Lava y ceniza política
Análisis & Opinión > América Latina > Ecuador > Lava y ceniza política
Logo Enrique Neira

 

 

     

Los ecuatorianos venían atemorizados desde el año pasado por una lluvia de ceniza que presagiaba erupción de los volcanes el Guagua Pichincha o el Tungurahua. Pero llegó antes, el pasado 21 de este mes, la erupción de una retenida crisis socioeconómica que alcanzó a vomitar la lava de un alzamiento cívico–militar y ha dejado cenizas confusas en el panorama político del país. Ecuador, con 12 millones de habitantes (la tercera parte conformada por 10 etnias de alta pureza indígena) y una legendaria contraposición entre la Sierra y la Costa, ha sido desde su nacimiento como República independiente en 1822 escenario de sacudimientos telúricos y frecuentes golpes militares o autoritarios. El cuadro lo acaba de describir J.J. Aznárez, enviado especial de El País, como “una economía en crisis, unos cuarteles agitados, un Congreso de discurso patriotero –más ducho en el trueque de favores que en las políticas del Estado–, y un indigenismo levantisco en las provincias y nada satisfecho por la continuidad del Gobierno, indigenismo empeñado todavía en la disolución de los tres poderes del Estado”.

Ecuador no es sino una muestra más de esa “Indoamérica enferma”, que en varios sitios está siendo llevada a emergencias por su agudo cuadro clínico con tres elementos simultáneos de: quiebra económica, grave disfunción social y crónica debilidad institucional. Cuando 15.000 indígenas fueron llegando por varias vías a Quito, con una mochila de comida para dos días, un garrote y la ilusión de barrer con el Estado ecuatoriano (representado en su Congreso y en su Presidente), se estaba expresando con alta fiebre la realidad del paciente. Y cuando a los tres días ese mismo pueblo “contestatario”, birlado por la cúpula militar, se retiraba con amargura a sus lares en la sierra, en espera de otra mejor oportunidad, no hacía sino repetir la recurrente curva en bajada de la misma enfermedad.

 

Análisis & Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor

Biografia del autor
CV, trayectoria, principales obras y publicaciones y personajes de la historia que lo han inspirado

Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy.

 

El desencadenamiento económico

Los indicadores económicos que venía mostrando Ecuador eran graves, pero no más que en otros países de nuestro subcontinente. Una inflación del 60.7% del año 1999; un decrecimiento de la economía del 7.3%, un déficit fiscal del 4.9% del Producto Interno Bruto; una quiebra del sistema financiero y depósitos bancarios congelados; una acelerada devaluación del sucre respecto del dólar sin tocar todavía fondo (que puede ser el de 25.000 sucres por un dólar). La manía de nuestros gobiernos de recurrir a las “fórmulas mágicas” de solución a los problemas, llevó al presidente Mahuad (economista de Harvard), después de otros intentos que no funcionaron, a plantear la medida extrema de dolarizar la economía.
Esta política económica, que inicialmente mete un frenazo a la inflación, tuvo cierto éxito tanto en Argentina como en Brasil. Pero tiene un inmediato efecto de disparar los precios hasta las nubes, generar quiebra de industrias nacionales y estimular un creciente desempleo. Pero el despecho exacerbado del pueblo ecuatoriano por el empobrecimiento creciente desde años atrás venía ya cuestionando impacientemente el sistema político y forzaba a una salida. En 1992, cuando el gobierno de Rodrigo Borja, propició una parálisis del país. En 1997 defenestró al “loco” Bucaram. En 1998 consagró el gobierno interino de Fabián Alarcón, tras un gobierno de 48 horas de la vicepresidenta Rosalía Arteaga. Y no aguantó la tentación de cortar tres años antes el período legítimo presidencial de Jamil Mahuad para ensayar otro gobierno.

 

Una revolución de tres horas

La primera versión de la Junta Revolucionaria o triunvirato, que en la noche del 21 de enero, parecía haberse adueñado del poder, estaba configurada por el Cnel. Lucio Gutiérrez (41 años) como presidente, el líder indígena quechua Antonio Vargas y el abogado expresidente de la Corte Suprema, Carlos Solórzano. Después entró en escena el Gral. Carlos Mendoza, ministro de Defensa encargado (quien relevó a Gutiérrez) y parecía asegurar un mayor apoyo de los mandos militares del Ejército. En la práctica, abortó el golpe. Para los indígenas fue el que sirvió de topo o caballo de Troya dentro del movimiento de sublevación y resultó el “gran traidor”. Para quienes no querían derramamiento de sangre fue el “gran héroe”. Para la posteridad quedará quizás como el “gran oportunista” o guabinoso, que al no contar con el apoyo del grueso de los militares ni de los elementos demócratas del país y verse expuesto a las presiones internacionales, se dió de baja y se lavó las manos. Resulta evidente que detrás del movimiento cívico–militar que irrumpió en la capital y en el Parlamento, con ínfulas de “revolucionario”, no había un cerebro ni una férrea organización, sino una masiva anarquía bastante cantiflesca.

 

La alianza cívico-militar

En esta oportunidad, el pueblo ecuatoriano estuvo representado por una conjunción de fuerzas indígenas y militares, que podría llegar a profundizarse con el tiempo (hasta tener éxito de golpe), bajo el liderazgo del Gral.(r) Paco Moncayo, exjefe del Comando Conjunto de las tres fuerzas hasta 1998, quien en su discurso (véase entrevista “El País” 22 enero) muestra que es buen discípulo del actual Presidente Cnel. Chávez. Podría ser el cauce para dar respuesta –a mediano plazo– al problema álgido de Ecuador: el problema étnico amalgamado con la pobreza extrema de las comunidades raizales.
• INDIGENAS.– Los actuales tres y medio millones de indígenas ecuatorianos en la Sierra, 100.000 en la Amazonia y 7.000 en la Costa, luchan por reivindicaciones ancestrales y por un Estado plurinacional, pluriétnico y pluricultural. Reclamo que dió origen al partido “Pachacutik”, el Nuevo Amanecer. Actualmente están organizados en la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE), con alta capacidad de movilización, de sacrificio y de presión. Hay analistas que previenen contra un exagerado fundamentalismo (en la defensa de su cultura, de sus raíces y de su futuro) del movimiento, así como en contra de una penetración marxista subversiva que exgerrilleros de “Alfaro Vive Carajo” y miembros de partidos extremistas como el MPD (Movimiento Popular Democrático) han logrado infiltrar en él.
• MILITARES DE MANDOS MEDIOS.– Hay una confluencia de estos con el sector indígena por la misma extracción socioeconómica de que provienen, así como por muchos años de programas comunes en la construcción de escuelas y carreteras en las comunidades rurales. Los maestros de esas escuelas son oficiales que comienzan su carrera y los constructores de las vías son oficiales medios. Un reciente estudio observa que los militares ecuatorianos tienen una particularidad. Son los únicos soldados laltinoamericanos que no son represivos, y no lo pueden ser, puesto que en su mayoría los reclutas vienen de las comunidades indìgenas.

Lava y piedras

¿Qué factores influyeron para que en Ecuador no se hubiera consumado un rompimiento institucional (hablamos de instituciones democráticas), sino un esguince, susceptible de ser tratado adecuadamente ? En pocas palabras:
1) Mahuad resultó ser un presidente o demasiado demócrata o pusilánime. No renunció, pero abandonó el cargo. Lo que permitió a Gustavo Noboa asumir constitucionalmente la Presidencia.
2) El alto mando militar mantuvo el control. Los coroneles golpistas no tenían mando de tropas. Los 120 cadetes de la Escuela de Guerra no eran base suficiente para un golpe.
3) Las etnias indígenas tienen ya bastante capacidad de movilización y protesta, pero están todavía aisladas, son anárquicas y no pretenden conformar una guerrilla armada, por la negativa experiencia en Chiapas (México) y en Cauca (Colombia).
4) Las instituciones hemisféricas (OEA, Grupo del Rio, Casa Blanca) se están convirtiendo en obstáculos claves contra los atentados antidemocráticos.

31 enero 00