Fin de la era Fujimori
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Todo lo importante que ocurre en cualquiera de los países de la comunidad Andina nos interesa. Tras 10 años bien asentado en el poder, Fujimori debe abandonar pronto la escena política. Perú aparentaba tener el hardware de la democracia criolla y ahora resulta que le falta el software. Ojalá no ocurra por acá algo semejante.

Alugnas fechas

En junio de 1990, Fujimori gana las elecciones presidenciales con ventaja sobre el conocido novelista Mario Vargas Llosa. En abril 1992, Fujimori disuelve el Congreso con apoyo militar, interviene la judicatura y asume poderes absolutos. Gana la lucha contra la guerrilla terrorista que intimidaba a más de medio país y contra la inflación desbordada. En enero 1993, el Congreso Constituyente confirma a Fujimori como jefe de Estado. y en diciembre, la nueva Constitución, actualmente vigente, es aprobada en referendum, por un 52,3% de los votantes.

En febrero 1995, gracias a los buenos oficios de Itamaraty (Brasil), Perú y Ecuador firman un Acuerdo de Paz, tras 5 semanas de enfrentamiento bélico.. Y el 9 de abril, Fujimori es reelegido presidente con un 64,4% de los votos, para un período de 5 años. En agosto de 1996, echando mano de la mayoría en el Congreso unicameral, Fujimori logra que se apruebe la “ley de interpretación auténtica de la constitución”, que le permitiría presentarse para un tercer mandato presidencial consecutivo, a pesar de lo establecido en la Constitución (Art.112). Recupera la embajada japonesa en Lima, liberando a 72 rehenes y da de baja a los 14 integrantes del comando secuestrador del MRTA. Pero su estilo autoritario y evidente apetencia de poder (que no tolera mucha libertad de los medios ni figuración de líderes políticos) va minando en la opinión nacional su legitimidad El 9 de abril de este año, Fujimori obtiene en la primera vuelta electoral el 49,8% de los votos frente al 40,3% que consigue su principal rival, Alejandro Toledo. Éste denuncia un fraude electoral y resuelve no presentarse a la segunda ronda de elecciones el 28 de mayo. Fujimori, en solitario, las gana con más del 75% de los votos. Y el 28 de julio pasado, jura el cargo para su tercer mandato presidencial consecutivo

 

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La deslegitimación de Fujimori

El balance de los 10 años de su gobierno es ambiguo. Sus evidentes logros en pacificación del país y recuperación económica, le permitieron que un “pueblo mareado” (en teoría de Hobbes) le facilitara un afianzamiento omnímodo en el poder. Para ello fue útil el sofisticado mecanismo de espionaje y represión que montó Montesinos en el SIN (Servicio de Inteligencia Nacional), bastante parecido a lo que fue la Seguridad Nacional de Pedro Estrada cuando la dictadura de Pérez Jiménez.
Tres factores consecutivos y convergentes precipitaron su crisis. 1) Los intentos de fraude y manipulación de las elecciones, que hicieron perder al régimen credibilidad ante la opinión nacional e internacional. 2) El evidente tráfico de armas que se comprobó existía para dotar de 10.000 fusiles rusos a las FARC de Colombia, operación de una mafia en la que están implicados militares peruanos, y a la que se le atribuyen otros 11 jugosos contratos con el Palacio de Gobierno, que vinieron a añadirse a anteriores denuncias de corrupción en las altas esferas. 3) Finalmente, el video que el 14 de septiembre difunde el parlamentario Fernando Olivera (del Frente Independiente Moralizador), en el que se ve al asesor principal de Fujimori y Director del siniestro SIN, sobornando con US $ 15.000 (Bs. 10’350.000) al congresista Alberto Kouri, elegido en las listas de la oposición, y quien luégo se pasó a las filas gubernamentales. Es de advertir que dicha contundente “persuasión” pudo haber funcionado también para otros 18 congresistas que es la diferencia que hay entre los 52 escaños que obtuvo “Perú 2000” (la alianza fujimorista) en los comicios del 9 de abril y los 70 votos que para la elección de la nueva mesa directiva del Congreso obtuvo el oficialismo el pasado 27 de julio.

 

El personaje siniestro

Vladimiro Montesinos Torres ha sido la “eminencia gris” tras el trono de Fujimori. Se ha desempeñado no sólo como Jefe de la SIN, sino también como el consejero de confianza, el puntal del régimen, el jefe de campaña para todas las elecciones, el puente obligado de las relaciones entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas. Los dos personajes han sido uña y carne. Tras el “chino” calculador, de apariencia inescrutable, ha estado siempre agazapado, cn su garras afiladas y movimientos felinos nocturnos, el puma americano o tigrillo de monte (Montesinos). La información secreta y comprometedora que maneja Montesinos de los 10 años del gobierno de su jefe, lo convierten prácticamente en ficha irremplazable e inamovible. Su caída en desgracia arrastra también al Presidente. En “El Otoño del patriarca” de García Márquez, gira alrededor del dictador un personaje siniestro y de su plena confianza, llamado Rodrigo de Aguilar. “Un artillero de academia que era además su ministro de la defensa y al mismo tiempo comandante de las guardias presidenciales, director de los servicios de seguridad del Estado y uno de los poco mortales que estuvieron autorizados para ganarle a él una partida de dominó…”. Más tarde en su deseo de aumentar el poder, apoya una insurrección contra su compadre, el dictador. Descubierta la traición, su muerte en la novela es grotesca, brutal: es descuartizado, cocinado y servido a los comensales. Refugiado en el bunker de la SIN con sus principales jefes militares, ¿ se atreverá Montesinos a insurgir contra Fujimori, y sus aparentes designios ? ¿O terminará efectivamente entregado a la Justicia y vuelto picadilla por la opinión popular ?

 

Lo inevitable del momento

Ante el alud (“huayco” en quechua) de los acontecimientos, en forma sorpresiva Fujimori hizo público su deseo de dejar la Presidencia, de desmantelar la SIN, de prescindir de Montesinos y de poner en marcha un proceso democrático con elecciones también para el Congreso. Si existe en verdad tal voluntad, la forma más apegada a la Constitución (art 115) para hacerlo, y que está pidiendo a gritos el pueblo con la oposición, sencillamente es: que el Presidente renuncie ya; que asuma interinamente sus funciones el primer Vicepresidente o en su falta el segundo; y que ante el impedimento permanente del mandatario, el presidente del Congreso convoque inmediatamente a elecciones para fecha prudencial (4–6 meses). Hay señales equívocas de que Fujimori y la cúpula actual de las Fuerzas Armadas quisieran ganar tiempo, proteger a Montesinos y controlar el proceso hasta julio del 2001. Debería acatarse sin esguinces la voluntad popular y la opinión internacional (OEA, EUA, UE), que son taxativas, y tienen razón. La oposición nucleada alrededor de Toledo y su proyecto de “unidad nacional” están preparándose para un relevo pronto, que será saludable para Perú. Mientras llega el momento, sigue resonando la cantinela por todas las ciudades peruanas (Cusco, Arequipa, Iquitos, Piura, Tacna, Trujillo): “¡ En Costa, Sierra y Selva, el Chino ya cayó ! ¡Viva el Perú, abajo el dictador !”.

25 noviembre de 2000