Desde el 16 de mayo
ha hecho irrupción en el escenario
político francés y europeo
todo un 'fenómeno', que en los
100 días que lleva como Presidente,
ha impuesto un ritmo frenético
en el Palacio del Elíseo y comienza
a rutilar con luz propia en el horizonte
mundial. Salido de la derecha conservadora
del equipo de gobierno de Chirac, ha levantado
banderas de una izquierda liberal y un
nacionalismo moderado. Está mostrando
personalidad independiente, imaginativa
y voluntarista, con la que piensa "gobernar"
plenamente en cuanto Presidente, asignando
a su Primer Ministro, F. Fillon, las tareas
de carpintería menuda para aplicar
las grandes decisiones que va tomando.
Hay quienes hablan ya de que se está
iniciando en Francia la VIª República,
dejando atrás la Vª, iniciada
por el Gral De Gaulle en 1958 pero después
muy acartonada, con sus secuelas de inmovilismo
e ineficiencia parlamentaria. Es un intento
de una República presidencialista
con libertad y fuerte modernización
regeneradora de las instituciones. Y todo
ello sin necesidad de una reforma constitucional
del art. 20, según el cual "el
gobierno [del Primer Ministro] determina
y conduce la política de la nación".
Sencillamente ha puesto a funcionar una
dupleta bien avenida y en acción
unificada (Presidente y Primer Ministro)
que configura un Ejecutivo más
apretado y eficaz, con una mayoría
determinante en el Parlamento. No se excluye
el riesgo de que el actual 'omnipresente'
Sarkozy pudiera llegar a convertirse en
un 'omnipresidente'.
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| Hacia
una nueva Francia
Tras
la victoria, en segunda vuelta, de Sarkozy,
con un 53,1% del electorado y casi 19 millones
de votos a favor, se ha configurado una
mayoría centrista (bien diferenciada
de los extremos radicales de izquierda y
derecha), que ha expresado con claridad
que Francia quería un cambio en democracia
y libertad, no un simple maquillaje para
que todo siguiera igual, sino un cambio
radical, una ruptura con un pasado de inmovilismo
político y de corsés asfixiantes
que venían deteniendo su desarrollo
a lo largo de los últimos 25 años.
Francia venía descendiendo varios
puestos dentro de Europa y del actual mundo
globalizado, tendencia que se debe reversar
pronto, advierte el comentarista Carlos
Mendo.
Por primera vez, los franceses han elegido
a un presidente hijo de emigrantes (su padre
es húngaro y su madre hija de judíos
griegos sefardíes de Salónica).
Pero siendo Sarkozy muy francés por
su crianza y educación (no habla
inglés!), está dando muestras
de que no comparte la tradición francesa
jacobina, ni la napoleónica ni la
gaulllista. En su posesión afirmó
que pensaba "actuar con rapidez",
que haría "un gobierno abierto"
y "no repetiría los errores
de 1995" (un Presidente muy arriba,
sin responsabilidad política ante
el pueblo, casi desvinculado de las tareas
diarias de un gobierno del Primer ministro
de turno).
Su primer gabinete configura un Ejecutivo
de 'salvación nacional' (Octavio
Martí) y significa ya una pequeña
revolución. Hay varios ministros
tomados del Partido Socialista y una tercera
parte son mujeres. Se destacan la ministra
de Justicia, Rachida Dati, de padres de
Argelia y Marruecos, la bella Rama Yade,
secretaria de Estado para derechos humanos,
nacida en Senegal, a quien se la compara
con la secretaria de Estado norteameicano,
Condoleezza Rice.
Aquí
mando yo
Con
su conciencia de que fue elegido para líder
nacional, dotado a la vez de visión
y coraje, para "poner las cosas en
movimiento", Sarkozy está poniendo
la política francesa de cabeza; está
influyendo claramente en Europa (imitando
los 10 años de liderazgo de Tony
Blair); y haciendo presencia internacional
en Rusia, Libia, África, vacacionando
en EUA con los Bush, y presente también
en América Latina en la que parece
ir configurando una tripleta antes impensable
con Uribe y Chávez (en concreto para
el caso de los secuestrados en poder de
las FARC en Colombia).
Moraleja
"Yo fui elegido para poner las
cosas en movimiento, para actuar, no para
permanecer en el poder" (Nicolás
Sarkozy).
24-09-07 |