Durante
5 días hemos seguido de cerca lo
que ha sido la visita de Juan Pablo IIº
a la Cuba revolucionaria y marxista de
Fidel Castro. Hecho sin precedentes, que
será un hito por muchos años,
al menos en Iberoamérica. Y hemos
podido apreciar que dos colosos como ellos
pueden estar frente a frente no necesariamente
para pelear sino para dialogar, con ecuanimidad
y entereza, manteniendo cada uno sus posiciones
principistas, pero aportando el uno al
otro para una empresa común.
FIDEL
CASTRO, en sus setenta, sigue siendo uno
de los dirigentes más famosos del
mundo. Por sólo el hecho de haber
desafiado el poderío rabioso norteamericano
y haber sobrevivido por casi 40 años
al intento, tiene ya un pie en el panteón
de los héroes
JUAN PABLO IIº en sus 19 años
de pontificado ha roto todos los moldes.
Ha sido un Papa todo corazón y
todo cabeza. Tiene la solidez, la terquedad,
la fidelidad inconmovible de quien fue
llamado Cefas, Roca, Pedro. Y ha most<rado
ser un yunque capaz de amolar muchas hoces
y muchos martillos. Y tiene el arrojo,
la valentía, el corazón
grande, el carisma de ese gigante misionero
que fue Pablo de Tarso. Es una gaviota
de alas ligeras capaz de sobrevolar países,
regímenes e ideologías -llevando
su mensaje salvador-. Y ya al final de
su periplo ha posado su vuelo entre las
palmeras y acantilados de la Perla del
Caribe.
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| UN
ENCUENTRO Y NO UN PUGILATO. "Todos
los caminos conducen a Roma",
se ha dicho desde muy antiguo. Y esto sigue
siendo verdad, en un final de siglo como
el nuestro, tan abierto a la globalidad
y a la katholiké. Primero fue el
sorpresivo camino de Castro a Roma en 1996,
con ocasión de la reunión
internacional de la FAO. Y ahora fue Roma
la que se encaminó a Cuba, en gesto
de reciprocidad generosa. Ambos personajes,
ya septuagenarios pero de imborrable carácter
enérgico, están en la etapa
final de su vida. Y esta reunión
en Cuba ha sido casi un símbolo de
despedida o un mucho de agonía física
para ambos. Durante cinco días presenciamos
el desempeño impecable de dos grandes
políticos, de dos actores profesionales,
de dos movilizadores de masas, que reteniendo
sus posiciones irreductibles (cada uno en
su propia esquina), mostraron que se puede
dialogar con comprensión y tolerancia
y aun llegar a fraternizar cuando se trata
del mismo pueblo al que ambos tratan de
servir.
Las diferencias siguen
bien marcadas entre Juan Pablo IIº
y Castro. El Papa sigue siendo visceralmente
y por convicción un anticomunista.
Para quien lea el reciente libro de Bernstein-Politi
Su Santidad Juan Pablo II y la historia
de nuestro tiempo, es evidente que
el Papa Wojtila jugó un papel protagónico
en la caída del comunismo en Polonia
y en el ulterior colapso del imperialismo
soviético. Es un claro antiaborcionista.
Es un defensor permanente de los derechos
humanos y las libertades ciudadanas.
Pero hay terrenos comunes en los que ambos
líderes están de acuerdo
y lo han subrayado. El Papa ha sido siempre
opuesto al embargo de Estados Unidos contra
Cuba, pues la Iglesia Católica sabe
que "las víctimas de los embargos
son los pueblos y no los regímenes
de turno". Ha vuelto a solicitar claramente
a Clinton el levantamiento del injusto embargo
a Cuba, a sabiendas de que la Ley Helms-Burton
es una camisa de fuerza que le puso el Congreso
norteamericano al Ejecutivo y de difícil
revocación, aun en el supuesto de
que llegara a darse un régimen de
transición en la isla. El Papa -como
Castro- ha sido el gran abogado de la Justicia
social a todo nivel, nacional e internacional;
y ha sido vehemente su rechazo al neo-liberalismo
económico al que llama "capitalismo
salvaje" y que está causando
tantas injusticias sociales. En esto, los
dos líderes coinciden.
DOS
TESTS DE PRUEBA
El intercambio de regalos que tuvo lugar
el viernes 23 por la tarde en el Salón
de la Revolución, antes del discurso
del Papa a los intelectuales, altos gerentes
y cúpula del régimen, son
de un enorme simbolismo y hablan por sí
solos. El Papa obsequió a Fidel un
bello Pantocrator (mosaico bizantino) que
representa a Cristo, Señor de la
Historia. A El aludía en su breve
saludo al pisar tierra cubana el miércoles
22: "Doy gracias a Dios, Señor
de la Historia, de nuestros destinos".
No puede creerse Castro ni su Partido único
"señor de la historia",
como portavoz de los "condenados de
la tierra". El, como el mismo Papa,
apenas son briznas de hierba en manos de
la Providencia. Hoy son, mañana no
serán. El Presidente Castro obsequió
a Juan Pablo IIº un ejemplar muy antiguo
sobre Cruz Valero, un sacerdote católico,
que antes de José Martí abogó
por la independencia de la Isla y encarnó,
en su momento, una propuesta revolucionaria.
En su discurso el Papa subrayó después
que la propuesta del cura Valero fue eminentemente
democrática. Pedía para la
Isla una democracia, un gobierno del pueblo,
con lo que ello hoy implica: pluralismo
de opciones políticas, respeto de
los derechos humanos, canales de participación
de los ciudadanos en las tomas de decisiones…
El
Papa ha pedido que "el mundo se
abra a Cuba". En concreto, que
la comunidad internacional no aisle a Cuba
y Estados Unidos levante su embargo. El
peso de su autoridad mundial inclina la
balanza -en contra de un sector radical
y extremista de exiliados cubanos en Miami-
a favor de una tendencia que ya existe en
Estados Unidos (USA Engage), que reconoce
que "la política de EUA hacia
Cuba no funcionó, no funciona ni
funcionará mientras sus objetivos
sean promover el derrumbe económico
de la isla" (Alfredo Durán).
Pero, a la vez, "Cuba debe abrirse
al mundo": debe abrirse a un pluralismo
político, debe abrir más espacios
a la acción evangelizadora y pastoral
de la Iglesia. Y podríamos añaddir
nosotros, aunque no lo dijo el Papa: "Cuba
debe abrirse a Cuba". Aminorando
los radicalismos extremos y en un proceso
de reconciliación de todos los cubanos,
la Cuba de los exiliados en Miami (que encarnaba
Mas Canosa) debe poder encontrarse con una
Cuba de Fidel, menos ortodoxa en su marxismo-leninismo
y más flexible, que salve las grandes
conquistas de la Revolución y se
enriquezca con las nuevas formas de la Democracia.
A ésta Cuba, dió Juan Pablo
IIº su última gran bendición
antes de retornar a Roma.
26 Enero 1998
Para
completar su lectura sobre Juan Pablo II,
le recomendamos consultar el artículo
siguiente:
- "Juan
Pablo IIº a los altares" (01-05.2011)
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