Marruecos : Mohamed VI reina y gobierna (Editorial 27)
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Marruecos : Mohamed VI reina y gobierna (Editorial 27)
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Marruecos : Mohamed VI reina y gobierna (Editorial 27)
 

Marruecos con sus 34 millones de habitantes era un país que había experimentado décadas de una terrible dictadura, la de los “Años de Plomo” de Hasan II. En junio de 1999, cuando ascendió al trono, Mohamed VI, un hombre joven -con halo de benevolencia, empatía por su pueblo y compasión por los pobres- las expectativas de cambio y progreso se dispararon. Parecía que el país se encaminaba sin retorno hacia un futuro próspero, liberal y democrático.

 

Una monarquía ejecutiva

Mohamed VI lleva 10 años reinando y a la vez gobernando. Algo muy raro e inédito. Porque de ordinario los monarcas (reyes y reinas) son figuras decorativas que encarnan y representan la majestad de la nación en cuanto Jefes de Estado. Pero los que de hecho gobiernan son los Jefes de Gobierno: bajo la figura de presidentes en las democracias electivas y de primeros Ministros con sus gabinetes en los regímenes parlamentarios. Mohamed VI conjuga, a la vez, una monarquía casi absoluta y vitalicia con una presidencia altamente concentrada y ejecutiva, con competencia sobre casi todos los temas nacionales e internacionales y pocas cortapisas.

 

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Algo de biografía

El joven príncipe recibió educación coránica en Palacio y desde 1969 una formación de tipo occidental en el Colegio Real de Rabat, compartiendo aula con los hijos de las elites. Su conocimiento del español, lengua que habla además del inglés, el francés y, obviamente, el árabe, le viene de una institutriz española que tuvo asignada en su infancia. En 1985 se licenció en Derecho por la Universidad Mohammed V de Rabat . Dos años después obtuvo un título superior en Ciencias Políticas y en 1988 pasó unos meses en la Comisión Europea en Bruselas para familiarizarse con las cuestiones internacionales. Su formación académica se cerró en 1993 con el doctorado en Derecho por la Universidad Sofía-Antípolis de Niza. La tesis que defendió, “La cooperación entre la Unión Europea y los países del Magreb”, indicaba sus intereses internacionales

Serio e introvertido, su trayectoria como príncipe heredero se mantuvo en un perfil discreto, siendo bien pocos los detalles que se conocían de su vida privada. Su padre, no obstante, le fue confiriendo progresivamente responsabilidades, sobre todo en el terreno diplomático. Pero el verdadero bautismo internacional de Mohammed vino con su discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, en octubre de 1995, con motivo del 50º aniversario de la organización, sustituyendo a su padre súbitamente indispuesto. Aunque en julio de 1994 fue promovido a general de división, Mohammed no respondía en absoluto al molde de príncipe militar. Antes bien, aparecía interesado en las nuevas tecnologías y se le consideraba sensible a la problemática social y religiosa del país, inclinaciones bien poco características del talante de su padre o de su hermano menor, el príncipe Rashid. Por lo demás, Mohammed era un aficionado a los deportes de velocidad, como el jet-ski y el automovilismo, pasión que en noviembre de 1985 le acarreó un accidente de tráfico. Como cualquier otro joven marroquí, se sabía que era seguidor de la música rai, un pop local con contenidos contestatarios. En la segunda mitad de los años noventa, su influencia en los asuntos de Palacio creció, hasta el punto de considerárselo pieza clave en el acercamiento de Hasan a la oposición socialista. El mal estado de salud de Hasan tuvo un súbito desenlace fatal el 23 de julio de 1999. En ese instante Mohammed se convirtió en jefe del Estado y al día siguiente, por la ceremonia del acatamiento que representa la tradición paternalista de la Beia, los ulema islámicos, los miembros de Palacio con la familia real a la cabeza, los mandos del Ejército y demás notables del Reino le reconocieron como el 18º monarca de la dinastía alauí (fundada en 1664) con el nombre de Mohammed VI, comendador de los creyentes y 36º descendiente directo del Profeta Mahoma.

El comienzo de una nueva era

Desde su asunción como nuevo monarca (1999), Mohamed VI, ha tomado sobre sí el reto de introducir realmente a su país en la modernidad, de cambiar unos usos políticos más propios de la Edad Media que de estos albores del Tercer Milenio y de propiciar el progreso económico, social y cultural de su pueblo, único antídoto verdaderamente efectivo contra el integrismo y el subdesarrollo que amenazan a los países islámicos. En su primer discurso a través de la televisión, prometió acabar con la pobreza y la corrupción, creando empleo y garantizando el cumplimiento de los Derechos Humanos. Por su talante modernizador, Mohamed VI ha encontrado la oposición de los islamistas conservadores. Durante su mandato, ha apoyado el pluralismo político y ha creado un nuevo código familiar, la Mudawana, que otorga mayor poder e independencia a las mujeres. También ha creado la denominada IER, una comisión que pretendía revisar los casos de violación de los Derechos Humanos durante el reinado de su padre. En la misma línea aperturista, Mohamed VI permitió el regreso al país del opositor Abraham Serfaty, y le reconoció nuevamente su nacionalidad marroquí.
Como es también líder religioso, en su condición de jefe espiritual de los marroquíes y presidente del Consejo de Ulemas, emprendió dos reformas religiosas con el objetivo de eliminar a los elementos más integristas de la comunidad islámica marroquí. En 2004 reestructuró el Ministerio de Asuntos Religiosos y puso bajo su control los 41.755 lugares de culto, un tercio de ellos mezquitas. Financió personalmente la construcción de una mezquita en el puerto chileno de Coquimbo, y allí mismo un centro de diálogo entre las civilizaciones, que lleva por nombre "Mohamed VI de Marruecos".

Sobre el problema crucial del Sáhara, en su primer año de gobierno, tomó directamente las riendas del asunto con la creación de una comisión político-militar bajo su dirección. Esta actuación preliminar permitió atisbar que en lo sucesivo los militares, incluidos varios compañeros de promoción del rey, iban a jugar un papel más relevante en la dirección del Estado, algo del todo inesperado dada la poca afición de Mohammed por los asuntos militares en su etapa de príncipe.

El 9 de noviembre de 1999, por sorpresa, el joven rey destituyó a Basri (eminencia gris del anterior régimen de Hasan y que contaba con plenos poderes) y semanas después produjo una cascada de relevos en la administración provincial y en la Dirección de Seguridad del Territorio (DST, policía política). Mayores avances se hicieron en el capítulo de los perseguidos por el régimen, con amplias amnistías y reducción de penas. Le fue levantado el arresto domiciliario -vigente desde 1989- al jeque Abdessalam Yassin, líder del grupo fundamentalista Justicia y Caridad.

Otros gestos reveladores de la superación del pasado fueron la autorización el 30 de septiembre de 1999 de regresar a Marruecos a Abraham Serfaty, el más conocido preso político marroquí que vivía exiliado en Francia desde 1991, y la misma disposición para la familia de Mehdi Ben Barka, el dirigente socialista opositor, raptado y desaparecido en París en 1965.
Para confirmar que el joven Mohamed VI sigue reinando y además gobernando, en los primeros días de enero de este año 2010, emprendió con ímpetu una reestructuración del Estado y una remodelación del Gobierno. Primero anunció una regionalización de su reino que empezará por el Sáhara Occidental, que Marruecos controla desde 1975, e hizo luego cambios de Gobierno que afectan a dos carteras clave: Interior y Justicia y a otros tres ministerios del gabinete. Otra de sus reformas es la de elaborar en seis meses un plan de "regionalización avanzada" en un país muy centralizado como es Marruecos. "Tenemos la intención de colocar a las provincias del sur recuperadas entre los primeros beneficiarios de la regionalización avanzada", señaló el rey.

Conclusión
Han pasado diez años desde que un joven, prometedor monarca árabe, sucedió a su padre en el trono alauita de Marruecos. Diez años que han visto a algunas personas creer que el cambio puede estar por llegar. Respecto de la pasada década del reinado de su monarca, algunos bloggers marroquíes lo resisten, otros lo alaban por sus ‘logros’. Parece haber un común denominador: el simple apetito por un futuro mejor” (Global Voices, Una década con Mohamed VI)