Cuauhtémoc Cárdenas
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* Las elecciones del 6 de julio

Aunque se preveía una victoria del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en las pasadas primeras elecciones directas para la Gobernación del Distrito Federal de Ciudad de México y otras 6 capitales, para elegir la cuarta parte del Senado (32 senadores) y 500 diputados federales, el hecho electoral fue apabullante, con muchas consecuencias. El Partido de Acción Nacional (PAN), el segundo en importancia, fundado en 1939, por profesionales y banqueros, con elementos católicos de orientación liberal, tuvo un modesto avance. Pasó del 26% al 27% de los votos; obtuvo 16 escaños más en el Senado y otros 4 en Diputados; ganó la gobernación de los estados de Nuevo León (el más industrializado del país) y Querétaro, de modo que queda gobernando en 14 de las 31 capitales estatales. El PRD, de centro izquierda, pasó de 71 a 125 diputados y ganó 9 escaños en el Senado. Pero su principal victoria fue llevar a Cuauhtémoc Cárdenas a la Gobernación de México D.F. Ambos partidos, como oposición al PRI partido de gobierno, controlan el 31.4% del electorado, que representa unos 28 millones de ciudadanos y quedan con una mayoría del 52% de la Cámara baja o de Diputados. El que viene de bajada es el PRI, que perdió casi 9 millones de votantes y los espacios geográficos donde se genera casi el 50% del actual PIB mexicano. Apenas comienzan a analizarse los resultados. Pero ya se puede decir que hubo dos factores que pesaron en la balanza electoral a favor del PRD.

 

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El primero, su intransigente y tenaz posición anti-Salinas, que recogió bien el sentimiento popular que se ha ido generando tras el descalabro económico del anterior gobierno neo-liberal y la inocultable corrupción del régimen (con los escándalos de crímenes, lavado de dólares, conexiones con el narcotráfico a todo nivel, personificados en Raúl Salinas, hermano mayor del ex-presidente Carlos Salinas y otras figuras de la ameba). Quizás más de la mitad de votos a favor de Cárdenas puede pensarse que provienen de sectores moderados y cautelosos del PAN, y aun del mismo PRI, que no quieren extremismos pero sí un relevo lo más pronto posible del PRI institucional, muy arrogante y ya desacreditado por su larga hegemonía. El segundo, es el elemento personal del hijo del famoso y popular presidente Lázaro Cárdenas, quien nacionalizó el petróleo. Todos reconocen en él honestidad, autenticidad popular y una perseverancia obstinada (propia del mestizo) en obtener las metas que se propuso al desprenderse del PRI en 1978. Aunque el electorado de la capital mexicana ha sido por muchos años de una enorme paciencia, éste comienza ya a desperezarse y a tomar conciencia de que puede ser agente de su propio cambio. Y parece que quiere más y mejor democracia de la que ha tenido hasta ahora.

 

* Cuauhtémoc Cárdenas

Ingeniero de 63 años, fue derrotado en las elecciones presidenciales de 1988 frente a Carlos Salinas de Gortari y en 1994 frente a Ernesto Zedillo, ambos del PRI. Entre los años de 1980-1986, Cárdenas se desempeñó como gobernador del pequeño estado de Michoacán, capital Morelia, de mayoría indígena, en donde aplicó un estilo populista de pequeñas pero efectivas realizaciones (titular tierras, asfaltar carreteras, construir escuelas, cerrar prostíbulos, aminorar tanta pobreza…) que llegaban al corazón de la gente. Fue un buen amigo del pueblo. Sus detractores trataron de desacreditarlo por no responder todo ello -decían- a una planificación global ni constituir un desarrollo sostenido de aquel estado.

En declaraciones recogidas por el diario español El País, Cárdenas quien asumirá la regencia (gobernación) de México D.F. en diciembre, ha subrayado que liderizará “un combate a fondo contra la corrupción y la delincuencia organizada, la moralización de los cuerpos policiales, todo lo que no se estaba haciendo”. Su reto es enorme. Son alarmantes los niveles de contaminación y de marginalidad, y de corrupción generalizada que afecta muy especialmente a funcionarios y policía. Los problemas acumulados en la monstruosa megalópolis que es el Distrito Federal de México superan la capacidad de solución de cualquier hombre y de cualquier partido. Su buen gobierno será la mejor plataforma de lanzamiento de su candidatura presidencial el año 2.000. Pero la Regencia de México D.F. es un cargo envenenado, que puede también acabar con su futuro político. Las elecciones presidenciales del año 2000 todavía no tienen vencedor.

 

*Algunas reflexiones

1a). Con las elecciones del pasado 6 de julio, el mapa político de México quedó totalmente recompuesto. Ya no se puede hablar de un sólo partido hegemónico, sino de dos y tres que tendrán que entrar en arreglos y componendas para gobernar bien. Se debe compartir el poder y todas las fuerzas políticas buscar alianzas.

2a). El PRI sufrió un evidente revés. Se le acabaron los días del “carro completo” (expresión popular con que se designaban las buenas rachas del “tricolor” en todos los comicios realizados durante casi 70 años). Se acabó la “dictadura perfecta”, como la llamó en buen lenguaje Vargas Llosa. El electorado lo castigó, pero no lo destruyó. No se puede decir que haya muerto el PRI. Como escribió Denisse Dresser en el diario Reforma, “a pesar de sus candidatos con olor a naftalina, sus propuestas polvosas y su pasado repleto de personajes en problemas con la ley, el PRI sigue vivo. Como un animal herido, aúlla, cojea, se defiende y sigue luchando. Con presencia en el Congreso, con gubernaturas ganadas y con el salvavidas que le provee el voto duro, el PRI nuevamente nos demuestra que hay priísmo para rato”. El PRI tiene varias vidas y puede todavía dar más de una sorpresa, si logra recomponerse y renovar su poder de convocatoria.

3a). Dada la actitud imparcial y respetuosa del presidente Zedillo, quien otorgó plenas garantías, el pueblo mexicano pudo expresarse libremente. Y así, la gran ganadora de estos pasados comicios fue la democracia mexicana. “México ha dado el paso irreversible, definitivo e histórico hacia la normalidad democrática”, comentó el mismo presidente Zedillo, a pesar del pésimo desempeño de su partido. Con este primer gran paso, México comienza a ingresar en el siglo XXI como una nación mucho más democrática.

4a). Como la democracia es todo un proceso y nó está asegurada con un sólo evento electoral, el comportamiento de los tres partidos principales en juego tendrá que afinarse políticamente. Las mayorías electorales -allá como aquí- son fluidas, y pueden moverse a la izquierda; pero sólo si la izquierda se mueve hacia el centro. Como bien ha dicho en varias ocasiones Carlos Fuentes: “No habrá democracia en México sin una izquierda política inteligente, moderna, postcomunista”. El PAN que está muy hacia la derecha con un neo-liberalismo a ultranza, debe moverse hacia el centro. El PRD debe moverse más hacia la izquierda y saber dialogar y pactar con el Gobierno. Y el PRI o se reforma y democratiza internamente o éste será su último gobierno. O vuelve a sus raíces democrático-revolucionarias o perece.

28 Julio 1997