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INTRODUCCIÓN
Nuestra
historia democrática está amojonada
con avances y retrocesos, con
caídas y contradicciones. Pero
siempre el pueblo, cuando todavía
tiene reflejos sanos, sigue apostando
al ideal democrático, con sus
componentes de libertad, igualdad
y bienestar. El reciente caso
de Perú ilustra bien cómo puede
ser el proceso de decaimiento,
en 10 años, de una democracia
política. Pero también (y lo registramos
con satisfacción) cómo puede ser
el proceso de reconstrucción del
tejido institucional de un país,
después de haber sido tocado por
las células malignas del autoritarismo,
del fraude electoral, de la corrupción
en los altos niveles del poder.
Se puede hablar, con propiedad,
del final de la era Fujimori.
Era que tuvo sus luces e innegables
logros tanto en reactivación económica
como en desmantelamiento de las
guerrillas subversivas (“Sendero
Luminoso” y “Tupac Amaru”). Pero
régimen sombrío, que no pudo escapar
a la múltiple tentación de imponer
una hegemonía presidencial, con
control de la sociedad por servicios
secretos de inteligencia, poniendo
mordaza a los medios de comunicación,
saltando trabas constitucionales
para prolongar el periodo de gobierno,
y cayendo en el fraude electoral
y el negocio con mafias del narcotráfico
y el mercado de armas.
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