| Los
resultados oficiales y definitivos de la
Comisión Electoral del Perú sobre las elecciones
presidenciales, primera vuelta, dan como
finalistas para disputar en segunda vuelta
el próximo domingo 4 de junio, a los candidatos
Ollanta Humala y Alan García. El primero
(UPP, Unión Por el Perú obtuvo un 30,62%
de los votos y el segundo (PAP, Partido
Popular Aprista) un 24,32%. Uno de ellos
será el próximo Presidente por un período
constitucional de 5 años. Aunque ambos son
nacionalistas, se profesan demócratas, son
de tendencia populista y representan una
cierta izquierda, -dada la polarización
en que se encuentra actualmente el país-
la disyuntiva es radical y puede cambiar
muchas cosas, para mal o para bien.
El
ritornello indoamericano de nunca acabar
Como
una yunta (o yugada) de un par de bueyes
que, en lugar de abrir surcos de democracia
y de progreso, han zigzagueado llevando
a muchos de nuestros países hacia el autoritarismo
de corte militar y hacia el fracaso económico,
dos embelecos siguen aupando al electorado
en épocas de crisis.
1) El mito nacionalista de un "gendarme
necesario". Es la propuesta de conseguir
la unidad y el progreso de la nación a través
de la acción fuerte de un "cirujano de hierro",
de un "hegemón", de un "buen tirano", de
un "príncipe", de un "caudillo", de un "César
democrático, representante y regulador de
la soberanía popular". Proyecto representado
por Ollanta, aunque lo trata de disimular.
Ofrece, de palabra, las bondades de un gobierno
fuerte en comparación con los supuestos
vicios de una democracia débil que no ha
atendido bien a las necesidades del pueblo.
2) Y la tentación promisoria de un neo-populismo.
Se caracteriza por un discurso ligado al
pueblo (demagógico) y una distribución complaciente
de la riqueza sin una necesaria y equivalente
producción de ella (trabajo, ahorro, organización).
"El populismo ha constituido la más grave
enfermedad política de América Latina" (Escovar
Salom). Ojalá la actual propuesta de Alan
García no lo vuelva a llevar a lo que fue
el pecado original de su anterior presidencia
(1985-1990). La mezcla de ambos embelecos
deja a cualquiera de nuestros países (por
más recursos que tenga) arruinado y desquiciado,
más pobre, más corrompido, más desorientado
y acomplejado en el escenario de las naciones
civilizadas. |
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La
resurrección de un presidente fracasado
Aunque,
con los votos del APRA, había arrancado
animoso y con grandes expectativas, su anterior
gestión en términos generales
fue un fracaso. Manejó la economía
mal. Severo control del tipo de cambio,
estatización de la banca, sucesivas
emisiones y cambios de moneda (el sol y
el inti). Se enfrentó al FMI (Fondo
Monetario Internacional) y declaró
al Perú insolvente frente a su deuda
externa. Tomó por la cola el gigantesco
tigre de la inflación (acumulación
del 7.600%), pero lo dejó ir. Redujo
el presupuesto militar, cuando la guerrilla
"Sendero Luminoso" amenazaba fuertemente
las tres cuartas partes del país.
Gran parte del éxito posterior de
Fujimori, quien lo sucedió, se debió
a que éste aplicó, con pragmatismo
y eficacia, correctivos a los dos grandes
flagelos del Perú: la inflación
y la guerrilla. Hace tres meses, las encuestas
señalaban a Alan García como
el político con mucho más
impopular de entre quienes entraban a la
liza electoral peruana. ¿Qué
ha pasado? ¿Por qué tiene
ahora grandes probabilidades de reconquistar
el poder? Se debe, ante todo, a sus extraordinarias
cualidades personales (siempre juvenil,
audaz, franco, arrogante, temerario, capaz
de reconocer sus errores pasados, que ya
no es el 'Caballo Loco' de años pasados
y ha acumulado madurez y experiencia). Dio
muestras de una gran habilidad escénica,
bailando 'reggaeton" con los jóvenes
y adobó un discurso seductor que
promete un nuevo convenio entre los ricos
y los pobres, entre la derecha y la izquierda,
entre el mundo exterior globalizado y los
aislacionistas. Tiene además el refuerzo
de unas banderas doctrinarias -todavía
de valor y aplicabilidad- del viejo partido
fundado por Haya de La Torre en 1930, y
del que es Jefe, el APRA (nacionalismo,
indoamericanismo, anti-imperialismo, marxismo
moderado, pluriclasismo, reformismo, hondas
raíces en el pensamiento político
de Bolívar), con una organización
partidista disciplinada que puede llegar
a un 25% del actual electorado.
Una
alianza para la victoria
Para
grandes sectores peruanos, que temen embarcarse
en un enigmático proyecto -con aristas
difíciles de digerir-, en frase escrita
de Mario Vargas Llosa, "la victoria
de Humala sería una catástrofe
para el Perú y para América
Latina, una regresión brutal, en
un continente que parecía en vías
de democratización, hacia las peores
plagas de nuestro pasado: el caudillismo,
el militarismo, el populismo y el autoritarismo".
Se puede predecir una alianza viable para
la elección de Alan García
entre los dos bloques que sumados son mayoritarios:
el del Aprismo (centro izquierda de reminiscencias
social-demócratas) y el de Lourdes
Flores (Unidad Nacional de centro derecha
e inspiración social cristiana) por
el que se jugó a fondo el influyente
diario nacional "El Comercio"
de Lima. Por aluvión, caerán
hacia este lado pequeñas pero valiosas
fuerzas sociales y políticas, que
quedaron barridas en la licuadora electoral
de la primera vuelta (como la fuerza independiente
de Paniagua con un 6% del electorado, la
Concertación Descentralista de la
aguerrida militante social Susana Villarán
y más de otras 10 organizaciones).
Y cuenta, además, un sector del presidente
Toledo que no quisiera se cortara, en el
próximo gobierno, el hilo de continuidad
con la recuperación democrática
y macro-económica que debemos reconocer
se dio en su administración.
Esta suma puede acumular fácilmente
un 60% de los votos a favor de García,
frente a un 40% por Humala. Y han entrado
a jugar sorpresivamente los supuestos dimes
y diretes públicos entre el Presidente
Chávez y el candidato García,
episodio caricaturizado por Carlín.
Muestra a García comentando las palabras
de Chávez: "Son expresiones
deplorables, impropias de un jefe de Estado".
Y añade para sí, en un globo
mental: "¡Pero sigue, sigue,
que me estás haciendo ganar puntos!".
Moralejas
Nadie
sabe para quién trabaja. En política
hay resurrección de muertos. La política
no es el arte de lo mejor ni de lo óptimo,
sino de lo posible. A veces hay que votar
por el menos malo, aunque sea tapándose
las narices.
02 junio 2006 |