Perú ¿hacia dónde va? (Editorial 51)
Editoriales > Perú ¿hacia dónde va? (Editorial 51)
Análisis & Opinión > América Latina > Perú > Perú ¿hacia dónde va? (Editorial 51)
Logo Enrique Neira

 

 

     
Perú ¿hacia dónde va?
   

Consolidados los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en nuestro vecino país del Perú, ante un panorama que se proyecta equívoco y confuso, son más las preguntas ansiosas que los analistas políticos podemos hacer para un amplio público que las respuestas tranquilizadoras que algunos puedan invocar para calmar ciertas inquietudes.


Hitos de historia reciente
A partir de 1985, los gobiernos en Perú se han venido sucediendo en una cadena de cuatro administraciones públicas con algunas semejanzas y muchas diferencias.
GARCÍA I .(1985-1990) Alan García, joven, dinámico e inexperto, llega al poder en nombre del Apra (Alianza Popular Revolucionaria Americana),.movimiento ‘revolucionario sin revolución’ creado por Raúl Haya de la Torre en 1924 y que nunca había logrado la Presidencia en el país. Su gestión, en términos generales, fue un fracaso, sobre todo en el campo económico y el orden público. Manejó la economía mal y redujo el presupuesto militar cuando la guerrilla “Sendero Luminoso” -dirigida por Abimael Guzmán- . amenazaba fuertemente las tres cuartas partes del país.

 
 

Análisis & Opinión
Más de 550 artículos que combinan la actualidad política mundial y la reflexión académica y conocimientos del autor

Biografia del autor
CV, trayectoria, principales obras y publicaciones y personajes de la historia que lo han inspirado

Editoriales
Más de 120 Editoriales publicados sobre la actualidad política del Mundo : análisis de opinión de situaciones complejas y de gran impacto sobre el mundo de hoy.

 

FUJIMORI (junio 1990-septiembre 2000). Gran parte del éxito de su gobierno en su primer trayecto se debió a que aplicó –con pragmatismo y eficacia- correctivos a los dos grandes flagelos del Perú que heredó de García: la inflación y la guerrilla. Pero se enredó posteriormente -con su asesor de inteligencia, Montesinos- en oscuros manejos de corrupción , autoritarismo y trampas electorales, buscando un tercer período de mandato no constitucional.

TOLEDO (junio 2001-2006). De rasgos y ancestro inca, de origen campesino humilde, pero de excepcionales méritos universitarios, se había desempeñado en cargos de importantes instituciones internacionales, ganó la presidencia frente a la popular candidata Lourdes Flores quien había sido franca crítica de la mala administración de Alan García. Encarna el final de la era Fujimori y el comienzo de la nueva era democrática y de creciente desarrollo económico por el que viene discurriendo Perú. Su gobierno fue efectivo en crecimiento pero no logró ser popular en la distribución de la riqueza a tanta masa pauperizada de décadas anteriores. “Me sería muy fácil tener una mayor popularidad si gasto más de lo que tengo como ingresos, si rompo la disciplina fiscal y dilapido las reservas internacionales de 11.000 millones de dólares. No lo haré” (Entrevista El País, 23 febrero 2004).. Y no lo hizo, prefiriendo gobernar en democracia, pero con pérdida de popularidad, sin demagogia ni populismo.

GARCÍA II (junio 2006-2011). Perdonando el electorado peruano-con su mala memoria colectiva- su anterior gobierno, lo unge de nuevo como presidente por una mínima diferencia de 60.000 votos sobre su contrincante Lourdes Flores. Con pragmatismo y madurez ha aprendido la lección. Hizo un gobierno de continuidad con las mejores políticas de. su antecesor Toledo , de apertura democrática e internacional con resultados positivos. Entrega un país con los mejores indicadores de Latinoamérica.


Los protagonistas Humala y Keiko

Keiko Fujimori (23,8% de votos, Fuerza 2011), exparlamentaria, en ningún momento con talla de estadista, más parece un mascarón de proa en el que está refugiado el fujimorismo.duro (con un 18% de preferencia electoral durante toda la campaña). Su gran problema es el antivoto, porque hay un amplio sector peruano que nunca votaría por ella, pues no ha podido manifestar suficiente autonomía del padre (hoy condenado a 25 años de cárcel por corrupción y malos manejos desde el poder) y mantiene una imagen de ser dependiente de dicha figura paterna, con todo lo negativo que dejó su gestión y la de su sombrío colaborador de inteligencia Montesinos. Pero Keiko, al igual que Humala, ha sabido capitalizar el tema de la desigualdad social en un país cuya economía crece al mismo ritmo que China, pero que tiene un tercio de su población viviendo en la pobreza

Ollanta Humala (31,5% de votos, Gana Perú), coronel retirado, quien fue implicado en violación de derechos humanos cuando como “capitán Carlos” tuvo mando en la base selvática Madre Mia durante 1992-1993, ya se había postulado en el 2006 y había sido derrotado por el actual presidente, Alan García. Años atrás mostró inclinación a favor de un gobierno militarista y dictatorial, era proclive a incrementar el control estatal sobre los sectores productivos, quería reescribir la Constitución para “frenar el proceso de neocolonialismo en Perú”, se había opuesto a la ratificación de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Varias veces fue rechazado por su admiración y nexos con Chávez. (es histórica la fotografía de ambos en 2006). “Es Chávez con un lenguaje ligeramente abrasileñado. La catástrofe” (M. Vargas Llosa). Pero en esta coyuntura (por sugerencia de los dos asesores especiales que le envió Lula da Silva) se desmarcó de una carrera militar salpicada de rasgos autoritarios e intentonas golpistas; y capitalizó bien la frustración, la cólera y el pesimismo de los sectores pobres que siguen deprimidos, a pesar del gigantesco crecimiento económico del país. Pedagógicamente durante su campaña se concentró en puntos concretos como la atención a los ancianos, el aumento del salario mínimo, la seguridad ciudadana y, sobre todo, enfatizó un discurso de combate a la corrupción. Algo que esperaba oir el pueblo peruano.


Toledo el gran perdedor

Habiendo hecho por cinco años un gobierno muy efectivo pero sin aplausos de popularidad, echó los cimientos de lo que hoy se reconoce al interior del país y en el exterior como “milagro” económico del Perú, con un récord impresionante mantenido en buena hora por su sucesor el presidente García. Los indicadores son envidiables . El PIB del Perú es 10,21%, la inflación 0,38%, el crecimiento de las construcción 18%, el de la industria manufacturera 14,39%, el del comercio 10,15%. Altas reservas internacionales. Las cifras de la inversión privada y de la pública atestiguan una economía sólida, enrumbada hacia el bienestar y el progreso. Todo ello era la gran carta aval que tenía el expresidentes Toledo en sus manos para un segundo período. Había iniciado su campaña electoral con un 30% de favoritismo. Pero se durmió en los laureles pasados, se distrajo en discusiones bizantinas, no concretó en lenguaje popular las posibles soluciones concretas para - manteniendo en continuidad el exitoso modelo económico- impartir equidad y eficaz distribución de riqueza. Lo que sí hicieron hábilmente sus oponentes Keiko y Humala, sin que ellos tuvieran el respaldo de una buena gestión anterior.

Una vuelta final desalentadora

Ante la disyuntiva entre Keiko y Humala para la vuelta final presidencial el próximo 5 de Junio, no es poco lo que se juega . No le queda al confundido electorado peruano sino –como ha dicho descarnadamente Mario Vargas Llosa, ex candidato presidencial y actual Premio Nobel-: “es como tener que escoger entre un cáncer terminal y el SIDA”. Ninguno de los dos asegura continuidad democrática y económica ni justicia distributiva y social. En ambos contendores hay atisbos hacia un autoritarismo –de tendencia paternalista o de corte militarista- y hacia un neo-populismo de Estado dilapidador y pseudo nacionalista. Ante un panorama de tantas incertidumbres y de posible retroceso o fracaso, queda todavía el recurso del Congreso, recién elegido, equilibrado y plural, de mayoría aprista, que puede ser- garantía de acierto en el Ejecutivo y de estabilidad en el Estado.

Conclusión. El caso de Perú plantea el tremendo reto para todos los gobiernos de nuestra América Latina y Caribeña. A saber, cómo atender con eficacia a la modernización, incluido el crecimiento económico, y, a la vez, a una justa distribución de riqueza, incluida la reducción real de la pobreza que sigue afectando a grandes sectores de la población.

13/04/2011