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| Ecuador
con sus 13 millones de habitantes sufre
con cierta periodicidad convulsiones o erupciones
de sus volcanes Guagua Pichincha y Tungurahua.
Y desde su Independencia como República
(1822), es escenario de sacudimientos políticos
que incluyen dictaduras, golpes militares,
revueltas. Viene mostrando un cuadro clínico
de grandes retos económicos, grave
disfunción social y crónica
debilidad institucional con inevitable falla
de gobernanza. Situación a la que
el nuevo gobernante a partir de hoy, cuando
toma posesión, tendrá que
hacer frente con visión, coraje y
respaldo popular.
La
economía va bien, la política
mal
Lo
curioso en el Ecuador reciente es el divorcio
entre la economía y la política.
Si nos atenemos a los indicadores económicos,
el país ha venido mejorando y avanzando
desde el gobierno sensato de Gustavo Noboa.
Desde el 2000, ha habido un crecimiento
promedio anual de 4,1% del producto interno
bruto, superior al de otros países.
Registra –desde el shock de la dolarización
en enero del mismo año- la inflación
más baja de América Latina.
Los altos precios del petróleo lo
han favorecido y también han crecido
sus otras exportaciones. Pero en política,
las encuestas y conflictividad recurrente
vienen expresando de atrás muy baja
confianza de los ecuatorianos hacia instituciones
políticas claves como el Congreso
unicameral, los Partidos, la Justicia, y
el mismo Ejecutivo. Es muy sintomático
el hecho de que en 9 años han pasado
en rápido relevo 8 gobernantes, algunos
muy transitorios y anodinos como Palacio
que hoy entrega la banda presidencial. Fueron
Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón,
Rosalía Arteaga, Jamil Mahuad, Gustavo
Noboa, el Cnel. Lucio Gutiérrez,
Alfredo Palacio e inicia período
hoy Rafael Correa. |
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El
nuevo presidente
Nacido
en Guayaquil y próximo a cumplir
44 años, Rafael Correa Delgado, de
contextura deportiva y talante exultante,
es un economista de profesión, graduado
en la Universidad Católica de Guayaquil,
con estudios de postgrado en las universidades
de Illinois (EUA) y de Lovaina (Bélgica,
en donde quizás incubó sus
ideas de una avanzada izquierda cristiana).
Sólo se le conoce como cargo público
su desempeño de cuatro meses como
Ministro de Economía, al comienzo
del gobierno de Palacio (abril-agosto 2005).
Llega a la presidencia de la mano del movimiento
político "Alianza PAIS"
(Patria Altiva y Soberana) y del Partido
Socialista-Frente Amplio (PS-FA). Se autodefine
como un humanista cristiano de izquierda
y no ha ocultado sus afinidades ideológicas
con recientes gobernantes de izquierda como
Lula da Silva, Kirchner, Morales, Ortega.
Es admirador y amigo de Chávez, pero
advirtiendo que "en mi casa no mandan
mis amigos; aquí no va a mandar ni
Bush ni Chávez, sólo los ecuatorianos".
Dos de los ministros claves que lo acompañan
en su gabinete (Ricardo Patiño en
Economía y Alberto Acosta en Energía)
son bien conocidos por sus postulados de
fuerte izquierda nacionalista. Su propuesta
resuelta de una reforma política
profunda va a ser una tarea difícil
con muchos contradictores dentro y fuera
del país.
En lo exterior se prevén roces con
Estados Unidos -con quien no quiere ni libre
comercio (TLC) ni colaboración directa
en la lucha antiterrorista- y posiblemente
con los inversores de fuera, dado que pretende
renegociar la deuda externa sin descartar
una moratoria en los pagos ("el país
antes que el bolsillo de los acreedores"),
y ha dicho que revisará los recientes
tratados de contratos con las empresas extranjeras
del sector petrolero. El roce diplomático
que se suscitó por haber querido
impedir a toda costa que Colombia acabara
de fumigar con glifosato en su frontera
áreas que alimentan las finanzas
del grupo narco-guerrillero de las FARC,
fue superado (gracias a una política
pragmática por parte de ambos) en
el encuentro personal que sostuvieron el
presidente Uribe y Correa con ocasión
de la toma de posesión de Ortega
en Managua.
En lo interno, su decisión de convocar
con el acto de gobierno 002 a una consulta
popular para Asamblea Constituyente, sin
que el Congreso tenga que aprobar previamente
el llamado, es un intento de hacerle un
"by pass" a los diputados que
en número de 69 representan legítimamente
a los partidos Renovador Institucional,
Sociedad Patriótica, Social Cristiano
y Unión Demócrata Cristiana,
que son mayoría. Ha dicho que ordenará
al TSE (Tribunal Supremo Electoral) organizar
el plebiscito y de no hacerlo, constituirá
un tribunal 'ad hoc' y organizará
la consulta. Son desafíos impetuosos
al Estado de Derecho (por más oligárquico
y viciado que haya sido) que no augura un
horizonte pacífico de reformas, aunque
muy aconsejables y saludables..
De todos modos, auguramos muchos éxitos
al presidente Correa en su gestión
y que siga aplicando su frase preferida:
"¡Hasta la victoria siempre!".
Pero que no olvide que Ecuador no es Venezuela,
con sus gigantescas reservas petroleras
y gasíferas, y en consecuencia con
una chequera inagotable con la que un Ejecutivo,
mesiánico y afortunado, viene impulsando
'prepagos' toda una 'revolución'
y un 'socialismo' por utópicos que
ellos sean.
18 enero 2007 |
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