Dos colosos frente a frente
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Dos colosos frente a frente
Logo Enrique Neira

 

 

     

Durante 5 días hemos seguido de cerca lo que ha sido la visita de Juan Pablo IIº a la Cuba revolucionaria y marxista de Fidel Castro. Hecho sin precedentes, que será un hito por muchos años, al menos en Iberoamérica. Y hemos podido apreciar que dos colosos como ellos pueden estar frente a frente no necesariamente para pelear sino para dialogar, con ecuanimidad y entereza, manteniendo cada uno sus posiciones principistas, pero aportando el uno al otro para una empresa común.

FIDEL CASTRO, en sus setenta, sigue siendo uno de los dirigentes más famosos del mundo. Por sólo el hecho de haber desafiado el poderío rabioso norteamericano y haber sobrevivido por casi 40 años al intento, tiene ya un pie en el panteón de los héroes

JUAN PABLO IIº en sus 19 años de pontificado ha roto todos los moldes. Ha sido un Papa todo corazón y todo cabeza. Tiene la solidez, la terquedad, la fidelidad inconmovible de quien fue llamado Cefas, Roca, Pedro. Y ha most<rado ser un yunque capaz de amolar muchas hoces y muchos martillos. Y tiene el arrojo, la valentía, el corazón grande, el carisma de ese gigante misionero que fue Pablo de Tarso. Es una gaviota de alas ligeras capaz de sobrevolar países, regímenes e ideologías -llevando su mensaje salvador-. Y ya al final de su periplo ha posado su vuelo entre las palmeras y acantilados de la Perla del Caribe.

 

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UN ENCUENTRO Y NO UN PUGILATO. "Todos los caminos conducen a Roma", se ha dicho desde muy antiguo. Y esto sigue siendo verdad, en un final de siglo como el nuestro, tan abierto a la globalidad y a la katholiké. Primero fue el sorpresivo camino de Castro a Roma en 1996, con ocasión de la reunión internacional de la FAO. Y ahora fue Roma la que se encaminó a Cuba, en gesto de reciprocidad generosa. Ambos personajes, ya septuagenarios pero de imborrable carácter enérgico, están en la etapa final de su vida. Y esta reunión en Cuba ha sido casi un símbolo de despedida o un mucho de agonía física para ambos. Durante cinco días presenciamos el desempeño impecable de dos grandes políticos, de dos actores profesionales, de dos movilizadores de masas, que reteniendo sus posiciones irreductibles (cada uno en su propia esquina), mostraron que se puede dialogar con comprensión y tolerancia y aun llegar a fraternizar cuando se trata del mismo pueblo al que ambos tratan de servir.
Las diferencias siguen bien marcadas entre Juan Pablo IIº y Castro. El Papa sigue siendo visceralmente y por convicción un anticomunista. Para quien lea el reciente libro de Bernstein-Politi Su Santidad Juan Pablo II y la historia de nuestro tiempo, es evidente que el Papa Wojtila jugó un papel protagónico en la caída del comunismo en Polonia y en el ulterior colapso del imperialismo soviético. Es un claro antiaborcionista. Es un defensor permanente de los derechos humanos y las libertades ciudadanas.
Pero hay terrenos comunes en los que ambos líderes están de acuerdo y lo han subrayado. El Papa ha sido siempre opuesto al embargo de Estados Unidos contra Cuba, pues la Iglesia Católica sabe que "las víctimas de los embargos son los pueblos y no los regímenes de turno". Ha vuelto a solicitar claramente a Clinton el levantamiento del injusto embargo a Cuba, a sabiendas de que la Ley Helms-Burton es una camisa de fuerza que le puso el Congreso norteamericano al Ejecutivo y de difícil revocación, aun en el supuesto de que llegara a darse un régimen de transición en la isla. El Papa -como Castro- ha sido el gran abogado de la Justicia social a todo nivel, nacional e internacional; y ha sido vehemente su rechazo al neo-liberalismo económico al que llama "capitalismo salvaje" y que está causando tantas injusticias sociales. En esto, los dos líderes coinciden.

DOS TESTS DE PRUEBA

El intercambio de regalos que tuvo lugar el viernes 23 por la tarde en el Salón de la Revolución, antes del discurso del Papa a los intelectuales, altos gerentes y cúpula del régimen, son de un enorme simbolismo y hablan por sí solos. El Papa obsequió a Fidel un bello Pantocrator (mosaico bizantino) que representa a Cristo, Señor de la Historia. A El aludía en su breve saludo al pisar tierra cubana el miércoles 22: "Doy gracias a Dios, Señor de la Historia, de nuestros destinos". No puede creerse Castro ni su Partido único "señor de la historia", como portavoz de los "condenados de la tierra". El, como el mismo Papa, apenas son briznas de hierba en manos de la Providencia. Hoy son, mañana no serán. El Presidente Castro obsequió a Juan Pablo IIº un ejemplar muy antiguo sobre Cruz Valero, un sacerdote católico, que antes de José Martí abogó por la independencia de la Isla y encarnó, en su momento, una propuesta revolucionaria. En su discurso el Papa subrayó después que la propuesta del cura Valero fue eminentemente democrática. Pedía para la Isla una democracia, un gobierno del pueblo, con lo que ello hoy implica: pluralismo de opciones políticas, respeto de los derechos humanos, canales de participación de los ciudadanos en las tomas de decisiones…

El Papa ha pedido que "el mundo se abra a Cuba". En concreto, que la comunidad internacional no aisle a Cuba y Estados Unidos levante su embargo. El peso de su autoridad mundial inclina la balanza -en contra de un sector radical y extremista de exiliados cubanos en Miami- a favor de una tendencia que ya existe en Estados Unidos (USA Engage), que reconoce que "la política de EUA hacia Cuba no funcionó, no funciona ni funcionará mientras sus objetivos sean promover el derrumbe económico de la isla" (Alfredo Durán). Pero, a la vez, "Cuba debe abrirse al mundo": debe abrirse a un pluralismo político, debe abrir más espacios a la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia. Y podríamos añaddir nosotros, aunque no lo dijo el Papa: "Cuba debe abrirse a Cuba". Aminorando los radicalismos extremos y en un proceso de reconciliación de todos los cubanos, la Cuba de los exiliados en Miami (que encarnaba Mas Canosa) debe poder encontrarse con una Cuba de Fidel, menos ortodoxa en su marxismo-leninismo y más flexible, que salve las grandes conquistas de la Revolución y se enriquezca con las nuevas formas de la Democracia. A ésta Cuba, dió Juan Pablo IIº su última gran bendición antes de retornar a Roma.

26 Enero 1998

Para completar su lectura sobre Juan Pablo II, le recomendamos consultar el artículo siguiente:
- "Juan Pablo IIº a los altares" (01-05.2011)