| Los
resultados de las elecciones de ayer en
Perú para elegir 120 congresistas y presidente
de la República dejan en vilo a la opinión
nacional e internacional hasta la segunda
vuelta dentro de un mes. El país electoral
será convocado de nuevo a tomar partido
en una disyuntiva radical, que cambiará
muchas cosas, para bien o para mal. Una
mujer dinámica, Lourdes Flores -con nombre
virginal y florido- quien representa cierta
continuidad en la línea de reconstrucción
democrática y exitoso manejo económico que
caracterizó la administración del presidente
Toledo (tras los diez años anteriores de
Fujimori y Montesinos). O un joven militar
retirado, Ollanta (en lengua incaica "el
guerrero con ojo pelao"), sin ninguna experiencia
política previa pero con un fuerte tono
nacionalista, quien más que una ideología
representa una gran incógnita. "Son no sólo
dos tendencias políticas distintas sino
una alternativa radical", ha escrito acertadamente
Mario Vargas Llosa. ¿Tendrá el electorado
buena "memoria histórica" como para no olvidar
tan pronto anteriores experiencias gubernamentales,
que pudieran llegar a repetirse? |
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| Un
gobierno efectivo pero impopular
Los cinco años del presidente Alejandro
Toledo son un caso especial de análisis
político. Un excelente desempeño económico,
con indicadores reales de desarrollo y de
bonanza (un crecimiento promedio del PIB
de más del 5%, inflación controlada por
debajo del 5% anual, equilibrio fiscal,
reservas internacionales más que suficientes,
duplicación de las exportaciones, inversiones
grandes y crédito internacional con confianza
en el país). Pero, a la vez, una permanente
inquietud social, un reclamo de sectores
de la población a los que no parece llegan
los beneficios de la bonanza (campesinos,
marginales urbanos, desplazados, desempleados,
pensionados). Más de un tercio de la población
se sigue preguntando: ¿qué clase de progreso
es éste que a ellos los deja igual o peor
de lo que estaban? Lo que creó una matriz
de impopularidad, de la que el mismo presidente
Toledo tenía conciencia ya el 23 de febrero
del 2004, cuando en una entrevista al diario
"El País" afirmó: "Me sería muy fácil tener
una mayor popularidad si gasto más de lo
que tengo como ingresos, si rompo la disciplina
fiscal y dilapido las reservas internacionales
de 11.000 millones de dólares. No lo haré".
Y no lo hizo. Prefirió gobernar con eficacia
en democracia, pero con pérdida de popularidad.
Hubo también el agravante de un estilo personal
de compartir poco el poder y no delegar;
y la guerra sucia e inmisericorde que le
hicieron en toda su gestión por los dos
flancos tanto elementos fujimoristas (incrustados
en nichos de la sociedad peruana) como elementos
apristas de Alan García a los que Toledo
no quiso dar participación en su gobierno
dada su tendencia neo-populista y el pésimo
desempeño económico cuando fueron gobierno.
En el fondo, el caso del Perú plantea el
tremendo reto para todos los gobiernos de
nuestra América Latina y Caribeña, de cómo
atender con eficacia a la modernización
y crecimiento económico y, a la vez, a una
justa distribución de riqueza y reducción
real de la pobreza que afecta a grandes
sectores de la población.
Los
dos más opcionados
1)
Flores.- Es la candidata de la
alianza Unidad Nacional (UN). Abogada de
46 años y soltera. Militante desde
muy joven del PPC (Partido Popular Cristiano),
tiene una larga experiencia legislativa
y en la oposición Se la vió
diariamente durante la campaña electoral
en las pantallas de televisión del
país y en caminatas por poblados
y áreas rurales pobres. Habitualmente
moderada, tiene un perfil abierto y conciliador,
no radical, que le abre puertas en casi
todos los sectores del país. Y como
mujer, tiene el arrastre actual de una Bachelet,
que la gente percibe como más honestas,
sinceras y con mayor sensibilidad social
que los varones gobernantes. Promueve micro
créditos y capacitación para
pequeños negocios más que
hacer promesas de grandes inversiones. Sus
principales propuestas son la generación
de empleos para disminuir los índices
de pobreza, la formalización del
sistema laboral y la internacionalización
de Perú. Sostiene que luchará
por la igualdad de derechos para todos
2)
Humala.- Es el candidato del Partido
Unión por el Perú (UPP, de
centro, fundado por Javier Pérez
de Cuellar en 1995 y abandonado como cascarón
vacío). Coronel retirado, se lo ha
tratado de implicar en violación
de derechos humanos cuando como "capitán
Carlos" tuvo mando en la base selvática
Madre Mia en 1992-1993. Es acusado por sus
opositores de pretender establecer un gobierno
militarista y dictatorial. No cabe duda
que en su fulgurante campaña capitalizó
bien la frustración, la cólera
y el pesimismo de los sectores pobres que
siguen deprimidos, a pesar de una buena
conducción de la macroeconomía.
Nacionalista ardiente por familia (padre
y hermanos), quiere incrementar el control
estatal sobre los sectores clave de las
minas y el gas. Ha expresado su intención
de reescribir la Constitución para
"frenar el proceso de neocolonialismo
en Perú", y se opone a la ratificación
de un Tratado de Libre Comercio con EE UU.
Alan
García ¿hacia dónde inclinará la balanza?
Para
completar las paradojas, es muy probable
que quien decida la balanza política hacia
uno de los dos extremos en que se ha polarizado
el electorado peruano, sea el Jefe del APRA
(Alianza Popular Revolucionaria Americana),
fundada por Raúl Haya de la Torre en 1924,
pluriclasista, de fuerte posición antiimperialista
(tanto americana como soviética), de izquierda
marxista pero muy aclimatada al medio latinoamericano,
y definida por Abelardo Villegas como "el
pensamiento revolucionario sin revolución".
El único gobierno del APRA, el de García
(1985- 1990), fue un desastre en casi todos
los campos. Pero siempre juvenil y audaz,
hizo una novedosa campaña electoral a base
de "reggaeton" que pasará a la historia
y le obtuvo un 24% de favoritismo en las
urnas, que pudiera inclinar la balanza en
la segunda vuelta, si sus votos fueran todos
en la misma dirección.
10
abril 2006 |