Los candidatos presidenciales
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Una campaña electoral -como la que está culminando en Colombia - es un mecanismo que debe servir para generar hechos políticos con miras a un mandato claro. Es decir, debe conducir a una manifestación explícita de los ciudadanos en favor de un programa de gobierno y un candidato al primer cargo de la Nación. Colombia, ha adoptado constitucionalmente las dos vueltas para elección de Presidente, la primera ronda refleja le competencia de todos contra todos; y la decisión electoral se toma por mayoría absoluta. Si ninguno de los varios candidatos llega a obtener la mitad más uno de los votos emitidos válidamente, entonces pasarán a segunda ronda los dos candidatos presidenciales (con su fórmula vicepresidencial) que hayan logrado la mayor votación. Y en dicha segunda vuelta se declara elegido presidente a quien obtenga la mayoría simple. Las ventajas de esta metodología electoral suelen ser que permite, en la primera vuelta, una mayor expresión de tendencias, grupos y candidatos minoritarios; y por la segunda vuelta, se asegura una base por lo menos de 50% de legitimidad popular para el futuro gobernante, que bastante le hará falta. En medio de sus grandes dificultades y retos, a Colombia no le faltan actualmente las opciones válidas para ser bien gobernada.

 

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Los cuatro reyes de la baraja

Más exactamente son tres reyes y una reina. Las cartas están ya echadas sobre la mesa de juego. De los 14 candidatos presidenciales, 8 son exóticos, poco representativos y sin opción. Son 4 los verdaderos pesos pesados. Y cada uno ha elegido su pareja o fórmula como candidato a vicepresidente. Horacio Serpa a la bella ejecutiva antioqueña y ex-ministra de Relaciones Exteriores, Ma. Emma Mejía. Andrés Pastrana al intelectual e historiador costeño, Gustavo Bell Lemus, liberal, quien fue gobernador del Atlántico por elección popular de 1992 a 1995. Noemí Sanín escogió a quien fuera Rector de la Universidad Nacional y Alcalde Mayor de Bogotá, ex-candidato presidencial, personaje independiente en política, conocido por sus irreverencias y excentricidades. El Gral. Harold Bedoya seleccionó a Jorge García Hurtado, primero y único ex-Veedor de la República, quien adquirió notoriedad por su frontal lucha contra la corrupción gubernamental y partidista.

Cada uno de los candidatos representa algo para lo cual el país está muy sensibilizado. Serpa la paz. Pastrana el cambio político y de gobierno. Sanín la vida y el gran cambio en todo. Bedoya el orden y la seguridad.

 

Horacio Serpa

Un hombre hecho a pulso con un largo trajinar en la política regional y nacional; quien no solamente vivió sino sobrevivió a los 877 días más difíciles del gobierno de Samper, como su Ministro del Interior. Como tal, sobrevivió a los ataques de la oposición conservadora y de un sector de su propio partido -incluido el vicepresidente De la Calle- , a las embestidas de la diplomacia norteamericana, de la guerrilla, de los empresarios. Muy hábil orador parlamentario y conocedor de los vericuetos de la clase política colombiana; sabe proyectar una personalidad sencilla, humilde, trasparente que induce a credibilidad. Ha mantenido una gran lealtad con el gobierno de Samper, que en esta coyuntura es su mayor lastre. Porque hay un sector importante del país que se frunce ante la alternativa de un gobierno que represente continuidad con el que está terminando. La izquierda cree en Serpa, como defensor que ha sido de los derechos humanos. Pero como el clientelismo político también lo apoya, el país nacional no acaba de aceptar esta mezcla de aceite con agua turbia.

 

Andrés Pastrana

Tiene ante sí la oportunidad de gobierno que se le negó hace cuatro años en las urnas. Y el país le está perdonando la responsabilidad que tuvo en el escándalo de los narcocasetes cuando los entregó no sólo al presidente Gaviria sino también al embajador Frechette de Estados Unidos, con todas sus consecuencias.
Siendo el candidato oficial del Partido Conservador, sin embargo está abierto a otras corrientes y recibe el apoyo de sectores no-serpistas del Liberalismo y de independientes. Su mensaje de cambio (color rojo) lo enmarca en un aura de seriedad y seguridad (color azul). Y lo ha concretado en un programa de "Los 10 grandes cambios", que toca los intereses de 10 diferentes audiencias: mundo campesino, urbano, empresarial, categorías dirigentes, jóvenes… Tiene un apoyo sólido en pueblos pequeños del país, a los que llega la maquinaria conservadora, así como en sectores capitalinos (fue dinámico alcalde de Bogotá). Le madrugó a los otros candidatos y picó adelante -como dicen-, colocándose en este momento en el primer lugar de preferencia en las encuestas de opinión.

 

Noemí Sanín

Le está dando nuevo aire a la política colombiana. Encabeza una "tercería" o posición independiente que rompa en Colombia el monopolio político de los dos grandes partidos, pues nunca ha sido miembro de la clase política, aunque ha desempeñado con lujo cargos como dos ministerios, el de Comunicaciones y Relaciones Exteriores y dos embajadas muy importantes como la de Venezuela e Inglaterra.. Por su personalidad y trayectoria está resultando lo que los medios llaman el "fenómeno de La Niña". Un periodista como Plinio Apuleyo, que la conoce bien, afirma que el rasgo más notable de su personalidad es la obstinación.
Rara vez se da por vencida en sus empeños. Tiene liderazgo y le cabe el país en la cabeza. Es ejecutiva, eficiente, busca y obtiene resultados. De todos los candidatos, es ella quien tiene mayor rodaje internacional y quien ofrece menor resistencia en los sondeos de opinión. Noemí los oye a todos: oye a la izquierda, oye a la derecha, oye a Dios y oye al diablo, pero termina haciendo su santa voluntad. Y siempre, claro, con un desarmante encanto. Es, en síntesis, una mujer de carácter. Es decir, el hombre que necesita el país, en la actual coyuntura, con sus propuestas de transformación radical y de reconciliación. Como ella mismo lo afirmó, en un reportaje, "cuando faltan pantalones, es mejor una falda bien puesta".

 

Harold Bedoya

Por 42 años ha sido un animal de guerra, a través de una brillante carrera militar. Hoy, vestido de civil, intenta ser un animal político. Visceralmente anti-serpista, representa el rechazo a la clase política y enarbola una bandera de mano dura contra la guerrilla envalentonada, contra la corrupción rampante y contra la anarquía criminal. Su mensaje tiene eco en un país con un gobierno débil y chantajeado por fuerzas internas y también externas. Es sencillo y no rebuscado. Su despacho simboliza lo que es él y su mensaje. A los dos lados del escritorio, una bandera colombiana, y otra de su movimiento "Fuerza Colombia"; una escultura en laja de san Miguel Arcángel, comandante de las milicias celestiales y en la pared, un Sagrado Corazón de Jesús, con una leyenda que dice: "Amigo que nunca falla". Cree en la Fuerza y cree en Dios. Pero en Colombia no hay tradición de militares que lleguen a la presidencia por elección popular. No llegaron, antes que él, ex-ministros de Defensa muy bien calificados como fueron Ruiz Novoa (1966), Valencia Tovar (1977), Landazábal Reyes (1982). Por un "golpe de opinión" (eufemismo de golpe de Estado), llegó el Gral. Rojas Pinilla en 1953, pero más tarde en 1970 perdió en las urnas frente a Misael Pastrana, padre del actual candidato Andrés.

 

Conclusión

Colombia, en esta coyuntura, quiere -en primer lugar- un buen manejo de la economía y en segundo lugar, quiere la paz. Desea mano dura y autoridad, pero a la vez, reconciliación y desmonte de la violencia armada. A 15 días exactos de la segunda vuelta, los sondeos de opinión dan un 36% a favor de Pastrana, un 34% por Serpa, un 20% a favor de Sanín, un 5% por Bedoya. La segunda vuelta decidirá el 21 de junio.

11 de mayo de 1998