Cerca el fin de las Farc
Logo Enrique Neira

 

 

     

El pasado marzo resultó negro para las FARC. Uno de los peores meses en sus 44 años de movimiento subversivo y revolucionario. El final está a la vista.

 

Algo de historia

Al comienzo de los años 60, Manuel Marulanda Vélez, en contacto con otros grupos comunistas repartidos en la geografía nacional, desplegó una ofensiva de guerrillas comunistas fortalecidas en un proceso de economía agraria. Estos grupos armados fueron bautizados y denunciados como “Repúblicas Independientes”. Contra ellas, el gobierno de Guillermo León Valencia, en 1964, gestó la denominada “Operación Marquetalia”, que sucesivamente golpeó las estructuras armadas comunistas de dichos grupos en el sur. Los guerrilleros se desplazaron hacia la zona del Caguán, en el Caquetá, y en ese mismo 1964 anunciaron la creación de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y se dieron en 1966 una Constitución en la IIª Conferencia Nacional de Guerrilleros. Basada en el secuestro y extorsión en las regiones donde fue desplegándose, la organización bajo el mando de Marulanda fue multiplicando sus frentes de guerra a lo largo y ancho del territorio nacional. En la VIIª Conferencia Nacional (1982), las Farc adoptan una clara y estratégica concepción de ejército popular revolucionario (EP). En la VIIIª Conferencia (1993), las Farc asumen un Plan Estratégico en Bloque en el que siguen confiando, crean los 7 frentes actualmente existentes, y amplían de 5 a 7 los miembros del llamado Secretariado (especie de dirección) que coordina y supervisa el desempeño del Bloque. Fin abrupto de los "años dorados" significó para las Farc la recuperación de soberanía que hizo el Estado colombiano (enero 2002) en el gigantesco territorio del Caguán, tras el fracasado experimento que con ellas había pactado el presidente Pastrana con miras a unos acuerdos de pacificación. El momento coincidió -tras los atentados terroristas de Al Qaeda a fines del 2001 y el comienzo de la resistencia armada contra EUA en Irak- con un franco clima a nivel mundial de "cero tolerancia" hacia la violencia armada como recurso de acción política. Y entra en escena en esa coyuntura el nuevo gobierno en Colombia de Uribe Vélez (agosto 2002) enarbolando la bandera de la lucha antiguerrillera y una firme voluntad de reducir los actores de la violencia, como lo ha venido ejecutando por seis años con un respaldo masivo del 70% del país.

 

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Deslegitimación creciente
La última y IX Conferencia Nacional tuvieron que realizarla las Farc en forma 'virtual' a través de Internet (marzo 2007), por la imposibilidad de reunirse dada la presión ubicua de la Fuerza Pública. Fueron consultados 120 miembros de las Farc (9 del Secretariado, 31 del Estado Mayor y 80 voceros de los frentes) y allí reconocieron: 1º que tanto las estructuras armadas del Bloque como su financiamiento están dando señales de agotamiento; 2º) que hay un fenómeno preocupante de deserciones, más de 1.000 por año (6.431 desde agosto 2002 hasta febrero 2007); 3º que ha disminuido la capacidad de control del Secretariado sobre lo que sucede al interior de los frentes. Es decir, para un observador sensato, ni la ideología ni la organización es ya monolítica en las Farc.
La curva estadística es elocuente. Desde 1980 hasta 2002 año pico, todos los gobiernos -a pesar de sus esfuerzos- presenciaron el crecimiento permanente de combatientes de las Farc: 1.200 en 1980, 10.500 en 1990, 21.000 el año 2000. En 2006 habían bajado a 14.000 y hoy están reducidos a 10.200. Lo mismo ocurre con la expansión territorial de la guerrilla. Tenía presencia y afectación esporádica (no control) sobre 170 municipios el año 1985, 600 municipios el año 1995 y 870 municipios el año 2002. En el 2006, tras el primer cuatrienio de Uribe, su presencia de impactación territorial no llega a más de 400 lugares. Y por mucho, hoy llega escasamente a 200. Por más que han intentado no han podido nunca impedir las elecciones de cuerpos colegiados en ninguno de los 1.100 municipios existentes, algunos muy apartados. ¿Es eso tener control de población y de territorio?

La farsa del acuerdo 'humanitario'
Las FARC de Marulanda, cada día más acorraladas militarmente y vigiladas por el gobierno día y noche con las más sofisticadas técnicas de detección y control de comunicaciones, creyeron que podrían recuperar protagonismo en la opinión nacional e internacional. Levantaron la bandera de un "acuerdo humanitario" para el canje de presos y liberación de secuestrados. Se explotó con sensacionalismo el caso de la política secuestrada hace 7 años, Ingrid Betancourt; se implicaron alegremente en el proceso presidentes extranjeros (Sarkozy, Chávez) y grupos de naciones amigas. Mientras tanto, las FARC cometieron errores garrafales en el envío de pruebas de sobrevivencia o devolución de cadáveres a sus parientes, en el asesinato de 12 de los 13 diputados huilenses en su poder; en la promesa publicitada de entrega del niño Emmanuel, que ya llevaba varios meses en poder de una institución gubernamental. Fue todo un show de supuesta voluntad política de canje y negociación dilatada al máximo, cuando no había dicha voluntad realmente. Todo ello dio al traste con el supuesto y publicitado "acuerdo humanitario", en el que el país había puesto esperanza y con el que las FARC hubieran cubierto con un manto amistoso y amable ('humanitario') tantos años de crímenes, secuestros, acciones terroristas, tomas de poblaciones, muertes de inocentes.

En caída libre
Con la muerte de Manuel Marulanda, las FARC quedan ahora muy golpeadas y debilitadas, fácilmente anarquizadas sin un mando único acatado; con disyuntivas difíciles entre lo político y lo militar; y una percepción en sus mismas filas bastante generalizada, como la que expresó "Karina", la recién insertada: ""estamos derrotados, desmovilícense, no se hagan matar". Marzo de 2008 puede catalogarse, sin duda, como el mes más negro de los 44 años de la historia de las FARC. Y con él pasó definitivamente su "día" y su "hora" histórica. Perdieron tres de los siete integrantes del Secretariado: Raúl Reyes y sus valiosísimos computadores, Iván Ríos, y finalmente su máximo líder y símbolo de una larga era de insurgencia. Marulanda, campesino de origen y mentalidad, curtido, avezado, astuto, duro y empeñativo, mantuvo hasta el final una línea de accionar bélico con la que intentó por las armas llegar al poder, sin poderlo lograr nunca. En 44 años no tomó el poder; no hizo la revolución; no fue protagonista del cambio. Ni siquiera sirvió de catalizador de la reforma del sistema, pues rehuyó (al revés del M-19) participar en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y posteriormente desdeñó las dos curules del Senado que la nueva Constitución dejó disponibles para las FARC, si se integraban a los cauces de la legalidad ciudadana. Su epitafio hoy en día puede ser: "Aquí yace al fin en paz alguien que nos hizo muchas guerras".

01-07-08