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INTRODUCCIÓN
El
movimiento insurrecional, convocado
por Madero, que en 1910 echó
por tierra la larga dictadura
de Porfirio Díaz, fue no
sólo la primera movilización
de masas para llegar al poder
(anterior a la bolchevique en
Rusia), sino que derivó
en una auténtica revolución,
de esas que cambian radicalmente
la andadura de un país
y de una época. Tres revoluciones
convergieron en la mexicana, a
saber: la democrática postulada
por Madero, la agraria requerida
por Zapata y la antiimperialista
atizada con sobra de motivos por
Venustiano Carranza. Todas ellas
se incorporaron en la Constitución
mexicana de 1917 y han sobrevivido
a las 218 modificaciones que se
le han hecho. Pero como todas
las revoluciones del mundo, la
mexicana quedó inconclusa
y generó también
su propia contra-revolución.
En 1916, ya Mariano Azuela en
su novela sobre la revolución,
titulada Los de abajo, la juzgaba
inconclusa por falta de más
pueblo real. Y el golpe de Victoriano
Huerta contra Madero y posteriormente
el asesinato de Carranza inician
intentos de bajar del caballo
a la incipiente revolución.
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