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| Un
electorado de casi 42 millones votó
polarizado frente a dos proyectos opuestos
socio-económicos. Uno de centro derecha,
liderado por Felipe Calderón; y otro
de centro izquierda, encabezado por López
Labrador. En la historia política
del país nunca había habido
un margen tan estrecho de diferencia entre
los dos candidatos mayoritarios. Por ello,
durante una semana fueron puestas a prueba
la paciencia de los ciudadanos y la solidez
institucional del país, que ya lo
había sido hace 6 años cuando
concluyó la hegemonía del
PRI (Partido Revolucionario Institucional).
El Instituto Federal Electoral (IFE) agotó
al máximo su modernización
y responsabilidad para entregar contra reloj
unos resultados finales transparentes y
confiables. Escrutados los 41.758.000 votos
registrados en 130.500 actas de 300 distritos
electorales, el resultado final dio 35,88%
para el PAN, 35,31% para el PRD y 22,27%
para el PRI (Madrazo). La diferencia a favor
de Calderón sobre López Obrador
fue de 236.000 votos.
Jalisco
no se raja
Objetivamente
no puede negarse que México acaba
de dar al continente un gran ejemplo de
madurez democrática, mostrando una
serie de fortalezas. La estructura del sistema
democrático, apenas reafirmado hace
6 años, logró superar los
estremecimientos de la barrera del sonido
y salir avante. Los líderes políticos
-en una lucha apretada por el poder- mostraron
ser maduros y ponderados, poniendo el bien
colectivo nacional sobre otros intereses.
Lo que no excluye el derecho que les da
la Ley a plantear algunas impugnaciones
que deberá conocer de oficio el Tribunal
Federal Electoral antes del 6 de septiembre.
Los ciudadanos pudieron expresar libremente
sus opciones, derecho que ejercieron responsablemente.
El organismo electoral mostró que
venía modernizándose, organizándose
bien y ser bastante confiable. Es decir,
la democracia en México está
siendo efectiva y es pluralista.
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Análisis
& Opinión
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México lindo
La
aritmética democrática suele
ser sencilla: si un partido político
tiene la mayoría absoluta en el Congreso,
puede gobernar solo. Pero si carece de ella,
tiene que construir la mayoría a
través de negociaciones, si es que
quiere tener gobernabilidad y ser productivo.
En México no existe la tradición
política de compartir el poder (es
visto como debilidad del ganador y traición
a las banderas con las que ganó).
Y un clima político-ideológico
vivido durante 70 años no favorece
un gobierno de coalición. Pero no
hay otro remedio. Con el resultado de los
comicios, México ha quedado en un
formato de cierto bipartidismo moderado
(estilo Alemania), en el que el partido
ligeramente ganador busca acuerdos sustanciales
con el que le sigue, alrededor de un centro
común, hacia el que convergen desde
los dos extremos. O de otra manera, se busca
una alianza entre el partido ganador y el
tercer partido minoritario, pero suficiente
para que opere como el fiel de la balanza
(como lo es en Alemania el Partido Liberal
entre los dos grandes, el Social Demócrata
y el Social Cristiano), con correspondiente
y equitativo reparto ministerial (o Secretarías
como se denominan en EUA y México
los Ministerios ejecutivos). El nuevo y
joven presidente Calderón tiene a
su favor el que es un temperamento conciliador
y reconocido buen negociador. Y tiene conciencia
de que tiene que gobernar, a partir del
1º de diciembre, para todos, sin exclusión
de sectores y regiones políticamente
adversos. Y así lo ha prometido.
Electoralmente ganó el Norte (con
mejores índices de riqueza) por sobre
el Sur (con mayores índices de pobreza),
pero eso lo obliga a ser más justo
en una sociedad igualitaria y fraterna de
vasos comunicantes. No habiendo propuestas
de falso populismo, las áreas de
más fácil concertación
pueden ser la energética, la de anticorrupción
y seguridad, la de integración (ALCA
y Centroamérica). Para la creación
de empleo y seguir reduciendo la pobreza,
Calderón es continuista con Fox en
el sentido de aumentar inversión,
con ello desarrollo y con ello plazas de
trabajo. Mientras López Obrador favorecía
un cambio hacia mayor gasto público
y social, aunque las cifras no cuadraban
para su propuesta. Combinar seguridad con
bienestar compartido es el lineamiento que
parece aplicará Calderón en
su política con EUA y con América
Latina.
Resultado:
Mientras la derecha no sea intolerante ni
la izquierda sea irresponsable, el nuevo
México tiene ante sí grandes
retos pero enormes oportunidades para un
salto hacia adelante. |
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