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INTRODUCCIÓN
Ecuador
con sus 13 millones de habitantes
sufre con cierta periodicidad
convulsiones o erupciones de sus
volcanes Guagua Pichincha y Tungurahua.
Y desde su Independencia como
República (1822), es escenario
de sacudimientos políticos que
incluyen dictaduras, golpes militares,
revueltas. Viene mostrando un
cuadro clínico de grandes retos
económicos, grave disfunción social
y crónica debilidad institucional
con inevitable falla de gobernanza.
Situación a la que el nuevo gobernante
de Enero 2007, cuando toma posesión,
tendrá que hacer frente con visión,
coraje y respaldo popular. Lo
curioso en el Ecuador reciente
es el divorcio entre la economía
y la política. Si nos atenemos
a los indicadores económicos,
el país ha venido mejorando y
avanzando desde el gobierno sensato
de Gustavo Noboa. Desde el 2000,
ha habido un crecimiento promedio
anual de 4,1% del producto interno
bruto, superior al de otros países.
Registra –desde el shock de la
dolarización en enero del mismo
año- la inflación más baja de
América Latina. Los altos precios
del petróleo lo han favorecido
y también han crecido sus otras
exportaciones. Pero en política,
las encuestas y conflictividad
recurrente vienen expresando de
atrás muy baja confianza de los
ecuatorianos hacia instituciones
políticas claves como el Congreso
unicameral, los Partidos, la Justicia,
y el mismo Ejecutivo. Es muy sintomático
el hecho de que en 9 años han
pasado en rápido relevo 8 gobernantes,
algunos muy transitorios y anodinos
como Palacio que ha entregado
la banda presidencial. Fueron
Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón,
Rosalía Arteaga, Jamil Mahuad,
Gustavo Noboa, el Cnel. Lucio
Gutiérrez, Alfredo Palacio y Rafael
Correa.
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