Convulsiones políticas
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Ecuador con sus 13 millones de habitantes (la tercera parte etnias de alta pureza indígena) sufre con cierta periodicidad convulsiones o erupciones de sus volcanes Guagua Pichincha y Tungurahua. Y desde su Independencia como República (1822), es escenario de sacudimientos políticos que incluyen dictaduras, golpes militares, revueltas. Actualmente es una muestra más de nuestra llamada “Indoamérica enferma”, con un cuadro clínico en el que suelen confluir (con excepción de algunos países) crisis económica, grave disfunción social y crónica debilidad institucional con inevitable falla de gobernanza .

El mundo de la economía va bien

Lo curioso en el Ecuador reciente es el divorcio entre la economía y la política. Si nos atenemos a los indicadores económicos, el país ha venido mejorando y avanzando desde Noboa. Entre 2000 y 2004, ha habido un crecimiento promedio anual de 4,1% del producto interno bruto, superior al de Chile (3,8%). Registra –desde el schock de la dolarización en enero 2000- la inflación más baja de América Latina. Fue de solo 1,9% en 2004, mientras en Venezuela llegó al 19,2% y en República Dominicana al 34,7%. Ha funcionado un plan bastante austero de estabilización económica, aplicando una ley de responsabilidad y transparencia en materia fiscal. Tuvo, así, un superavit fiscal el año pasado, correspondiente al 2,6% del PIB, que le permitió reducir la deuda pública que en 2000 representaba el 80% del PIB a 50,4% el año pasado. Ha logrado aumentar sus exportaciones (diferentes a las del petróleo) en un 11,7% anual entre 2000 y 2004. Y la inversión directa extranjera en estos mismos años alcanza niveles del 5,4% del PIB anual. Aunque los niveles de pobreza han bajado en 9 años de un 56% de la población a un actual 49%, el lastre social es todavía gigantesco, lo que indicaría que los beneficios macroeconómicos y el buen trato dado preferencialmente por Gutiérrez a los grandes capitales e instituciones financieras no llega, en volúmenes satisfactorios, a las masas pauperizadas, sobre todo indígenas. Pero pensamos con el economista ecuatoriano Alberto Acosta que “el derrocamiento de Gutiérrez, desde esta lectura, no tendría motivación económica”.

 

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El país político va mal

Las encuestas y conflictividad recurrente han expresado ya de atrás muy baja confianza de los ecuatorianos hacia instituciones políticas claves como el Congreso, los Partidos políticos, el sistema judicial y la capacidad de conducción de los presidentes. El relevo tan apresurado de gobernantes señala poca estabilidad política. En ocho años ha habido en Ecuador cinco relevos de presidentes, lo que constituye un caso esquizoide en política, algo parecido al de Bolivia. En 1997 se defenestró al “loco” Abdalá Bucaram. En 1998 se consagró el gobierno interino de Fabián Alarcón, tras un gobierno de 48 horas de la vicepresidenta Rosalía Arteaga. Se acortó tres años el período legítimo de Jamil Mahuad por una alianza cívico-militar. Estuvo el gobierno de Gustavo Noboa. Y vino el gobierno del Cnel. Lucio Gutiérrez, hasta abril de este año, cuando lo remplaza el actual presidente, Alfredo Palacio, cuya renuncia la están solicitando ya varios bloques del Congreso ecuatoriano. Se le está cuestionando fuertemente su decisión –obviando la voluntad del Parlamento- de solicitar al Tribunal Supremo Electoral que se convoque un plebiscito para el 18 de diciembre próximo, en el cual se decida la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

Como Presidente, el Cnel. Gutiérrez, infatuado de autoritarismo, cometió ligerezas en la conducción política, que lo llevó a quebrantar la Constitución y varias leyes. Disolvió la Corte Suprema de Justicia que no podía controlar y después, otra vez, la que sí le era favorable. El Fondo de Estabilización Petrolera (creado en 1999), dado el enorme aumento del precio del petróleo, facilitó pasar un 45% de sus ingresos en 2002 al recién creado FEIREP (Fondo de Estabilización, Inversión y Reducción del Endeudamiento Público). En 2004, el FEIREP cerró con un excedente de 55%, 638 millones de dólares (alrededor del 2% del PIB), del que el Presidente y su equipo económico estuvo echando mano a través de
simples decretos ejecutivos (el nº 1291 del 18 mayo, el 1980 del 31 agosto). Advertimos que cualquier semejanza con el caso venezolano es pura coincidencia. El Cnel. pasó por encima de muchas leyes y acosado, al final, por un creciente descontento de las gentes, las reprimió con fuerza, utilizando matones a sueldo reclutados de entre la gran masa de desempleados. Las protestas, cacerolazos y marchas estuvieron bien canalizadas y amplificadas por Radio La Luna. Cuando un grupo grande de manifestantes se apostó frente a su casa –ubicada en un exclusiva urbanización capitalina- para solicitar su renuncia, Gutiérrez los tildó de “forajidos”. Lo que se convirtió en consigna del pueblo para sus pancartas: “Todos somos forajidos”. El 20 de abril el Cnel. huye en helicóptero desde el palacio de Carondelet y a los dos días por un aeropuerto alterno hacia Brasil.

Hace 160 años, el general Juan José Flores, primer presidente del Ecuador, tras ser derrocado el 6 de marzo de 1845, se refugió en Europa y con ayuda de los tenedores extranjeros de bonos financió una expedición para retomar el poder. La empresa no prosperó por falta de apoyo británico. Parecía que esa era la intención del depuesto presidente Gutiérrez para actuar desde afuera. Pero cambió de parecer y ha resuelto actuar desde dentro, suponiendo crédulamente un apoyo de la Fuerza Armada (que no se le ha otorgado) y de movimientos populares (en los que ya no puede confiar). Tras su visita a EUA, sus pocos días en Brasil y su rápida pasantía como asilado por Colombia, se encuentra de nuevo en Quito -agazapado en una cárcel como un tigrillo de la selva amazónica- esperando le llegue de nuevo su momento popular para otro zarpazo al poder.

Moraleja

La historia se repite y los errores políticos también. Errores pasados de conducción en el mismo país y en otros países semejantes, con resultados negativos y efectos nocivos para una comunidad nacional, deberían ser suficiente lección para no volver a hacer lo mismo. Es la sabia máxima de Albert Einstein: “Nada es una señal más real de necedad que hacer lo mismo y lo mismo una y otra vez, y esperar que los resultados sean diferentes”.

31 octubre 2005