Efectos del huracán Wojtila
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Logo Enrique Neira

 

 

     

Por lo general nos gusta ver pronto los efectos de las acciones, ya sean de ’ndole material o inmaterial. Y en esto somos modernos. Pero como occidentales tenemos el defecto de que lo queremos todo pronto, no sabemos esperar. Los orientales saben que hay una duración, a veces larga, entre la semilla y el fruto, entre la consigna y el cambio, entre la lenta evolución de la materia y el esp’ritu triunfante. El Caribe ha sido siempre escenario de fuertes ciclones y huracanes, que a su paso intimidan, arrasan, conmueven. Esta vez ha pasado por allí un huracán, pero de otro tipo. Un huracán como un Soplo del Espíritu; a ambos la Biblia denomina con el mismo t_rmino (ruah). En su discurso de despedida a Cuba (enero 25), Juan Pablo IIº, antes de abordar el avión para Roma, e improvisando sin papel, aludió a la llovizna que, al salir de la Catedral, comenzó esa tarde a caer sobre la torridez de La Habana; y la interpretó en el sentido de que le parecía ver en esa brisa suave como una se–al de que sobre Cuba "algo iba a llover de lo Alto como bienhechor rocío".

 

ALGO ASê COMO UN SOPLO

Cuando el profeta Elías huye al desierto, el Libro Iº de los Reyes cuenta cómo fue su encuentro con Dios en el monte Horeb (Iº Reyes, capítulo 19, versos 10-19). Se le dijo al profeta: "Sal fuera y permanece en el monte, esperando a Yavº; pues Yavº va a pasar. Vino primero un huracán tan violento que hendía los cerros y quebraba las rocas delante de Yavº. Pero Yavº no estaba en el huracán. Despuºs hubo un terremoto, pero Yavº no estaba en el terremoto. Despuºs brilló un rayo, pero Yavº no estaba en el rayo. Y despuºs del rayo se sintió el murmullo de una suave brisa. Elías al oirlo se tapó la cara con su manto, salió de la cueva y se paró a su entrada". Dios no estaba en el huracán, ni en el terremoto, ni en el rayo, sino en la brisa, como un Soplo.

 

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UN SOPLO QUE PONE A ANDAR ESQUELETOS

Tiene hoy aplicación a Cuba la visión del profeta Ezequiel de una llanura como un cementerio de huesos sobre el que el Espíritu sopla. Y los esqueletos se reaniman, toman carne y piel; se ponen de pie y se organizan como un ejército grande, muy grande (Ezequiel 37, 7-11). Hay un pueblo postrado, una nación casi enterrada por 40 años de comunismo. Hay penuria, desmembración familiar, un millón de exiliados, problemas de derechos humanos, dificultades económicas y políticas casi insolubles. Pero Juan Pablo IIº ha hecho revivir la esperanza. Ha sugerido que Cuba puede estar en el umbral de una transformación pacífica que abrirá una nueva página en su historia.

 

UN VIENTO QUE SOPLA DONDE QUIERA

La visita del Papa a Cuba ha sido un éxito. "Todos ponen; todos ganan". Hay ya efectos visibles e inmediatos. Lo son su misma realización: impecable, ordenada, cordial, sin circustancias que lamentar. Se derrumbaron muchos prejuicios y se consolidó una política de entendimiento entre la Iglesia y el Estado cubano. Se acordaron nuevos espacios para una acción pastoral más influyente de la Iglesia en el futuro. Se puede contar con la liberación de decenas de presos políticos, que aliviará a muchas familias. La autoridad del Papa aumentó la presión internacional para un levantamiento del embargo norteamericano a Cuba. Castro se creció. La estatura que mostró ante el mundo no fue la de un "tiranuelo" tropical, sino la de un estadista respetuoso, que mantiene la unión con su pueblo, y que no puede aún catalogarse como "dinosaurio". Es capaz todavía de generar sorpresas. Castro -cuya autoridad ya legitimada por el pueblo de la Isla quedó refrendada por el Papa- se ha apoyado en la única institución hoy confiable que le quedada, para hacer una transición sin violencia -como la que ocurrió en Polonia- desde un Socialismo de inspiración marxista hacia la Democracia.

Cuando Jesús adoctrina a Nicodemo, hombre culto, quien no entendía cómo era eso de "nacer de nuevo de lo Alto" (algo como mezclar Comunismo con Democracia), Jesús le dice: "El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va" (Juan 3,8). Ni siquiera el Papa puede saber hoy lo que saldrá de todo eso que sembró por la Isla, con su mano trémula y su voz casi inaudible. Pero algo importante quedó allí en germen, y algo grande comenzó a moverse en la Isla al soplo del Viento, aunque no sepamos todavía qué será ni cuál el derrotero que tomará para realizarse. Pero sigue vibrando , como el tañido de una campana, la última recomendación del Papa al Comandante: "Es hora de emprender los nuevos caminos que exigen los tiempos que vivimos, al acercarnos al tercer milenio de la era cristiana".

02-02-98

Para completar su lectura sobre Juan Pablo II, le recomendamos consultar el artículo siguiente:
- "Juan Pablo IIº a los altares" (01-05.2011)