Este término sacrificial
del Antiguo Testamento es usado por los
historiadores para designar la masacre
de 6 millones de judíos, llevada
a cabo metódica y sistemáticamente
por el régimen Nazi de Alemania,
desde 1933 (cuando llega al poder) hasta
el final de la Segunda Guerra Mundial
(1946). Es algo que no tiene parangón
en toda la historia de la humanidad.
Cuando uno visita el famoso “Mall”
de Washington, se siente apabullado ante
el “Vietnam Memorial” por
el sin-número de nombres de americanos
caídos en la guerra de Vietnam.
Y son más de 200.000 los que no
fueron recordados. Pues bien, un Monumento
recordatorio de los judíos asesinados
en el Holocausto equivaldría a
varios “Vietnam Memorials”,
un número mayor que el actual de
todas las víctimas del SIDA en
el mundo. El famoso filme “LA LISTA
DE SCHINDLER” de Steven Spielberg
(ganador del gran premio Oscar en 1993)
es apenas una muestra parcial de la tragedia
que representaron para los judíos
los campos de concentración y exterminio
de Oranienburg, Buchenwald, Dachau, Auschwitz
y otros. Alan Bullock en su libro “El
mal que dos hombres hicieron” (1992)
sostiene que el Holocausto ejecutado por
Hitler contra los judíos fue peor
que la eliminación que de sus enemigos
hizo Stalin en sus “Archipiélagos
de Gulag”. El asesinato masivo fue
un fin en sí mismo (y no un simple
medio), asumido por Hitler como una política
de Estado. Había que extinguir
toda la raza y la cultura judía.
Una larga historia
de animadversión
No se puede negar que
desde la crucifixión de Jesús
–achacada a los judíos de
su época–, se fue propagando
la animadversión contra ellos en
el Imperio Romano (progresivamente cristianizado).
Prejuicio que llegó a adquirir
características de persecución
en algunos países de Europa, donde
se aliaron la Cruz y la Espada, la Iglesia
y el Estado. Se inició un amplio
acoso a los judíos en la España
del siglo XIII, cuando Alfonso X de Castilla
(1252–64) decretó “Las
Siete Partidas”, un código
legal que excluía a los judíos
de los puestos públicos. Al final
del siglo XV, la Inquisición llevó
a los tribunales a judíos y no–conformistas
en España. Culminando con la expulsión
de los judíos del país.
Los que querían permanecer en España
se “convirtieron” en cristianos,
pero continuando con la práctica
del judaísmo en secreto. Se los
llamó despectivamente “marranos”.
Medidas represivas del mismo estilo se
implantaron en Inglaterra, Francia y Alemania.
Los judíos se vieron obligados
a vivir en los famosos “GHETTOS”,
enclaves segregados, aislados del resto
de la sociedad. Algo que apenas fue abolido
en el siglo XIX. Pero siguieron ocurriendo
“progroms” (ataques a los
judíos), que motivaron una masiva
emigración a los Estados Unidos
de Norteamérica y al establecimiento
de colonias en Palestina (donde se origina
el Zionismo, afluente tributario del actual
Israel).
Wojtila ante
la cuestión judía
Hoy Israel es el principal
gozne de la historia judía y el
custodio del destino judío. Por
ello, no cabe duda –como lo relievó
el primer ministro Ehud Barak– que
la visita del Papa a Israel “representa
un gran paso hacia la reconciliación
completa entre el pueblo judío
y la cristiandad”. Además
de sus palabras, los gestos del ilustre
visitante así lo confirman: su
beso simbólico a la tierra del
nuevo Estado de Israel tan pronto llega;
su encuentro con los rabinos en el Gran
Rabinato de Jerusalem; su visita oficial
y cordial a las autoridades israelíes;
su sentimiento de pesar y hondo silencio
en el Museo del Holocausto (”Shoah”).
Aunque ya lo habían hecho anteriormente
Juan XXIII y el Concilio Vaticano IIº
(1962–65), el 16 de marzo 1998,
Juan Pablo IIº hizo pública
una declaración de importancia
capital sobre la cuestión judía.
Su título: “Nos acordamos.
una reflexion sobre la ‘shoah´”.
El Papa reconoce que la Iglesia es rama
de ese tronco vetusto que hunde sus raíces
en el mundo judío. Expresa a la
faz del mundo, a nombre de la Iglesia,
un “MEA CULPA”sincero y humilde.
Pide disculpa por las responsabilidad
y errores que le atañen en la historia
de esos 2.000 años de turbulentas
relaciones entre judíos y cristianos.
Hace una “memoria” adolorida
del pasado, sobre todo del Holocausto
–que fue llevado a cabo por un régimen
ateo y deshumanizado, pero al fin y al
cabo dentro de una nación de raíces
cristianas. Y ha expresado una firme “resolución”
para el futuro, en el sentido de que algo
parecido no vuelva a ocurrir en ninguna
parte y contra ninguna raza o cultura
del mundo
10 abril
2000