México : Jalisco ni se endiosa ni se raja (Editorial 106)
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En el mapa de América Latina y el Caribe, México con una población de 110 millones de habitantes, sus inmensos recursos y una ya larga y avezada trayectoria política, pesa mucho en la balanza geopolítica hoy cuando se enfrentan en nuestro continente diferentes posiciones ideológicas y modelos económico-sociales. Tras los resultados de elecciones primarias presidenciales (o primera vuelta) el pasado 1º de junio, para el próximo domingo 1º de julio está convocado el electorado mexicano para un proceso electoral federal en el que se elegirán 500 diputados, 128 senadores y 1 presidente de la República escogido entre el candidato del PRI (Enrique Peña Nieto) y el candidato de la IZQUIERDA (Andrés Manuel López Obrador). Me permito algunas reflexiones iniciales en coherencia con otras que anteriormente he consignado sobre México en mi leído “Observatorio de Política Internacional”. Con la elección presidencial en México, el ambiente electoral se ha puesto al rojo vivo. La Presidencia en México determina el destino de toda la nación por otros seis años. Se puede hablar de una presidencia imperial. Con más fuerza que en naciones muy presidencialistas como Colombia, Argentina, Perú. El poder de los presidentes mexicanos sigue recordando el de los soberanos aztecas.

 

 

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Jalisco no se endiosa (PRI)

Plutarco Elías Calles, jefe máximo de 1924 a 1928, ideó la fundación de un partido hegemónico, que detentara institucionalmente el poder sin recaer en autocracias caudillistas. Concibió un partido que permitiera a los caudillos emanados de la Revolución Mexicana encontrar una vía distinta a la asonada para acceder al poder. Debería ser un camino intermedio entre la Dictadura cesarista, de tan largo raigambre en México, y la Democracia, la cual podría irse consolidando y ampliando. Nace, así, en 1929, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que se convierte en 1946 en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), organizado como una “gran ameba”. Su base eran los campesinos, los obreros y los sectores populares fuertes. Había escasa presencia de las mujeres y de los jóvenes, y como cosa rara, no se apuntalaba en los militares. Desde entonces, por 70 años (hasta las elecciones del 2.000) el PRI fue la pieza clave de todo el engranaje político mexicano. Y a él se le deben tanto las altas como las bajas, los logros y los fracasos de este gran país del norte. Se puede afirmar que la historia de México en el siglo XX fue, en muy buena parte, la propia historia del PRI. No se puede negar que el PRI fue el gran canal de movilidad social de México y le dio estabilidad al país, todo lo cual ha hecho posible su desarrollo (por más desigual y defectuoso que haya sido). El “Ogro Filantrófico” lo llamó en su momento Octavio Paz - por su monstruosa fealdad y su discurso popular-, que no disimulaban la brusquedad política y las garras, con las cuales impuso autoridad sin contrapeso en sus dominios. Algo contra lo cual la sociedad mexicana se pronunció en un veredicto histórico en las elecciones del 2.000 cuando pasó el poder imperial a Fox del partido PAN. Pero hay que reconocer que este ogro era filantrópico. En su discurso y muchas de sus políticas –tanto internas como internacionales (caso Cuba) – buscaba favorecer los reclamos de los desposeídos y de los rebeldes con causa. No se puede negar que el PRI logró que México transitara hasta nuestro siglo XXI, con un creciente desarrollo y sin haber caído en dictaduras militares ni en aventuras revolucionarias de nuevo cuño, como ha ocurrido en otros países. Es un caso realmente atípico en América Latina y el Caribe. El Ogro Filantrópico mexicano (la "dictadura perfecta" como bien la llamó Vargas Llosa) venía en deuda con la democracia y la ha saldado durante los dos últimos gobiernos (el de Vicente Fox y el de Felipe Calderón, ambos del PAN). Ahora, renovando su primigenia inspiración, pero renunciando a sus reflejos hegemónicos, métodos bruscos y discurso populista, busca recomponerse y renovar su poder de convocatoria, prometiendo un gobierno eficiente y democrático, con un joven candidato de 45 años, Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México (el de mayor población). El candidato promete lucha frontal contra los poderosos carteles del narcotráfico y devolver a México el puesto de liderazgo que le compete. En entrevista del 11 de junio ha dicho: “Hoy el PRI está conformado, en buena medida, por nuevas generaciones que se han formado en una cultura y un ambiente democrático. El principal cambio es que está preparado para la competencia democrática. El PRI ha aprendido de sus errores. Creo que México tiene la oportunidad de recuperar el liderazgo internacional y sobre todo puede convertirse en un gran referente para la región, pero dependerá del éxito que tenga dentro, en la gestión hacia el interior, porque eso fue lo que le ocurrió a Brasil”.

Jalisco no se raja (IZQUIERDA)

Yo sigo sosteniendo que en nuestras Américas no ha existido nunca una izquierda política monolítica y que hoy son varias las tendencias que, levantando las mismas banderas de equidad y justicia social, van señalando derroteros muy diferentes y contrapuestos. Una, ya muy caracterizada por el liderazgo fuerte de Chávez en Venezuela -a quien todavía acompañan Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua- que sigue añorando la epopeya y el carisma fundacional de Fidel Castro en Cuba. Es una izquierda heroica y revolucionaria, cargada de emociones, denuncias y esperanzas, pero que ya en el poder encuentra serias dificultades para conciliar buen desarrollo económico y buena democracia social. Izquierda de "emociones fuertes e ideas débiles", la definió Jean Francois Revel, célebre intelectual francés y crítico mordaz por cuarenta años de todos los extremismos. La otra izquierda, con fachada menos heroica, con promesas menos mesiánicas, más matizada y evolutiva, viene mostrando buenos resultados para la salud económica, política y social de países como Chile (Lagos y Bachelet), Brasil (Lula da Silva, Dilma Roussef ), Uruguay (Vásquez). La enfermedad de muchas izquierdas está en lo que ya en su tiempo llamaba Lenin "infantilismos de izquierda" y que en nuestro siglo XXI pudieran más bien designarse como "senilismos de izquierda".

 

¿Qué le pasa a López Labrador?

El partido de izquierda PRD que llevó a Cuauhtemoc Cárdenas a ganarle al todopoderoso PRI las primeras elecciones directas para la Gobernación de la ciudad de México (julio 1997), fue en manos de López Obrador - Gobernador popular de la gigantesca capital- el instrumento y cauce para intentar alcanzar la presidencia en las anteriores elecciones del pasado julio de 2006. Pero cometió varios errores. Se apalancó demasiado en la ciudad de México (a pesar de su innegable peso nacional), olvidándose en su programa, organización política y movilización del resto del país (la otra mitad) conformado por regiones ricas y desarrolladas como son las del norte y otras ciudades que cuentan. Lamentablemente confundió manifestantes con votos y confundió a los manifestantes con activistas plenamente concientizados, sin que lo fueran. Durante varias semanas de acciones de calle en la capital (que además entorpecieron actividades comerciales, educativas, turísticas con pérdidas de millones), el resto del país (a excepción de Oaxaca por unos reclamos salariales) permaneció callado y tranquilo frente a los reclamos altisonantes e histéricos de López Obrador quien exigía prácticamente una nueva votación nacional porque los primeros resultados no favorecieron sus cálculos. Me queda la impresión de que el candidato perdedor sobreestimó lo hecho como gobernador en la ciudad capital (y su influjo en las masas desposeídas locales), pensando que allí tenía el capital político suficiente para reinstaurar el "ogro filantrópico" que había sido el PRI. López Obrador mostró, en la campaña electoral y en su comportamiento postelectoral, rasgos hirsutos de una vieja izquierda marxista-leninista que creíamos iba siendo superada para ser alternativa viable en nuestro continente. Errores estratégicos y tácticos que ha estado ahora corrigiendo de palabra en su nuevo intento por lograr la presidencia. Pero no acaba de convencernos de que realmente represente una alternativa confiable para México y América Latina de una izquierda nueva, moderna, pluralista, auténticamente democrática y postcomunista.

Moraleja. A varias izquierdas (como la de López Labrador) les falta todavía madurez, formación de cuadros, programas equilibrados y pragmáticos. Les sobra ideologismo y voluntarismo de poder. Y requieren más realismo económico y político, si quieren ser viables democráticamente en nuestro continente.

22-06-12