Recuerdos
de una hazaña
John Glenn mantuvo un pequeño juguete
en su oficina durante los años
como Senador de los EE.UU. Era un modelo
de su nave espacial Mercury - la cápsula
Friendship 7 - que entró en órbita
el 20 de febrero de 1962. El modelo fue
notable por su detalle y su significado
histórico, pero lo más extraordinario
de todo era una pequeña placa colocada
en su posición. "Escala: 1:9,"
dijo él. Ampliar ese modelo por
nueve veces convierte el juguete pequeño
en juguete grande, y sin embargo hace
50 años, Glenn arriesgó
el cuello a bordo de una cosa tan pequeña
y estrecha.
Los astronautas del Mercury no se preocupaban
mucho de la cápsula espacial a
largo plazo. Había pasividad al
respecto. Una batisfera es una cápsula,
un sarcófago es una cápsula.
Una nave espacial es algo más,
pero debería ser descrito de esa
manera. Y hay que tener en cuenta que
la mayor parte de ese volumen se rellena
con la instrumentación. El espacio
habitable era muy pequeño.
El cohete Atlas que elevó el vehículo
espacial tampoco era para un paseo de
lujo. En primer lugar, estaba destinado
a ser utilizado como un misil balístico
intercontinental y no diseñado
para la comodidad de un pasajero en mente.
Su piel era tan fina en sus lados que
podrían colapsar si no se llenaran
de combustible. Eso mantiene el peso hacia
abajo, pero para máquinas muy endebles.
Y los Atlas tenían una mala costumbre,
la de estallar en el lanzamiento. Pero
no importa, Glenn estuvo de acuerdo para
volar así.
Su misión, vista ahora a los 50
años, fue la señal en la
historia del siglo 20 de los Estados Unidos.
Pues el país sentía una
necesidad urgente de lograr que los hombres
en órbita se constituyeran también
en un hecho definitorio de esa época
– dado que los EE.UU. y la URSS
se enfrentaban en un mundo bipolar de
poderes en el que el espacio se había
convertido en la colina más alta
que podría ser alcanzada sin guerra
armada.
Así Glenn voló, en lo alto
de un pequeño barco (balky) de
refuerzo, pasando un total de 5 horas.
y 16 min. allí, ya que orbitaba
el planeta tres veces. El regreso a la
Tierra resultó ser más irregular
de lo que los controladores habían
planeado. Una luz en el panel de instrumentos
de Glenn le advirtió que su escudo
contra el calor - la única cosa
que le protegería de su caída
de bola de fuego a través de la
atmósfera - estaba suelto. Como
medida de precaución, la NASA le
ordenó no echar por la borda sus
retrocohetes antes de reingresar. El pequeño
paquete de explosivos - que debía
ser despedido para frenar su velocidad
- seguía atado en su lugar sobre
el escudo térmico. La esperanza
era que se mantuviera así hasta
que se quemara durante la caída
a la Tierra, después de lo cual
la presión del aire haría
su trabajo. Al final resultó que,
la luz era una falsa alarma, y cuando
la nave finalmente silbó en el
agua fría del Océano Atlántico,
el escudo térmico se encontró
que estaba intacto.
Friendship 7 se encuentra hoy en el Smithsonian
National Air and Space Museum en Washington,
DC. Está encerrado en una carcasa
de plástico que impide tocar el
escudo, pero se puede ver de cerca. Todavía
se ven las cicatrices como rayos de sol-que
hablan del fuego infernal de ese año
1962. En aquel entonces, todos los escudos
de calor eran lo que se conoce como ‘ablación’
- lo que significa que fueron diseñados
para desintegrarse, quemándose
poco a poco y llevar el calor lejos del
vehículo. En teoría, se
podría derretir la pantalla entera
y era un material ‘ablativo’
más que suficiente para mantener
a los pasajeros a salvo.
Sin embargo, John Glenn ha sobrevivido
y su nave ha sobrevivido. A las 9:27 am
de este 20 de febrero, haga una pausa
y eche un vistazo a un reloj. Eche un
vistazo de nuevo a las 2:43 pm Esas son
las horas de despegue y amerizaje de Glenn.
Esto es demasiado corto para definir el
lapso de una vida - pero es más
que suficiente para ejemplificarlo.
Septuagenario en el espacio
•
Veterano de la IIa. Guerra Mundial y piloto
de combate, durante la Guerra de Corea,
John Glenn estuvo asignado a volar jets
F9F Panther, en un escuadrón de
ataque que hacía arriesgados raids
partiendo de la base de Pohang.
• El 20 de febrero de 1962, cuando
la URSS llevaba delantera a EUA, Glenn
es el primer americano en orbitar 3 veces
la tierra, durante casi 5 horas.
• Al percibir que el programa Mercurio
no lo tendría en cuenta para la
misión a la Luna, Glenn renunció
a la NASA en 1964 y se dedicó por
10 años a trabajar en la industria
privada.
• En 1974 gana una curul como senador
demócrata, que desempeña
con esmero. Y con el tiempo, llega a pensar
que podría ser candidato presidencial.
• En 1995, siendo miembro de la
Comisión Especial del Senado sobre
Envejecimiento, ojeando un manual sobre
fisiología espacial, encuentra
que los médicos han identificado
más de 50 cambios que ocurren en
el cuerpo de un astronauta mientras está
en ingravidez (que tienen que ver con
presión arterial, lo cardiovascular,
control de equilibrio, debilidad de huesos,
sistema inmunológico, sueño...).
Y advierte que éstas son las cosas
que precisamente ocurren a la gente sobre
la tierra cuando envejecen. Con mucha
diplomacia va proponiendo una investigación
al respecto, ofreciéndose como
conejo de Indias.
• La NASA, a pesar de varias reticencias,
aprobó la misión Discovery
STS- 95, en la que participó Glenn
con otros seis astronautas, entre ellos
el español Pedro Duque y la japonesa
Chicki Mukai, subrayando que no se trataba
de un viaje de recreo o turístico
ni de simple publicidad, sino realmente
científico con 80 tareas concretas
y exigentes.
Juventud y vejez
No solo el primer vuelo espacial que en
1962 realizó John Glenn sino también
el segundo que por ocho días realizó
en 1998 siendo ya legendario, estimula
nuestra reflexión y nos llena de
ánimo a quienes entramos ya en
la que viene llamándose, con cierta
benevolencia y compasión, la Tercera
Edad. Sus 77 años no le impidieron
realizar una segunda arriesgada y difícil
misión de la NASA, en una especie
de épica confrontación entre
el Viejo y el Espacio, parecida a aquella
célebre confrontación entre
el Viejo y el Mar que inmortalizó
a Ernest Hemingway.
Nuestros
países de Latinoamérica
son de una altísima proporción
juvenil. Los que aquí ocupamos
la franja de la tercera edad somos todavía
una minoría. Vivimos en un país
de jóvenes. Habituados a su cuestionamiento,
su impredicibilidad, su excentricidad,
su impaciencia, su irrupción valiente,
su extremismo. Pero en países como
Estados Unidos de Norteamérica
y otros europeos (de crecimiento poblacional
0 desde hace años), los mayores
de 60 son ya una tercera parte (1/3) de
los electores. Hay 40 millones de norteamericanos
que pasan de los 65 años, y este
número se triplicará en
los próximos 50 años. Pero,
¿qué es la juventud y qué
la vejez? ¿Ser joven es simplemente
tener 15 o 20 años? ¿Es
bailar con el último ritmo rockero?
¿O algo más? Conozco jóvenes
universitarios que tienen un alma muerta
dentro de un cuerpo inútilmente
vivo. Con mucha propiedad ha escrito Sertillanges
que "la juventud no es una edad,
sino una estación del corazón".
Hay, pues, una juventud-edad y una juventud-estado.
Y no son la misma cosa. Se puede ser viejo
a los 18 años y joven a los 77.
Son características juveniles:
la audacia, el empeño, el gusto
por la aventura, la búsqueda de
novedades, la iniciativa, la apertura
a la esperanza y al futuro, el desprecio
por el cálculo frio, la tensión
y concentración de energías
hacia un mundo utópico de verdad,
de justicia, de libertad, de igualdad,
de solidaridad. En un famoso discurso
a los jóvenes (Parlo a voi giovani),
Pablo VI les decía que la verdadera
juventud significa tres cosas:
1) apertura a la historia y a las instancias
del presente
2) ser capaces de admirar y extasiarse;
3) actitud de conquista y alegría
de darse. El brillante escritor Giovanni
Papini, ya anciano pero lúcido,
pocos días antes de su muerte,
tiene una página escalofriante
(La felicitá dell'infelice, 1956),
cuyo último párrafo dice
así :"Las señales esenciales
de la juventud son tres: la voluntad de
amar, la curiosidad intelectual y el espíritu
agresivo. No obstante mi edad y a pesar
de mis males, yo siento fuertemente la
necesidad de amar y de ser amado, tengo
el deseo insaciable de aprender cosas
nuevas en cualquier campo del saber y
del arte, y no rehuyo la polémica
y la discusión cuando se trata
de la defensa de los supremos valores.
Aun cuando pudiera parecer un delirio
mío, tengo la temeridad de afirmar
que todavía hoy me siento llevado,
en el inmenso mar de la vida, por la marea
alta de la juventud". Esto es sencillamente
lo que podemos llamar con Congar "la
metafísica de la juventud del alma".
Arriba los corazones!
Desde que asistimos a los despegues y
aterrizajes de esta "leyenda norteamericana"
en que se ha convertido el viejo Glenn,
el tiempo ha seguido su marcha. Los nietos
de Glenn, cumplirán 30 y 28 años
próximamente, y sus dos hijos casi
la misma edad que tenía John Glenn
cuando él voló al espacio
por primera vez. Personajes mundiales
que vieron su primera hazaña (Kruscev,
Kennedy, Johnson, Pablo VI, Mao Zedong)
no estaban ya para ver su segunda. Y de
los que presenciaron la segunda hazaña
(entre ellos Pinochet y Juan Pablo IIº),
solamente quedan la reina Isabel de Inglaterra
y Fidel Castro.
Glenn regresó a tierra por dos
veces sin haber encontrado la "eterna
juventud" (ni con 10 años
menos ni con 10 años más),
pero sí dándonos un ejemplo
de cómo podemos envejecer con juventud,
irnos deteriorando biológicamente
pero con un ánimo juvenil e imperturbable.
02-03-12