Jalisco no se endiosa (PRI)
Plutarco Elías Calles, jefe máximo
de 1924 a 1928, ideó la fundación
de un partido hegemónico, que detentara
institucionalmente el poder sin recaer
en autocracias caudillistas. Concibió
un partido que permitiera a los caudillos
emanados de la Revolución Mexicana
encontrar una vía distinta a la
asonada para acceder al poder. Debería
ser un camino intermedio entre la Dictadura
cesarista, de tan largo raigambre en México,
y la Democracia, la cual podría
irse consolidando y ampliando. Nace, así,
en 1929, el Partido Nacional Revolucionario
(PNR), que se convierte en 1946 en el
Partido Revolucionario Institucional (PRI),
organizado como una “gran ameba”.
Su base eran los campesinos, los obreros
y los sectores populares fuertes. Había
escasa presencia de las mujeres y de los
jóvenes, y como cosa rara, no se
apuntalaba en los militares. Desde entonces,
por 70 años (hasta las elecciones
del 2.000) el PRI fue la pieza clave de
todo el engranaje político mexicano.
Y a él se le deben tanto las altas
como las bajas, los logros y los fracasos
de este gran país del norte. Se
puede afirmar que la historia de México
en el siglo XX fue, en muy buena parte,
la propia historia del PRI. No se puede
negar que el PRI fue el gran canal de
movilidad social de México y le
dio estabilidad al país, todo lo
cual ha hecho posible su desarrollo (por
más desigual y defectuoso que haya
sido). El “Ogro Filantrófico”
lo llamó en su momento Octavio
Paz - por su monstruosa fealdad y su discurso
popular-, que no disimulaban la brusquedad
política y las garras, con las
cuales impuso autoridad sin contrapeso
en sus dominios. Algo contra lo cual la
sociedad mexicana se pronunció
en un veredicto histórico en las
elecciones del 2.000 cuando pasó
el poder imperial a Fox del partido PAN.
Pero hay que reconocer que este ogro era
filantrópico. En su discurso y
muchas de sus políticas –tanto
internas como internacionales (caso Cuba)
– buscaba favorecer los reclamos
de los desposeídos y de los rebeldes
con causa. No se puede negar que el PRI
logró que México transitara
hasta nuestro siglo XXI, con un creciente
desarrollo y sin haber caído en
dictaduras militares ni en aventuras revolucionarias
de nuevo cuño, como ha ocurrido
en otros países. Es un caso realmente
atípico en América Latina
y el Caribe. El Ogro Filantrópico
mexicano (la "dictadura perfecta"
como bien la llamó Vargas Llosa)
venía en deuda con la democracia
y la ha saldado durante los dos últimos
gobiernos (el de Vicente Fox y el de Felipe
Calderón, ambos del PAN). Ahora,
renovando su primigenia inspiración,
pero renunciando a sus reflejos hegemónicos,
métodos bruscos y discurso populista,
busca recomponerse y renovar su poder
de convocatoria, prometiendo un gobierno
eficiente y democrático, con un
joven candidato de 45 años, Enrique
Peña Nieto, gobernador del Estado
de México (el de mayor población).
El candidato promete lucha frontal contra
los poderosos carteles del narcotráfico
y devolver a México el puesto de
liderazgo que le compete. En entrevista
del 11 de junio ha dicho: “Hoy el
PRI está conformado, en buena medida,
por nuevas generaciones que se han formado
en una cultura y un ambiente democrático.
El principal cambio es que está
preparado para la competencia democrática.
El PRI ha aprendido de sus errores. Creo
que México tiene la oportunidad
de recuperar el liderazgo internacional
y sobre todo puede convertirse en un gran
referente para la región, pero
dependerá del éxito que
tenga dentro, en la gestión hacia
el interior, porque eso fue lo que le
ocurrió a Brasil”.
Jalisco no se raja (IZQUIERDA)
Yo sigo sosteniendo que en nuestras Américas
no ha existido nunca una izquierda política
monolítica y que hoy son varias
las tendencias que, levantando las mismas
banderas de equidad y justicia social,
van señalando derroteros muy diferentes
y contrapuestos. Una, ya muy caracterizada
por el liderazgo fuerte de Chávez
en Venezuela -a quien todavía acompañan
Morales en Bolivia, Correa en Ecuador,
Ortega en Nicaragua- que sigue añorando
la epopeya y el carisma fundacional de
Fidel Castro en Cuba. Es una izquierda
heroica y revolucionaria, cargada de emociones,
denuncias y esperanzas, pero que ya en
el poder encuentra serias dificultades
para conciliar buen desarrollo económico
y buena democracia social. Izquierda de
"emociones fuertes e ideas débiles",
la definió Jean Francois Revel,
célebre intelectual francés
y crítico mordaz por cuarenta años
de todos los extremismos. La otra izquierda,
con fachada menos heroica, con promesas
menos mesiánicas, más matizada
y evolutiva, viene mostrando buenos resultados
para la salud económica, política
y social de países como Chile (Lagos
y Bachelet), Brasil (Lula da Silva, Dilma
Roussef ), Uruguay (Vásquez). La
enfermedad de muchas izquierdas está
en lo que ya en su tiempo llamaba Lenin
"infantilismos de izquierda"
y que en nuestro siglo XXI pudieran más
bien designarse como "senilismos
de izquierda".
¿Qué
le pasa a López Labrador?
El
partido de izquierda PRD que llevó
a Cuauhtemoc Cárdenas a ganarle
al todopoderoso PRI las primeras elecciones
directas para la Gobernación de
la ciudad de México (julio 1997),
fue en manos de López Obrador -
Gobernador popular de la gigantesca capital-
el instrumento y cauce para intentar alcanzar
la presidencia en las anteriores elecciones
del pasado julio de 2006. Pero cometió
varios errores. Se apalancó demasiado
en la ciudad de México (a pesar
de su innegable peso nacional), olvidándose
en su programa, organización política
y movilización del resto del país
(la otra mitad) conformado por regiones
ricas y desarrolladas como son las del
norte y otras ciudades que cuentan. Lamentablemente
confundió manifestantes con votos
y confundió a los manifestantes
con activistas plenamente concientizados,
sin que lo fueran. Durante varias semanas
de acciones de calle en la capital (que
además entorpecieron actividades
comerciales, educativas, turísticas
con pérdidas de millones), el resto
del país (a excepción de
Oaxaca por unos reclamos salariales) permaneció
callado y tranquilo frente a los reclamos
altisonantes e histéricos de López
Obrador quien exigía prácticamente
una nueva votación nacional porque
los primeros resultados no favorecieron
sus cálculos. Me queda la impresión
de que el candidato perdedor sobreestimó
lo hecho como gobernador en la ciudad
capital (y su influjo en las masas desposeídas
locales), pensando que allí tenía
el capital político suficiente
para reinstaurar el "ogro filantrópico"
que había sido el PRI. López
Obrador mostró, en la campaña
electoral y en su comportamiento postelectoral,
rasgos hirsutos de una vieja izquierda
marxista-leninista que creíamos
iba siendo superada para ser alternativa
viable en nuestro continente. Errores
estratégicos y tácticos
que ha estado ahora corrigiendo de palabra
en su nuevo intento por lograr la presidencia.
Pero no acaba de convencernos de que realmente
represente una alternativa confiable para
México y América Latina
de una izquierda nueva, moderna, pluralista,
auténticamente democrática
y postcomunista.
Moraleja.
A varias izquierdas (como la de López
Labrador) les falta todavía madurez,
formación de cuadros, programas
equilibrados y pragmáticos. Les
sobra ideologismo y voluntarismo de poder.
Y requieren más realismo económico
y político, si quieren ser viables
democráticamente en nuestro continente.
22-06-12