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puede afirmarse con seriedad que una Cumbre
de 34 presidentes o jefes de gobierno de
todo un continente sea una “pérdida
de tiempo”. El solo hecho de tomarle
el pulso a una vasta región por quienes
son sus gobernantes elegidos popularmente,
es positivo. Y es saludable y conveniente
para los pueblos la metodología del
diálogo y la negociación,
en lugar del enfrentamiento verbal a través
de una diplomacia de micrófono o
peor con una eventual toma unilateral de
acciones radicales. De este tipo de reuniones
internacionales salen orientaciones y políticas
generales (suficientemente flexibles) sobre
problemas mayoritariamente sentidos, que
quedan consignados en una Declaración
final. Las aplicaciones viables y concretas
son ulterior responsabilidad de cada gobierno
signatario del documento final, de acuerdo
con la voluntad y capacidad que tenga cada
uno para gerenciar las soluciones.
Una
agenda flexible
Esta
reunión, IVª Cumbre de las Américas,
celebrada el pasado 12 y 13 de enero en
Monterrey (México), fue convocada
con carácter extraordinario en abril
del 2003 para dar respuesta a los profundos
cambios económicos y políticos
ocurridos después de la Cumbre de
Québec. La Iª Cumbre de Miami
(1994) enfatizó lo económico:
fue un mandato para la conformación
del Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) cuya última
etapa de negociación debería
concluirse en enero 2005. La IIª Cumbre
de Santiago de Chile (1998) enfatizó
la lucha antinarcóticos: creó
el Mecanismo de Evaluación Multilateral
en la Lucha contra las Drogas en el hemisferio.
La IIIª Cumbre de Québec (2001)
enfatizó el fortalecimiento de la
práctica democrática en la
región: los 33 presidentes acogieron
la llamada “cláusula democrática”
y la suscribieron posteriormente en la Carta
Democrática de la OEA, de obligatorio
cumplimiento para todo país que quiera
seguir perteneciendo a la familia de las
Américas. La reciente IVª Cumbre
enfatiza lo social: crecimiento económico
con equidad para erradicar la pobreza, lo
que debe conducir a una mayor gobernabilidad
democrática. |
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Compromiso de tendencias
Por
la agenda dominante en las Cumbres de las
Américas puede advertirse el peso
de los intereses de los Estados Unidos en
cada una de las coyunturas. Querámoslo
o nó es una realidad hegemónica
ineludible, mayor ahora que cuando Simón
Bolívar prevenía contra ella
en su época y buscaba crearle un
contrapeso en el Congreso Anfictiónico
de Panamá. América Latina
es una zona geopolítica bastante
olvidada de ordinario (o no suficientemente
apreciada) por las administraciones norteamericanas,
sobre todo por las republicanas. Pero no
puede olvidarse que este año bisiesto
es año electoral en EU y que el electorado
de habla hispana comienza a contar ya algo
para el presidente que busca la reelección.
Bush, así como ha relanzado el llamativo
programa espacial de la NASA, creyó
también oportuno reunirse con sus
colegas del Sur para dar un vistazo a los
problemas de “nuestra región”.
Pero América Latina, en estos tres
años, ha cambiado y es bastante distinta.
Es ahora menos dócil y confiable
para EU –como lo evidenció
su escuálido apoyo a la guerra de
Iraq. La la relación es ahora menos
asimétrica. La intención de
Bush parecía ser presionar más
a nuestros países para el pronto
ingreso al ALCA, hacer sentir más
sola a Cuba por fuera de la OEA, golpearle
la cresta a los nuevos gallos de Argentina
y Brasil y quizás hacer desafinar
más a Chávez en el abigarrado
concierto de naciones tropicales. Pero la
realidad ha sido otra. Sin ceder en sus
propósitos (“el comercio es
el camino más seguro hacia la prosperidad
dcuradera”), la delegación
de EU ha tenido que aceptar que el énfasis
comercial (libre comercio) no soluciona
de por sí los graves problemas de
desarrollo y pobreza de estos países
si no va acompañado de un efectivo
proceso de equidad en la distribución
del ingreso y de oportunidades así
como de una explícita política
de desarrollo social.Lo expresó bien,
en sus palabras de inauguración de
la Cumbre, el presidente Lagos de Chile:
“Este no es el continente más
pobre, pero tal vez es el más injusto.
Con equidad seremos capaces de derrotar
la pobreza e introducir elementos de gobernabilidad
entre nosotros”. Así lo había
expresado Lula da Silva de Brasil: “Para
nosotros, lo económico y lo social
constituyen dos dimensiones inseparables
e igualmente prioritarias del desarrollo”.
Y así quedó consignado en
el documento final de la Cumbre: “La
justicia social y la reducción de
la pobreza contribuyen a la estabilidad
democrática de nuestros Estados y
de la región. Reiteramos que entre
las principales causas de la inestabilidad
en la región están la pobreza
y exclusión social, que necesitamos
enfrentar de forma urgente”. En forma
complementaria, otro tema reiteró
el compromiso ya adquirido por todos para
intensificar y fortalecer la cooperación
en la lucha contra el terrorismo (tema privilegiado
por la delegación de Colombia) y
un nuevo tema (privilegiado por los países
de Centroamérica) que, asumido por
Estados Unido, deberá reducir los
costos de los envíos de remesas desde
ese país y abaratar los de recepción
de estos fondos en los países latinoamericanos.
Su cantidad anual se calcula en 32.000 millardos
de dólares (cantidad mayor que las
inversiones desde EU), que favorece especialmente
a países de alta inmigración
en EU como México, Centroamericanos
y más recientemente países
Andinos.
Conclusión
En homenaje al politólogo italiano
Norberto Bobbio, recientemente fallecido
en Turín, eminente formador de varias
generaciones de cientistas políticos,
verificamos con satisfacción que
en la IVª Cumbre de Monterrey se va
cumpliendo su paradigma de una democracia
eficiente con una fórmula social
descontaminada de populismo y compatible
con un crecimiento económico, que
puede ser bandera de una nueva izquierda,
diferente y viable, para nuestros países
al sur de Rio Grande.
28 enero 2004 |