Estados Unidos : Glenn, 50 años de hazaña espacial (Editorial 93)
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Los pasados comicios de antier (6 de Noviembre) en EUA para presidente y congreso (Senado y Cámara de representantes) fueron uno de los más reñidos en su historia electoral y marcan un derrotero como país-guía de las democracias en el mundo, incluyendo las nuestras incipientes de habla hispana, con sus fortalezas y debilidades.

 

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Recuerdos de una hazaña

John Glenn mantuvo un pequeño juguete en su oficina durante los años como Senador de los EE.UU. Era un modelo de su nave espacial Mercury - la cápsula Friendship 7 - que entró en órbita el 20 de febrero de 1962. El modelo fue notable por su detalle y su significado histórico, pero lo más extraordinario de todo era una pequeña placa colocada en su posición. "Escala: 1:9," dijo él. Ampliar ese modelo por nueve veces convierte el juguete pequeño en juguete grande, y sin embargo hace 50 años, Glenn arriesgó el cuello a bordo de una cosa tan pequeña y estrecha.

Los astronautas del Mercury no se preocupaban mucho de la cápsula espacial a largo plazo. Había pasividad al respecto. Una batisfera es una cápsula, un sarcófago es una cápsula. Una nave espacial es algo más, pero debería ser descrito de esa manera. Y hay que tener en cuenta que la mayor parte de ese volumen se rellena con la instrumentación. El espacio habitable era muy pequeño.

El cohete Atlas que elevó el vehículo espacial tampoco era para un paseo de lujo. En primer lugar, estaba destinado a ser utilizado como un misil balístico intercontinental y no diseñado para la comodidad de un pasajero en mente. Su piel era tan fina en sus lados que podrían colapsar si no se llenaran de combustible. Eso mantiene el peso hacia abajo, pero para máquinas muy endebles. Y los Atlas tenían una mala costumbre, la de estallar en el lanzamiento. Pero no importa, Glenn estuvo de acuerdo para volar así.

Su misión, vista ahora a los 50 años, fue la señal en la historia del siglo 20 de los Estados Unidos. Pues el país sentía una necesidad urgente de lograr que los hombres en órbita se constituyeran también en un hecho definitorio de esa época – dado que los EE.UU. y la URSS se enfrentaban en un mundo bipolar de poderes en el que el espacio se había convertido en la colina más alta que podría ser alcanzada sin guerra armada.

Así Glenn voló, en lo alto de un pequeño barco (balky) de refuerzo, pasando un total de 5 horas. y 16 min. allí, ya que orbitaba el planeta tres veces. El regreso a la Tierra resultó ser más irregular de lo que los controladores habían planeado. Una luz en el panel de instrumentos de Glenn le advirtió que su escudo contra el calor - la única cosa que le protegería de su caída de bola de fuego a través de la atmósfera - estaba suelto. Como medida de precaución, la NASA le ordenó no echar por la borda sus retrocohetes antes de reingresar. El pequeño paquete de explosivos - que debía ser despedido para frenar su velocidad - seguía atado en su lugar sobre el escudo térmico. La esperanza era que se mantuviera así hasta que se quemara durante la caída a la Tierra, después de lo cual la presión del aire haría su trabajo. Al final resultó que, la luz era una falsa alarma, y cuando la nave finalmente silbó en el agua fría del Océano Atlántico, el escudo térmico se encontró que estaba intacto.

Friendship 7 se encuentra hoy en el Smithsonian National Air and Space Museum en Washington, DC. Está encerrado en una carcasa de plástico que impide tocar el escudo, pero se puede ver de cerca. Todavía se ven las cicatrices como rayos de sol-que hablan del fuego infernal de ese año 1962. En aquel entonces, todos los escudos de calor eran lo que se conoce como ‘ablación’ - lo que significa que fueron diseñados para desintegrarse, quemándose poco a poco y llevar el calor lejos del vehículo. En teoría, se podría derretir la pantalla entera y era un material ‘ablativo’ más que suficiente para mantener a los pasajeros a salvo.

Sin embargo, John Glenn ha sobrevivido y su nave ha sobrevivido. A las 9:27 am de este 20 de febrero, haga una pausa y eche un vistazo a un reloj. Eche un vistazo de nuevo a las 2:43 pm Esas son las horas de despegue y amerizaje de Glenn. Esto es demasiado corto para definir el lapso de una vida - pero es más que suficiente para ejemplificarlo.

Septuagenario en el espacio

• Veterano de la IIa. Guerra Mundial y piloto de combate, durante la Guerra de Corea, John Glenn estuvo asignado a volar jets F9F Panther, en un escuadrón de ataque que hacía arriesgados raids partiendo de la base de Pohang.
• El 20 de febrero de 1962, cuando la URSS llevaba delantera a EUA, Glenn es el primer americano en orbitar 3 veces la tierra, durante casi 5 horas.
• Al percibir que el programa Mercurio no lo tendría en cuenta para la misión a la Luna, Glenn renunció a la NASA en 1964 y se dedicó por 10 años a trabajar en la industria privada.
• En 1974 gana una curul como senador demócrata, que desempeña con esmero. Y con el tiempo, llega a pensar que podría ser candidato presidencial.
• En 1995, siendo miembro de la Comisión Especial del Senado sobre Envejecimiento, ojeando un manual sobre fisiología espacial, encuentra que los médicos han identificado más de 50 cambios que ocurren en el cuerpo de un astronauta mientras está en ingravidez (que tienen que ver con presión arterial, lo cardiovascular, control de equilibrio, debilidad de huesos, sistema inmunológico, sueño...). Y advierte que éstas son las cosas que precisamente ocurren a la gente sobre la tierra cuando envejecen. Con mucha diplomacia va proponiendo una investigación al respecto, ofreciéndose como conejo de Indias.
• La NASA, a pesar de varias reticencias, aprobó la misión Discovery STS- 95, en la que participó Glenn con otros seis astronautas, entre ellos el español Pedro Duque y la japonesa Chicki Mukai, subrayando que no se trataba de un viaje de recreo o turístico ni de simple publicidad, sino realmente científico con 80 tareas concretas y exigentes.

Juventud y vejez

No solo el primer vuelo espacial que en 1962 realizó John Glenn sino también el segundo que por ocho días realizó en 1998 siendo ya legendario, estimula nuestra reflexión y nos llena de ánimo a quienes entramos ya en la que viene llamándose, con cierta benevolencia y compasión, la Tercera Edad. Sus 77 años no le impidieron realizar una segunda arriesgada y difícil misión de la NASA, en una especie de épica confrontación entre el Viejo y el Espacio, parecida a aquella célebre confrontación entre el Viejo y el Mar que inmortalizó a Ernest Hemingway.

Nuestros países de Latinoamérica son de una altísima proporción juvenil. Los que aquí ocupamos la franja de la tercera edad somos todavía una minoría. Vivimos en un país de jóvenes. Habituados a su cuestionamiento, su impredicibilidad, su excentricidad, su impaciencia, su irrupción valiente, su extremismo. Pero en países como Estados Unidos de Norteamérica y otros europeos (de crecimiento poblacional 0 desde hace años), los mayores de 60 son ya una tercera parte (1/3) de los electores. Hay 40 millones de norteamericanos que pasan de los 65 años, y este número se triplicará en los próximos 50 años. Pero, ¿qué es la juventud y qué la vejez? ¿Ser joven es simplemente tener 15 o 20 años? ¿Es bailar con el último ritmo rockero? ¿O algo más? Conozco jóvenes universitarios que tienen un alma muerta dentro de un cuerpo inútilmente vivo. Con mucha propiedad ha escrito Sertillanges que "la juventud no es una edad, sino una estación del corazón". Hay, pues, una juventud-edad y una juventud-estado. Y no son la misma cosa. Se puede ser viejo a los 18 años y joven a los 77. Son características juveniles: la audacia, el empeño, el gusto por la aventura, la búsqueda de novedades, la iniciativa, la apertura a la esperanza y al futuro, el desprecio por el cálculo frio, la tensión y concentración de energías hacia un mundo utópico de verdad, de justicia, de libertad, de igualdad, de solidaridad. En un famoso discurso a los jóvenes (Parlo a voi giovani), Pablo VI les decía que la verdadera juventud significa tres cosas:
1) apertura a la historia y a las instancias del presente
2) ser capaces de admirar y extasiarse;
3) actitud de conquista y alegría de darse. El brillante escritor Giovanni Papini, ya anciano pero lúcido, pocos días antes de su muerte, tiene una página escalofriante (La felicitá dell'infelice, 1956), cuyo último párrafo dice así :"Las señales esenciales de la juventud son tres: la voluntad de amar, la curiosidad intelectual y el espíritu agresivo. No obstante mi edad y a pesar de mis males, yo siento fuertemente la necesidad de amar y de ser amado, tengo el deseo insaciable de aprender cosas nuevas en cualquier campo del saber y del arte, y no rehuyo la polémica y la discusión cuando se trata de la defensa de los supremos valores. Aun cuando pudiera parecer un delirio mío, tengo la temeridad de afirmar que todavía hoy me siento llevado, en el inmenso mar de la vida, por la marea alta de la juventud". Esto es sencillamente lo que podemos llamar con Congar "la metafísica de la juventud del alma".

Arriba los corazones!

Desde que asistimos a los despegues y aterrizajes de esta "leyenda norteamericana" en que se ha convertido el viejo Glenn, el tiempo ha seguido su marcha. Los nietos de Glenn, cumplirán 30 y 28 años próximamente, y sus dos hijos casi la misma edad que tenía John Glenn cuando él voló al espacio por primera vez. Personajes mundiales que vieron su primera hazaña (Kruscev, Kennedy, Johnson, Pablo VI, Mao Zedong) no estaban ya para ver su segunda. Y de los que presenciaron la segunda hazaña (entre ellos Pinochet y Juan Pablo IIº), solamente quedan la reina Isabel de Inglaterra y Fidel Castro.

Glenn regresó a tierra por dos veces sin haber encontrado la "eterna juventud" (ni con 10 años menos ni con 10 años más), pero sí dándonos un ejemplo de cómo podemos envejecer con juventud, irnos deteriorando biológicamente pero con un ánimo juvenil e imperturbable.

02-03-12