| “Las
cosas se restauran por los mismos factores
que les dieron origen”. Este aforismo de
los clásicos latinos tiene aplicación frecuente.
En la rehabilitación de tejidos. En la restauración
de monumentos arquitectónicos. En la revitalización
de instituciones. La democracia es un proceso
difícil de largo aliento. Ninguno de nuestros
Estados en Latinoamérica y el Caribe nació
democrático. Desde la Independencia hemos
estado importando modelos democráticos y
ninguno acaba de funcionar satisfactoriamente.
Nuestra
historia democrática está amojonada con
avances y retrocesos, con caídas y contradicciones.
Pero siempre el pueblo, cuando todavía tiene
reflejos sanos, sigue apostando al ideal
democrático, con sus componentes de libertad,
igualdad y bienestar. El reciente caso de
Perú ilustra bien cómo puede ser el proceso
de decaimiento, en 10 años, de una democracia
política. Pero también (y lo registramos
con satisfacción) cómo puede ser el proceso
de reconstrucción del tejido institucional
de un país, después de haber sido tocado
por las células malignas del autoritarismo,
del fraude electoral, de la corrupción en
los altos niveles del poder. Se puede hablar,
con propiedad, del final de la era Fujimori
. Era que tuvo sus luces e innegables logros
tanto en reactivación económica como en
desmantelamiento de las guerrillas subversivas
(“Sendero Luminoso” y “Tupac Amaru”). Pero
régimen sombrío, que no pudo escapar a la
múltiple tentación de imponer una hegemonía
presidencial, con control de la sociedad
por servicios secretos de inteligencia,
poniendo mordaza a los medios de comunicación,
saltando trabas constitucionales para prolongar
el periodo de gobierno, y cayendo en el
fraude electoral y el negocio con mafias
del narcotráfico y el mercado de armas.
Son
cinco los pilares estructurales de una buena
democracia política, que corresponden a
los de un responsable Estado de Derecho.
Todos ellos se están reconstituyendo en
Perú. |
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& Opinión
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| Supremacía
de la Constitución y división de poderes
La
observancia fiel de la Constitución Política,
expresión normativa de la voluntad popular,
es la mejor garantía para la seguridad jurídica
de los ciudadanos y para un buen funcionamiento
de los poderes públicos. La actual salida,
que con gran realismo y buen sentido político
ha adoptado Perú, es plenamente constitucional,
de acuerdo al art. 115 de la Constitución
vigente. La actual mayoría del Congreso
remplazó previamente a la Presidenta del
Congreso (Marta Hildebrandt ficha clave
de Fujimori) por el avezado e imparcial
Valentín Paniagua; configuró legalmente
el impedimento permanente del Presidente
Fujimori para seguir ejerciendo su mandato;
conoció de las renuncias del primer Vice
presidente (Francisco Tudela) y del segundo
Vicepresidente (Ricardo Márquez); eligió
al congresista Paniagua como Presidente
de transición, con el mandato de conducir
un proceso trasparente con miras a las elecciones
presidenciales en abril del 2001. Instaladas
las nuevas autoridades, es clara la voluntad
de los tres poderes de respetarse mutuamente,
rechazando la pretensión de que uno de los
poderes (el Ejecutivo) se imponga sobre
los otros o trate de manipularlos, como
fue el caso ya liquidado.
Legitimidad
y calidad del Ejecutivo
En
países como los nuestros de la región andina,
de acentuado presidencialismo, con visos
de “monarquías constitucionales”, la pieza
política clave, el Rey de todo el ajedrez
institucional es el Presidente de la República.
De sus cualidades personales, tradición
de servicio público, talante democrático
y otras condiciones, depende en gran parte
el correcto desempeño de la República. En
la actual coyuntura peruana, el personaje
no ha podido ser mejor escogido. Valentín
Paniagua, de 64 años, ilustre ciudadano
del Cuzco, político de carrera en el partido
Acción Popular de Víctor Belaunde, con una
amplia experiencia parlamentaria desde 1980,
a sus 28 años era ya Ministro de Justicia
y Culto. Ha sido catedrático de Derecho
en la Universidad de Lima y en la Pontifica
Universidad Católica de Perú. En 1997 defendió
en el Congreso fujimorista a los tres miembros
del Tribunal Constitucional (Delia Revoredo,
Manuel Aguirre Roca y Guillermo Rey Terry)
que fueron defenestrados por oponerse (por
anticonstitucional) a la tercera reelección
de Fujimori. En las elecciones de abril
de este año fue elegido congresista por
Acción Popular; el 16 del pasado noviembre
fue elegido presidente del Congreso y el
21 asumió la Presidencia del país. Su primer
Gabinete ministerial es muestra de su olfato
político, voluntad pluralista de conciliación
y de conducción certera. Ha escogido tres
ministros estrella: a Javier Pérez de Cuéllar,
como Primer Ministro y de Relaciones Exteriores
(brillante ex.secretario general de las
Naciones Unidas, quien contendió con Fujimori
la Presidencia, en 1995), a Javier Silva
Ruete, como Ministro de Economía (quien
había sido ministro de Economía y de Agricultura
en gobiernos anteriores, incorporado al
movimiento polìtico de Mario Vargas Llosa)
, y a Diego García S. (director ejeecutivo
de la Comisión Andina de Juristas, quien
participó en la mesa de diálogo democratizador
patrocinada por la OEA).
Garantía
de ddhh y de elecciones confiables
Los nombramientos del nuevo Fiscal General
de la Nación y del nuevo responsable del
Tribunal Electoral van en la dirección correcta
y tranquilizan a la oposición. El desmantelamiento
del SIN (Servicio Nacional de Inteligencia)
refugio del siniestro Montesinos; la designación
al frente de los sensibles ministerios del
Interior y de Defensa de dos militares retirados
de limpia trayectoria, los Grales. Antonio
Quetín y Walter Ledesma; la dada de baja
de la cúpula militar (compañeros de promociòn
y aúlicos de Montesinos) y ascenso de nueva
generación asegura la neutralidad de las
Fuerzas Armadas y la debida subordinación
al poder civil. Las garantías están dadas
para que el proceso electoral funcione con
trasparencia y confiabilidad, como mecanismo
indispensable para una nueva democracia.
Conclusión
Vuelve
a salir el Sol para el Perú. El símbolo
del imperio incaico es un llamado a retornar
a los grandes valores incaicos, que cimentan
con pragmatismo una sana democracia: LABORIOSIDAD–
VERACIDAD Y HONESTIDAD. Se acabaron la pereza
y el consumismo; las mentiras, las trampas,
los engaños y la corrupción de un régimen
ya superado.
4
diciembre2000 |