeo, que lo conoció bien, como "un bribón y un fanático, pero muy astuto, inteligente y sofisticado". Su rudeza fue siempre de la mano con su competencia y un encanto aparente. Se le reconoce que tuvo instintos políticos extraordinariamente sagaces. A juicio de Slavoljub Djukic, biógrafo de Milosevic ("Cómo sobrevino el líder", Belgrado 1994), su misma ideología comunista fue superada por su enorme avidez de poder. "Todo lo que se dice de su bolchevismo es basura. El es simplemente un hombre que ama el poder". Su mismo exacerbado nacionalismo serbio pudo no haber sido sino la postura más conveniente que encontró para su logro personal. "Si mañana él encuentra que le sienta bien ser francmasón, puede llegar a ser el Gran Maestro de la primera logia masónica de la Gran Serbia", escribió en su tiempo Milos Vasic, periodista del semanario "Vreme" de Belgrado.

Un fantasma que sigue inquietando ahora

"Milosevic llevaba 20 años creando problemas, y ahora lo va a hacer también muerto", asegura el periodista Sasa Mirkovic, presidente del Consejo de Administración de B92, la cadena independiente de radio y televisión que encabezó las protestas que acabaron con su régimen el año 2000. Llama la atención el que en forma paralela al júbilo silencioso con que mucha gente con flores y globos de colores celebró en Serbia el fin de las tres guerras que arrasaron a Yugoslavia durante la era Milosevic, multitudes de nostálgicos y ultranacionalistas -ubicados ahora bajo las banderas de los partidos Radical y Socialista- lo homenajearon en cámara ardiente en Belgrado y lo lloraron en su entierro. Por lo pronto, el gobierno serbio debe entregar al general Radko Mladik, acusado de genocidio, al Tribunal de La Haya antes del próximo 4 de abril. Además, el 21 de Mayo, Montenegro celebrará un referéndum para separarse de la Unión con Serbia. Y para diciembre se espera que a Kosovo, la provincia serbia de mayoría albanesa, actualmente administrada por la ONU desde 1999 se le reconozca la independencia por su Consejo de Seguridad. Pasos difíciles cuando todavía Serbia no acaba de completar la dolorosa pero purificadora catarsis que como pueblo ha debido hacer tras su tragedia nacional.

27 marzo 2006