Algo
de biografía
El joven príncipe recibió
educación coránica en Palacio
y desde 1969 una formación de tipo
occidental en el Colegio Real de Rabat,
compartiendo aula con los hijos de las
elites. Su conocimiento del español,
lengua que habla además del inglés,
el francés y, obviamente, el árabe,
le viene de una institutriz española
que tuvo asignada en su infancia. En 1985
se licenció en Derecho por la Universidad
Mohammed V de Rabat . Dos años
después obtuvo un título
superior en Ciencias Políticas
y en 1988 pasó unos meses en la
Comisión Europea en Bruselas para
familiarizarse con las cuestiones internacionales.
Su formación académica se
cerró en 1993 con el doctorado
en Derecho por la Universidad Sofía-Antípolis
de Niza. La tesis que defendió,
“La cooperación entre la
Unión Europea y los países
del Magreb”, indicaba sus intereses
internacionales
Serio e introvertido, su trayectoria como
príncipe heredero se mantuvo en
un perfil discreto, siendo bien pocos
los detalles que se conocían de
su vida privada. Su padre, no obstante,
le fue confiriendo progresivamente responsabilidades,
sobre todo en el terreno diplomático.
Pero el verdadero bautismo internacional
de Mohammed vino con su discurso ante
la Asamblea General de la ONU en Nueva
York, en octubre de 1995, con motivo del
50º aniversario de la organización,
sustituyendo a su padre súbitamente
indispuesto. Aunque en julio de 1994 fue
promovido a general de división,
Mohammed no respondía en absoluto
al molde de príncipe militar. Antes
bien, aparecía interesado en las
nuevas tecnologías y se le consideraba
sensible a la problemática social
y religiosa del país, inclinaciones
bien poco características del talante
de su padre o de su hermano menor, el
príncipe Rashid. Por lo demás,
Mohammed era un aficionado a los deportes
de velocidad, como el jet-ski y el automovilismo,
pasión que en noviembre de 1985
le acarreó un accidente de tráfico.
Como cualquier otro joven marroquí,
se sabía que era seguidor de la
música rai, un pop local con contenidos
contestatarios. En la segunda mitad de
los años noventa, su influencia
en los asuntos de Palacio creció,
hasta el punto de considerárselo
pieza clave en el acercamiento de Hasan
a la oposición socialista. El mal
estado de salud de Hasan tuvo un súbito
desenlace fatal el 23 de julio de 1999.
En ese instante Mohammed se convirtió
en jefe del Estado y al día siguiente,
por la ceremonia del acatamiento que representa
la tradición paternalista de la
Beia, los ulema islámicos, los
miembros de Palacio con la familia real
a la cabeza, los mandos del Ejército
y demás notables del Reino le reconocieron
como el 18º monarca de la dinastía
alauí (fundada en 1664) con el
nombre de Mohammed VI, comendador de los
creyentes y 36º descendiente directo
del Profeta Mahoma.
El
comienzo de una nueva era
Desde
su asunción como nuevo monarca
(1999), Mohamed VI, ha tomado sobre sí
el reto de introducir realmente a su país
en la modernidad, de cambiar unos usos
políticos más propios de
la Edad Media que de estos albores del
Tercer Milenio y de propiciar el progreso
económico, social y cultural de
su pueblo, único antídoto
verdaderamente efectivo contra el integrismo
y el subdesarrollo que amenazan a los
países islámicos. En su
primer discurso a través de la
televisión, prometió acabar
con la pobreza y la corrupción,
creando empleo y garantizando el cumplimiento
de los Derechos Humanos. Por su talante
modernizador, Mohamed VI ha encontrado
la oposición de los islamistas
conservadores. Durante su mandato, ha
apoyado el pluralismo político
y ha creado un nuevo código familiar,
la Mudawana, que otorga mayor poder e
independencia a las mujeres. También
ha creado la denominada IER, una comisión
que pretendía revisar los casos
de violación de los Derechos Humanos
durante el reinado de su padre. En la
misma línea aperturista, Mohamed
VI permitió el regreso al país
del opositor Abraham Serfaty, y le reconoció
nuevamente su nacionalidad marroquí.
Como es también líder religioso,
en su condición de jefe espiritual
de los marroquíes y presidente
del Consejo de Ulemas, emprendió
dos reformas religiosas con el objetivo
de eliminar a los elementos más
integristas de la comunidad islámica
marroquí. En 2004 reestructuró
el Ministerio de Asuntos Religiosos y
puso bajo su control los 41.755 lugares
de culto, un tercio de ellos mezquitas.
Financió personalmente la construcción
de una mezquita en el puerto chileno de
Coquimbo, y allí mismo un centro
de diálogo entre las civilizaciones,
que lleva por nombre "Mohamed VI
de Marruecos".
Sobre
el problema crucial del Sáhara,
en su primer año de gobierno, tomó
directamente las riendas del asunto con
la creación de una comisión
político-militar bajo su dirección.
Esta actuación preliminar permitió
atisbar que en lo sucesivo los militares,
incluidos varios compañeros de
promoción del rey, iban a jugar
un papel más relevante en la dirección
del Estado, algo del todo inesperado dada
la poca afición de Mohammed por
los asuntos militares en su etapa de príncipe.
El
9 de noviembre de 1999, por sorpresa,
el joven rey destituyó a Basri
(eminencia gris del anterior régimen
de Hasan y que contaba con plenos poderes)
y semanas después produjo una cascada
de relevos en la administración
provincial y en la Dirección de
Seguridad del Territorio (DST, policía
política). Mayores avances se hicieron
en el capítulo de los perseguidos
por el régimen, con amplias amnistías
y reducción de penas. Le fue levantado
el arresto domiciliario -vigente desde
1989- al jeque Abdessalam Yassin, líder
del grupo fundamentalista Justicia y Caridad.
Otros
gestos reveladores de la superación
del pasado fueron la autorización
el 30 de septiembre de 1999 de regresar
a Marruecos a Abraham Serfaty, el más
conocido preso político marroquí
que vivía exiliado en Francia desde
1991, y la misma disposición para
la familia de Mehdi Ben Barka, el dirigente
socialista opositor, raptado y desaparecido
en París en 1965.
Para confirmar que el joven Mohamed VI
sigue reinando y además gobernando,
en los primeros días de enero de
este año 2010, emprendió
con ímpetu una reestructuración
del Estado y una remodelación del
Gobierno. Primero anunció una regionalización
de su reino que empezará por el
Sáhara Occidental, que Marruecos
controla desde 1975, e hizo luego cambios
de Gobierno que afectan a dos carteras
clave: Interior y Justicia y a otros tres
ministerios del gabinete. Otra de sus
reformas es la de elaborar en seis meses
un plan de "regionalización
avanzada" en un país muy centralizado
como es Marruecos. "Tenemos la intención
de colocar a las provincias del sur recuperadas
entre los primeros beneficiarios de la
regionalización avanzada",
señaló el rey.
Conclusión
“Han pasado diez años
desde que un joven, prometedor monarca
árabe, sucedió a su padre
en el trono alauita de Marruecos. Diez
años que han visto a algunas personas
creer que el cambio puede estar por llegar.
Respecto de la pasada década del
reinado de su monarca, algunos bloggers
marroquíes lo resisten, otros lo
alaban por sus ‘logros’. Parece
haber un común denominador: el
simple apetito por un futuro mejor”
(Global Voices, Una década con
Mohamed VI)