FUJIMORI
(junio 1990-septiembre 2000). Gran parte
del éxito de su gobierno en su
primer trayecto se debió a que
aplicó –con pragmatismo y
eficacia- correctivos a los dos grandes
flagelos del Perú que heredó
de García: la inflación
y la guerrilla. Pero se enredó
posteriormente -con su asesor de inteligencia,
Montesinos- en oscuros manejos de corrupción
, autoritarismo y trampas electorales,
buscando un tercer período de mandato
no constitucional.
TOLEDO (junio 2001-2006). De rasgos y
ancestro inca, de origen campesino humilde,
pero de excepcionales méritos universitarios,
se había desempeñado en
cargos de importantes instituciones internacionales,
ganó la presidencia frente a la
popular candidata Lourdes Flores quien
había sido franca crítica
de la mala administración de Alan
García. Encarna el final de la
era Fujimori y el comienzo de la nueva
era democrática y de creciente
desarrollo económico por el que
viene discurriendo Perú. Su gobierno
fue efectivo en crecimiento pero no logró
ser popular en la distribución
de la riqueza a tanta masa pauperizada
de décadas anteriores. “Me
sería muy fácil tener una
mayor popularidad si gasto más
de lo que tengo como ingresos, si rompo
la disciplina fiscal y dilapido las reservas
internacionales de 11.000 millones de
dólares. No lo haré”
(Entrevista El País, 23 febrero
2004).. Y no lo hizo, prefiriendo gobernar
en democracia, pero con pérdida
de popularidad, sin demagogia ni populismo.
GARCÍA II (junio 2006-2011). Perdonando
el electorado peruano-con su mala memoria
colectiva- su anterior gobierno, lo unge
de nuevo como presidente por una mínima
diferencia de 60.000 votos sobre su contrincante
Lourdes Flores. Con pragmatismo y madurez
ha aprendido la lección. Hizo un
gobierno de continuidad con las mejores
políticas de. su antecesor Toledo
, de apertura democrática e internacional
con resultados positivos. Entrega un país
con los mejores indicadores de Latinoamérica.
Los protagonistas Humala y Keiko
Keiko Fujimori (23,8% de votos, Fuerza
2011), exparlamentaria, en ningún
momento con talla de estadista, más
parece un mascarón de proa en el
que está refugiado el fujimorismo.duro
(con un 18% de preferencia electoral durante
toda la campaña). Su gran problema
es el antivoto, porque hay un amplio sector
peruano que nunca votaría por ella,
pues no ha podido manifestar suficiente
autonomía del padre (hoy condenado
a 25 años de cárcel por
corrupción y malos manejos desde
el poder) y mantiene una imagen de ser
dependiente de dicha figura paterna, con
todo lo negativo que dejó su gestión
y la de su sombrío colaborador
de inteligencia Montesinos. Pero Keiko,
al igual que Humala, ha sabido capitalizar
el tema de la desigualdad social en un
país cuya economía crece
al mismo ritmo que China, pero que tiene
un tercio de su población viviendo
en la pobreza
Ollanta Humala (31,5% de votos, Gana Perú),
coronel retirado, quien fue implicado
en violación de derechos humanos
cuando como “capitán Carlos”
tuvo mando en la base selvática
Madre Mia durante 1992-1993, ya se había
postulado en el 2006 y había sido
derrotado por el actual presidente, Alan
García. Años atrás
mostró inclinación a favor
de un gobierno militarista y dictatorial,
era proclive a incrementar el control
estatal sobre los sectores productivos,
quería reescribir la Constitución
para “frenar el proceso de neocolonialismo
en Perú”, se había
opuesto a la ratificación de un
Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos. Varias veces fue rechazado por
su admiración y nexos con Chávez.
(es histórica la fotografía
de ambos en 2006). “Es Chávez
con un lenguaje ligeramente abrasileñado.
La catástrofe” (M. Vargas
Llosa). Pero en esta coyuntura (por sugerencia
de los dos asesores especiales que le
envió Lula da Silva) se desmarcó
de una carrera militar salpicada de rasgos
autoritarios e intentonas golpistas; y
capitalizó bien la frustración,
la cólera y el pesimismo de los
sectores pobres que siguen deprimidos,
a pesar del gigantesco crecimiento económico
del país. Pedagógicamente
durante su campaña se concentró
en puntos concretos como la atención
a los ancianos, el aumento del salario
mínimo, la seguridad ciudadana
y, sobre todo, enfatizó un discurso
de combate a la corrupción. Algo
que esperaba oir el pueblo peruano.
Toledo el gran perdedor
Habiendo hecho por cinco años un
gobierno muy efectivo pero sin aplausos
de popularidad, echó los cimientos
de lo que hoy se reconoce al interior
del país y en el exterior como
“milagro” económico
del Perú, con un récord
impresionante mantenido en buena hora
por su sucesor el presidente García.
Los indicadores son envidiables . El PIB
del Perú es 10,21%, la inflación
0,38%, el crecimiento de las construcción
18%, el de la industria manufacturera
14,39%, el del comercio 10,15%. Altas
reservas internacionales. Las cifras de
la inversión privada y de la pública
atestiguan una economía sólida,
enrumbada hacia el bienestar y el progreso.
Todo ello era la gran carta aval que tenía
el expresidentes Toledo en sus manos para
un segundo período. Había
iniciado su campaña electoral con
un 30% de favoritismo. Pero se durmió
en los laureles pasados, se distrajo en
discusiones bizantinas, no concretó
en lenguaje popular las posibles soluciones
concretas para - manteniendo en continuidad
el exitoso modelo económico- impartir
equidad y eficaz distribución de
riqueza. Lo que sí hicieron hábilmente
sus oponentes Keiko y Humala, sin que
ellos tuvieran el respaldo de una buena
gestión anterior.
Una vuelta final desalentadora
Ante la disyuntiva entre Keiko y Humala
para la vuelta final presidencial el próximo
5 de Junio, no es poco lo que se juega
. No le queda al confundido electorado
peruano sino –como ha dicho descarnadamente
Mario Vargas Llosa, ex candidato presidencial
y actual Premio Nobel-: “es como
tener que escoger entre un cáncer
terminal y el SIDA”. Ninguno de
los dos asegura continuidad democrática
y económica ni justicia distributiva
y social. En ambos contendores hay atisbos
hacia un autoritarismo –de tendencia
paternalista o de corte militarista- y
hacia un neo-populismo de Estado dilapidador
y pseudo nacionalista. Ante un panorama
de tantas incertidumbres y de posible
retroceso o fracaso, queda todavía
el recurso del Congreso, recién
elegido, equilibrado y plural, de mayoría
aprista, que puede ser- garantía
de acierto en el Ejecutivo y de estabilidad
en el Estado.
Conclusión. El caso
de Perú plantea el tremendo reto
para todos los gobiernos de nuestra América
Latina y Caribeña. A saber, cómo
atender con eficacia a la modernización,
incluido el crecimiento económico,
y, a la vez, a una justa distribución
de riqueza, incluida la reducción
real de la pobreza que sigue afectando
a grandes sectores de la población.
13/04/2011