En
comentarios anteriores había tratado "Cerca
el fin de las Farc"(1º julio) y "Cerca
el fin del paramilitarismo" (17 julio).
Hoy me quiero referir al tercer término
de esa trilogía del mal.
Origen
Los llamados para-políticos en Colombia
nacen de una alianza entre paramilitares,
narcos y una cierta clase política de carácter
regional (departamental y local). Los grupos
paramilitares aprendieron del cartel de
Escobar el uso del terror, y del cartel
de los hermanos Rodríguez Orejuela, la capacidad
de comprar conciencias. Combinaron con macabra
eficiencia las masacres y los asesinatos
selectivos, con una ambiciosa estrategia
para consolidar su hegemonía. Unas elites
regionales, con una tradición mafiosa de
clientelismo y un 'ethos' caribe proclive
a saquear los dineros públicos a favor de
sus intereses personales o familiares, se
acomodaron muy bien y aun colaboraron con
el proyecto político de los paramilitares.
La segmentación de los votos y las candidaturas
únicas en Cesár y Magdalena; el asalto a
la salud en la Guajira y Atlántico; el desangre
de las regalías en Sucre; la apropiación
de los juegos de azar en Bolívar; la legalización
irregular de tierras robadas en Córdoba,
y la extorsión a la contratación pública
en varios Departamentos: son la expresión
más clara de esa alianza mafiosa que se
dio entre narcotráfico, paramilitarismo
y cierta clase política. |
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| Destape
Todos estos ingredientes se habían incubado
desde 1990, pero salieron explosivamente
a luz pública el año 2006. La verdad sobre
el paramilitarismo empezó a salir a flote.
El país comenzó a entender que para acabar
con el paramilitarismo no era suficiente
que el gobierno recibiera en Ralito las
armas de 30.000 hombres vestidos de camuflado
y pusiera en la cárcel de Itaguí a 58 de
sus principales jefes, mientras la Fiscalía
comenzaba a aplicar la nueva ley de Justicia
y Paz. El gigantesco monstruo había emergido
y mostrado que su poder estaba construido
más sobre redes políticas, económicas y
sociales que sobre las armas. La tarea de
este desmonte de alianzas con los civiles
y políticos era mucho más difícil que la
entrega de armas. Cuando se trató de hacer
vinieron los escandalosos episodios de la
llamada para-política. Comenzaron a quedar
salpicados sectores de la sociedad que supuestamente
habían contribuido a alimentar al monstruo.
Unos porque habían acudido a grupos armados
privados para defenderse de la guerrilla
ante la debilidad del Estado. Otros porque
habían financiado grupos paramilitares.
Había aliados de ellos en empresas lucrativas,
y quienes electoralmente se habían beneficiado
de su influjo y dineros.
Revanchismo de la Corte
El deslinde, la aclaración y judicialización
de este complejo y abigarrado mundo de alianzas
no-santas quedó en manos de la Justicia
colombiana (especialmente de la Corte Suprema
debido al fuero especial de los parlamentarios
y de la Fiscalía de la República como justicia
ordinaria). Y aquí entra un factor que ha
enturbiado las aguas, producido escándalos
en la opinión pública y enrarecido las relaciones
armónicas entre Corte Suprema de Justicia
y Gobierno nacional de Uribe. Hoy hay suficientes
datos para afirmar que la Corte ha resultado
revanchista y algunas de sus decisiones
han tenido un sesgo político, parcializado,
en contra del Gobierno. Ello debido a que
de años atrás la Corte se ha sentido rebajada
de categoría por el apoyo que el presidente
Uribe dio a la Corte Constitucional en su
disputa con la Corte Suprema sobre cuál
de las dos es la suprema instancia para
fallar las providencias judiciales. Por
simples delaciones interesadas de criminales
desde la cárcel a los que se les da valor
de 'testigos' o meras sospechas, sin verificación
de hechos ni derecho a defensa, han sido
incriminados 62 parlamentarios (32 de ellos
en la cárcel y 30 investigados por la justicia),
la mayoría de ellos de las seis organizaciones
políticas que configuran la coalición en
el Congreso favorable a Uribe.
Caso Mario Uribe
Es emblemático por tratarse nada menos que
del primo hermano del presidente Uribe Vélez
e importante senador aliado suyo desde hace
años. La Corte lo llamó a indagatoria en
el preciso momento en que el presidente
Uribe hablaba ante la Asamblea General de
las Naciones Unidas en Nueva York, de modo
de potenciar el escándalo y volverlo internacional.
Un golpe bajo contra el Gobierno. Llevado
su caso a la Fiscalía de la Nación (justicia
ordinaria), el Vicefiscal general, Guillermo
Mendoza Diago, a mediados de agosto, decidió
excarcelar a Mario Uribe porque "en el expediente
no encontró pruebas suficientes para detenerlo
ni para mantenerlo encarcelado". Este senador
fue involucrado en la para-política porque
Salvatore Mancuso afirmó que se había reunido
con él antes de las elecciones de 2002,
supuestamente para realizar un pacto electoral.
Mancuso aceptó posteriormente que la reunión
con Uribe se había realizado después de
las elecciones de 2002 y, por tanto no había
tenido motivaciones ni consecuencias electorales.
Un tal "Pitirri" lo acusó de haberse apoyado
en los paramilitares para comprar tierra
barata en Sucre, Bolívar y Caucasia. Se
comprobó que Uribe no compró tierras y menos
en esos lugares. La Corte asumió la teoría
endeble de que en 2002 Uribe había tenido
a su favor una "votación atípica" por la
alta diferencia con 1998 y en zona de influencia
paramilitar; luego era paramilitar. Resulta
que el mismo candidato obtuvo aumentos de
votación en zonas sin influencia paramilitar,
por ir acompañando la exitosa candidatura
de su primo Alvaro Uribe. Tal el caso de
su votación en Bogotá donde aumentó 9 veces
y en Cali donde aumentó 50 veces.
Se puede pensar que los casos bastante inflados
de los para-políticos irán disminuyendo:
unos por sentencia ajustada a verdad, otros
por desistimiento de la justicia ordinaria
dado el infundio de las sospechas fabricadas
y falta de pruebas. Y como la plana mayor
de los paramilitares está ya extraditada
en Estados Unidos, tendrá allá bastante
más de qué ocuparse que prestarse a fabricar
para-políticos. Las pasadas elecciones
del 28 de octubre 2007 confirmaron que los
exparamilitares no lograron intimidar localidades
ni imponer candidatos (con excepción de
2 municipios en Sucre), que la para-política
perdió en sus antiguos fortines: Cesár,
Meta y Sucre. Ganó todavía en Córdoba y
Magdalena, pero quedó ya al descubierto
y en la mirilla de las otras fuerzas políticas
y de la opinión pública.
02-12-08 |