| Intelectual
no es el que crea, ni el que descubre, ni
el que inventa, ni el que reflexiona, sino
algo más modesto pero relevante: es el que
opina en un contexto social. Y opina hablando
o por escrito (ensayo, periódico, página
web, internet, medios digitales). El intelectual
se dirige a la opinión pública, con sus
ideas, para despertarla, dirigirla, fustigarla,
estimularla en un sentido u otro. No basta
que sea una voz sabia, que clama en el desierto
sin oyentes. Es de su momento y para su
momento. El proyecto para ejercer influencia
es lo que distingue al intelectual del sabio.
El intelectual aspira a influir sobre la
sociedad y sobre su tiempo, mediante su
voz (hablada, escrita o televisada) que
alerta, que critica, en un oficio que desempeña
lo más independientemente posible.
Espigando
casos históricos, encontramos en
todas partes y épocas, que así
como ha habido intelectuales áulicos
que han sido panegiristas y legitimadores
de regímenes (algunos muy autoritarios
como Hitler), los ha habido también
fuertemente críticos y desestabilizadores.
Ha habido intelectuales lúcidos y
comprometidos, así como
los hay decepcionados y desencantados que
apagan su voz y salen del escenario.
El
intelectual comprometido no es el sabio
que vive en una torre de marfil entre libros
o un simple observador en su acantilado,
desde donde ve pasar en la lejanía
la nave de gobernantes, a veces locos, necios
o incompetentes que hacen daño a
su pueblo. El intelectual crítico
está atento a lo que lo rodea y se
preocupa cuando las cosas van mal para el
colectivo. Su ejercicio intelectual es oficio
independiente, pero útil a la comunidad.
Busca ser práctico y eficaz para
sus contemporáneos, asumiendo un
compromiso consigo y con su entorno.
Que el oficio de intelectual sea riesgoso
lo ilustran los casos de Sócrates
- obligado a tomar cicuta- y en épocas
menos remotas, los de críticos lúcidos
y valientes, a quienes regímenes
autoritarios han callado -a la fuerza- en
prisión, clínica psiquiátrica,
campo de concentración, destierro,
horno crematorio o camposanto. Pero no faltan
los intelectuales lúcidos que se
convierten en la conciencia moral de un
país y ayudan a liberar a sus compatriotas
de regímenes monstruosos y esclavizantes.
El vientre de todas las naciones siempre
nutre -con semillas del Mal- personajes
siniestros pero bien dotados, que retrotraen
a su pueblo a épocas oscurantistas
.Pero del mismo vientre patrio surgen -cuando
menos se espera- conductores natos, con
una gran visión y carácter,
que como intelectuales avizoran el horizonte
y dan el combustible de ideas para mejores
tiempos, tarea ciclópea propia de
conductores y políticos.
Havel un caso singular
Se da también el caso singular y
poco repetible de juntarse las tres vocaciones
u oficios (sabio, comunicador y conductor
político) en un mismo personaje,
como conjunción favorable de astros.
Tal el fenómeno del dramaturgo Vaclav
Havel, fallecido recientemente a los 75
años de edad (el 17 de diciembre
de 2011), crítico incansable del
sistema totalitario soviético y quien
fuera presidente tras la “Primavera”
democrática en la hasta hace poco
Checoeslovaquia (hoy República Checa
y Eslovenia). Por años, este gran
intelectual y renombrado dramaturgo representó
para la inmensa mayoría de dicho
país la moral de todo un pueblo.
Fue confinado y puesto en prisión
en 1968 -así como Alexander Dübcek,
quien inició desde el poder la llamada
"Primavera de Praga"- en un intento
de darle un "rostro humano" al
Comunismo entonces vigente. Este ‘desviacionismo’
de la ortodoxia comunista fue ferozmente
aplastado por los tanques rusos, hecho que
dio lugar a protestas en todo el mundo libre
y a análisis como el muy valioso
de Teodoro Petkoff en un libro que justificó
su abandono del PC y la aparición
del nuevo partido MAS -Movimiento al Socialismo-
en Venezuela.
En los últimos días de diciembre
1989, Havel (en sus 53 años) es sacado
del ostracismo y llevado al cargo de Presidente
de la nueva Checoslovaquia, oficio que desempeñó
con altura, acierto y dinamismo, hasta que
se lo permitió el cáncer que
ya por entonces lo afectaba. De él
escribió Milan Kundera: "La
vida de Vaclav Havel se parece realmente
a una obra de arte".
La revolución inteligente de Havel
Timothy Garton Ash titula así una
bien lograda entrevista con el personaje
en un acertado artículo (El País
19-12-2011), que recojo parcialmente en
forma de tips y que resalta cómo
“Havel fue una figura determinante
de la Europa de finales del siglo XX”
•
Hablaba a menudo como si fuese un crítico
irónico observando el teatro de la
vida, pero allí, en el teatro Linterna
Mágica, en 1989, se convirtió
en el protagonista de una obra que cambió
la historia.
•
Havel fue una figura determinante de la
Europa de finales del siglo XX. No fue solo
un disidente: fue el epítome del
disidente, según solemos entender
ese término novedoso. No fue solo
el líder de una revolución
de terciopelo: fue el líder de la
revolución de terciopelo original,
el que nos dio una etiqueta aplicada a muchas
otras protestas masivas no violentas a partir
de 1989 No fue solo un presidente: fue el
presidente fundador de lo que hoy en día
es la República Checa. No fue solo
un europeo: fue un europeo que, con la elocuencia
de un dramaturgo profesional y la autoridad
de un exprisionero político, nos
recordó las dimensiones históricas
y morales del proyecto europeo.
•
El honor del disidente no proviene de la
corona del vencedor político. Havel
fue el epítome del disidente porque
perseveró en su lucha, con paciencia
y sin violencia, con dignidad e inteligencia,
y sin saber cuándo llegaría
la victoria exterior, e incluso si llegaría.
• Cuando le llegó la oportunidad
de practicar él mismo la resistencia
civil, Havel la convirtió en un electrizante
teatro político. La plaza Wenceslao
de Praga fue el escenario. Un reparto de
300.000 personas habló como una sola.
Ninguno de los que estuvieron allí
olvidarán nunca la imagen de Havel
y Aleksander Dubcek, el héroe del
89 y el héroe del 68, apareciendo
hombro con hombro en el balcón: “¡Dubcek-Havel!
¡Dubcek-Havel!” O el sonido
de 300.000 llaveros que se agitaban a la
vez, como campanas chinas. Rara vez o nunca
una minoría tan minúscula
se ha convertido tan rápidamente
en una gran mayoría.
En un ensayo fundamental, Havel hablaba
del “poder de los que no tienen poder”.
• Volvió como presidente fundador
de la actual República Checa, que
surgió del llamado divorcio de terciopelo
de Eslovaquia.
La
muerte del presidente dramaturgo 1936-2011
Así
titulan su estudio James Jackson y Massimo
Calabresi de quienes tomamos unos pocos
párrafos del original inglés.
La
muerte de Havel a la edad de 75 fue anunciada
el domingo, 18 de diciembre. El hombre que
escribió obras de teatro del absurdo
que ridiculizaron a los lacayos comunistas
del brutal bloque soviético que gobernó
a su país había tenido graves
problemas de salud desde hace años.
En 1998, Havel luchó contra el cáncer
de pulmón, rotura del colon, y una
úlcera perforada. Estuvo a punto
de morir. Pero se las arregló para
durar otros 13 años. Tiempo suficiente
para ver la Primavera de Praga y su trabajo
como un disidente que logra inspirar a activistas
chinos, como Liu Xiaobo; tiempo suficiente
para ver reencarnar sus experiencias en
la primavera árabe, donde una golpeada
población se ha levantado contra
regímenes totalitarios tan imbéciles
como el que él ayudó a derrocar.
Los gritos de "el pueblo quiere que
el régimen caiga" en El Cairo
y Túnez son ecos de "Havel al
Castillo," del rugido de las multitudes
cuando insistieron en que su héroe
el dramaturgo tomara las riendas del poder
en Praga.
Algo que parece irreal. Havel, el dramaturgo
del absurdo llevó a cabo sin derramamiento
de sangre en 1989 la Revolución de
Terciopelo que derrocó a uno de los
más rígidos regímenes
de la guerra fría en Europa del Este.
Ahora él ha sido presidente de un
país democrático, ha cenado
en la Casa Blanca, dado la bienvenida a
los Rolling Stones, al Dalai Lama y al Príncipe
Carlos en Praga, la capital checa, que se
ha convertido en el centro espiritual de
la nueva Europa del Este.
Havel no fue ya presidente después
del final de su mandato en 2003. Pero se
mantuvo como ícono relevante y pertinente,
aun después de que reformistas y
disidentes de la talla de Mijail Gorbachov
en Rusia y Lech Walesa en Polonia, hubieran
perdido su brillo. Los checos han perdido
un líder moral insustituible. Él
los condujo fuera del totalitarismo hasta
la democracia. Él hizo que el mundo
se preocupara por su país, y se convirtió
en la conciencia de una confusa región
en búsqueda de un orden post-comunista.
Conclusión
"Mientras contemos con esta clase
de hombres y mujeres -que los hay- no tenemos
por qué ser pesimistas incorregibles
ni perder las esperanzas. El Señor
de las Naciones sigue suscitando personas
comprometidas a quienes encargar -como lo
hizo con Jeremías- acelerar la historia,
"arrancando y derribando, edificando
y plantando"
(Jeremias 1, 4-10).
Para completar la lectura sobre
Havel, le recomendamos el artículo
siguiente:
•
“Liderazgo
y política” :
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